Oración para el jueves 20 de agosto de 2026.San Bernardo, Abad, y Doctor de la Iglesia.

Oración para el jueves 20 de agosto de 2026.
San Bernardo, Abad, y Doctor de la Iglesia.

Amado Dios, hoy me presento ante Ti, lleno de alegría y esperanza, para darte gracias por la dicha de un nuevo despertar, por el maravilloso regalo de poder vivir un día más, por cada uno de los sueños que se vuelven realidad, por mi familia y por cada uno de mis amigos que son hermosas bendiciones que llenan mi vida de luz y alegría.

Señor, por medio de esta oración que nace desde lo más profundo de mi corazón pongo en tus manos este nuevo día, también mis esperanzas, mis problemas y mis necesidades.

Tú eres un Dios bueno y bondadoso y Tú también sabes lo que es mejor para mi vida. Acepto con confianza tus designios; que se haga siempre tu esplendida voluntad.

Y cuando esté listo para afrontar todas mis obligaciones diarias, por favor dame tu protección, ilumíname con tu visión y dame propósito y sabiduría para cumplir con mis deberes de la mejor manera posible y poder avanzar feliz por el camino de la vida, mientras a cada instante doy lo mejor de mí.

Y si en algún momento las cosas no resultaran cómo yo espero, enséñame a ser paciente y mantener la fe, por favor llena mi vida de esperanza para mantenerme firme aun en medio la más fuerte de las tormentas y dame valor para poder salir siempre adelante.

Señor, qué hermoso es poder ser tu hijo y sentirse lleno de tu esplendido amor. Te suplico que hoy me rodees a mí y a mi familia con tu luz protectora, nos cuides, nos bendigas y nos libres de todo mal.

Por favor, danos la fortaleza para seguir siempre adelante, aun en las pruebas y dificultades, porque es tu gracia la que nos sostiene y donde Tú estás, no hace falta absolutamente nada. Te pido por La Paz en el mundo, por los enfermos, los que están deprimidos, por las víctimas de los desastres naturales, Amén.

No hay silencio que Dios no entienda, ni tristeza que no sepa, no hay amor que Él ignore, ni lágrimas que no valore. Tengo fe y sonrío porque Dios me ama, Él siempre está conmigo y todo saldrá bien, Amén.

Haciendo esta bella oración me permitirá acercarme a Dios, darle gracias al Señor por este nuevo día que Él me concede, por su amor, por su generosidad y pedirle al Señor que Él en su inmensa bondad me conceda un día de bendiciones, prosperidad y grandes milagros.

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𝐑𝐞𝐟𝐥𝐞𝐱𝐢𝐨́𝐧 𝐩𝐚𝐫𝐚 𝐥𝐚 𝐧𝐨𝐜𝐡𝐞𝐍𝐨 𝐒𝐨𝐦𝐨𝐬 𝐂𝐨𝐦𝐩𝐞𝐭𝐞𝐧𝐜𝐢𝐚, 𝐒𝐨𝐦𝐨𝐬 𝐂𝐮𝐞𝐫𝐩𝐨.𝐄𝐥 𝐑𝐞𝐢𝐧𝐨 𝐍𝐨 𝐍𝐞𝐜𝐞𝐬𝐢𝐭𝐚 𝐑𝐢𝐯𝐚𝐥𝐞𝐬. Movimientos, Grupos y Parroquias Tenemos la Misma Misión.

𝐑𝐞𝐟𝐥𝐞𝐱𝐢𝐨́𝐧 𝐩𝐚𝐫𝐚 𝐥𝐚 𝐧𝐨𝐜𝐡𝐞
𝐍𝐨 𝐒𝐨𝐦𝐨𝐬 𝐂𝐨𝐦𝐩𝐞𝐭𝐞𝐧𝐜𝐢𝐚, 𝐒𝐨𝐦𝐨𝐬 𝐂𝐮𝐞𝐫𝐩𝐨.𝐄𝐥 𝐑𝐞𝐢𝐧𝐨 𝐍𝐨 𝐍𝐞𝐜𝐞𝐬𝐢𝐭𝐚 𝐑𝐢𝐯𝐚𝐥𝐞𝐬. Movimientos, Grupos y Parroquias Tenemos la Misma Misión.

