Monseñor Roberto Sipols / Hay que tener alegría en la Vida / Paz en medio de la tormenta
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ORACIÓN PARA TU DÍA
Martes 6 de octubre de 2026
San Bruno, presbítero
Amado Dios:
Cada nuevo amanecer es un regalo de tu amor.
Gracias por la vida que nuevamente pones en mis manos. Gracias por mi familia, por mis amigos y por cada persona que has colocado en mi camino.
Gracias también por aquello que muchas veces doy por supuesto.
Hoy reconozco que todo bien procede de Ti.
Padre bueno, acompáñame durante este día.
Que tu gracia sostenga mi vida y la de mi familia. Ilumina nuestra inteligencia con tu sabiduría. Forma nuestro corazón según el Corazón de Jesús.
Guíanos en nuestras decisiones.
Cuando llegue la alegría, enséñanos a agradecer.
Cuando aparezca la dificultad, danos perseverancia.
Cuando encontremos la cruz, ayúdanos a cargarla unidos a Cristo.
Hoy quiero caminar confiando en Ti.
Como proclama el salmista:
“Aunque camine por cañadas oscuras, nada temo, porque tú vas conmigo”.
Salmo 23,4.
Señor, no te pido una vida sin dificultades.
Te pido una fe capaz de encontrarte también dentro de ellas.
No permitas que mida tu amor por mis éxitos.
Que tampoco dude de Ti cuando algo salga diferente de lo esperado.
Jesús, revísteme de humildad y espíritu de servicio.
Abre mis ojos ante el hermano que necesita ayuda.
Hazme disponible para escuchar, acompañar, perdonar y servir.
Que quien se acerque a mí no encuentre protagonismo.
Que pueda encontrar algo de tu misericordia.
Padre, pongo ante Ti mis necesidades y preocupaciones.
Tú conoces aquello que llevo silenciosamente en el corazón.
También conoces las peticiones que todavía esperan respuesta.
Si aquello que te pido conviene para mi salvación, concédemelo.
Y si tus caminos son diferentes de los míos, dame la gracia necesaria para decir con Jesús:
“No se haga mi voluntad, sino la tuya”.
Lucas 22,42.
No quiero exigirte respuestas.
Quiero aprender a confiar.
No quiero utilizar la oración para controlar mi futuro.
Quiero entregarte mi futuro.
Todo lo que soy necesita primero de tu gracia.
Sin Ti, Señor, mis fuerzas son insuficientes.
Pero sostenido por tu gracia puedo amar, servir y permanecer fiel.
San Bruno, hombre de silencio y búsqueda profunda de Dios, intercede por nosotros.
Enséñanos a hacer silencio para escuchar al Señor.
Ayúdanos a descubrir que nuestra mayor riqueza es vivir en amistad con Cristo.
Gracias, Padre, por escuchar mi oración.
Gracias cuando respondes como esperaba.
Y gracias cuando tu respuesta me invita a confiar más profundamente.
Hoy pongo mi vida, mi familia, mis proyectos y necesidades en tus manos.
Que venga tu Reino.
Que se cumpla tu voluntad.
Y que todo cuanto haga hoy sea para tu gloria.
Amén.
PARA COMPARTIR
Hoy no le pidas solamente a Dios que cambie tus circunstancias.
Pídele también que transforme tu corazón dentro de ellas.
La fe no garantiza una vida sin cruces. Nos asegura algo mucho más grande: Cristo camina con nosotros y su gracia puede sostenernos hasta en la prueba.
“Te basta mi gracia”.
2 Corintios 12,9.
ORACIÓN BREVE
Señor Jesús, pongo este día en tus manos.
Dame tu gracia para recibir con gratitud las alegrías, afrontar contigo las dificultades y servir con amor a quienes encuentre.
No se haga solamente lo que yo deseo.
Hágase tu voluntad en mí.
Amén.
