𝐑𝐞𝐟𝐥𝐞𝐱𝐢𝐨́𝐧 𝐩𝐚𝐫𝐚 𝐥𝐚 𝐧𝐨𝐜𝐡𝐞 𝐍𝐨 𝐓𝐨𝐝𝐨 𝐃𝐞𝐬𝐚𝐜𝐮𝐞𝐫𝐝𝐨 𝐞𝐬 𝐮𝐧𝐚 𝐎𝐟𝐞𝐧𝐬𝐚: 𝐌𝐚𝐝𝐮𝐫𝐚𝐫 𝐓𝐚𝐦𝐛𝐢𝐞́𝐧 𝐞𝐬 𝐀𝐩𝐫𝐞𝐧𝐝𝐞𝐫 𝐚 𝐒𝐞𝐫 𝐂𝐨𝐫𝐫𝐞𝐠𝐢𝐝𝐨
𝐑𝐞𝐟𝐥𝐞𝐱𝐢𝐨́𝐧 𝐩𝐚𝐫𝐚 𝐥𝐚 𝐧𝐨𝐜𝐡𝐞
𝐍𝐨 𝐓𝐨𝐝𝐨 𝐃𝐞𝐬𝐚𝐜𝐮𝐞𝐫𝐝𝐨 𝐞𝐬 𝐮𝐧𝐚 𝐎𝐟𝐞𝐧𝐬𝐚: 𝐌𝐚𝐝𝐮𝐫𝐚𝐫 𝐓𝐚𝐦𝐛𝐢𝐞́𝐧 𝐞𝐬 𝐀𝐩𝐫𝐞𝐧𝐝𝐞𝐫 𝐚 𝐒𝐞𝐫 𝐂𝐨𝐫𝐫𝐞𝐠𝐢𝐝𝐨
𝑰𝒏𝒕𝒓𝒐
Hay palabras que duelen no porque sean falsas, sino porque tocaron algo que todavía no queremos reconocer. A veces alguien piensa diferente y sentimos rechazo. Nos corrigen y creemos que nos atacaron. Pero esta noche vale preguntarnos: ¿quiero tener siempre la razón o quiero permitir que Dios me haga crecer?
𝐃𝐞𝐬𝐚𝐫𝐫𝐨𝐥𝐥𝐨
𝐍𝐨 𝐭𝐨𝐝𝐨 𝐝𝐞𝐬𝐚𝐜𝐮𝐞𝐫𝐝𝐨 𝐞𝐬 𝐮𝐧𝐚 𝐨𝐟𝐞𝐧𝐬𝐚.
Que alguien no piense como tú no significa que esté contra ti. Que alguien cuestione una decisión tuya tampoco significa que desprecie lo que haces.
Y esto se vuelve especialmente importante en la familia, el trabajo y la comunidad cristiana.
Porque podemos amar mucho a Dios y todavía tener un carácter que necesita conversión.
Podemos servir, evangelizar, dirigir, cantar, predicar o ayudar… y seguir teniendo dificultad para escuchar una corrección.
La Escritura dice:
“El que ama la corrección ama la ciencia.” Proverbios 12:1.
La madurez cristiana comienza cuando dejamos de preguntarnos solamente: “¿Cómo me lo dijeron?” y también tenemos la humildad de preguntarnos:
“¿Habrá algo de verdad en lo que me dijeron?”
Eso cambia todo.
Porque nuestro orgullo busca defenderse inmediatamente. El Evangelio, en cambio, nos enseña primero a escuchar.
Jesús mismo nos dejó una forma profundamente humana de afrontar los conflictos:
“Si tu hermano llega a pecar, ve y repréndele, a solas tú con él.” Mateo 18:15.
𝐎𝐛𝐬𝐞𝐫𝐯𝐚 𝐥𝐚 𝐝𝐞𝐥𝐢𝐜𝐚𝐝𝐞𝐳𝐚 𝐝𝐞 𝐂𝐫𝐢𝐬𝐭𝐨.
No dice: publícalo.
No dice: cuéntaselo a todos.