𝐈𝐧𝐭𝐫𝐨𝐝𝐮𝐜𝐜𝐢𝐨́𝐧

Esta noche quiero hacerte una pregunta incómoda: ¿estamos trabajando para que crezca el Reino de Dios… o para que crezca nuestro grupo?

A veces defendemos tanto nuestro movimiento, ministerio o parroquia, que olvidamos algo esencial: Jesucristo no fundó equipos rivales. Formó un solo Cuerpo.

La Iglesia no necesita campeones que compitan. Necesita discípulos que sepan caminar juntos.

𝐃𝐞𝐬𝐚𝐫𝐫𝐨𝐥𝐥𝐨

“No Somos Competencia, Somos Cuerpo”

San Pablo lo expresa con una claridad impresionante:

“Ahora bien, ustedes son el cuerpo de Cristo, y cada uno en particular, miembros de ese cuerpo.”
1 Corintios 12,27

Esta palabra debería cambiar nuestra manera de servir.

El grupo de oración no compite con los catequistas. Los jóvenes no compiten con los adultos. Un movimiento no debe sentirse superior a otro. Una parroquia no necesita demostrar que es mejor que la parroquia vecina.

𝐓𝐞𝐧𝐞𝐦𝐨𝐬 𝐜𝐚𝐫𝐢𝐬𝐦𝐚𝐬 𝐝𝐢𝐟𝐞𝐫𝐞𝐧𝐭𝐞𝐬, 𝐩𝐞𝐫𝐨 𝐩𝐞𝐫𝐭𝐞𝐧𝐞𝐜𝐞𝐦𝐨𝐬 𝐚𝐥 𝐦𝐢𝐬𝐦𝐨 𝐂𝐫𝐢𝐬𝐭𝐨.

El problema comienza cuando convertimos el servicio en territorio.

“Esta actividad es nuestra.”
“Esa gente pertenece a nuestro grupo.”
“Nosotros hacemos las cosas mejor.”
“Ellos nunca nos apoyan.”
“¿Por qué invitaron a ellos y no a nosotros?”

Y casi sin darnos cuenta, dejamos de preguntarnos: “¿Qué quiere Jesús?”

Comenzamos a preguntarnos: “¿Qué gana mi grupo?”

Ahí debemos revisar el corazón.

Porque podemos estar trabajando muchísimo para la Iglesia y, paradójicamente, estar debilitando la comunión de la Iglesia.

San Pablo vuelve a decir:

“Hay diversidad de carismas, pero un mismo Espíritu.”
1 Corintios 12,4

¡Qué hermoso!

Dios no necesita que todos hagamos exactamente lo mismo.

Necesita que lo diferente aprenda a complementarse.

Una mano no necesita convertirse en ojo para ser importante. El oído no tiene que demostrar que trabaja más que el pie.

𝐂𝐚𝐝𝐚 𝐦𝐢𝐞𝐦𝐛𝐫𝐨 𝐭𝐢𝐞𝐧𝐞 𝐮𝐧𝐚 𝐦𝐢𝐬𝐢𝐨́𝐧.

La riqueza de la Iglesia precisamente está en que existen diferentes espiritualidades, movimientos, comunidades, ministerios, apostolados y maneras de servir.

𝐄𝐥 𝐩𝐫𝐨𝐛𝐥𝐞𝐦𝐚 𝐧𝐨 𝐞𝐬 𝐥𝐚 𝐝𝐢𝐯𝐞𝐫𝐬𝐢𝐝𝐚𝐝.

El problema aparece cuando la diversidad pierde la comunión.

Cuando un carisma comienza a pensar que posee toda la verdad pastoral.

𝐂𝐮𝐚𝐧𝐝𝐨 𝐛𝐮𝐬𝐜𝐚𝐦𝐨𝐬 𝐩𝐫𝐨𝐭𝐚𝐠𝐨𝐧𝐢𝐬𝐦𝐨.