11 AÑOS. Cristo Rey Radio 1110 AM.
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Información de Salvador Gómez
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𝐑𝐄𝐅𝐋𝐄𝐗𝐈𝐎́𝐍 𝐏𝐀𝐑𝐀 𝐋𝐀 𝐍𝐎𝐂𝐇𝐄
𝐄𝐥 𝐌𝐚𝐲𝐨𝐫 𝐑𝐢𝐞𝐬𝐠𝐨 𝐩𝐚𝐫𝐚 𝐥𝐚 𝐈𝐠𝐥𝐞𝐬𝐢𝐚 𝐍𝐨 𝐒𝐢𝐞𝐦𝐩𝐫𝐞 𝐕𝐢𝐞𝐧𝐞 𝐝𝐞 𝐀𝐟𝐮𝐞𝐫𝐚… 𝐀 𝐕𝐞𝐜𝐞𝐬 𝐄𝐦𝐩𝐢𝐞𝐳𝐚 𝐂𝐮𝐚𝐧𝐝𝐨 𝐃𝐞𝐣𝐚𝐦𝐨𝐬 𝐝𝐞 𝐂𝐨𝐧𝐯𝐞𝐫𝐭𝐢𝐫𝐧𝐨𝐬 𝐩𝐨𝐫 𝐃𝐞𝐧𝐭𝐫𝐨
𝐈𝐍𝐓𝐑𝐎
A veces pensamos que los mayores peligros para la Iglesia están afuera: la indiferencia, los ataques, las ideologías o una sociedad que se aleja de Dios. Pero esta noche quiero proponerte una pregunta más incómoda: ¿y si uno de los peligros comienza cuando nosotros seguimos hablando de Cristo, sirviendo y participando… pero dejamos de permitir que Cristo nos transforme por dentro?
𝐃𝐄𝐒𝐀𝐑𝐑𝐎𝐋𝐋𝐎
Jesús comenzó su predicación diciendo:
“Conviértanse y crean en el Evangelio.”
Marcos 1,15.
Fíjate en algo importante.
Jesús no dijo: “Conviertan a los demás”.
Dijo: “Conviértanse”.
La conversión cristiana comienza cuando dejamos de señalar únicamente lo que está mal afuera y permitimos que Dios ilumine lo que necesita cambiar dentro de nosotros.
Porque podemos conocer mucha doctrina y todavía necesitar conversión.
Podemos participar en muchos ministerios y necesitar conversión.
Podemos defender apasionadamente a la Iglesia y necesitar conversión.
Podemos rezar todos los días y seguir guardando un resentimiento que no queremos entregar.
Incluso podemos hablar de humildad… mientras esperamos secretamente que todos reconozcan lo indispensables que somos.
Ahí está el peligro.
No cuando somos pecadores, porque la Iglesia siempre ha estado formada por pecadores llamados a la santidad.
El verdadero peligro comienza cuando dejamos de reconocer que necesitamos convertirnos.
San Pablo nos advierte:
“El que crea estar firme, tenga cuidado de no caer.”
1 Corintios 10,12.
La Iglesia no necesita cristianos obsesionados con parecer perfectos.
Necesita discípulos disponibles para ser transformados.
Conversión significa poder decir:
“Señor, todavía hay algo en mí que necesita tu gracia”.
Tal vez sea mi orgullo.
Mi manera de hablar.
Mi dificultad para perdonar.
Mis juicios sobre otros.
Mi necesidad de tener siempre la razón.
Mi forma de tratar a quienes piensan diferente.
O quizá esa doble vida que nadie conoce, pero Dios sí.
Y aquí aparece algo hermoso.
Jesús no nos muestra nuestras heridas para humillarnos.
Las ilumina para sanarlas.
No revela nuestra pobreza para alejarnos.
Nos invita a reconocerla para poder llenarnos de su gracia.
Por eso la conversión nunca termina.
No podemos vivir solamente de aquella experiencia que tuvimos con Dios hace diez, veinte o treinta años.
