El muelle de la vergüenza, transformado en lugar de esperanza: «La dignidad humana no tiene pasaporte»

El muelle de la vergüenza, transformado en lugar de esperanza: «La dignidad humana no tiene pasaporte»

León XIV se ha inclinado este jueves ante aquellos que cruzan el Atlántico jugándose la vida. En el puerto de Arguineguín, el primer Papa que pisa Canarias se ha encontrado cara a cara con migrantes rescatados del mar y con quienes los socorren y los acogen, en uno de los actos de mayor contenido humano de todo su viaje a España. Tras escuchar a un capitán de Salvamento, a una voluntaria de Cáritas y a una víctima de trata, ha querido devolverles algo que el mar y las mafias intentaron arrebatarles: «No son números ni expedientes», dijo, y resumió la mañana en una frase: «La dignidad humana no tiene pasaporte ni pierde valor al cruzar una frontera».

Texto: Bernabe Villalba

Imágenes: EFE / Ángel Medina


Olía a mar y hacía calor. En el muelle, la gente esperaba con mucha paz, con esa calma serena de quien sabe que viene a verle un buen amigo. Había grupos de migrantes reunidos con tranquilidad, sin la tensión de los expedientes ni de las cifras. Y, al fondo, esta vez en el muelle y también tranquilo, una embarcación naranja de Salvamento Marítimo, sin la vorágine del rescate sino más bien como un hermano mayor que acompaña a sus hermanos. Quizá por eso el ambiente tenía algo de familia: porque aquí muchos se han dado la vida unos a otros, los de Salvamento a quienes caen al agua y los que cuidan en el día a día de tierra.

León XIV ha llegado a las 11:40 de la mañana al puerto de Arguineguín, donde le aguardaba el obispo de Canarias, monseñor José Mazuelos Pérez, junto a representantes de Salvamento Marítimo, la Policía Nacional, la Guardia Civil, Cruz Roja, Cáritas y presidencia del gobierno de España. Pero, como en otras etapas de este viaje, el protagonismo no estaba en las autoridades, sino en los rostros más sencillos: los migrantes recuperados del mar y quienes les tienden la mano. Era, además, un momento histórico: jamás un Pontífice había pisado las islas. Cuando el Papa apareció, a más de uno le brillaban los ojos por la emoción de encontrarse con el sucesor de Pedro, el pescador.

Papa León XIV en el Muelle de Arguineguín conociendo las realidades de los migrantes en Canarias

En su saludo, monseñor Mazuelos puso palabras a un lugar que enmudeció al mundo: el que muchos llamaron el muelle de la vergüenza. Recordó que este muelle ha sido testigo de la llegada de miles de personas que huyen del hambre, de la guerra y de la desesperación tras travesías que superan los 1.600 kilómetros, y reivindicó que precisamente aquí, donde tanto se ha sufrido, puede nacer un símbolo de acogida y de justicia. «Cada migrante es un rostro concreto, no un número», afirmó, antes de agradecer la labor de quienes llamó «los ángeles de la guarda de las personas migrantes». Pidió al Papa que ayude a mirar con compasión, a actuar con valentía y a construir una sociedad donde nadie sea tratado como un problema, sino como un hermano.

Rostros concretos de la acogida y la esperanza

Llegaron después los testimonios, y con ellos un silencio se apoderó del muelle: un silencio traspasado por el dolor de quienes ahora, por fin, ven tierra y viven.

El primero en hablar fue Tito Villarmea, capitán de Salvamento Marítimo en la Guardamar Urania, un nombre que, dijo, «evoca lo celestial». Confesó que no había dormido desde que supo de la visita, y recordó a sus abuelos gallegos, que una sola vez salieron de su pueblo para viajar casi veinte horas y ver a Juan Pablo II en Fátima. En dieciocho años, junto a su equipo, ha rescatado a más de 20.000 personas. Pero hubo una a la que nunca olvidará: una madre que viajaba en una patera y que, ya a salvo, descubrió el rostro de su hijo de catorce años, le colocó unos pendientes dorados y lloró. Era una niña. «Lloró ella y lloré yo, porque soy padre de dos adolescentes», dijo. «Podrían haber sido mis hijas». El Papa escuchaba atento, sin apartar la mirada, como el pescador que repasa sus redes para repararlas.