Cuando sentimos celos porque otro ministerio crece.

Cuando nos molesta que otra parroquia tenga éxito.

𝐂𝐮𝐚𝐧𝐝𝐨 𝐜𝐞𝐥𝐞𝐛𝐫𝐚𝐦𝐨𝐬 𝐧𝐮𝐞𝐬𝐭𝐫𝐨𝐬 𝐟𝐫𝐮𝐭𝐨𝐬, 𝐩𝐞𝐫𝐨 𝐦𝐢𝐫𝐚𝐦𝐨𝐬 𝐜𝐨𝐧 𝐬𝐨𝐬𝐩𝐞𝐜𝐡𝐚 𝐥𝐨𝐬 𝐟𝐫𝐮𝐭𝐨𝐬 𝐚𝐣𝐞𝐧𝐨𝐬.

Eso no viene del Espíritu Santo.

Porque si otra comunidad acerca una persona a Cristo, también nosotros hemos ganado.

Si otra parroquia llena sus bancas, ¡bendito sea Dios!

Si otro movimiento consigue que una familia regrese a los sacramentos, celebremos.

Si otro servidor tiene un don que nosotros no tenemos, demos gracias.

𝐄𝐥 𝐑𝐞𝐢𝐧𝐨 𝐧𝐨 𝐭𝐢𝐞𝐧𝐞 𝐬𝐮𝐜𝐮𝐫𝐬𝐚𝐥𝐞𝐬 𝐞𝐧𝐞𝐦𝐢𝐠𝐚𝐬.

Tenemos la misma misión: anunciar a Jesucristo.

Y quizá una señal preciosa de madurez espiritual sea aprender a decir:

“Yo no tengo que aparecer para alegrarme de que Dios esté actuando.”

Eso libera muchísimo.

No necesitamos competir por aplausos, fotografías, puestos, micrófonos o reconocimientos.

𝐄𝐥 𝐄𝐯𝐚𝐧𝐠𝐞𝐥𝐢𝐨 𝐧𝐨 𝐧𝐞𝐜𝐞𝐬𝐢𝐭𝐚 𝐞𝐬𝐭𝐫𝐞𝐥𝐥𝐚𝐬.

Necesita servidores.

Jesús mismo oró:

“Que todos sean uno.”
Juan 17,21

No pidió que todos fueran idénticos.

Pidió que fueran uno.

𝐔𝐧𝐢𝐝𝐚𝐝 𝐧𝐨 𝐬𝐢𝐠𝐧𝐢𝐟𝐢𝐜𝐚 𝐮𝐧𝐢𝐟𝐨𝐫𝐦𝐢𝐝𝐚𝐝.

Significa que nuestras diferencias permanecen unidas alrededor de Cristo.

𝐄𝐬𝐭𝐚 𝐧𝐨𝐜𝐡𝐞 𝐩𝐨𝐝𝐞𝐦𝐨𝐬 𝐩𝐫𝐞𝐠𝐮𝐧𝐭𝐚𝐫𝐧𝐨𝐬:

¿Puedo alegrarme sinceramente cuando otro grupo hace algo extraordinario?

¿Puedo recomendar una actividad de otra parroquia?

¿Puedo colaborar sin necesitar controlar?

¿Puedo reconocer que otro movimiento posee dones que el mío necesita?

¿Puedo servir donde nadie conozca mi nombre?

Ahí comienza una Iglesia verdaderamente sinodal, fraterna y misionera.

𝐂𝐈𝐄𝐑𝐑𝐄

Tal vez necesitamos dejar una frase grabada en nuestro corazón:

Si Cristo está en el centro, nadie necesita pelear por estar arriba.

Somos diferentes miembros.

Tenemos diferentes historias.

Diferentes carismas.

Diferentes maneras de evangelizar.

Pero tenemos un mismo Señor, una misma fe y una misma misión.

Cuando un miembro crece, el Cuerpo se fortalece.

Cuando un miembro sufre, el Cuerpo debe acercarse.

Y cuando otro miembro consigue llevar un alma hasta Jesús, no preguntes quién recibió el crédito.