La gracia recibida ayer debe convertirse en fidelidad hoy.
Esta noche no preguntes primero:
“Señor, ¿qué necesita cambiar en la Iglesia?”
Atrévete a preguntarle:
“Jesús, ¿qué necesitas cambiar hoy en mí?”
Tal vez esa oración transforme más a la Iglesia que muchas discusiones.
𝐂𝐈𝐄𝐑𝐑𝐄
La Iglesia se renueva cuando sus hijos vuelven a Cristo.
Cuando dejamos de justificar nuestras faltas.
Cuando pedimos perdón.
Cuando regresamos a la Confesión.
Cuando recibimos la Eucaristía con un corazón dispuesto.
Cuando volvemos a escuchar la Palabra como discípulos y no solamente como personas que ya creen saberlo todo.
Antes de dormir, haz un pequeño examen de conciencia.
No pienses en los pecados de los demás.
Esos déjaselos a los demás.
Pregúntate:
¿Qué actitud mía necesita encontrarse nuevamente con Jesús?
Porque quizá mañana no puedas cambiar toda la Iglesia.
Pero esta noche puedes permitir que Cristo comience transformando tu corazón.
Y cuando un corazón se convierte, toda la Iglesia se vuelve un poco más luminosa.
𝐎𝐑𝐀𝐂𝐈𝐎́𝐍
Señor Jesús,
esta noche no vengo a presentarte los errores de los demás.
Vengo a entregarte mi corazón.
Muéstrame aquello que necesito cambiar.
Rompe mi orgullo.
Sana mis heridas.
Purifica mis intenciones.
Enséñame a reconocer mis pecados sin desesperarme y a confiar siempre en tu misericordia.
Que nunca me acostumbre tanto a hablar de Ti que deje de escucharte.
Que nunca sirva tanto que olvide seguir siendo discípulo.
Y que cada día pueda volver a decirte:
“Señor, comienza nuevamente conmigo”.
Amén.
𝐏𝐑𝐄𝐆𝐔𝐍𝐓𝐀 𝐏𝐀𝐑𝐀 𝐄𝐒𝐓𝐀 𝐍𝐎𝐂𝐇𝐄
Si Jesús entrara esta noche en lo más profundo de tu corazón, ¿qué crees que te pediría comenzar a convertir?
𝐏𝐚𝐳 𝐲 𝐛𝐢𝐞𝐧, 𝐃𝐢𝐨𝐬 𝐩𝐨𝐫 𝐝𝐞𝐥𝐚𝐧𝐭𝐞,
𝐇𝐚𝐬𝐭𝐚 𝐚𝐪𝐮𝐢́ 𝐓𝐮́ 𝐡𝐞𝐫𝐦𝐚𝐧𝐨 𝐞𝐧 𝐂𝐫𝐢𝐬𝐭𝐨
𝐉𝐨𝐫𝐠𝐞 𝐆𝐮𝐭𝐢𝐞́𝐫𝐫𝐞𝐳 𝐆𝐚𝐫𝐜𝐢́𝐚
#ReflexiónParaLaNoche #Conversión #Jesús #IglesiaCatólica #FeCatólica #ExamenDeConciencia #Misericordia #VidaCristiana #CristoTransforma #JorgeGutiérrezGarcía
“La viña que hay que cultivar con justicia es la Iglesia, que construimos o dañamos con nuestras decisiones”, advirtió León XIV en su meditación previa al Ángelus, en la que recordó a “un trabajador que se dedicó con gran fruto en la viña del Señor: San Francisco de Asís”, de quien hoy se conmemora el octavo centenario de su muerte
Alvaro Vargas Martino – Ciudad del Vaticano
“La parábola evangélica que se proclama en la liturgia de este domingo nos habla de la vida de Jesús e ilumina el sentido de su misión”, explicó el Papa León XIV este mediodía en su reflexión sobre el Evangelio de hoy, antes de rezar el Ángelus con los miles de fieles y peregrinos presentes en la plaza de San Pedro, subrayando que “Él es el Hijo de Dios enviado al mundo, pero es rechazado precisamente por aquellos que deberían haberlo acogido con los brazos abiertos”.
