𝐑𝐞𝐟𝐥𝐞𝐱𝐢𝐨́𝐧 𝐩𝐚𝐫𝐚 𝐥𝐚 𝐧𝐨𝐜𝐡𝐞𝐂𝐮𝐚𝐧𝐝𝐨 𝐞𝐥 𝐄𝐠𝐨 𝐐𝐮𝐢𝐞𝐫𝐞 𝐒𝐞𝐫𝐯𝐢𝐫 𝐏𝐫𝐢𝐦𝐞𝐫𝐨: 𝐏𝐮𝐫𝐢𝐟𝐢𝐜𝐚𝐫 𝐞𝐥 𝐂𝐨𝐫𝐚𝐳𝐨́𝐧 𝐩𝐚𝐫𝐚 𝐂𝐨𝐧𝐯𝐞𝐫𝐭𝐢𝐫𝐧𝐨𝐬 𝐞𝐧 𝐈𝐧𝐬𝐭𝐫𝐮𝐦𝐞𝐧𝐭𝐨𝐬 𝐝𝐞 𝐃𝐢𝐨𝐬
𝐑𝐞𝐟𝐥𝐞𝐱𝐢𝐨́𝐧 𝐩𝐚𝐫𝐚 𝐥𝐚 𝐧𝐨𝐜𝐡𝐞
𝐂𝐮𝐚𝐧𝐝𝐨 𝐞𝐥 𝐄𝐠𝐨 𝐐𝐮𝐢𝐞𝐫𝐞 𝐒𝐞𝐫𝐯𝐢𝐫 𝐏𝐫𝐢𝐦𝐞𝐫𝐨: 𝐏𝐮𝐫𝐢𝐟𝐢𝐜𝐚𝐫 𝐞𝐥 𝐂𝐨𝐫𝐚𝐳𝐨́𝐧 𝐩𝐚𝐫𝐚 𝐂𝐨𝐧𝐯𝐞𝐫𝐭𝐢𝐫𝐧𝐨𝐬 𝐞𝐧 𝐈𝐧𝐬𝐭𝐫𝐮𝐦𝐞𝐧𝐭𝐨𝐬 𝐝𝐞 𝐃𝐢𝐨𝐬
𝐈𝐧𝐭𝐫𝐨𝐝𝐮𝐜𝐜𝐢𝐨́𝐧
A todos nos gusta sentir que nuestro esfuerzo importa. Nos alegra que agradezcan nuestro trabajo y valoren nuestras ideas. Eso es humano.
El problema comienza cuando ya no servimos para que Cristo sea encontrado, sino para sentirnos indispensables. Esta noche quiero preguntarte algo: cuando sirves, ¿estás entregando tus dones a Dios… o necesitas que todos sepan que fueron tus dones?
𝐃𝐞𝐬𝐚𝐫𝐫𝐨𝐥𝐥𝐨
El ego no siempre llega haciendo ruido.
A veces llega vestido de servidor.
Carga sillas.
Organiza eventos.
Canta.
Predica.
Coordina.
Publica.
Llega temprano y se va tarde.
Y precisamente por hacer tanto puede comenzar a pensar:
“Sin mí esto no funciona.”
Ahí comienza una batalla espiritual muy delicada.
Porque hacer cosas para Dios no significa automáticamente hacerlas desde Dios.
𝟏. 𝐂𝐔𝐀𝐍𝐃𝐎 𝐍𝐄𝐂𝐄𝐒𝐈𝐓𝐀𝐌𝐎𝐒 𝐒𝐄𝐑 𝐑𝐄𝐂𝐎𝐍𝐎𝐂𝐈𝐃𝐎𝐒
Imagina algo muy cotidiano.
Preparaste durante semanas una actividad parroquial.
Salió excelente.
Al final agradecieron públicamente a varias personas.
Pero olvidaron mencionar tu nombre.
Sonríes.
Aplaudes.
Dices: “No pasa nada”.
Pero camino a casa algo comienza a hervir.
“Después de todo lo que hice…”
“Ni siquiera me mencionaron.”
“Que la próxima vez lo hagan ellos.”
¿Te ha pasado?
No significa necesariamente que seas una mala persona.
Significa que descubriste un lugar de tu corazón que todavía necesita ser evangelizado.
Porque una cosa es agradecer el reconocimiento.
Otra muy diferente es necesitarlo para continuar sirviendo.
Jesús nos advierte:
“Tu Padre, que ve en lo secreto, te recompensará.”
