𝐑𝐞𝐟𝐥𝐞𝐱𝐢𝐨́𝐧 𝐩𝐚𝐫𝐚 𝐥𝐚 𝐧𝐨𝐜𝐡𝐞𝐍𝐨 𝐒𝐨𝐦𝐨𝐬 𝐂𝐨𝐦𝐩𝐞𝐭𝐞𝐧𝐜𝐢𝐚, 𝐒𝐨𝐦𝐨𝐬 𝐂𝐮𝐞𝐫𝐩𝐨.𝐄𝐥 𝐑𝐞𝐢𝐧𝐨 𝐍𝐨 𝐍𝐞𝐜𝐞𝐬𝐢𝐭𝐚 𝐑𝐢𝐯𝐚𝐥𝐞𝐬. Movimientos, Grupos y Parroquias Tenemos la Misma Misión.
𝐑𝐞𝐟𝐥𝐞𝐱𝐢𝐨́𝐧 𝐩𝐚𝐫𝐚 𝐥𝐚 𝐧𝐨𝐜𝐡𝐞
𝐍𝐨 𝐒𝐨𝐦𝐨𝐬 𝐂𝐨𝐦𝐩𝐞𝐭𝐞𝐧𝐜𝐢𝐚, 𝐒𝐨𝐦𝐨𝐬 𝐂𝐮𝐞𝐫𝐩𝐨.𝐄𝐥 𝐑𝐞𝐢𝐧𝐨 𝐍𝐨 𝐍𝐞𝐜𝐞𝐬𝐢𝐭𝐚 𝐑𝐢𝐯𝐚𝐥𝐞𝐬. Movimientos, Grupos y Parroquias Tenemos la Misma Misión.
𝐈𝐧𝐭𝐫𝐨𝐝𝐮𝐜𝐜𝐢𝐨́𝐧
Esta noche quiero hacerte una pregunta incómoda: ¿estamos trabajando para que crezca el Reino de Dios… o para que crezca nuestro grupo?
A veces defendemos tanto nuestro movimiento, ministerio o parroquia, que olvidamos algo esencial: Jesucristo no fundó equipos rivales. Formó un solo Cuerpo.
La Iglesia no necesita campeones que compitan. Necesita discípulos que sepan caminar juntos.
𝐃𝐞𝐬𝐚𝐫𝐫𝐨𝐥𝐥𝐨
“No Somos Competencia, Somos Cuerpo”
San Pablo lo expresa con una claridad impresionante:
“Ahora bien, ustedes son el cuerpo de Cristo, y cada uno en particular, miembros de ese cuerpo.”
1 Corintios 12,27
Esta palabra debería cambiar nuestra manera de servir.
El grupo de oración no compite con los catequistas. Los jóvenes no compiten con los adultos. Un movimiento no debe sentirse superior a otro. Una parroquia no necesita demostrar que es mejor que la parroquia vecina.
𝐓𝐞𝐧𝐞𝐦𝐨𝐬 𝐜𝐚𝐫𝐢𝐬𝐦𝐚𝐬 𝐝𝐢𝐟𝐞𝐫𝐞𝐧𝐭𝐞𝐬, 𝐩𝐞𝐫𝐨 𝐩𝐞𝐫𝐭𝐞𝐧𝐞𝐜𝐞𝐦𝐨𝐬 𝐚𝐥 𝐦𝐢𝐬𝐦𝐨 𝐂𝐫𝐢𝐬𝐭𝐨.
El problema comienza cuando convertimos el servicio en territorio.
“Esta actividad es nuestra.”
“Esa gente pertenece a nuestro grupo.”
“Nosotros hacemos las cosas mejor.”
“Ellos nunca nos apoyan.”
“¿Por qué invitaron a ellos y no a nosotros?”
Y casi sin darnos cuenta, dejamos de preguntarnos: “¿Qué quiere Jesús?”