Celebra.

Porque ganó Cristo.

Esta noche no preguntes solamente: “¿Qué necesita mi grupo?”

Pregúntale al Señor:

“¿Qué necesita tu Iglesia de nosotros?”

𝐎𝐑𝐀𝐂𝐈𝐎́𝐍

Maestro Jesús, arranca de nuestro corazón toda rivalidad.

Líbranos del protagonismo, los celos y las comparaciones.

Enséñanos a reconocer tus dones en los demás.

Que nuestros movimientos construyan comunión.

Que nuestros ministerios construyan puentes.

Que nuestras parroquias aprendan a caminar juntas.

Danos humildad para colaborar sin buscar reconocimiento.

Haznos comprender que nadie sobra en tu Iglesia.

Somos muchos miembros, pero un solo Cuerpo.

Y Tú, Jesús, eres nuestra Cabeza, nuestra razón y nuestra misión.

Amén.

𝐏𝐫𝐞𝐠𝐮𝐧𝐭𝐚 𝐩𝐚𝐫𝐚 𝐞𝐬𝐭𝐚 𝐧𝐨𝐜𝐡𝐞:

¿Estoy sirviendo para que mi grupo sea reconocido… o para que Jesucristo sea conocido?

𝐏𝐚𝐳 𝐲 𝐛𝐢𝐞𝐧, 𝐃𝐢𝐨𝐬 𝐩𝐨𝐫 𝐝𝐞𝐥𝐚𝐧𝐭𝐞,
𝐇𝐚𝐬𝐭𝐚 𝐚𝐪𝐮𝐢́ 𝐓𝐮́ 𝐡𝐞𝐫𝐦𝐚𝐧𝐨 𝐞𝐧 𝐂𝐫𝐢𝐬𝐭𝐨
𝐉𝐨𝐫𝐠𝐞 𝐆𝐮𝐭𝐢𝐞́𝐫𝐫𝐞𝐳 𝐆𝐚𝐫𝐜𝐢́𝐚

#UnSoloCuerpo #NoSomosCompetencia #SomosIglesia #UnidadEnCristo #Comunión #Servicio #Evangelización #IglesiaCatólica #CuerpoDeCristo #MismaMisión #ReflexiónParaLaNoche #CristoAlCentro

𝐑𝐞𝐟𝐥𝐞𝐱𝐢𝐨́𝐧 𝐉𝐨𝐫𝐠𝐞 𝐆𝐮𝐭𝐢𝐞́𝐫𝐫𝐞𝐳 𝐆𝐚𝐫𝐜𝐢́𝐚 / 𝐓𝐞𝐦𝐚: 𝐬𝐞𝐧𝐬𝐢𝐛𝐢𝐥𝐢𝐝𝐚𝐝 𝐞𝐬𝐩𝐢𝐫𝐢𝐭𝐮𝐚𝐥. 𝐑𝐞𝐜𝐮𝐩𝐞𝐫𝐚𝐫 𝐜𝐨𝐧𝐜𝐢𝐞𝐧𝐜𝐢𝐚, 𝐫𝐞𝐩𝐚𝐫𝐚𝐜𝐢𝐨́𝐧 𝐲 𝐦𝐢𝐬𝐞𝐫𝐢𝐜𝐨𝐫𝐝𝐢𝐚.

𝐑𝐞𝐟𝐥𝐞𝐱𝐢𝐨́𝐧 𝐉𝐨𝐫𝐠𝐞 𝐆𝐮𝐭𝐢𝐞́𝐫𝐫𝐞𝐳 𝐆𝐚𝐫𝐜𝐢́𝐚 / 𝐓𝐞𝐦𝐚: 𝐬𝐞𝐧𝐬𝐢𝐛𝐢𝐥𝐢𝐝𝐚𝐝 𝐞𝐬𝐩𝐢𝐫𝐢𝐭𝐮𝐚𝐥. 𝐑𝐞𝐜𝐮𝐩𝐞𝐫𝐚𝐫 𝐜𝐨𝐧𝐜𝐢𝐞𝐧𝐜𝐢𝐚, 𝐫𝐞𝐩𝐚𝐫𝐚𝐜𝐢𝐨́𝐧 𝐲 𝐦𝐢𝐬𝐞𝐫𝐢𝐜𝐨𝐫𝐝𝐢𝐚.