Papa León XIV en el Muelle de Arguineguín conociendo las realidades de los migrantes en Canarias

Tomó después la palabra María, voluntaria de Cáritas, que evocó los días del desbordamiento, cuando los recursos eran escasos, no se conocía la lengua de quienes llegaban y muchas veces solo se podía ofrecer «galletas, leche y un poco de atención». De aquella impotencia, dijo, aprendieron lo esencial: que no se trataba de resolverlo todo, sino de estar presentes; que una sonrisa o una mirada bastan para que alguien se sienta acogido, aunque no haya idioma común.

El testimonio más estremecedor llegó de la mano de otra mujer, que leyó (por motivos de seguridad)) las palabras de Blessing, víctima de trata. La historia de una nigeriana que salió de su país no porque quisiera, sino porque no había otra salida; que dejó atrás a dos hijas, cayó en manos de una mafia y sobrevivió a un cautiverio que ni el mar consiguió cerrar. «He aprendido a creer en mí misma de nuevo», concluía su carta.

Cerró el turno de testimonios una trabajadora latinoamericana que llegó a Gran Canaria en 1997 con «una maleta cargada de sueños», pasó por un bazar, un restaurante y veinte años en una empresa de reformas, y que hoy dirige su propia compañía con seis empleados. Quiso dejar un mensaje a quienes aún sufren: que sí se puede salir adelante con trabajo, respeto y gratitud, y que ojalá los trámites para quienes llegan sean cada vez más humanos.

Realidades de los migrantes en Canarias en la visita del Papa León XIV

«Donde Cristo manda callar al mar, la Iglesia no puede quedar muda»

Cuando llegó su turno, León XIV mostró el anillo del Pescador que lleva en la mano y, a partir de él, partió toda su reflexión. Recordó que a Pedro le fue dicho «desde ahora serás pescador de hombres», y que en lugares como El Hierro ese mandato adquiere una fuerza literal y dolorosa, allí donde se rescatan personas. Por eso, advirtió, «el Sucesor de Pedro no puede desentenderse de estos muelles».

Evocó el mar de la Biblia como imagen del caos (el Leviatán que devora, las mafias que trafican con la desesperación, la indiferencia que traga a los pobres) y, frente a él, la voz de Cristo que ordena: «¡Calla, enmudece!». «Ahí donde Cristo manda callar al mar», dijo, «la Iglesia no puede permanecer muda ante quienes son abandonados a sus aguas».

Se dirigió uno a uno a quienes habían hablado. A Tito y a María, para subrayar que la conversión empieza cuando el migrante deja de ser «uno más». A Blessing, a quien dedicó las palabras más intensas: su nombre significa bendición, y «si otros pusieron precio a tu cuerpo, Dios no ha dejado nunca de mirarte como alguien invaluable». «Eres hija y hermana, eres bendición», le dijo. Y a los migrantes presentes les pidió que protejan su vida y no la entreguen a quienes prometen paraísos fáciles, esos «cantos de sirenas» que son industrias de muerte.

Papa León XIV en el Muelle de Arguineguín conociendo las realidades de los migrantes en Canarias

El drama, insistió, debe convertirse en examen de conciencia: para los países de origen y de tránsito, para una Europa que no puede acostumbrarse a que el Atlántico sea «un cementerio sin lápidas», y para una Iglesia que no puede adorar a Cristo en el altar y luego «pasar de largo» ante los cayucos. Reivindicó tanto el derecho a buscar refugio como el derecho a no tener que migrar, y dejó una frase que resumió toda la mañana: «No podemos acostumbrarnos a contar muertos. La dignidad humana no tiene pasaporte».

Encomendó finalmente a los presentes a Nuestra Señora del Carmen, patrona de la gente del mar, para que acompañe a quienes llegan, consuele a quienes han perdido a los suyos y despierte en todos «la valentía de la misericordia».

Al terminar, al fondo seguía la lancha naranja, fiel, montando guardia. El muelle que el mundo llamó «de la vergüenza» había escuchado, por una vez, una palabra distinta. Porque hoy, junto al mar, cada vida que ha llegado a una orilla planteaba la misma pregunta que el Papa dejó suspendida en el aire salado: qué queda de nuestra humanidad. Y, por un instante, en Arguineguín, la respuesta fue alzar la mirada y acoger.

