𝐑𝐄𝐅𝐋𝐄𝐗𝐈𝐎́𝐍 𝐏𝐀𝐑𝐀 𝐋𝐀 𝐍𝐎𝐂𝐇𝐄 Antes de Corregir al Hermano, Pregúntate si Todavía Sabes Amarlo
𝐑𝐄𝐅𝐋𝐄𝐗𝐈𝐎́𝐍 𝐏𝐀𝐑𝐀 𝐋𝐀 𝐍𝐎𝐂𝐇𝐄
Antes de Corregir al Hermano, Pregúntate si Todavía Sabes Amarlo
𝐈𝐍𝐓𝐑𝐎
Hay correcciones que nacen del amor… y otras que nacen del cansancio, del orgullo o de heridas que todavía no hemos sanado.
Esta noche quiero proponerte una pregunta incómoda: antes de decirle a tu hermano todo lo que está haciendo mal, ¿todavía puedes mirarlo con el mismo amor con que Jesús te mira cuando tú fallas?
Porque corregir cristianamente no significa demostrar quién tiene razón. Significa ayudar al otro a acercarse nuevamente a Dios.
𝐃𝐄𝐒𝐀𝐑𝐑𝐎𝐋𝐋𝐎
Jesús nunca confundió amor con permisividad.
Él corrigió. Confrontó. Señaló el pecado. Pero nunca convirtió la debilidad de una persona en una oportunidad para humillarla.
Por eso dice:
“Si tu hermano llega a pecar, ve y repréndelo, a solas tú con él.” Mateo 18,15.
Observa algo importante: Jesús primero dice “tu hermano”.
Antes del error está la persona.
Antes de la corrección está la fraternidad.
Antes de señalar su caída, recuerda que delante de ti tienes a alguien amado por Dios.
San Pablo lo expresa todavía más claramente:
“Corríjanlo con espíritu de mansedumbre.” Gálatas 6,1.
La mansedumbre no significa cobardía. Significa decir la verdad sin convertirla en un arma.
Aquí aparece una prueba sencilla.
Si disfrutas contando a otros lo que alguien hizo mal, quizá todavía no estás preparado para corregirlo.
Si necesitas exhibirlo, probablemente necesitas primero revisar tu corazón.
Y si deseas que cambie únicamente para demostrar que tú tenías razón, cuidado: eso puede parecer corrección fraterna, pero quizá solamente es orgullo vestido de religioso.
La corrección cristiana busca recuperar al hermano, no ganar la discusión.
Antes de hablar, pregúntate:
¿Quiero ayudarlo o descargarme?
¿Quiero restaurarlo o demostrarle que estaba equivocado?
¿Podré seguir amándolo aunque no cambie inmediatamente?
Porque puedes decir una verdad correcta de una manera profundamente equivocada.
𝐂𝐈𝐄𝐑𝐑𝐄
Esta noche no pienses solamente en quién necesita ser corregido.
Piensa también en cómo estás amando.
Quizá mañana tengas que mantener una conversación difícil. Hazlo.
Pero primero pasa por la oración.
Pídele a Jesús que quite de tus palabras el orgullo, la rabia y el deseo de vencer.
Después habla.
Con verdad, sí.
Pero también con misericordia.
Porque cuando Cristo corrige nuestro corazón, no nos destruye para demostrarnos que Él tenía razón.
Nos levanta para recordarnos quiénes podemos llegar a ser.
Antes de corregir al hermano, pregúntate:
¿Todavía sé amarlo?
𝐎𝐑𝐀𝐂𝐈𝐎́𝐍
Señor Jesús, Maestro manso y humilde de corazón, enséñame a corregir como Tú.
Líbrame de utilizar la verdad para lastimar.
Purifica mis intenciones antes de abrir mi boca.
Dame valentía para hablar cuando sea necesario y humildad para callar cuando solamente quiera imponerme.
Que nunca olvide que quien está delante de mí también es tu hijo.
Y cuando yo necesite corrección, dame un corazón humilde para escuchar.
Haz que mis palabras acerquen, restauren y conduzcan hacia Ti.
Amén.
𝐏𝐚𝐳 𝐲 𝐛𝐢𝐞𝐧, 𝐃𝐢𝐨𝐬 𝐩𝐨𝐫 𝐝𝐞𝐥𝐚𝐧𝐭𝐞,
𝐇𝐚𝐬𝐭𝐚 𝐚𝐪𝐮𝐢́ 𝐓𝐮́ 𝐡𝐞𝐫𝐦𝐚𝐧𝐨 𝐞𝐧 𝐂𝐫𝐢𝐬𝐭𝐨
𝐉𝐨𝐫𝐠𝐞 𝐆𝐮𝐭𝐢𝐞́𝐫𝐫𝐞𝐳 𝐆𝐚𝐫𝐜𝐢́𝐚
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