“El que ha venido a traer la salvación recibe una condena; el que quiere dar la vida es condenado a muerte. Mientras nos hace reflexionar sobre las numerosas crueldades que devastan al mundo y a la historia de los pueblos, la enseñanza de Cristo nos revela la infinita misericordia de su Padre”, resaltó el Papa, quien agregó que ese “rechazo violento”, en efecto, “no fragmenta la voluntad de Dios, que en su infinita justicia transforma el mal en rescate: «La piedra que desecharon los arquitectos es ahora la piedra angular»”.
“El propio Jesús recuerda estas palabras del salmo, que celebra la obra maravillosa realizada por el Señor”, es decir, que precisamente “lo descartado se convierte en el fundamento que lo sostiene todo”, recalcó León XIV, quien remarcó que este es “el modo en que el Todopoderoso guía la historia”, socorriéndonos en todas nuestras caídas: “¡Dios nunca desecha nuestra vida!”.
“Según la imagen utilizada en la parábola, la viña que hay que cultivar con justicia es la Iglesia, que construimos o dañamos con nuestras decisiones”, advirtió el Pontífice, quien, a este respecto, precisamente hoy, en el octavo centenario de su muerte, recordó a “un trabajador que se dedicó con gran fruto en la viña del Señor: San Francisco de Asís”, a quien “Jesús pidió que reparara su Iglesia”.
“Inspirado por el Crucificado, Francisco edificó ante todo su propia vida sobre el fundamento de Cristo, compartiendo su pobreza, su alegría y sus sufrimientos, hasta recibir el signo místico de los estigmas”, recordó el Papa, quien destacó que fue un “hombre de ardiente oración, lleno de caridad hacia todos”, por lo que fue un ejemplo para los primeros frailes “que compartieron su ascetismo como condición auténtica para la reforma de la Iglesia”, y “la reparó en virtud de la fe en el Señor Jesús, sanando las grietas de la discordia con el testimonio del amor fraterno”.
El carisma de san Francisco “aún hoy, después de ocho siglos, da fruto”; y de ello “dan testimonio no sólo la gran y dinámica familia franciscana”, sino también “los numerosos dones que su legado espiritual difunde entre el Pueblo de Dios”, resaltó León XIV.
“Mientras celebramos el Año Jubilar Franciscano, pidamos con perseverancia el don de la paz y comprometámonos sinceramente a construir la concordia entre los pueblos”, exhortó el Pontífice, quien pidió “que en esta obra nos acompañe siempre la intercesión de María Santísima, nuestra Madre”, unidos espiritualmente a los fieles reunidos en el Santuario de Pompeya para elevar la Súplica a la Virgen del Santo Rosario.
Oración para el lunes 5 de octubre de 2026.
Santa María Faustina Kowalska y a San Froilán de León.
XXVII Semana del Tiempo Ordinario
Amado Dios, te doy gracias por este nuevo día.
Despierto con esperanza porque sé que mi vida está en tus manos.
No sé exactamente qué traerá esta jornada, pero confío en que Tú caminarás conmigo en cada momento.
Gracias por tu inmensa bondad.
Gracias por la vida, por el techo que me resguarda, por el alimento que hoy puedo recibir y por las personas que has puesto a mi lado.
Gracias también por la fuerza para cumplir mis responsabilidades y por la gracia que me sostiene cuando mis fuerzas no alcanzan.
Señor, no permitas que me aleje de Ti.
Cada día comprendo más cuánto te necesito.
Padre eterno, bendice a mi familia, a mis amigos y a todos aquellos que llevo en el corazón.
Concédenos comprensión, paciencia, unidad y espíritu de servicio.
