León XIV sobrecoge a Madrid en la Misa del Corpus: «Que vuestra religiosidad no sea un museo del pasado»

León XIV sobrecoge a Madrid en la Misa del Corpus: «Que vuestra religiosidad no sea un museo del pasado»

De Atocha a Nuevos Ministerios, de Castellana a Recoletos, de la Gran Vía a la Puerta de Alcalá. Tras una emocionante Vigilia de Jóvenes como preludio multitudinario de la presencia del Santo Padre en España, nadie ha querido perderse la celebración del Corpus Christi.

Texto: Pablo Mariñoso de Juana 

Fotografías: Marcos Nogales

Aunque la programación oficial hablaba de las 10:00hs de la mañana, y las previsiones ya vaticinaban un aluvión de personas desde las 7:00hs, antes de que saliera el sol los ejes centrales de Madrid, con todos sus nombres y apellidos, ya quedaban colapsados. De Atocha a Nuevos Ministerios, de Castellana a Recoletos, de la Gran Vía a la Puerta de Alcalá. Tras una emocionante Vigilia de Jóvenes como preludio multitudinario de la presencia del Santo Padre en España, nadie ha querido perderse la celebración del Corpus Christi.

Con el Palacio de Cibeles como retablo al aire libre, la coreografía se ha orquestado desde primera hora. Cada uno en su sitio y Dios en el de todos. Un ramillete de sacerdotes entraba por la calle Alcalá, con cierto aire de solemnidad, para ocupar la zona central de la plaza madrileña. Junto a la fuente que tantos títulos madridistas ha visto celebrar, la euforia blanca quedaba hoy teñida del negro sacerdotal. Pero no por ello menos euforia. De fondo, y durante casi treinta minutos, los ceremonieros pontificios que acompañan a León XIV se aseguraban del funcionamiento de la megafonía: «Proba, proba, proba. Uno, due, tre».

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La marabunta no ha sido tal sólo en Cibeles, claro, sino en toda la capital. Jóvenes y familias, de todas las edades, avanzaban hacia los sectores con banderas, sillas, pancartas y demás atuendos. No hay grupo parroquial sin su gorra propia, ni pastoral universitaria sin una camiseta personalizada. Sobre el escenario, algunos voluntarios terminaban de rematar la decoración floral. Una poda por aquí, un tijeretazo por allá. Son miles de flores las que han coronado el imponente altar instalado frente a la sede municipal, bajo la silueta de un crucificado de estilo románico y un baldaquino de maderas. Madrid, presumida, se ha engalanado para la solemnidad eucarística, y nadie ha querido perderse la venida de León XIV. Era fácil ver, alzando la mirada, a algún ministro y demás políticos, a un nutrido grupo de rectores universitarios, a uno o tal expresidente, y hasta a un famoso entrenador de fútbol. Todos, todos, todos, que diría el Papa Francisco.

Pero en esta totalidad, la jornada ha contado con algunos protagonistas especiales. Entre otros muchos, las miles de familias madrileñas que ocupaban las primeras filas de la Santa Misa. O el sector de accesibilidad, situado en la puerta del Palacio de Linares, donde decenas de voluntarios han posibilitado la presencia de peregrinos con discapacidad. Esteban nos contaba: «Nuestra labor consiste en que disfruten y hacer realidad su ilusión de ver al Papa». O los niños y niñas que este año han hecho su Primera Comunión, y que esperaban disciplinadamente sentaditos antes de acompañar al Papa en el tramo de la procesión. Son los rostros concretos que componen el mapa de esperanza de la venida de León XIV. No en vano ha venido a verlos a ellos.

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A eso de las 9:18hs las pantallas han cambiado los vídeos promocionales de la Visita por una imagen que rápidamente ha levantado a los fieles: el Papamóvil ya estaba en marcha. En su camino desde la Nunciatura Apostólica, donde ha descansado León XIV, hasta el altar de Cibeles, el Papa se ha desplazado en su particular cabalgata de aplausos y saludos. Con un Papamóvil abierto por los laterales, no ha dejado esquina sin recorrer ni sonrisa por derramar. Su gesto siempre lo dice todo, y España le ha esculpido una sonrisa permanente.