Comenzamos a preguntarnos: “¿Qué gana mi grupo?”
Ahí debemos revisar el corazón.
Porque podemos estar trabajando muchísimo para la Iglesia y, paradójicamente, estar debilitando la comunión de la Iglesia.
San Pablo vuelve a decir:
“Hay diversidad de carismas, pero un mismo Espíritu.”
1 Corintios 12,4
¡Qué hermoso!
Dios no necesita que todos hagamos exactamente lo mismo.
Necesita que lo diferente aprenda a complementarse.
Una mano no necesita convertirse en ojo para ser importante. El oído no tiene que demostrar que trabaja más que el pie.
𝐂𝐚𝐝𝐚 𝐦𝐢𝐞𝐦𝐛𝐫𝐨 𝐭𝐢𝐞𝐧𝐞 𝐮𝐧𝐚 𝐦𝐢𝐬𝐢𝐨́𝐧.
La riqueza de la Iglesia precisamente está en que existen diferentes espiritualidades, movimientos, comunidades, ministerios, apostolados y maneras de servir.
𝐄𝐥 𝐩𝐫𝐨𝐛𝐥𝐞𝐦𝐚 𝐧𝐨 𝐞𝐬 𝐥𝐚 𝐝𝐢𝐯𝐞𝐫𝐬𝐢𝐝𝐚𝐝.
El problema aparece cuando la diversidad pierde la comunión.
Cuando un carisma comienza a pensar que posee toda la verdad pastoral.
𝐂𝐮𝐚𝐧𝐝𝐨 𝐛𝐮𝐬𝐜𝐚𝐦𝐨𝐬 𝐩𝐫𝐨𝐭𝐚𝐠𝐨𝐧𝐢𝐬𝐦𝐨.
Cuando sentimos celos porque otro ministerio crece.
Cuando nos molesta que otra parroquia tenga éxito.
𝐂𝐮𝐚𝐧𝐝𝐨 𝐜𝐞𝐥𝐞𝐛𝐫𝐚𝐦𝐨𝐬 𝐧𝐮𝐞𝐬𝐭𝐫𝐨𝐬 𝐟𝐫𝐮𝐭𝐨𝐬, 𝐩𝐞𝐫𝐨 𝐦𝐢𝐫𝐚𝐦𝐨𝐬 𝐜𝐨𝐧 𝐬𝐨𝐬𝐩𝐞𝐜𝐡𝐚 𝐥𝐨𝐬 𝐟𝐫𝐮𝐭𝐨𝐬 𝐚𝐣𝐞𝐧𝐨𝐬.
Eso no viene del Espíritu Santo.
Porque si otra comunidad acerca una persona a Cristo, también nosotros hemos ganado.
Si otra parroquia llena sus bancas, ¡bendito sea Dios!
Si otro movimiento consigue que una familia regrese a los sacramentos, celebremos.
Si otro servidor tiene un don que nosotros no tenemos, demos gracias.
𝐄𝐥 𝐑𝐞𝐢𝐧𝐨 𝐧𝐨 𝐭𝐢𝐞𝐧𝐞 𝐬𝐮𝐜𝐮𝐫𝐬𝐚𝐥𝐞𝐬 𝐞𝐧𝐞𝐦𝐢𝐠𝐚𝐬.
Tenemos la misma misión: anunciar a Jesucristo.
Y quizá una señal preciosa de madurez espiritual sea aprender a decir:
“Yo no tengo que aparecer para alegrarme de que Dios esté actuando.”
Eso libera muchísimo.
No necesitamos competir por aplausos, fotografías, puestos, micrófonos o reconocimientos.
𝐄𝐥 𝐄𝐯𝐚𝐧𝐠𝐞𝐥𝐢𝐨 𝐧𝐨 𝐧𝐞𝐜𝐞𝐬𝐢𝐭𝐚 𝐞𝐬𝐭𝐫𝐞𝐥𝐥𝐚𝐬.