Que en nuestro hogar crezcan la bondad, el perdón y la alegría que nacen de vivir cerca de Ti.
Danos lo necesario para vivir dignamente.
Y danos también un corazón generoso para compartir con quien necesita ayuda.
Señor, llena hoy nuestra vida de tu presencia.
Que tu amor nos enseñe a amar.
Que tu paz nos sostenga en la inquietud.
Que tu fortaleza nos mantenga firmes cuando llegue la prueba.
Que tu gracia sea el principio de nuestras obras.
No permitas que confiemos únicamente en nuestras capacidades.
Recuérdanos que todo bien comienza en Ti y necesita de tu gracia para dar fruto.
Si llega una dificultad, quédate con nosotros.
Si aparece el miedo, danos confianza.
Si sufrimos, ayúdanos a unir nuestra cruz a la de Cristo.
Si recibimos una alegría, enséñanos a agradecerla con humildad.
Señor, no sé lo que me espera en este lunes.
Pongo en tus manos mis planes, mis preocupaciones y mis esperanzas.
No te pido que todo ocurra según mis deseos.
Te pido la gracia de reconocer tu voluntad y la valentía para seguirla.
Que pueda decir como Jesús:
“Padre, que no se haga mi voluntad, sino la tuya.”
Lucas 22,42.
Cuida a quienes amo.
Sostén a los enfermos.
Consuela al que está triste.
Da esperanza al que atraviesa dificultades.
Y hazme atento para descubrir a quién puedo servir hoy.
Amado Dios, pongo en tus manos mi vida, mi familia y nuestras luchas cotidianas.
Danos tu bendición.
No como una garantía de ausencia de problemas, sino como la certeza de que nunca caminamos solos.
Que en las horas buenas sepamos alabarte.
Y que en las horas difíciles permanezcamos fieles.
Que este día no sea solamente “un buen día” según nuestros planes.
Que sea un día vivido contigo.
Si tengo éxito, dame humildad.
Si algo sale mal, dame paciencia.
Si debo esperar, dame perseverancia.
Si alguien me necesita, dame caridad.
Y si tropiezo, concédeme la gracia de levantarme y volver a Ti.
Señor Jesús, Tú dijiste:
“Sin mí no pueden hacer nada.”
Juan 15,5.
Por eso no quiero comenzar este día confiando únicamente en mí.
Quiero comenzarlo confiando en tu gracia.
Camina conmigo.
Corrige lo que deba cambiar.
Fortalece lo que sea bueno.
Purifica mis intenciones.
Y ayúdame a buscar primero tu Reino.
Hágase tu voluntad en mi vida.
Amén.
Que esta oración me ayude a comenzar el día con un corazón agradecido y disponible para Dios. La oración no es una fórmula para asegurar que todo salga como queremos. Es encuentro con el Padre, confianza en su Providencia y apertura humilde a su voluntad.
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Oración para el domingo 4 de octubre de 2026.
San Francisco de Asís
Amado Dios, al comenzar este nuevo día me acerco a Ti con un corazón agradecido.
Gracias por el don de la vida, por este nuevo amanecer y por toda tu creación. Gracias
porque, en los días de alegría y también en los momentos difíciles, tu amor permanece fiel.
Señor, pongo este día en tus manos. Te entrego mis proyectos, preocupaciones, necesidades y esperanzas. Tú conoces lo que necesito incluso antes de que te lo pida.
Enséñame a confiar en Ti y a decir con Jesús:
«No se haga mi voluntad, sino la tuya» (Lc 22,42).
Perdóname por las veces que no he sabido reconocer tus dones. Gracias por el pan de cada día, por las personas que has puesto en mi camino y, sobre todo, por el don de tu Hijo Jesucristo.
No permitas que confíe únicamente en mis propias fuerzas. Que tu gracia me preceda, me acompañe y sostenga todo el bien que pueda realizar hoy.