No ha sido hasta las 9:32hs que el Santo Padre ha irrumpido en la Plaza de Cibeles. Los miles de sacerdotes, rendidos ante la fiebre del madrileñismo, anunciaban su llegada revistiéndose de blanco. Alba blanca y estola blanca para recibir a un León XIV que también aparecía de un blanco inmaculado, sin la muceta roja que portó en su recorrido de ayer. Su paseo, de ida y vuelta, hacia arriba y hacia abajo, se ha prolongado más de tres kilómetros. España entera contenida en un recorrido de ilusiones, y los niños encaramados a las vallas como zaqueos. Cada uno buscando un sicómoro particular.

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Tras recibir la llave de la ciudad de Madrid de manos del alcalde, José Luis Martínez Almeida, la comitiva del Papa se ha dirigido a la sacristía improvisada en el Palacio de Cibeles. Tras este acto, el Pontífice estampó su firma en el libro de honor de la ciudad y quiso dejar constancia de un deseo para el futuro de la capital. «Que Madrid siga siendo una ciudad acogedora e integradora, donde la vida en sociedad se inspire en los auténticos valores humanos», escribió León XIV en el libro de visitas. Y a las 10:02hs, tras afinar los instrumentos –la coral y la orquesta ya preparada–, subían la escalinata central los Reyes de España, acompañados de la Princesa Leonor y la infanta Sofía. Todo listo para comenzar la celebración de la Eucaristía, bajo un sol de solemnidad que pedía sombreros y abanicos. Llegaban entonces las primeras cifras de la Policía Nacional: más de 1.200.000 peregrinos congregados para la Santa Misa. «Pueblo de reyes, asamblea santa, pueblo sacerdotal».

Con la solemnidad propia del Corpus Christi, y de las celebraciones pontificias, y si me apuras hasta de la céntrica plaza madrileña, ha sido don José Cobo el encargado de dar la bienvenida al Santo Padre en la monición de entrada: «Le damos la bienvenida con alegría sincera y corazón agradecido. Hoy Cristo vuelve a reunir a su pueblo para alimentarlo con el pan de la vida». Desde entonces, la orquesta y el coro, formados por más de 400 voluntarios –entre ellos niños de las escolanías de El Escorial y de la Abadía de la Santa Cruz–, han puesto los acordes musicales a la Eucaristía.

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Aunque todas las expectativas estaban puestas en la procesión del Corpus Christi –no suena mal: el Papa portando el Santísimo frente a la Gran Vía–, los cientos de miles de peregrinos han enmudecido durante la homilía de León XIV, que reconocía, en las primeras palabras de su intervención, tener «el corazón colmado de alegría»: «Aquí en Madrid, pero también en tantos otros lugares de España, el Corpus Christi no es una fiesta más del calendario litúrgico, sino un volver a las raíces de la fe para renovar el amor y la fidelidad a Dios». Una fidelidad que –todos lo hemos experimentado– en España se vive con especial riqueza: «La elegancia de las alfombras florales, de los altares en las calles, del cuidado de las custodias, de los cantos y los ornamentos». El Santo Padre parecía hacer, de alguna forma, un examen de conciencia en voz alta. Y todo estaba preparado como debía.

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Pero la procesión va siempre por dentro.  Así lo ha recordado León XIV: «No se trata únicamente de sacar la custodia, sino de dejarnos sacar nosotros mismos del egoísmo, de la indiferencia, de una fe cómoda y privada, para responder a su invitación a la conversión, a cambiar la mirada, a acoger su presencia que nos transforma y nos hace constructores de un mundo nuevo». Porque las procesiones están fenomenal, pero son las almas encendidas, las que se dejan transformar, las que procesionan por el mundo con mayor testimonio. «En la fidelidad silenciosa de quien acompaña al Señor con una amistad humilde y discreta que se alimenta día a día», ha rematado el Papa.