Intro

Hay algo más peligroso que equivocarse: acostumbrarse al error. Cuando dejamos de preguntarnos si herimos, si fuimos injustos o si debemos reparar, el corazón comienza a endurecerse. La sensibilidad espiritual nos devuelve tres palabras incómodas, pero liberadoras: reconocer, reparar y recibir misericordia. Dios no despierta tu conciencia para destruirte. La despierta para devolverte la capacidad de amar.

1. DOS PALABRAS QUE DESPIERTAN LA CONCIENCIA

“Examíname, oh Dios, y conoce mi corazón; pruébame y conoce mis inquietudes. Mira si voy por mal camino y guíame por el camino eterno.”
Salmo 139,23-24.

La verdadera sensibilidad espiritual comienza permitiendo que Dios nos examine.

No preguntes solamente: “¿Qué me hicieron?”

Pregúntate también: “¿Qué hice yo con aquello que viví?”

Una conciencia despierta no busca culpables. Busca verdad para comenzar de nuevo.

“Si tu hermano peca, repréndelo; y si se arrepiente, perdónalo.”
Lucas 17,3.

Jesús une dos realidades que solemos separar: verdad y misericordia.

Perdonar no significa llamar bueno a lo que estuvo mal. Corregir tampoco significa dejar de amar.

La madurez cristiana sabe decir: “Esto estuvo mal”, sin dejar de decir: “Todavía te amo”.

2. UNA VOZ DEL PAPA: LA MISERICORDIA PUEDE CAMBIARNOS

El 7 de junio de 2026, el Papa León XIV dirigió un videomensaje al VI Congreso Apostólico Mundial de la Misericordia, celebrado en Vilna, Lituania.

En un mundo herido por violencia y relaciones destruidas, recordó que la misericordia divina posee una extraordinaria fuerza renovadora. Puede transformar nuestros corazones y abrir caminos hacia el amor y el perdón.

Eso cambia nuestra manera de entender la conciencia.

Dios no te muestra una herida solamente para que llores sobre ella.

Te pregunta: “¿Qué vamos a hacer ahora con esto?”

La misericordia auténtica siempre produce movimiento.

3. DOS ENCÍCLICAS PARA DESPERTAR EL CORAZÓN

San Juan Pablo II, Veritatis Splendor, 64:

“Llamada a formar la conciencia, a hacerla objeto de continua conversión a la verdad y al bien.”

La conciencia necesita formación.

Podemos acostumbrarnos tanto a determinadas actitudes, que terminamos justificándolas.

Por eso necesitamos Evangelio, oración, sacramentos y acompañamiento espiritual.

No todo lo que “yo siento correcto” necesariamente es correcto.

San Juan Pablo II, Dives in Misericordia, 14:

“La reparación del mal o del escándalo” forma parte de las exigencias vinculadas al verdadero perdón.

Aquí aparece una palabra olvidada: reparar.

Pedir perdón es fundamental. Pero algunas heridas también necesitan acciones concretas.

Si mentí, debo aclarar.

Si dañé una reputación, debo restaurarla.

Si fui injusto, debo corregir aquello que todavía pueda corregirse.

La misericordia no elimina la responsabilidad. La transforma en camino de conversión.

4. EL CATECISMO: LA CONCIENCIA NO ES UN TRIBUNAL SIN ESPERANZA

Catecismo de la Iglesia Católica, 1781:

“El veredicto del dictamen de conciencia constituye una garantía de esperanza y de misericordia.”

Qué enseñanza tan hermosa.

La conciencia cristiana no dice solamente:

“Te equivocaste”.

También dice:

“Pide perdón. Haz el bien. Levántate. Todavía puedes amar mejor”.

La culpa que únicamente paraliza necesita ser sanada.

