Oración para el viernes 10 de abril de 2026. Santa Magdalena de Canossa

Oración para el viernes 10 de abril de 2026.

Viernes de la Octava de Pascua.

Santa Magdalena de Canossa

Amado Dios, hoy cuando los primeros rayos de sol asoman en el horizonte, me acerco hasta Ti, lleno de esperanza y alegría, para darte gracias por este nuevo día. Gracias por ponerte en mi camino como guía y protector constante y gracias porque a cada momento puedo sentir tu inmensa bondad.

Padre eterno, sé que Tú siempre estás conmigo, incluso en medio de las dificultades y también sé que cuando mi alma se encuentra cansada, eres Tú quien toca mi corazón, mueve mi pensamiento y me llena de paz y de esperanza.

Gracias Señor por el aire que respiro, por los alimentos que me das y por la vida de mi familia. Bendito seas por todas las maravillosas bendiciones que siempre recibo de Ti y alabado sea tu nombre, hoy, mañana y siempre.

Amado Dios, permite que este viernes sea un día de triunfos, de esperanzas y alegrías. Por favor asísteme en la debilidad, protégeme de todo peligro y sostenme firme con tu amor.

Señor, te suplico que ilumines con tu bendita luz mi camino y salvaguardes mi vida y la vida de mi familia. Por favor protege nuestras entradas, nuestras salidas, guía cada una de nuestras actividades y todo aquello que hoy emprendamos.

Te pido que nos des sabiduría para tomar buenas decisiones, valor en medio de las pruebas, fe para alcanzar cada una de nuestras metas y bondad para todas nuestras acciones.

Ayúdanos a ser felices y permitenos la dicha de regresar en la noche al hogar con la satisfacción del deber cumplido. Señor, por favor mira nuestra vida y protege nuestras esperanzas, ayúdanos a solucionar nuestros problemas y a atender nuestras necesidades.

Amado Dios, en este día que me regalas quiero creer firmemente, servir con alegría y esperar confiadamente. Te amo con todo el corazón y sé que contigo nada ni nadie me podrá derrotar, Amén.

Vivo este viernes con entusiasmo y fe, pues la bondad de Dios no conoce limite y Él seguirá orientando mi vida y mis pasos por senderos de bienestar, prosperidad y bendición.

Haciendo esta oración con esperanza, fe, amor y gratitud, me permitirá acercarme a Dios para pedirle que sea Él guiándome en este nuevo día y protegiendo mi vida, la vida de tu familia y amigos. Confío, Dios me ama y Dios seguirá llenando mi camino de triunfos y alegrías.

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El Papa: llamados a ser incansables artífices de la paz en nombre de Jesús

El Papa: llamados a ser incansables artífices de la paz en nombre de Jesús

León XIV recibe a los miembros del Sínodo de la Iglesia de Bagdad de los Caldeos, reunidos en Roma para la elección del nuevo patriarca. Con la mirada puesta en Oriente Medio, el Pontífice exhorta a los obispos a ser un signo de esperanza en lugares profanados por «la blasfemia de la guerra»

Salvatore Cernuzio – Ciudad del Vaticano

«Dios no bendice ningún conflicto» y quien es «discípulo de Cristo» nunca está del lado de «quien ayer empuñaba la espada y hoy lanza bombas» . Palabras duras, las del Papa León XIV, tan duras como el panorama actual de un «mundo marcado por violencias absurdas e inhumanas», impulsadas por la «codicia» y el «odio». El Pontífice recibe esta mañana, 10 de abril, en el Vaticano, a los miembros del Sínodo de la Iglesia de Bagdad de los caldeos. Una Iglesia que hunde sus raíces en la primitiva y que es, por tanto, guardiana «de una fe transmitida a lo largo de los siglos con valentía y fidelidad». El motivo es la convocatoria de la asamblea en Roma (del 9 al 15 de abril) para la elección del nuevo patriarca, tras la renuncia del cardenal Louis Raphaël Sako, el pasado 10 de marzo, por haber alcanzado la edad límite. Una fase «delicada y compleja, a veces incluso controvertida», señala León XIV.

Sangre inocente derramada

En el rostro de estos pastores, el Papa ve reflejado el Oriente Medio con sus heridas, sus complejidades y dificultades. Y por eso confía a los «hermanos obispos» un mandato preciso: ser «signos de esperanza» en medio de las brutalidades que «se extienden con ferocidad precisamente en las tierras que vieron surgir la salvación, en los lugares sagrados del Oriente cristiano, profanados por la blasfemia de la guerra y la brutalidad de los negocios, sin consideración por la vida de las personas, considerada como mucho un efecto colateral de sus propios intereses» .