Y recordando a San Manuel González, obispo de los sagrarios abandonados, León XIV ha dirigido «una encomienda para la España de hoy y de mañana: que la religiosidad que desde hace siglos anima este país no sea un museo del pasado que visitar, sino una escuela de fe de la que beber también hoy». Conocedores de esta escuela son, precisamente, las decenas de seminaristas diocesanos que, al término de la homilía, entraban en el sector de los sacerdotes concelebrantes con grandes cajas de cartón: custodiaban dentro los más de 4000 copones fabricados para esta solemnidad del Corpus Christi. Quien los conoce, lo sabe.

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Aunque el calor madrileño ha apretado durante toda la mañana, la ceremonia se ha desarrollado con un inusitado recogimiento, que se ha hecho quizás aún más profundo en el momento de la Comunión. Las voces blancas del inmenso coro entonaban melodías eucarísticas mientras se desplegaba abajo, en el entramado de calles, sectores y accesos, un reparto imposible. El ánimo del millón de peregrinos, volcados con esta espiritualidad viva que crece y se afianza en España, ha hecho que comulgar sea un milagro, un milagro patente, también gracias a los miles de voluntarios y sus paraguas. El Santo Padre contó durante la celebración con estos miles de «monaguillos», casi todos voluntarios adolescentes, desplegados por toda la ciudad.

A las 11:30hs exactas ha comenzado a sonar el «Pange lingua», y la custodia con el Santísimo aparecía sobre el altar. Uno puede imaginar a Santo Tomás de Aquino componiendo en Orvieto, Italia, los compases que esta mañana entonaba la coral, pero uno nunca hubiese imaginado escucharlos precisamente en el Madrid de nuestro tiempo. Arrancaba así la procesión con el Santísimo Sacramento, que ha recorrido la glorieta de Cibeles en dirección Gran Vía. Precedido por los niños de la Diócesis de Madrid que han hecho la Primera Comunión hace apenas unas semanas, al igual que los sacerdotes diocesanos recién ordenados. Toda una suma de novedades escoltando una certeza tan antigua.

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En esa tesitura comenzó a sonar «Nada te turbe, nada te espante», haciendo presente a Santa Teresa de Jesús con este precioso canon que todavía resuena, sobre todo, en nuestros corazones. Porque una de las primeras conclusiones compartidas por todos es precisamente esta: el recorrido con el Santísimo ha sido el momento de mayor emoción del día, probablemente del fin de semana y quizás hasta lo sea de todo el Viaje Apostólico. Un aplauso improvisado ha recorrido Madrid ante nuestra falta de palabras. León XIV sujetaba en sus manos la custodia y bajo un palio dorado ha recorrido con el Santísimo la principal arteria del centro de Madrid.

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Pasadas las 12:10hs se ha reservado el Santísimo y León XIV, ante la antenta mirada de este amplio millón de peregrinos, se ha despedido con una gran sonrisa. La suya es la nuestra. En la memoria de Madrid queda grabado este 7 de junio como el día en que más de un millón de peregrinos, en la capital de España, experimentaron la cercanía de un pastor universal. La jornada en que el obispo de Roma se hizo, de alguna forma, obispo de Madrid.

León XIV preside la celebración del Corpus ante más de 1,5 millones de personas

León XIV preside la celebración del Corpus ante más de 1,5 millones de personas

Ante un Plaza de Cibeles repleta de fieles, que se extendían también por la calle de Alcalá y el eje Recoletos-Castellana, el Santo Padre ha celebrado la primera de las cuatro misas multitudinarias de su Viaje a nuestro país.

León XIV en su homilía: “He aquí una encomienda para la España de hoy y de mañana: que la religiosidad que desde hace siglos anima este país no sea un museo del pasado que visitar, sino una escuela de fe de la que beber también hoy”.

 La Familia Real ha encabezado la representación institucional durante la celebración. También han estado presentes la ministra de Educación, Formación Profesional y Deporte, Milagros Tolón; la presidenta de la Comunidad de Madrid, Isabel Díaz Ayuso y el alcalde de la ciudad, José Luis Martínez Almeida, que previamente la Santa Misa, hizo entrega al Santo Padre de la Llave de Oro de Madrid. 

