𝐑𝐄𝐅𝐋𝐄𝐗𝐈𝐎́𝐍 𝐏𝐀𝐑𝐀 𝐋𝐀 𝐍𝐎𝐂𝐇𝐄
“¿𝐐𝐮𝐢𝐞𝐫𝐞𝐬 𝐓𝐞𝐧𝐞𝐫 𝐑𝐚𝐳𝐨́𝐧… 𝐨 𝐐𝐮𝐢𝐞𝐫𝐞𝐬 𝐂𝐨𝐧𝐬𝐭𝐫𝐮𝐢𝐫 𝐂𝐨𝐦𝐮𝐧𝐢𝐨́𝐧?”
Jorge Gutiérrez García
𝐈𝐍𝐓𝐑𝐎𝐃𝐔𝐂𝐂𝐈𝐎́𝐍
Hay discusiones que ganamos con argumentos, pero perdemos con el corazón.
A veces conseguimos que alguien se quede callado. Y confundimos su silencio con nuestra victoria.
Pero esta noche Jesús nos hace una pregunta incómoda:
**¿De qué sirve ganar una discusión si, para conseguirlo, terminamos lastimando a un hermano?**
𝐃𝐄𝐒𝐀𝐑𝐑𝐎𝐋𝐋𝐎
Vivimos en una época donde todos queremos tener la última palabra.
En la familia, en el matrimonio, en el trabajo y, lamentablemente, también en nuestras comunidades parroquiales.
Discutimos sobre cómo deben hacerse las cosas, quién tiene la autoridad, quién se equivocó y quién debería pedir perdón.
Y mientras defendemos nuestras posiciones, podemos olvidar algo fundamental: **la persona que tenemos enfrente también es alguien por quien Cristo entregó su vida.**
San Pablo nos ofrece una enseñanza extraordinaria:
«La ciencia hincha, el amor en cambio edifica» (1 Corintios 8,1).
¡Qué palabras tan necesarias!
Podemos conocer mucho de doctrina, liturgia, Biblia y organización pastoral. Pero si nuestro conocimiento se convierte en un instrumento para humillar, algo estamos haciendo mal.
Porque conocer la verdad no nos autoriza a dejar de amar.
Y cuidado: construir comunión no significa que todo sea válido. Tampoco significa guardar silencio ante una injusticia o renunciar a la verdad.
**La verdadera comunión no se construye escondiendo la verdad, sino viviéndola con caridad.**
Jesús nos enseñó:
«En esto conocerán todos que son discípulos míos: si se tienen amor los unos a los otros» (Juan 13,35).
Observa algo importante.
Jesús no dijo que nos reconocerían porque siempre estuviéramos de acuerdo.
Dijo que nos reconocerían por el amor.
Imagina esta escena.
Dos servidores parroquiales discuten sobre cómo organizar una celebración. Ambos tienen buenas intenciones. Ambos quieren servir a Dios.
Pero uno necesita demostrar que su propuesta es superior.
El otro necesita defender su experiencia.
La conversación se convierte en competencia. Aparecen los reproches. Después llegan los comentarios a espaldas del hermano.
Y al final, quizá la celebración queda perfectamente organizada.
Pero dos corazones terminan distanciados.
**¿De verdad podemos llamar éxito pastoral a una actividad que organizamos mientras destruimos la fraternidad?**
Aquí aparece una tentación muy sutil: utilizar incluso las cosas de Dios para alimentar nuestro orgullo.
A veces decimos: «Yo solamente estoy defendiendo lo correcto».
Y puede ser verdad.
Pero conviene preguntarnos: ¿estoy defendiendo lo correcto con el corazón correcto?
Porque tener razón no nos convierte automáticamente en personas justas.
Podemos corregir una equivocación sin ridiculizar a nadie.
Podemos expresar desacuerdo sin levantar la voz.
Podemos defender nuestras convicciones sin convertir al otro en enemigo.
Y también podemos reconocer que, algunas veces, somos nosotros quienes necesitamos cambiar.
La humildad no consiste en fingir que estamos equivocados.
Consiste en reconocer que nuestra manera de actuar también necesita la gracia de Dios.
𝐂𝐈𝐄𝐑𝐑𝐄
Esta noche, antes de dormir, piensa en esa persona con quien has tenido diferencias.
Tal vez sea tu esposo, tu esposa, un hijo, un compañero de ministerio o alguien de tu comunidad.
Pregúntate con sinceridad:
¿He intentado comprenderlo o solamente vencerlo?
¿He escuchado sus razones o únicamente esperaba mi turno para responder?
¿He buscado la voluntad de Dios o que todos acepten mi voluntad?
Si descubres que te equivocaste, no tengas miedo de pedir perdón.
Y si realmente tenías razón, recuerda que eso tampoco te dispensa de amar.
**La verdad no pierde fuerza cuando se expresa con humildad. Al contrario, se vuelve más creíble.**
Mañana tienes una oportunidad concreta: escucha sin interrumpir, corrige sin humillar y busca reconciliarte con alguien.
No necesitas ganar todas las discusiones.
Necesitas permitir que Cristo transforme tu manera de relacionarte.
Porque una comunidad cristiana no se fortalece cuando todos piensan igual, sino cuando aprendemos a permanecer unidos en Cristo, incluso en medio de nuestras diferencias.
𝐎𝐑𝐀𝐂𝐈𝐎́𝐍 𝐏𝐀𝐑𝐀 𝐄𝐒𝐓𝐀 𝐍𝐎𝐂𝐇𝐄
Señor Jesús, Maestro de la verdad y del amor:
Esta noche pongo delante de Ti mis palabras, mis discusiones y mis actitudes.
Perdóname por las ocasiones en que mi orgullo habló más fuerte que mi caridad.
Perdóname cuando quise demostrar que tenía razón, sin preocuparme por el corazón de mi hermano.
Dame humildad para reconocer mis errores, valentía para defender la verdad y mansedumbre para hacerlo sin herir.
Sana las divisiones que he provocado. Ayúdame a dar el primer paso hacia la reconciliación.
Que nunca utilice tu nombre para justificar mi soberbia.
Enséñame a construir puentes donde he levantado muros.
Y cuando deba elegir entre alimentar mi orgullo o trabajar por la comunión, concédeme la gracia de elegir el camino del Evangelio.
María, Madre de la Iglesia, enséñanos a permanecer unidos alrededor de tu Hijo.
Amén.
𝐏𝐀𝐑𝐀 𝐋𝐋𝐄𝐕𝐀𝐑 𝐀𝐋 𝐂𝐎𝐑𝐀𝐙𝐎́𝐍
**No siempre tendrás la última palabra. Pero siempre puedes procurar que tu última palabra sea dicha con amor.**
𝐘 𝐚𝐧𝐭𝐞𝐬 𝐝𝐞 𝐜𝐞𝐫𝐫𝐚𝐫 𝐥𝐨𝐬 𝐨𝐣𝐨𝐬, 𝐫𝐞𝐬𝐩𝐨𝐧𝐝𝐞:
¿Qué vale más para ti esta noche: demostrar que tenías razón o recuperar a ese hermano con quien has dejado de caminar?**
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