No dice: deja de hablarle.
Dice: ve a encontrarte con tu hermano.
La corrección cristiana no busca humillar. Busca recuperar al hermano.
Pero también existe otra responsabilidad: aprender a recibirla.
A veces pedimos: “Señor, hazme mejor”, pero cuando Dios utiliza a alguien para mostrarnos aquello que debemos cambiar, respondemos: “Bueno, Señor… tampoco era para tanto.”
Ahí aparece nuestra humanidad.
No toda crítica será justa. No toda corrección estará bien expresada. Tampoco debemos aceptar maltrato, manipulación o humillaciones disfrazadas de “corrección fraterna”.
Pero incluso ante una crítica incómoda podemos detenernos, orar y discernir.
Quizá el otro esté equivocado.
Quizá nosotros estemos equivocados.
Y quizá ambos tengamos algo que aprender.
Madurar espiritualmente significa poder decir:
“No estoy de acuerdo contigo, pero quiero escucharte.”
“Eso me dolió, pero voy a pensarlo.”
“En esto tienes razón. Perdóname.”
Esas palabras también evangelizan.
Porque algunas veces nuestra mayor predicación no será ganar una discusión, sino demostrar que Cristo ha transformado nuestra manera de reaccionar.
𝐂𝐢𝐞𝐫𝐫𝐞
Esta noche no revises solamente quién te contradijo.
Revisa cómo reaccionaste.
Tal vez Dios no quiere quitar de tu camino a quien te corrige. Quizá quiere utilizar esa situación para quitar de ti aquello que todavía impide que ames mejor.
No necesitas ganar todas las discusiones.
Necesitas que Cristo gane cada vez más espacio dentro de ti.
La humildad no consiste en pensar que siempre estás equivocado. Consiste en reconocer que todavía puedes aprender.
Y cuando aprendemos a escuchar sin sentirnos atacados por todo, nuestras relaciones cambian, nuestra comunidad madura y nuestro corazón se parece un poco más al de Jesús.
𝐎𝐫𝐚𝐜𝐢𝐨́𝐧
Maestro Jesús, esta noche dame un corazón enseñable.
Líbrame del orgullo que convierte cada desacuerdo en batalla.
Dame sabiduría para distinguir una ofensa de una corrección.
Enséñame a escuchar antes de responder.
Si estoy equivocado, dame humildad para reconocerlo.
Si debo corregir, dame caridad para hacerlo sin herir.
Y cuando pensemos diferente, recuérdanos que seguimos siendo hermanos.
Que mi carácter nunca destruya aquello que tu gracia quiere construir.
Amén.
𝐏𝐚𝐫𝐚 𝐥𝐥𝐞𝐯𝐚𝐫𝐭𝐞 𝐞𝐬𝐭𝐚 𝐧𝐨𝐜𝐡𝐞:
No toda persona que te contradice está contra ti. Algunas pueden convertirse en instrumentos de Dios para ayudarte a crecer.
𝐏𝐫𝐞𝐠𝐮𝐧𝐭𝐚 𝐩𝐚𝐫𝐚 𝐞𝐬𝐭𝐚 𝐧𝐨𝐜𝐡𝐞:
¿Cuándo fue la última vez que una corrección me hizo defenderme inmediatamente… cuando quizá Dios me estaba invitando a cambiar?
𝐏𝐚𝐳 𝐲 𝐛𝐢𝐞𝐧, 𝐃𝐢𝐨𝐬 𝐩𝐨𝐫 𝐝𝐞𝐥𝐚𝐧𝐭𝐞,
𝐇𝐚𝐬𝐭𝐚 𝐚𝐪𝐮𝐢́ 𝐓𝐮́ 𝐡𝐞𝐫𝐦𝐚𝐧𝐨 𝐞𝐧 𝐂𝐫𝐢𝐬𝐭𝐨
𝐉𝐨𝐫𝐠𝐞 𝐆𝐮𝐭𝐢𝐞́𝐫𝐫𝐞𝐳 𝐆𝐚𝐫𝐜𝐢́𝐚
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