León XIV cumple el sueño de Gaudí e ilumina desde Barcelona un templo que sigue en construcción

León XIV cumple el sueño de Gaudí e ilumina desde Barcelona un templo que sigue en construcción

«He aquí la morada de Dios entre los hombres, y morará entre ellos, y ellos serán su pueblo, y el “Dios con ellos” será su Dios»

Texto: Pablo Mariñoso de Juana

Fotografías texto: Sus autores

Fotografías galería: Manuel Queimadelos

«Amén. ¡Déu meu, Déu meu!» fueron las últimas palabras de Antonio Gaudí Cornet. Del «Dios mío, Dios mío» de Cristo en la cruz hasta el testamento verbal del genial arquitecto catalán pasaron veinte siglos, y esta tarde Barcelona se ha congregado en una multitudinaria celebración para conmemorar ese siglo veintiuno. Porque han pasado ya 100 años desde aquel trágico 10 de junio de 1926 en que un tranvía lo atropelló por las calles de Barcelona. Un accidente que escribió su destino final en los márgenes olvidados de la ciudad que él mismo había diseñado. El trazo de sus lápices es hoy la arquitectura bendita que vertebra la Ciudad Condal.

A las 19:16hs el interior de la Sagrada Familia, bosque de piedras y vidrios, jardín botánico de paramecios, se fundía en un aplauso sereno. En las pantallas aparecía el Santo Padre, que bajaba del Papamóvil a las puertas de la basílica, recibido por Sus Majestades, Felipe y Letizia, el presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, y Salvador Illa, presidente autonómico. Varios centenares de sacerdotes flanqueaban los laterales del altar, y teñían con el blanco de sus casullas el festival de colores ideado por Gaudí. De su mañana en Monserrat a la tarde en la Sagrada Familia –ideada como una cordillera con dieciocho cimas–, León XIV ha recorrido este miércoles una ruta de senderismo espiritual por los dos epicentros de la fe en Cataluña

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Fotografía: Kike Rincón (Europa Press)

Nada es casualidad. El cardenal barcelonés Juan José Omella, que también recibía al Papa junto al sanedrín de políticos y autoridades, hace tiempo que se empeñó en inaugurar la Torre de Jesucristo a lo grande, en una magna celebración, y vaya si lo ha conseguido. Toda la Santa Misa de hoy y la posterior bendición de la Torre de Jesucristo, con su pompa litúrgica y su emoción contenida, se debe al cariño de monseñor Omella hacia el pontífice y a su justificado afecto por Gaudí. El secreto de la perseverancia es el amor y este prelado aragonés ha demostrado amar con creces.

La jornada es precisamente lo que muchos denominarían «histórica», y así nos gustaría a todos que lo sea. Cien años ha tardado Barcelona en coronar su ciudad, y el proyecto colosal de Antonio Gaudí no merecía menos esmero. El encuentro de la Diócesis de Barcelona con el Obispo de Roma ha sido la veneración de un venerable. El arquitecto de Reus está en proceso de beatificación, también por el sano empecinamiento de los obispos catalanes. Y es también histórica porque marca, de alguna forma, el eje del primer Viaje Apostólico de León XIV a España. El de hoy ha podido ser el acto central de toda su visita: el día que marcó en el calendario, frente a especulaciones de la prensa –y posibles adelantos de elecciones que nunca son tales–, la venida del Papa en junio. Tenía todo el sentido.

Después de los saludos protocolarios, León XIV ha visitado el edículo y taller de Antonio Gaudí, donde una niña invidente le ha mostrado una pequeña maqueta de la torre de Jesucristo que bendeciría al final de la jornada. Todos los ojos puestos, dentro y fuera del templo, en las pantallas instaladas para seguir la escaleta de una Eucaristía ya bordada en la memoria de Cataluña. Entraba entonces el Santo Padre en la cripta, acompañado de monseñor Omella y del Rector de la parroquia, mosén Josep Maria Turull. Su oración discreta ante el Santísimo y la tumba de Gaudí despertaba el interés de todos. Un Papa arrodillado ante el creador de la basílica; el ‘Ipse Christus’ postrado ante el artífice bendito de este Edén de piedras claras.