Mateo 6,4
El Evangelio nos conduce hacia una libertad extraordinaria:
hacer el bien aunque nadie aplauda.
𝟐. 𝐂𝐔𝐀𝐍𝐃𝐎 𝐌𝐈 𝐈𝐃𝐄𝐀 𝐒𝐄 𝐕𝐔𝐄𝐋𝐕𝐄 “𝐋𝐀 𝐕𝐎𝐋𝐔𝐍𝐓𝐀𝐃 𝐃𝐄 𝐃𝐈𝐎𝐒”
El ego también aparece cuando alguien propone algo diferente.
Entonces pensamos:
“No entienden.”
“Yo tengo más experiencia.”
“Siempre lo hemos hecho así.”
Incluso podemos utilizar lenguaje religioso:
“Esto es lo que Dios quiere.”
Cuidado.
A veces no estamos defendiendo la voluntad de Dios.
Estamos defendiendo nuestra voluntad… con vocabulario cristiano.
San Pablo ofrece una medicina:
“No hagan nada por rivalidad ni vanagloria.”
Filipenses 2,3
Y enseguida señala hacia Cristo.
Jesús no vino para demostrar superioridad.
Se despojó.
Se hizo servidor.
Se entregó.
El verdadero servidor aprende lentamente una palabra difícil:
“Nosotros.”
No mi ministerio.
Nuestro ministerio.
No mi proyecto.
Nuestra misión.
No mis personas.
El pueblo de Dios.
𝟑. 𝐂𝐔𝐀𝐍𝐃𝐎 𝐐𝐔𝐄𝐑𝐄𝐌𝐎𝐒 𝐂𝐎𝐍𝐓𝐑𝐎𝐋𝐀𝐑𝐋𝐎 𝐓𝐎𝐃𝐎
Existe otra señal del ego:
sentir que solamente nosotros podemos hacerlo correctamente.
“No, déjame hacerlo.”
“Así no.”
“Yo me encargo.”
Y terminamos agotados.
Curiosamente, algunas veces nuestro cansancio no viene solamente del servicio.
Viene de querer ser indispensables.
Jesús hizo algo sorprendente.
Confió su Iglesia a personas imperfectas.
Pedro lo negó.
Tomás dudó.
Los discípulos discutieron sobre quién era el mayor.
Y aun así Cristo los formó y los envió.
Eso significa algo importante para nosotros:
si Jesús pudo confiar su misión a personas imperfectas, quizá nosotros podamos permitir que otro acomode las sillas de manera diferente.
𝟒. 𝐃𝐈𝐎𝐒 𝐍𝐎 𝐐𝐔𝐈𝐄𝐑𝐄 𝐃𝐄𝐒𝐓𝐑𝐔𝐈𝐑 𝐓𝐔 𝐏𝐄𝐑𝐒𝐎𝐍𝐀𝐋𝐈𝐃𝐀𝐃
Purificar el ego no significa convertirte en alguien sin iniciativa.
Dios quiere tus talentos.
Tu creatividad.
Tu liderazgo.
Tu experiencia.
Tu inteligencia.
Tu entusiasmo.
La humildad cristiana no consiste en decir:
“No sirvo para nada.”
Consiste en reconocer:
“Lo que tengo es don, y quiero ponerlo al servicio de los demás.”
San Pedro lo expresa maravillosamente:
“Que cada cual ponga al servicio de los demás el don que ha recibido.”
1 Pedro 4,10
Ahí cambia todo.
Tu capacidad deja de convertirse en pedestal.
Se convierte en herramienta.
Tu liderazgo deja de buscar seguidores.
Comienza a formar discípulos.
Tu experiencia deja de controlar.
Comienza a acompañar.
Tu talento deja de gritar:
“Mírenme.”
Y comienza silenciosamente a decir:
“Mírenlo a Él.”
𝟓. 𝐄𝐋 𝐌𝐎𝐌𝐄𝐍𝐓𝐎 𝐌𝐀́𝐒 𝐃𝐈𝐅𝐈́𝐂𝐈𝐋 𝐃𝐄𝐋 𝐒𝐄𝐑𝐕𝐈𝐃𝐎𝐑
Hay una prueba que revela muchísimo:
cuando otro comienza a hacer bien aquello que tú hacías.
Cuando alguien más predica.
Cuando alguien más coordina.
Cuando otro recibe reconocimiento.
Cuando aparece una persona más joven con nuevas ideas.
¿Qué ocurre dentro de ti?
Si su crecimiento amenaza tu corazón, quizá Dios acaba de mostrarte dónde necesita purificarte.