Imagen: Marcos Nogales

Madrid, 7 de junio de 2026.  En la solemnidad del Santísimo Cuerpo y Sangre de Cristo, el papa León XIV ha presidido esta mañana en la plaza de Cibeles la Santa Misa, acto central de su viaje apostólico a Madrid, a la que han seguido la procesión y la bendición eucarística con el Santísimo Sacramento, ante más de 1,5 millones de personas.

Tras la llegada del Santo Padre, después de recorrer las calles cercanas en papamóvil, y de los ritos iniciales de la Misa, el Papa ha sido recibido por los Reyes, la Princesa de Asturias y la infanta Sofía, junto con el alcalde de la ciudad, José Luis Martínez Almeida. Juntos han acompañado al Pontífice hasta el interior del Palacio de Cibeles, en donde se le ha hecho entrega de la Llave de Oro de la ciudad.

También en el Palacio de Cibeles se ha instalado la sacristía, en la que se han revestido, además del Papa, a más de 150 obispos y cardenales y 1.600 sacerdotes con ornamentos confeccionados para la ocasión e inspirados en la Catedral de la Almudena.

En cuanto a las autoridades presentes, además del alcalde y de la Familia Real, en representación del Gobierno ha acudido la ministra de Educación, Formación Profesional y Deporte, Milagros Tolón y la presidenta de la Comunidad de Madrid, Isabel Díaz Ayuso, entre otros.

Antes de comenzar la celebración, el arzobispo de Madrid, el cardenal José Cobo, desde un altar presidido por la Virgen de la Almudena, ha dirigido unas palabras de bienvenida al Santo Padre: “Antes de comenzar esta Eucaristía queremos, sobre todo, disponernos a la acogida: acoger al sucesor de Pedro, que viene a confirmarnos en la fe, a sostener nuestra esperanza y a recordarnos que la Iglesia solo es verdaderamente ella misma cuando vive para anunciar el Evangelio y servir a los más pequeños.”

Más de 400 voces

El ministerio del canto litúrgico durante la Santa Misa y la procesión eucarística ha estado encomendado una formación de coro y orquesta de más de 400 componentes de la Orquesta y Coro de la JMJ 2011, el Coro de San Juan de Ávila, la Escolanía de la JMJ y, de manera muy especial, las voces blancas de la Escolanía del Monasterio de San Lorenzo del Escorial y la Escolanía de la Abadía de la Santa Cruz, que interpretaron un repertorio de más de 25 piezas; entre ellas, el Gloria previo a la Liturgia de la Palabra, en la que se han proclamado tres textos centrados en el don del pan: el pasaje del Deuteronomio sobre el maná en el desierto (Deuteronomio 8, 2-3), el salmo 147 y la enseñanza de san Pablo a los Corintios sobre el único pan que hace de los muchos un solo cuerpo (1 Corintios, 10, 17-17). El coro ha interpretado a continuación la secuencia “Ecce Panis” antes del pasaje del Evangelio de san Juan en el que Cristo se presenta como el pan vivo bajado del cielo (Juan 6, 51-58).

Una gracia que transforma

La homilía del Santo Padre, en la que ha tenido mención a San Manuel González, el conocido como obispo de los sagrarios, y a San Juan de la Cruz, ha tenido un profundo carácter eucarístico. León XIV ha situado la solemnidad en el corazón de la fe del pueblo español: “Esta memoria del Señor presente en el Pan eucarístico está en el corazón de vuestra fe y de la historia de vuestro pueblo. Aquí en Madrid, pero también en tantos otros lugares de España, el Corpus Christi no es una fiesta más del calendario litúrgico, sino un volver a las raíces de la fe para renovar el amor y la fidelidad a Dios”.

Ha advertido que la fiesta no es “una supervivencia folclórica o de un simple adorno estético: aquí se trata de la fe en la presencia del Señor Resucitado, que está vivo y sigue pasando en medio de nosotros”; de hecho, el Santo Padre ha recordado que “no es casual que aquí, en España, la Iglesia haya unido durante años la solemnidad del Corpus Christi con el Día de la Caridad”.