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Fotografía: Kike Rincón (Europa Press)

A falta de dos días, este arquitecto universal lleva cien años enterrado en esa misma cripta en la que ahora se detenía a rezar el Papa. El 12 de junio de 1926, dos días después de su muerte, Gaudí fue enterrado en esa capilla que lleva por advocación a la Virgen del Carmen. Las crónicas de aquellos días recogen que el cortejo fúnebre que acompañó su féretro hasta el templo que había concebido se convirtió en el acontecimiento ciudadano más importante de aquel año. No más que el acontecimiento de hoy, claro.

A las 19:49hs comenzaba el canto de entrada, irremediablemente solemne, y decenas de monaguillos, con sus cirios y sus cruces, su incensario y toda la parafernalia, encaraban el pasillo central de la Sagrada Familia. El coro ha hecho las delicias de los 4200 peregrinos sentados en el interior de la basílica y de los otros tantos que aguardaban fuera. Más de 500 voces, según informaba la oficina de prensa de la Basílica, quedaban escondidas en lo más alto de la basílica.Rozando la bóveda o el artesonado o el techo o lo que sea que Gaudí quiso poner en lo más alto, eran un centenar de niños y otros tantos de mayores, voces blancas y barítonos, corales y escolanías, quienes se arremolinaban en el cielo de la basílica y nos elevaban a todos los presentes a toda escatología. Juan de la Rubia, organista titular de la Basílica, ponía acordes al festival de voces.

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Fotografía: Manuel Queimadelos

Así, dos minutos antes de lo que marcaba la agenda, ha comenzado la Santa Misa. El Gobierno ocupaba las primeras filas, la prensa –cientos de periodistas acreditados para la ocasión– se encaramaba en las tribunas y balcones y los Reyes dirigían su mirada atenta desde el lateral derecho del presbiterio. León XIV, revestido de dorado, incensaba entonces el altar y el aroma de su presencia embriagaba la ciudad entera. El Santo Padre presidía la Eucaristía en el centro mismo de Barcelona.

Cualquier análisis periodístico queda estéril en comparación con la breve oración del acto penitencial, que resumía toda la miga del encuentro: «Queridos hermanos: estamos aquí reunidos para celebrar con alegría la eucaristía, que nos hace familiares de Dios y santos por vocación, y para inaugurar la nueva torre de esta basílica, coronada por la cruz, que, como la escalera de Jacob, une el cielo y la tierra para alabanza y gloria de Dios. Reconozcamos que somos pecadores e invoquemos con confianza la misericordia de Dios». Hoy en la Sagrada Familia, en fin, se vivía la religión, ese ‘relegare’ que une milagrosamente lo humano y lo divino.

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Fotografía: Kike Rincón (Europa Press)

Haciendo gala de su capacidad políglota, el propio León XIV ha entonado el Gloria, en perfecto latín, con un torrente de voz. Miles de personas seguían su canto animadamente. Y como esos novios que escogen las lecturas de su boda, con aquello de «el amor es paciente» o lo de «no es bueno que el hombre esté solo», el equipo de ceremonieros pontificios ha escogido unas lecturas que hablaban con precisión para la celebración de esta tarde. Es el dardo atravesando el corazón ardiente, escudo del Papa y acaso lluvia fina que todo lo empapa en esta visita. En este centenario, primera visita de León XIV a Barcelona como pontífice, se ha leído el Apocalipsis, sumando simbología a la amalgama de detalles: «He aquí la morada de Dios entre los hombres, y morará entre ellos, y ellos serán su pueblo, y el “Dios con ellos” será su Dios».

Bendecir su morada ha sido, por tanto, la celebración de una certeza: Dios estaba aquí entre nosotros, con tanta gente reunida en su nombre (y suponemos, mirando las primeras bancadas, que también un puñado en su contra). El salmo, cantado por un chico de la Escolanía de Montserrat, daba gloria a Dios por esta magnífica humanidad que permitió a Gaudí proyectar en piedra el ideal de una vida: «Lo coronaste de gloria y dignidad; le diste el mando sobre las obras de tus manos», cantaba el escolano.

A eso de las 20:19hs se diluía silenciosamente la expectación ante la homilía de León XIV. ¿Qué diría el Santo Padre ante esta improvisada canonización del arquitecto? Lo cierto es que el Papa ha pronunciado una preciosa catequesis sobre la construcción de la Basílica. Hay que tener una mirada de eternidad para siquiera insinuar que cien años no son nada, y que tanta euforia quedaría hueca si la bendición de esta Torre de Jesucristo supone el punto y final. Pero es que León XIV posee esa mirada. La construcción, ha explicado, sigue viva en cada uno de nosotros.