Juan Bautista comprendió esta libertad.
Cuando sus discípulos vieron que la gente comenzaba a seguir a Jesús, Juan respondió:
“Es preciso que él crezca y que yo disminuya.”
Juan 3,30
Esta frase debería estar escrita en el corazón de todo servidor.
No significa desaparecer.
Significa comprender quién ocupa el centro.
El éxito de un ministerio cristiano no consiste en que todos descubran cuánto necesitamos a Jorge, María, Pedro o al coordinador.
Consiste en que todos descubran cuánto necesitamos a Jesucristo.
𝟔. 𝐔𝐍𝐀 𝐏𝐄𝐐𝐔𝐄𝐍̃𝐀 𝐏𝐑𝐔𝐄𝐁𝐀 𝐏𝐀𝐑𝐀 𝐄𝐒𝐓𝐀 𝐍𝐎𝐂𝐇𝐄
Pregúntate sinceramente:
¿Puedo servir cuando nadie sabe que fui yo?
¿Puedo alegrarme cuando otro recibe reconocimiento?
¿Acepto correcciones sin sentir que atacan mi valor?
¿Permito que otros aprendan y eventualmente me superen?
¿Puedo entregar una responsabilidad sin sentir que pierdo identidad?
No necesitas responder perfectamente.
Simplemente responde sinceramente.
Porque aquello que reconocemos delante de Dios puede comenzar a ser transformado.
𝐂𝐢𝐞𝐫𝐫𝐞
Tal vez esta noche no necesitas abandonar tu ministerio.
Necesitas purificar la manera de vivirlo.
Continúa sirviendo.
Continúa proponiendo.
Continúa creando.
Continúa entregando tus talentos.
Pero cada mañana vuelve a colocar tu corazón delante del Maestro.
“Jesús, que esto no sea sobre mí.”
Y cuando aparezca el deseo de reconocimiento, entrégaselo.
Cuando llegue la comparación, entrégasela.
Cuando otro destaque, bendícelo.
Cuando alguien tenga una mejor idea, escúchala.
Cuando llegue el aplauso, agradece.
Y cuando no llegue…
continúa sirviendo.
Porque existe una libertad preciosa cuando ya no necesitas demostrar que eres indispensable.
Descubres que nunca fuiste el Salvador.
Ese puesto ya está ocupado.
Y qué descanso saberlo.
𝐎𝐫𝐚𝐜𝐢𝐨́𝐧
Maestro Jesús:
purifica mi manera de servir.
Muéstrame dónde busco reconocimiento.
Muéstrame dónde quiero controlar.
Muéstrame dónde compito silenciosamente.
No permitas que utilice tu obra para alimentar mi ego.
Enséñame a alegrarme cuando otro crece.
A escuchar cuando otro propone.
A corregirme cuando me equivoco.
A servir aunque nadie pronuncie mi nombre.
Toma mis talentos.
Toma mi experiencia.
Toma mis capacidades.
Pero toma también mi necesidad de protagonismo.
Hazme instrumento.
Que mis manos trabajen.
Que mi corazón permanezca humilde.
Que mi servicio nunca diga:
“Mírenme a mí.”
Que toda mi vida señale hacia Ti.
Y cuando mi ego quiera ocupar el primer lugar,
recuérdame suavemente:
el centro siempre te pertenece, Jesús.
Amén.
𝐏𝐑𝐄𝐆𝐔𝐍𝐓𝐀 𝐏𝐀𝐑𝐀 𝐄𝐒𝐓𝐀 𝐍𝐎𝐂𝐇𝐄
Si mañana nadie reconociera lo que haces, nadie mencionara tu nombre y otra persona recibiera los aplausos… ¿seguirías sirviendo con la misma alegría?
𝐏𝐚𝐳 𝐲 𝐛𝐢𝐞𝐧, 𝐃𝐢𝐨𝐬 𝐩𝐨𝐫 𝐝𝐞𝐥𝐚𝐧𝐭𝐞,
𝐇𝐚𝐬𝐭𝐚 𝐚𝐪𝐮𝐢́ 𝐓𝐮́ 𝐡𝐞𝐫𝐦𝐚𝐧𝐨 𝐞𝐧 𝐂𝐫𝐢𝐬𝐭𝐨
𝐉𝐨𝐫𝐠𝐞 𝐆𝐮𝐭𝐢𝐞́𝐫𝐫𝐞𝐳 𝐆𝐚𝐫𝐜𝐢́𝐚
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