Necesita servidores.
Jesús mismo oró:
“Que todos sean uno.”
Juan 17,21
No pidió que todos fueran idénticos.
Pidió que fueran uno.
𝐔𝐧𝐢𝐝𝐚𝐝 𝐧𝐨 𝐬𝐢𝐠𝐧𝐢𝐟𝐢𝐜𝐚 𝐮𝐧𝐢𝐟𝐨𝐫𝐦𝐢𝐝𝐚𝐝.
Significa que nuestras diferencias permanecen unidas alrededor de Cristo.
𝐄𝐬𝐭𝐚 𝐧𝐨𝐜𝐡𝐞 𝐩𝐨𝐝𝐞𝐦𝐨𝐬 𝐩𝐫𝐞𝐠𝐮𝐧𝐭𝐚𝐫𝐧𝐨𝐬:
¿Puedo alegrarme sinceramente cuando otro grupo hace algo extraordinario?
¿Puedo recomendar una actividad de otra parroquia?
¿Puedo colaborar sin necesitar controlar?
¿Puedo reconocer que otro movimiento posee dones que el mío necesita?
¿Puedo servir donde nadie conozca mi nombre?
Ahí comienza una Iglesia verdaderamente sinodal, fraterna y misionera.
𝐂𝐈𝐄𝐑𝐑𝐄
Tal vez necesitamos dejar una frase grabada en nuestro corazón:
Si Cristo está en el centro, nadie necesita pelear por estar arriba.
Somos diferentes miembros.
Tenemos diferentes historias.
Diferentes carismas.
Diferentes maneras de evangelizar.
Pero tenemos un mismo Señor, una misma fe y una misma misión.
Cuando un miembro crece, el Cuerpo se fortalece.
Cuando un miembro sufre, el Cuerpo debe acercarse.
Y cuando otro miembro consigue llevar un alma hasta Jesús, no preguntes quién recibió el crédito.
Celebra.
Porque ganó Cristo.
Esta noche no preguntes solamente: “¿Qué necesita mi grupo?”
Pregúntale al Señor:
“¿Qué necesita tu Iglesia de nosotros?”
𝐎𝐑𝐀𝐂𝐈𝐎́𝐍
Maestro Jesús, arranca de nuestro corazón toda rivalidad.
Líbranos del protagonismo, los celos y las comparaciones.
Enséñanos a reconocer tus dones en los demás.
Que nuestros movimientos construyan comunión.
Que nuestros ministerios construyan puentes.
Que nuestras parroquias aprendan a caminar juntas.
Danos humildad para colaborar sin buscar reconocimiento.
Haznos comprender que nadie sobra en tu Iglesia.
Somos muchos miembros, pero un solo Cuerpo.
Y Tú, Jesús, eres nuestra Cabeza, nuestra razón y nuestra misión.
Amén.
𝐏𝐫𝐞𝐠𝐮𝐧𝐭𝐚 𝐩𝐚𝐫𝐚 𝐞𝐬𝐭𝐚 𝐧𝐨𝐜𝐡𝐞:
¿Estoy sirviendo para que mi grupo sea reconocido… o para que Jesucristo sea conocido?
𝐏𝐚𝐳 𝐲 𝐛𝐢𝐞𝐧, 𝐃𝐢𝐨𝐬 𝐩𝐨𝐫 𝐝𝐞𝐥𝐚𝐧𝐭𝐞,
𝐇𝐚𝐬𝐭𝐚 𝐚𝐪𝐮𝐢́ 𝐓𝐮́ 𝐡𝐞𝐫𝐦𝐚𝐧𝐨 𝐞𝐧 𝐂𝐫𝐢𝐬𝐭𝐨
𝐉𝐨𝐫𝐠𝐞 𝐆𝐮𝐭𝐢𝐞́𝐫𝐫𝐞𝐳 𝐆𝐚𝐫𝐜𝐢́𝐚
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