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Fotografía: Kike Rincón (Europa Press)

«La Sagrada Familia es un templo que nos constituye en una familia amada por el Señor, alimentada por su propia vida en la Eucaristía. Así es como la Ciudad Condal y toda Cataluña se reúnen en este templo, signo también de unidad y de concordia, y alzan su mirada para encontrarse con el rostro de Dios Padre, resplandeciente en su Hijo hecho hombre, Jesucristo», ha comenzado diciendo.

Tirando del hilo con la misma idea poderosa –que a esta basílica le quedan todavía, por lo menos, otros cien años–, ha predicado: «Todos nosotros somos las piedras vivas de esta obra, que tiene a Cristo como fundamento y culmen, principio y fin. Mucho más que un monumento, la Basílica de la Sagrada Familia sigue siendo hoy una obra en construcción, que nos recuerda cómo la vida cristiana es siempre un camino, porque se trata de un proyecto que Dios lleva a cabo. No habitamos, pues, una obra inacabada, sino un templo aún en construcción. Su imperfección no  es un defecto, porque da testimonio de un deseo; no significa una carencia, sino que expresa una promesa que queremos honrar con coherencia. Nuestra gratitud se convierte entonces en compromiso, al tiempo que cooperamos en el proyecto de Dios, es decir, en la construcción a la que Él mismo nos llama».

¿Quién es entonces el constructor? ¿Quién el construido? En sus palabras, León XIV ha insinuado que no fue Gaudí quien alzó este templo para el Señor, sino Dios quien alzo el templo del alma para Gaudí: «Es Dios, en cambio, quien nos da un lugar, y el lugar que nos regala es su propio corazón: el lugar del Hijo, para nosotros que éramos extraños; el lugar del Amado, para nosotros que somos pecadores». Pero nuestra naturaleza de pecado es precisamente la que nos invita a alzar la mirada: «Queridos hermanos, no podemos creer en Jesús y promover la guerra. No podemos creer en Jesús y matar al inocente. No podemos creer en Jesús y abandonar a quien sufre, a quien llora, a quien huye de la miseria».

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Fotografía: Kike Rincón (Europa Press)

Durante su larga homilía, que ha jugado con ese bilingüismo suyo barnizado por el acento americano, el Santo Padre ha tenido unas últimas palabras para la Torre de Jesucristo y para su formidable inventor: «Recordemos, pues, que la Cruz de Cristo, que corona esta basílica, es la Cru de los últimos que se vuelven los primeros, de los pecadores que se vuelven santos, de los muertos que resucitarán». Y seguía: «Al admirar la torre de Jesucristo, alzamos la mirada hacia Él, hacia Aquel que sólo nos revela la verdad de Dios y la verdad de nosotros mismos».

Una última referencia a Gaudí ha rematado su homilía: «Creado a su imagen, el hombre responde a la obra de Dios con su propio ingenio: así es como el artista convierte el talento en alabanza y la creatividad en testimonio del mismo Creador. Como arquitecto ardiente de fe, el venerable Antoni Gaudí concibió estos espacios con el deseo de narrar los misterios de la vida del Señor: de este modo nos ha propuesto una peregrinación espiritual, que conduce al encuentro con Cristo nacido, muerto y resucitado por nosotros. Junto con Gaudí, de quien conmemoramos el centenario de su muerte, recordamos y damos las gracias esta tarde a todos los promotores y benefactores, a los artistas y a los trabajadores que cooperan en la construcción de una obra maestra arquitectónica, que es también una elocuente catequesis hecha de piedras, colores y luz».

Después de la homilía y las peticiones –qué acertada ha estado Barcelona, sin estridencias modernas ni súplicas inexplicables: por la Iglesia, por el Papa, por los gobernantes, por los que sufren, por la paz, y por nosotros–, la numerosa coral ha entonado ‘Verleih uns Frieden Gnädiglich’ de Mendelssohn. Nada es casualidad, decíamos. La música ha sido otro bosque de matices, otra sinfonía de diversidades dentro del rico espectáculo en torno a la figura del arquitecto catalán. Del canto gregoriano –‘Jesu dulcis memoria’–, al ‘Ave Verum’ de Elgar, pasando por el ‘Oh, cel blau’ de Millet o el ‘Virolai a la Mare de Déu de Montserrat’, que ha sonado en cada evento de la etapa catalana. Un juego de composiciones que levantaba el fervor de esta Iglesia que peregrina en Barcelona.