Señor, en este día en que recordamos a San Francisco de Asís, quiero pedirte:
Hazme instrumento de tu paz.
Donde encuentre heridas, ayúdame a llevar consuelo.
Donde exista división, enséñame a construir comunión.
Donde encuentre tristeza, dame un corazón capaz de acompañar.
Y donde haya necesidad, que no pase indiferente.
Concédeme sabiduría para tomar buenas decisiones y humildad para reconocer cuando me equivoco. Que mis palabras, mis decisiones y mi trabajo puedan servirte y hacer el bien a los demás.
Bendice a mi familia, a mis amigos y a quienes hoy necesitan especialmente de tu misericordia.
No te pido una vida sin dificultades, Señor. Te pido permanecer contigo cuando lleguen.
Cuando aparezca la enfermedad, dame fortaleza.
Cuando llegue la incertidumbre, aumenta mi fe.
Cuando experimente una cruz, ayúdame a llevarla unido a Cristo.
Cuando llegue la alegría, que sepa agradecerla y compartirla.
Líbranos del mal y no nos dejes caer en la tentación. Danos la gracia para responder al mal con el bien, al resentimiento con el perdón y al egoísmo con la caridad.
Padre bueno, en Ti pongo mi vida y mis esperanzas.
Que todo cuanto haga hoy esté abierto a tu voluntad y contribuya, por tu gracia, a mi conversión y al bien de mis hermanos.
Y cuando termine este día, concédeme descansar en tu presencia, agradeciendo lo vivido, pidiendo perdón por mis faltas y confiando en tu misericordia.
Por Jesucristo, nuestro Señor.
Amén.
Hay días de calma y días de tormenta. Hay momentos de certeza y momentos en los que cuesta comprender el camino. La fe no significa que nunca tendremos cruces; significa que ninguna cruz tenemos que cargarla lejos de Cristo.
Hoy recuerda:
No necesitas que todo salga como deseas para saber que Dios está contigo.
Su mayor bendición no consiste en darte siempre lo que quieres, sino en darte su gracia para amar, perseverar y permanecer fiel en cualquier circunstancia.
Como San Francisco de Asís, pidamos menos una vida cómoda y más un corazón disponible para Cristo.
Señor, hazme instrumento de tu paz.
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𝐑𝐄𝐅𝐋𝐄𝐗𝐈𝐎́𝐍 𝐏𝐀𝐑𝐀 𝐋𝐀 𝐍𝐎𝐂𝐇𝐄
𝐄𝐥 𝐂𝐨𝐫𝐚𝐳𝐨́𝐧 𝐬𝐞 𝐄𝐧𝐝𝐮𝐫𝐞𝐜𝐞… 𝐍𝐨 𝐝𝐞 𝐮𝐧 𝐃𝐢́𝐚 𝐩𝐚𝐫𝐚 𝐎𝐭𝐫𝐨, 𝐒𝐢𝐧𝐨 𝐩𝐨𝐫 𝐓𝐨𝐝𝐨 𝐥𝐨 𝐪𝐮𝐞 𝐃𝐞𝐣𝐚𝐬𝐭𝐞 𝐏𝐚𝐬𝐚𝐫.
𝐈𝐍𝐓𝐑𝐎
Esta noche quiero proponerte un examen incómodo.
¿Alguna vez has criticado cómo alguien sirve, trabaja, educa, dirige o vive su fe?
Desde afuera vemos fácilmente lo que otros hacen mal.
Pero Jesús puede hacernos una pregunta mucho más difícil:
“Eso que exiges de los demás… ¿ya lo estás viviendo tú?”
𝐃𝐄𝐒𝐀𝐑𝐑𝐎𝐋𝐋𝐎
Jesús dijo:
“¿Por qué miras la paja que hay en el ojo de tu hermano y no ves la viga que está en el tuyo?”
Mateo 7,3
Qué fácil resulta descubrir la paja ajena.