Sobre la procesión, ha precisado que “no se trata únicamente de sacar la custodia”, sino de “dejarnos sacar nosotros mismos del egoísmo, de la indiferencia, de una fe cómoda y privada, para responder a su invitación a la conversión, a cambiar la mirada, a acoger su presencia que nos transforma y nos hace constructores de un mundo nuevo”. En este sentido, dirigiéndose a toda España, el Papa ha formulado un llamamiento: “He aquí una encomienda para la España de hoy y de mañana: que la religiosidad que desde hace siglos anima este país no sea un museo del pasado que visitar, sino una escuela de fe de la que beber también hoy”.

Ha concluido con una invitación al encuentro con Cristo: “Volvamos a Él con amor sincero. Abrámonos al encuentro con Él, dejemos que hidrate las sequedades de nuestro corazón, para salir después a los caminos de la vida y de la historia y llevar entre la gente esta corriente de agua fresca, corriente de amor, de paz, de justicia y de alegría”.

Una escuela que “nos enseña a arrodillarnos ante Dios y ante el prójimo, porque nadie puede arrodillarse ante el Señor y despreciar al hermano; una escuela que nos enseña la gratuidad del amor que se hace don, para que circule entre nosotros y rompa las cadenas de todo egoísmo; una escuela de la que aprendemos que Dios es presencia real y que también nosotros estamos llamados a estar presentes en las situaciones y en los desafíos de la sociedad”

Y ha recordado que la Eucaristía no se agota en quien comulga: “La gracia eucarística nos transforma, pero también nos convierte en protagonistas de la transformación de la historia y en signo de esperanza para quienes encontramos”.

El Santísimo por Madrid

Tras el rito de la Comunión, la Plaza de Cibeles se reconfiguró para dar paso a la tradicional procesión del Corpus Christi en dirección a la calle Alcalá, preparada para la ocasión. En el tramo por el que cada día circulan miles de vehículos ha pasado con solemnidad la custodia con el Santísimo en manos del Santo Padre, precedido de sacerdotes, miembros de vida consagrada, fieles, niños que acaban de realizar la primera comunión, autoridades y obispos y arzobispos. 

Las calles del itinerario procesional se han convertido en un efímero lienzo gracias a las alfombras de flores confeccionadas a tal efecto. Este laborioso trabajo ornamental ha sido coordinado por una delegación de 24 maestros alfombristas de la villa gallega de Ponteareas (Rías Baixas) que han trabajado codo con codo junto a 160 voluntarios para tejer una alfombra floral para el Santísimo. 

Precisamente, en su homilía, el Papa ha señalado que “las solemnes procesiones de este día han plasmado durante siglos la piedad, el arte, la música, la arquitectura y la vida del pueblo español y, todavía hoy, expresan y manifiestan el sentimiento espiritual de este país también a través de la belleza y la elegancia de las alfombras florales, de los altares en las calles, del cuidado de las custodias y de los expositores, delos cantos y de los ornamentos.” El acto procesional ha culminado con la Solemne Bendición Eucarística con el Santísimo Sacramento

Datos de la celebración

A la celebración han asistido 1,5 millones de personas. El altar, levantado frente al Palacio de Cibeles, mide 55 metros de ancho por 20 de fondo y está coronado por una cúpula de 25 metros de altura.

En la comunión han intervenido más de 2.100 ministros de la comunión, entre presbíteros y ministros extraordinarios, con cerca de 2.300 píxides, repartidos desde seis iglesias que han permanecido abiertas hasta las 14:00 horas. En cuanto a la custodia empleada en la procesión, es una pieza de 1943, en plata dorada y enjoyada, con los cuatro evangelistas representados, costeada por suscripción popular. 

Las alfombras florales han estado compuestas por más de 30.000 clavelesprincipalmente blancos y amarillos, obra de veinticuatro alfombristas coordinadores y unos ciento sesenta voluntarios. El dispositivo técnico contó con 31 pantallas LEDsiete camiones-pantalla —uno con una pantalla de 100 metros cuadrados—, 608 altavoces repartidos en 67 torres delay. Para la atención de los asistentes se han habilitado diez puntos de suministro de agua potable, 2.300 aseos químicos, un dispositivo de gestión de residuos y un amplio sistema de vallado y seguridad.