La conciencia iluminada por Dios reconoce, se arrepiente, repara y continúa caminando.

5. TRES VOCES PARA UN CORAZÓN SENSIBLE

🕊️ San Francisco de Sales:
“Ten paciencia con todas las cosas, pero principalmente contigo mismo.”

❤️ Santa Teresa de Jesús enseña que amar a Dios implica servirlo con rectitud, fortaleza y humildad. Es una síntesis fiel de su enseñanza autobiográfica.

🙏 San Pío de Pietrelcina:
“Mi pasado, Señor, a tu misericordia; mi presente, a tu amor; mi futuro, a tu providencia.”

Las tres ideas se encuentran en un mismo punto:

Reconoce sin destruirte.
Repara sin justificarte.
Recibe misericordia sin abusar de ella.

6. TRES ACCIONES PARA ESTA SEMANA

A. Haz cinco minutos de examen de conciencia.

No examines primero los pecados ajenos. Esa lista suele salir demasiado rápido.

Pregúntate:

“Señor, ¿dónde necesito recuperar sensibilidad?”

B. Repara una cosa concreta.

Una llamada pendiente. Una disculpa. Una aclaración. Una deuda. Una palabra que necesitas retirar.

No prometas cambiar todo hoy.

Repara algo real.

C. Acércate al sacramento de la Reconciliación.

No vayas solamente con una lista de faltas.

Ve con un corazón dispuesto a convertirse.

La confesión no es una sala de condenación. Es encuentro con Cristo que perdona y reconstruye.

7. CIERRE Y ORACIÓN

Una persona espiritualmente sensible no es aquella que nunca falla.

Es aquella que todavía sabe detenerse cuando falla.

Todavía puede reconocer.

Todavía puede pedir perdón.

Todavía puede reparar.

Todavía puede conmoverse ante el dolor que provocó.

Y, sobre todo, todavía puede dejarse alcanzar por la misericordia.

Maestro Jesús, despierta mi conciencia.

Muéstrame aquello que he dejado de ver.

Dame humildad para reconocer mis errores.

Valentía para reparar el daño causado.

Misericordia para perdonar a quien me hirió.

Y esperanza para aceptar también tu perdón.

No permitas que mi corazón se acostumbre al pecado.

Hazlo sensible a tu voz y al dolor del hermano.

Amén.

Resumen pastoral:
Una conciencia despierta reconoce la verdad, busca reparar y termina refugiándose en la misericordia.

Pregunta final:
¿Qué situación de tu vida no necesita más explicaciones, sino humildad para reconocerla y valentía para comenzar a repararla?

𝐏𝐚𝐳 𝐲 𝐛𝐢𝐞𝐧, 𝐃𝐢𝐨𝐬 𝐩𝐨𝐫 𝐝𝐞𝐥𝐚𝐧𝐭𝐞,
𝐇𝐚𝐬𝐭𝐚 𝐚𝐪𝐮𝐢́ 𝐓𝐮́ 𝐡𝐞𝐫𝐦𝐚𝐧𝐨 𝐞𝐧 𝐂𝐫𝐢𝐬𝐭𝐨
𝐉𝐨𝐫𝐠𝐞 𝐆𝐮𝐭𝐢𝐞́𝐫𝐫𝐞𝐳 𝐆𝐚𝐫𝐜𝐢́𝐚

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𝘾𝙧𝙞𝙨𝙩𝙤 𝙍𝙚𝙮 𝙍𝙖𝙙𝙞𝙤 1110 𝙖𝙢, 11 𝘼𝙉̃𝙊𝙎,
𝙏𝙪 𝙧𝙖𝙙𝙞𝙤, 𝙙𝙤𝙣𝙙𝙚 𝙡𝙖 𝙛𝙚 𝙨𝙚 𝙚𝙨𝙘𝙪𝙘𝙝𝙖…
𝙮 𝙚𝙡 𝙖𝙡𝙢𝙖 𝙚𝙣𝙘𝙪𝙚𝙣𝙩𝙧𝙖 𝙘𝙤𝙣𝙨𝙪𝙚𝙡𝙤.