Volver a partir del kerigma, en una época de crisis de la transmisión de la fe
Volver a partir del kerigma, en una época de crisis de la transmisión de la fe
«Venite ad me. Consideraciones sobre la transmisión de la fe en el cambio de época» es el título del documento del Dicasterio para la Doctrina de la Fe, dado a conocer hoy, jueves 22 de octubre. En una sociedad secularizada e impregnada de una nueva cultura, «la transmisión de la fe exige hoy, de manera especial, la evangelización de los adultos y que se supere una acción pastoral centrada únicamente en la catequesis de los niños y adolescentes».
Debora Donnini – Ciudad del Vaticano
En un cambio de época marcado por la crisis en la transmisión de la fe, «se trata de recomenzar una gran etapa» de evangelización, poniendo en el centro el primer anuncio, el kerigma: «Jesucristo te ama, dio su vida para salvarte, y ahora está vivo a tu lado cada día, para iluminarte, para fortalecerte, para liberarte » (EG 164).
Este es el corazón de la exhortación contenida en el documento «Venite ad Me. Consideraciones sobre la transmisión de la fe en el cambio de época», del Dicasterio para la Doctrina de la Fe, difundido hoy, jueves 22 de octubre.
Las Consideraciones constituyen un texto profundo, compuesto por ocho capítulos, además de una introducción y una conclusión, rico en referencias al magisterio de los Pontífices, en particular al de León XIV y al del Papa Francisco, al Concilio Vaticano II y a otros documentos.
Asimismo, se precisa que el género del documento es el de las Consideraciones y no el de una Nota doctrinal. Por este motivo, el texto examina «una pluralidad de puntos de vista, sin pretender, sin embargo, cerrar la cuestión, que permanece abierta a nuevos análisis y desarrollos».
El objetivo específico es, por tanto, sugerir «caminos concretos para el anuncio del kerygma en el cambio de época que estamos atravesando».
El documento fue aprobado por el Papa el 21 de agosto de 2026 y lleva las firmas del cardenal Víctor Manuel Fernández, prefecto del Dicasterio para la Doctrina de la Fe, y de monseñor Armando Matteo, secretario de la Sección Doctrinal del mismo Dicasterio. Ha sido valiosa la contribución de numerosas Conferencias Episcopales a este trabajo, así como los testimonios —enviados por los obispos— de quienes han descubierto o redescubierto al Señor Jesús, recogidos en el último capítulo de estas Consideraciones.
TEXTO COMPLETO SOBRE LAS CONSIDERACIONES SOBRE LA TRANSMISIÓN DE LA FE EN EL CAMBIO DE ÉPOCA
Dar testimonio de la experiencia personal del encuentro con Cristo
El punto de partida son las palabras de Jesús en el Evangelio de Mateo: «Venid a mí todos los que estáis cansados y agobiados, y yo os aliviaré». Se trata, como se indica en las conclusiones, de «un llamamiento a los fieles para que vuelvan al corazón del patrimonio de la fe cristiana: el kerygma», que «ilumina todos los contenidos del depositum fidei, atrayendo hacia la experiencia de un encuentro personal y comunitario con Cristo vivo», teniendo en cuenta también que, en algunas regiones del mundo, la transmisión de la fe «prácticamente se ha interrumpido».
Anunciar el amor de Dios por todos
El primer capítulo comienza precisamente subrayando que «Jesús es realmente la luz verdadera que ilumina a todo ser humano». «Esta es la buena nueva del Evangelio del Hijo: Dios es amor para siempre y para todos ». La fe, se subraya, «la fe no se transmite, en primer lugar, como un conjunto de contenidos doctrinales o de información religiosa, sino como una forma de vida eclesial en la que el creyente se va introduciendo progresivamente».
Una pastoral también para los adultos, no solo para los niños y los adolescentes
Al analizar las formas de transmisión de la fe, se evidencia cómo la Iglesia crece «por atracción», cómo la familia constituye «el primer y más esencial lugar de transmisión de la fe» y la importancia de la sinergia entre la Iglesia y la familia en este sentido. No obstante, se constata que la transmisión de la fe en los contextos familiares «se ha interrumpido en muchas partes del mundo» y que «la transmisión a las nuevas generaciones de la experiencia de la fe cristiana ya no se produce de manera, por así decirlo, “automática”».
«Solo en este punto, y en una segunda etapa, la comunidad eclesial entra en el proceso de transmisión de la fe», afirma el documento, que constata cómo «en los países de antigua tradición cristiana, este contexto de transmisión de la fe parece hoy comprometido, ya que se caracteriza cada vez más por la presencia de “personas bautizadas que no viven las exigencias del Bautismo”, no tienen una pertenencia cordial a la Iglesia y ya no experimentan el consuelo de la fe». Frente a esta realidad, el documento revela que «la transmisión de la fe exige hoy, de manera especial, la evangelización de los adultos y que se supere una acción pastoral centrada únicamente en la catequesis de los niños y adolescentes».