Si bien la Santa Misa ha estado repleta de momentos emocionantes, sobre las 20:57hs tenía lugar una doxología para la historia, que el Papa ha entonado con fiereza. Cientos de sacerdotes extendían sus manos para ofrecer, de nuevo hacia lo alto, este sacrificio siempre antiguo y siempre nuevo. La comunión se ha prolongado durante diez minutos largos mientras los cantos ambientaban el silencio de la oración. Una coreografía de movimientos estudiados ha hecho que miles de personas comulguen, pero no así en la tribuna de prensa. ¿Acaso no se puede tener fe y garabatear notas a vuelapluma al mismo tiempo?

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Fotografía: Kike Rincón (Europa Press)

Entonces el cardenal Omella ha dirigido unas palabras finales en agradecimiento por la visita del Santo Padre: «No queremos ser agoreros de desastres sino sembradores de esperanza. La torre de Jesucristo que usted, Santo Padre, va a bendecir, gran emblema de esta ciudad olímpica, nos anima a alzar la mirada hacia la luz que proyecta esta torre coronada por la cruz de Jesucristo». Una afectuosa despedida a la que León XIV ha respondido con el regalo de un cáliz para la diócesis de Barcelona.

Hora y media después del comienzo de la celebración, el Santo Padre ha dado su bendición final: «Tú, que iluminaste a tu siervo Antoni Gaudí para dejar las realidades de este mundo y buscar las del cielo, concédenos edificar en medio de los hombres la nueva Jerusalén de tu Reino. Por Jesucristo, nuestro Señor». Un amén rotundo ha unificado a todos los presentes, al tiempo que se atenuaban las luces del interior y los escolanos de Montserrat salían con velas. Su entonación de ‘Sanctus’ daba comienzo a la traca final de la bendición.

Es, ay, la tensión fecunda de la Iglesia en España. El momento de mayor recogimiento se ha fundido con los minutos de mayor alboroto. Una de cal y otra de arena, estoy es, una de silencio y otra de puro ruido. Ante la fachada iluminada por los focos y, sobre todo, por los rostros de la Escolanía de Montserrat –protagonistas musicales del itinerario barcelonés–, se ha despegado un espectáculo de música, luces y fuegos artificiales. Pero nada como la luz de una mirada. Era la de León XIV, sentado frente a la facha principal del templo. Era la de los 4000 fieles del interior y los 5000 peregrinos congregados en las afueras. La sensación compartida ha sido la de pura sorpresa. Sorpresa mayúscula. Con el ‘Hosana in exelcis Deo’ se ha hecho la luz.

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Fotografía: Manuel Queimadelos

El aplauso ha sido ensordecedor en dos momentos finales: primero, la Cruz quedaba iluminada por completo, cumpliendo aquel deseo de Gaudí: «La cruz será de cristal; de día reflejará la luz del sol y por la noche, mediante potentes focos, proyectará haces de luz sobre la ciudad». Y, por último, un espectáculo de drones que dibujaba en el firmamento la silueta de Gaudí. El estallido de aplausos se ha rematado con la frase «Primer l’amor. Després la tècnica», en una coreografía de drones coloridos.

Quizás hacía falta que pasaran cien años para comprender a qué se refería todo. Por qué soñó Gaudí esta locura. Por qué erigió hacia el cielo un templo imposible. Quizás hacía falta la perspectiva de un siglo, incluso, para comprender la actualidad del mensaje del Papa. Sólo ahora, con la Torre de Jesucristo encendida, terminamos de entender el mandato de estos días: alzad la mirada. Barcelona por fin la ha alzado. ¡Déu meu, Déu meu! Amén.

Reflexión Jorge Gutiérrez García / Tema: Servir con el Corazón de Cristo: Amar, Sanar y Entregarse sin Medida

Reflexión Jorge Gutiérrez García / Tema: Servir con el Corazón de Cristo: Amar, Sanar y Entregarse sin Medida

Intro

Hay personas que hacen muchas cosas por la Iglesia. Pero pocas permiten que Jesús transforme su corazón. El problema no es servir mucho. El reto es servir como Cristo. Hoy descubriremos que el Sagrado Corazón de Jesús no busca servidores perfectos, sino corazones disponibles para amar, sanar y entregarse sin medida.