“Pero ningún interés puede valer más que la vida de los más débiles, de los niños, de las familias; ninguna causa puede justificar la sangre inocente derramada”

Pleno respeto a los cristianos

Con el mismo vigor, el Papa León pide el pleno respeto a los cristianos en las tierras de Oriente Medio para que «se sientan animados, a pesar de todas las pruebas, a permanecer firmes en la fe recibida de los Padres y a quedarse en sus territorios». «Esto —dice— es importante para toda la Iglesia, porque las regiones en las que surgió la luz de la fe —orientale lumen— no pueden prescindir de los creyentes en Jesús, de los cristianos, que están en Oriente Medio como las estrellas en el cielo».

“Que se disipen las nubes que oscurecen esta luz: ¡que los cristianos de todo Oriente Medio sean respetados, no solo de palabra, sino que disfruten de verdadera libertad religiosa y de plena ciudadanía, sin ser tratados como huéspedes o como ciudadanos de segunda clase!”

Infatigables artífices de la paz

«Estoy con vosotros», afirma de nuevo León XIV: «Que las pruebas que atravesáis os impulsen a ofrecer una respuesta iluminada por la fe y marcada por la comunión, también hacia los cristianos de otras confesiones», hermanos en la fe con los que «conviene establecer relaciones de auténtico intercambio». Así, añade, «seréis un gran ejemplo y un gran estímulo» también para el «querido y admirable pueblo» de Oriente Medio que «llevo en el corazón y por el que rezo».

“Vosotros, llamados a ser incansables artífices de la paz en nombre de Jesús, ayudadnos a proclamar claramente que Dios no bendice ningún conflicto; a gritar al mundo que quien es discípulo de Cristo, príncipe de la paz, nunca está del lado de quien ayer empuñaba la espada y hoy lanza bombas; a recordar que no serán las acciones militares las que creen espacios de libertad o tiempos de paz, sino solo la paciente promoción de la convivencia y del diálogo entre los pueblos.”

Es, pues, una gran misión la que corresponde a los obispos: «Anunciar a Cristo resucitado incluso en contextos de muerte, ser presencia viva de fe y caridad, mantener viva la esperanza allí donde parece apagarse». No hay que desanimarse: «El Señor camina con vosotros», anima León. Quien asegura el acompañamiento del Dicasterio para las Iglesias Orientales.

Transparencia, atención, responsabilidad, prudencia

El Pontífice dirige también palabras de gratitud al cardenal Sako por las «significativas aportaciones» y los «notables esfuerzos» que ha realizado. «Siento —añade— que este es el momento de la renovación espiritual, de una renovación fiel a vuestras preciosas y peculiares tradiciones, que deben ser custodias». La referencia es a la «riqueza» del patrimonio litúrgico y espiritual, de «suma importancia» —como ya afirmaba el Concilio— para la custodia de la «tradición cristiana íntegra».

Junto a esto, el Papa León dirige una exhortación «fraterna y paterna» a los miembros del Sínodo caldeo. En primer lugar, el de ser «atentos y transparentes en la administración de los bienes, sobrios, mesurados», así como «responsables en el uso de los medios de comunicación, prudentes en las declaraciones públicas, para que cada palabra y cada comportamiento contribuya a edificar —y no a herir— la comunión eclesial y el testimonio de la Iglesia».

“Tomen en serio la formación de los presbíteros, sus primeros colaboradores en el ministerio: apóyenlos con su cercanía, edificando con ellos y para ellos una fraternidad concreta y tangible”

El nuevo patriarca

Por último, el Papa traza el perfil del futuro nuevo patriarca que será elegido en los próximos días, con el fin de facilitar el discernimiento para la elección. En primer lugar, dice, el nuevo patriarca debe ser «un padre en la fe y un signo de comunión con todos y entre todos». «Que Su Beatitud sea un hombre de las Bienaventuranzas: no llamado a gestos extraordinarios ni a suscitar revuelo, sino a una santidad cotidiana, hecha de honestidad, misericordia y pureza de corazón»,afirma León XIV.

“Que sea un Pastor capaz de escuchar y acompañar, porque la autoridad en la Iglesia es siempre servicio y nunca hegemonía”

Una «guía auténtica y cercana al pueblo», no una «figura llamativa y distante», es, por tanto, quien deberá guiar a la Iglesia de Bagdad de los caldeos; un hombre «arraigado en la oración», «capaz de llevar el peso de las dificultades con realismo y esperanza», «maestro de pastoral que identifique caminos concretos para el bien del pueblo de Dios junto con los hermanos obispos», en un «espíritu de concordia» promoviendo la «unidad en la caridad».