Reflexión para la noche Si Nadie Supiera lo que Haces por la Iglesia… ¿Seguirías Sirviendo Igual?

Reflexión para la noche

Si Nadie Supiera lo que Haces por la Iglesia… ¿Seguirías Sirviendo Igual?

Introducción

Hay una pregunta que puede incomodar… pero también puede purificar el corazón:

Si nadie supiera todo lo que haces por la Iglesia… ¿seguirías sirviendo igual?

Si nadie te felicitara.
Si tu nombre no apareciera.
Si nadie compartiera tu trabajo.
Si no hubiera aplausos, reconocimientos, fotografías ni agradecimientos.

¿Seguirías llegando temprano?
¿Seguirías ayudando?
¿Seguirías sirviendo con la misma entrega?

Porque podemos comenzar sirviendo por amor a Dios y, sin darnos cuenta, terminar necesitando que los demás se den cuenta de cuánto hacemos.

Y esta noche Jesús nos invita a volver al corazón.

Desarrollo

Jesús dijo:

“Tu Padre, que ve en lo secreto, te recompensará.”
Mateo 6,4

Qué palabra tan poderosa: en lo secreto.

Dios ha visto muchas cosas que nadie conoce de ti.

Ha visto cuando llegaste cansado y aun así serviste.
Ha visto cuando acomodaste una silla que nadie notó.
Ha visto cuando limpiaste después de que todos se fueron.
Ha visto cuando preparaste una enseñanza durante horas.
Ha visto cuando oraste por alguien que jamás supo que estabas orando por él.

El problema no está en que alguien agradezca nuestro servicio. A todos nos hace bien una palabra de ánimo.

El peligro aparece cuando necesitamos el reconocimiento para seguir sirviendo.

Entonces el servicio deja lentamente de ser una ofrenda y comienza a convertirse en una necesidad de aprobación.

San Pablo nos recuerda:

“Todo cuanto hagan, háganlo de corazón, como para el Señor y no para los hombres.”
Colosenses 3,23

Aquí está la verdadera prueba del servidor:

¿Para quién estoy haciendo esto?

Porque servir cuando todos te ven es relativamente fácil.

Lo difícil es servir cuando nadie se entera.

Servir cuando otro recibe el reconocimiento.

Servir cuando tu nombre no aparece.

Servir cuando nadie dice gracias.

Servir cuando incluso alguien más recibe el crédito por algo que tú hiciste.

Ahí se descubre si nuestro corazón está buscando el aplauso de los hombres… o la mirada de Dios.

Y hay algo hermoso:

Dios nunca pierde de vista un servicio hecho por amor.

Tal vez nadie vio tus lágrimas.

Tal vez nadie supo cuánto sacrificaste.

Tal vez nadie conoce las horas que entregaste.

Pero el Padre sí.

Y quizá una de las formas más puras de servir sea poder decir:

“Señor, aunque nadie lo sepa, Tú lo sabes. Y eso me basta.”

Cierre

Esta noche no te preguntes solamente:

¿Cuánto estoy sirviendo?

Pregúntate algo más profundo:

¿Por qué estoy sirviendo?

Porque podemos estar muy ocupados haciendo cosas para Dios y, al mismo tiempo, comenzar a buscar silenciosamente la aprobación de los demás.

El verdadero discípulo aprende a servir incluso cuando nadie aplaude.

Porque no sirve para construir su nombre.

Sirve para que el nombre de Jesús sea conocido.

Así que mañana, cuando tengas oportunidad de hacer algo bueno, intenta hacer al menos una cosa que nadie descubra.

Un favor.

Una oración.

Un acto de servicio.

Una ayuda.

Y déjalo solamente entre Dios y tú.

Tal vez nadie en la tierra lo sepa.

Pero recuerda:

el cielo también lleva cuentas… y nunca olvida lo que se hace por amor.

Oración

Señor Jesús,

purifica mi corazón cuando te sirvo.

Líbrame de necesitar aplausos, reconocimiento o protagonismo.

Enséñame a servir con alegría cuando me ven
y también cuando nadie sabe lo que estoy haciendo.

Que no busque construir mi nombre,
sino anunciar el tuyo.

Dame un corazón humilde, libre y generoso,
capaz de decir cada día:

“Señor, si Tú lo viste, me basta.”

Amén.

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