1. Dos citas bíblicas

Mateo 11,29

“Aprendan de mí, que soy manso y humilde de corazón”.

Jesús no presume su poder. Revela su corazón. El servidor cristiano no conquista por la fuerza. Conquista por la humildad. El corazón de Cristo nos enseña que la verdadera grandeza siempre se inclina para servir.

Juan 19,34

“Uno de los soldados le atravesó el costado con una lanza, y al instante salió sangre y agua”.

Del Corazón abierto de Cristo nace la Iglesia. Nacen los sacramentos. Nace la esperanza. Quien sirve desde ese Corazón aprende a dar vida incluso cuando está cansado o herido.

2. Texto de un Papa

El 5 de junio de 2005, durante el Ángelus dominical, el Papa Benedicto XVI explicó que en el Corazón del Redentor adoramos el amor de Dios por toda la humanidad, su voluntad de salvación universal y su infinita misericordia. Recordó que la devoción al Sagrado Corazón nos lleva a contemplar a Cristo que nos amó hasta el extremo y cuyo costado abierto se convirtió en fuente de vida nueva. El contexto era el inicio de su pontificado y una reflexión sobre la solemnidad del Sagrado Corazón de Jesús. Fuente: Vatican News. ([Vatican News][1])

3. Dos referencias de encíclicas papales

Haurietis Aquas, Pío XII, numeral 15.

“En el Corazón de Jesús hallamos el símbolo y la imagen expresa del amor eterno”.

Explicación pastoral:

Cuando servimos, no damos solamente tiempo. Compartimos amor. El Corazón de Cristo nos recuerda que toda acción pastoral debe nacer del amor y no de la obligación.

Dilexit Nos, Papa Francisco, numeral 217.

Síntesis fiel: el encuentro con el amor de Cristo nos hace capaces de crear vínculos de fraternidad y reconocer la dignidad de cada persona. ([Vatican News][2])

Explicación pastoral:

El servidor no puede vivir encerrado en sí mismo. El amor recibido de Cristo debe convertirse en cercanía, escucha y compasión hacia los demás.

4. Catecismo de la Iglesia Católica

Catecismo de la Iglesia Católica, numeral 478.

“El Corazón de Jesús, traspasado por nuestros pecados y para nuestra salvación, es considerado el principal signo y símbolo del amor”.

Explicación sencilla:

Cuando miramos el Sagrado Corazón vemos cuánto nos ama Jesús. No es una devoción sentimental. Es una escuela de amor concreto y sacrificado.

5. Tres frases de santos

❤️ “El amor no puede permanecer ocioso.” — Santa Catalina de Siena.

🙏 “Nada te turbe, nada te espante; quien a Dios tiene nada le falta.” — Santa Teresa de Jesús.

✨ “La medida del amor es amar sin medida.” — San Bernardo de Claraval.

Conclusión breve:

El Corazón de Cristo no guarda amor para sí mismo. Lo derrama. El servidor cristiano está llamado a hacer lo mismo.

6. Dos filósofos católicos

Josef Pieper

Enseñó que la vida humana alcanza plenitud cuando permanece abierta a la verdad y a Dios. El servicio auténtico nace de una persona interiormente libre.

Étienne Gilson

Recordó que el amor cristiano transforma la cultura y la sociedad. Para él, la fe no aleja del mundo. Ayuda a servirlo mejor.

7. Tres acciones prácticas para esta semana

A. Dedica cinco minutos diarios a contemplar una imagen del Sagrado Corazón y habla con Jesús.

B. Escucha con paciencia a una persona que necesite ser escuchada.

C. Realiza un servicio oculto sin esperar reconocimiento ni agradecimiento.

8. Ejemplo de la vida cotidiana y testimonio

Piensa en una enfermera que termina un turno agotador. Está lista para irse. Entonces llega un paciente asustado. Ella podría ignorarlo. Sin embargo, se detiene unos minutos para escucharlo y darle tranquilidad. Ese pequeño gesto cambia el día de alguien.

Así actúa el Corazón de Cristo. Siempre encuentra tiempo para amar.