El que llegó tarde. El que no ayudó. El sacerdote que pudo hacerlo diferente. El coordinador que no escuchó. El familiar que debería cambiar.
Y mientras señalamos, podemos olvidar revisar nuestro propio corazón.
Porque señalar el trabajo de otro requiere un dedo.
Servir requiere las dos manos y el corazón.
San Pablo también nos ofrece un camino:
“Que cada cual examine su propia conducta.”
Gálatas 6,4
Antes de decir: “Alguien debería hacer algo”, podríamos preguntarnos:
“¿Qué puedo hacer yo?”
Antes de exigir comprensión, puedo comenzar escuchando.
Antes de reclamar servicio, puedo comenzar sirviendo.
Antes de pedir perdón, puedo revisar a quién necesito perdonar.
Antes de exigir santidad a los demás, puedo preguntarme cuánto estoy dejando que Jesús transforme mi vida.
Esto no significa permanecer callados ante aquello que verdaderamente necesita corregirse.
La corrección también forma parte del amor.
Pero existe una enorme diferencia entre corregir para construir y criticar desde la comodidad.
Hay una enorme diferencia entre criticar una carga y ayudar a cargarla.
Esta noche quizá Jesús no quiera mostrarte quién está fallando.
Quizá quiera mostrarte dónde puedes comenzar tú.
𝐂𝐈𝐄𝐑𝐑𝐄
La Iglesia, nuestra familia y nuestra comunidad no necesitan más espectadores expertos en descubrir errores.
Necesitan discípulos dispuestos a involucrarse.
Es muy fácil encontrar defectos en las manos que trabajan cuando las nuestras están vacías.
Por eso, antes de señalar mañana aquello que alguien debería hacer mejor, pregúntate:
“Señor, ¿qué puedo hacer yo para que esto sea mejor?”
El Evangelio no transforma el mundo desde la gradería.
Lo transforma cuando dejamos de señalar solamente con el dedo y comenzamos a servir con las manos.
𝐎𝐑𝐀𝐂𝐈𝐎́𝐍
Maestro Jesús:
Esta noche quiero mirar mi corazón antes de mirar los errores de los demás.
Perdóname cuando he exigido aquello que yo mismo no estaba dispuesto a vivir.
Dame humildad para reconocer mis fallas.
Dame caridad para corregir sin destruir.
Dame generosidad para servir sin esperar reconocimiento.
Cuando encuentre algo que necesita cambiar, no permitas que solamente critique.
Pregúntame también:
“¿Y tú qué puedes hacer?”
Hazme menos juez y más discípulo.
Menos espectador y más servidor.
Menos preocupado por señalar errores y más dispuesto a dar testimonio.
Amén.
𝐀𝐧𝐭𝐞𝐬 𝐝𝐞 𝐝𝐨𝐫𝐦𝐢𝐫, 𝐪𝐮𝐞́𝐝𝐚𝐭𝐞 𝐜𝐨𝐧 𝐞𝐬𝐭𝐚 𝐩𝐫𝐞𝐠𝐮𝐧𝐭𝐚:
Eso que tanto criticas en los demás… ¿qué podrías comenzar tú a hacer diferente mañana?
𝐏𝐚𝐳 𝐲 𝐛𝐢𝐞𝐧, 𝐃𝐢𝐨𝐬 𝐩𝐨𝐫 𝐝𝐞𝐥𝐚𝐧𝐭𝐞,
𝐇𝐚𝐬𝐭𝐚 𝐚𝐪𝐮𝐢́ 𝐓𝐮́ 𝐡𝐞𝐫𝐦𝐚𝐧𝐨 𝐞𝐧 𝐂𝐫𝐢𝐬𝐭𝐨
𝐉𝐨𝐫𝐠𝐞 𝐆𝐮𝐭𝐢𝐞́𝐫𝐫𝐞𝐳 𝐆𝐚𝐫𝐜𝐢́𝐚
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