El cambio de época
El tercer capítulo se centra en el contexto, es decir, en el cambio de época que estamos viviendo. León XIV, en Magnifica humanitas, manifiesta la urgencia de responder a las preguntas sobre hacia dónde nos dirigimos y qué rumbo debemos elegir, precisamente en relación con el cambio de época. Un aspecto característico, sobre todo en Occidente, es precisamente «la crisis de la transmisión generacional de la fe cristiana». En efecto, se destaca que «cada vez son menos los padres que cumplen con la tarea de poner a sus hijos en contacto con la luz viva del mensaje evangélico» y que «es precisamente de estos contextos familiares de donde procede la mayoría de los jóvenes, hombres y mujeres, que, a pesar de haber frecuentado los ambientes católicos de la parroquia, acaban viviendo la transición a la edad adulta con una actitud de indiferencia religiosa sustancial».
Una nueva cultura que relega la fe al ámbito privado
«La crisis de la modernidad, símbolo del cambio de época, ha contribuido así al nacimiento de una nueva cultura, que ha entrado en competencia con las estructuras tradicionales de transmisión de la fe», expone el documento. La tendencia de esta cultura parece consistir en la exaltación de la «soberanía del yo», que es uno de los aspectos más evidentes del proceso de secularización, el cual tiende a reducir la fe y la Iglesia al ámbito privado e íntimo.
El desafío no es tecnológico, sino antropológico
Otro de los signos del cambio de época es la difusión de las tecnologías digitales. La inteligencia artificial no solo interfiere en los ecosistemas informativos, sino que también invade las relaciones entre las personas. «El desafío, por tanto, no es tecnológico sino antropológico», escribe León XIV en el Mensaje para la Jornada Mundial de las Comunicaciones Sociales de 2026.
Allí donde crecen las conversiones, aumenta también la dificultad de perseverar
Es cierto que en algunas zonas del mundo altamente secularizadas aumentan las conversiones y los retornos a la Iglesia, pero «se observa una dificultad paralela en la perseverancia de los neófitos, quienes a menudo, poco tiempo después de recibir el bautismo, vuelven a un estado de indiferencia práctica». Por lo tanto, la situación descrita «invita a redescubrir la importancia de la comunidad en la acogida y el acompañamiento de los nuevos fieles».
La centralidad del kerigma
Por ello se subraya la necesidad de «una profunda renovación kerigmática de la catequesis», prestando atención también al lenguaje, que debe caracterizarse como «una llamada del corazón», y a una relación interpersonal que implique y comprometa. El anuncio del kerigma deberá «ser capaz de presentar la bella noticia del amor y la misericordia de Dios de tal manera que quienes la reciban puedan comprender de verdad que ese amor y esa misericordia se dirigen precisamente a ellos».
Comunidad, Palabra de Dios, liturgia y testimonio
En el centro del quinto capítulo se encuentra la importancia de la comunidad cristiana en su relación con la Palabra de Dios, la liturgia y el testimonio. «Resulta absolutamente urgente, sobre todo en los países de antigua evangelización—se subraya—, insistir en la importancia de promover, en cada comunidad eclesial, grupos de escucha, de meditación, de compartir y de oración de la Palabra, en cuya convocatoria se dediquen momentos específicos y fijos, que complementen la celebración de la Eucaristía dominical».
La segunda consideración se refiere a la liturgia. «Si el corazón del anuncio cristiano es el encuentro con el amor salvífico de Dios en Cristo—se destaca—,la liturgia constituye el lugar privilegiado en el que este misterio se celebra y se comunica sacramentalmente». El tercer aspecto esencial corresponde al testimonio de los creyentes que tiene tres dimensiones: «el testimonio de la santidad, el de la cercanía y el de la opción preferencial por los pobres». Una cuarta observación se refiere al arte y a la belleza, y se presta una atención particular a la música.
Fe y cultura
En el texto también se habla de la inculturación de la fe, que «constituye un paso necesario en su transmisión». Un ejemplo particularmente significativo al que recurrir para construir una presentación razonable de la fe es, sin duda, la Doctrina Social de la Iglesia.
Algunas atenciones específicas
La primera de estas atenciones se dirige a la piedad popular, que «sigue siendo hoy un medio importante de transmisión de la fe», al igual que son importantes las peregrinaciones, tanto las de antigua tradición como las de creación más reciente, y el deseo de pertenecer a alguna cofradía. A continuación, se subraya el papel de la homilía. Se habla de las actividades de voluntariado como ocasiones para acercarse a la realidad de la Iglesia. Asimismo, se enfatiza «la necesidad de ampliar los espacios de presencia de las mujeres en la guía de los procesos eclesiales».
Conclusiones
Estas Consideraciones quieren, en síntesis, recordar con fuerza que Cristo es la luz verdadera. «Ahora nos toca a nosotros —se exhorta— transmitir ese mismo don a los hombres y mujeres de nuestro tiempo» quienes también esperan «poder encender su existencia con esa misma fuente de toda gracia, luz que resplandece en el mundo».