Un testimonio inspirador es el de Santa Josefina Bakhita. Fue esclava durante años. Conoció humillaciones y sufrimientos profundos. Al descubrir a Cristo comprendió que era amada por un Padre bueno. En lugar de vivir con resentimiento, dedicó su vida a servir con alegría. Su corazón herido se convirtió en un corazón que sanaba a otros.

Imagen mental breve:

Imagina una vela encendida en una noche oscura. No ilumina todo el mundo. Pero cambia completamente el lugar donde está.

9. Oración al Maestro

Maestro Jesús, manso y humilde de corazón. Haz nuestro corazón semejante al tuyo. Enséñanos a amar sin cansarnos. A sanar sin juzgar. A servir sin buscar recompensas. Que cada persona encuentre en nosotros un reflejo de tu misericordia. Amén.

Resumen pastoral de cierre en una frase:

Quien sirve desde el Corazón de Cristo lleva esperanza donde otros solo ven cansancio.

Pregunta para la audiencia

Si Jesús te prestara hoy su Corazón por un día, ¿qué cambiaría primero en tu manera de servir?

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𝙬𝙬𝙬.𝙘𝙧𝙞𝙨𝙩𝙤𝙧𝙚𝙮𝙧𝙖𝙙𝙞𝙤.𝙘𝙤𝙢.𝙢𝙭
𝘾𝙧𝙞𝙨𝙩𝙤 𝙍𝙚𝙮 𝙍𝙖𝙙𝙞𝙤 1110 𝙖𝙢, 11 𝘼𝙉̃𝙊𝙎,
𝙏𝙪 𝙧𝙖𝙙𝙞𝙤, 𝙙𝙤𝙣𝙙𝙚 𝙡𝙖 𝙛𝙚 𝙨𝙚 𝙚𝙨𝙘𝙪𝙘𝙝𝙖…
𝙮 𝙚𝙡 𝙖𝙡𝙢𝙖 𝙚𝙣𝙘𝙪𝙚𝙣𝙩𝙧𝙖 𝙘𝙤𝙣𝙨𝙪𝙚𝙡𝙤.

Oración para el jueves 11 de junio de 2026.San Bernabé, Apóstol.

Oración para el jueves 11 de junio de 2026.
San Bernabé, Apóstol.

Amado Dios, poco a poco los primeros rayos de sol han ido aclarando la oscuridad de la noche y el canto animado de las aves nos anuncia la llegada de un nuevo jueves. Gracias padre por la dicha de este nuevo amanecer, por la vida, por el aire que respiro, por mi hogar, por mi familia y por todos los hermosos regalos con los que Tú colmas mi existencia.

Señor, quiero pedirte que me acompañes a lo largo de todo este día y que a cada instante yo pueda sentir el cálido cobijo de tu presencia. Hoy despierto con la intención de seguir creciendo y ser una mejor persona, pues atrás han quedado las tristezas, las injusticias y las cargas innecesarias.

Te suplico que me ayudes a caminar con fe, prudencia y fuerza. Dame la sabiduría necesaria para poder hacer buenas elecciones, líbrame siempre de todo mal y bendice mi vida y también la vida de aquellas personas que día a día caminan conmigo.

Por favor orienta nuestros pasos en el caminar de cada jornada, acompáñanos en el propósito de ganar el sagrado sustento para nuestro hogar y permite que en nuestras vidas florezcan el éxito, la felicidad, el bienestar y la abundancia.

Padre amado, mi anhelo en este día es dar lo mejor de mí, hacer a cada instante tu voluntad y ser un humilde instrumento de tu obra. Por favor revísteme de tu bondad y permite que aquellos que se acerquen a mi puedan sentir tu presencia.

Amado Dios, gracias por escuchar mi oración y por la maravillosa promesa de tu constante compañía y bendición. Yo saldré feliz a encontrarme con todas las cosas buenas que Tú has preparado para mí y viviré esperanzado y confiado, pues Tú Señor estás conmigo y donde Tú estás no falta absolutamente nada, Amén.

Haciendo esta hermosa oración me permitirá acercarme a Dios para darle gracias por haberme concedido un día más de vida y para pedirle que me permita vivir una jornada colmada de éxito, paz, abundancia y bendición.

11 Cristo Rey Radio 1110 AM
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