𝐑𝐞𝐟𝐥𝐞𝐱𝐢𝐨́𝐧 𝐩𝐚𝐫𝐚 𝐥𝐚 𝐧𝐨𝐜𝐡𝐞¿𝐂𝐞𝐥𝐨𝐬 𝐩𝐨𝐫 𝐞𝐥 𝐄𝐯𝐚𝐧𝐠𝐞𝐥𝐢𝐨… 𝐨 𝐂𝐞𝐥𝐨𝐬 𝐝𝐞𝐥 𝐌𝐢𝐧𝐢𝐬𝐭𝐞𝐫𝐢𝐨 𝐀𝐣𝐞𝐧𝐨?

𝐑𝐞𝐟𝐥𝐞𝐱𝐢𝐨́𝐧 𝐩𝐚𝐫𝐚 𝐥𝐚 𝐧𝐨𝐜𝐡𝐞
¿𝐂𝐞𝐥𝐨𝐬 𝐩𝐨𝐫 𝐞𝐥 𝐄𝐯𝐚𝐧𝐠𝐞𝐥𝐢𝐨… 𝐨 𝐂𝐞𝐥𝐨𝐬 𝐝𝐞𝐥 𝐌𝐢𝐧𝐢𝐬𝐭𝐞𝐫𝐢𝐨 𝐀𝐣𝐞𝐧𝐨?
Cuando el éxito de otro servidor te incomoda, quizá no estás defendiendo la misión, sino tu lugar dentro de ella.

𝐈𝐧𝐭𝐫𝐨

Hay cosas que difícilmente confesamos como servidores.

Nos alegra que el Evangelio avance… hasta que avanza por medio de alguien más.

Nos alegra que otro ministerio crezca… hasta que comienza a recibir reconocimiento. Nos alegra que otro tenga dones… hasta que sus dones parecen eclipsar los nuestros.

Y entonces aparece una pregunta incómoda:

¿Tengo celo por Cristo… o celos porque Cristo está usando a otro?

Esta noche vale la pena mirar el corazón.

𝐃𝐞𝐬𝐚𝐫𝐫𝐨𝐥𝐥𝐨

Los celos espirituales casi nunca llegan diciendo: “Tengo envidia”.

Llegan disfrazados de argumentos aparentemente santos:

“Ese ministerio quiere llamar la atención.”

“Ahora todos hablan de ellos.”

“Nosotros llevamos más tiempo sirviendo.”

“Quiero ver cuánto les dura.”

Incluso podemos llamar “discernimiento” a lo que, en realidad, es comparación.

Algo parecido ocurrió entre los discípulos.

Juan le dijo a Jesús:

“Maestro, hemos visto a uno que expulsaba demonios en tu nombre y tratamos de impedírselo, porque no viene con nosotros.”

Marcos 9,38.

𝐎𝐛𝐬𝐞𝐫𝐯𝐚 𝐞𝐥 𝐝𝐞𝐭𝐚𝐥𝐥𝐞.

El problema no era que aquel hombre estuviera actuando contra Jesús.

¡Estaba actuando en su nombre!

El problema era otro:

“No viene con nosotros.”

Y Jesús respondió:

“No se lo impidan.”

Marcos 9,39.

𝐐𝐮𝐞́ 𝐜𝐨𝐫𝐫𝐞𝐜𝐜𝐢𝐨́𝐧 𝐭𝐚𝐧 𝐧𝐞𝐜𝐞𝐬𝐚𝐫𝐢𝐚 𝐩𝐚𝐫𝐚 𝐧𝐮𝐞𝐬𝐭𝐫𝐚𝐬 𝐜𝐨𝐦𝐮𝐧𝐢𝐝𝐚𝐝𝐞𝐬.

A veces queremos que Dios bendiga su Iglesia, pero preferimos que la bendición pase por nuestro grupo, nuestro movimiento, nuestra parroquia o nuestro ministerio.

Sin darnos cuenta, podemos comenzar sirviendo al Reino y terminar defendiendo nuestro pequeño territorio.

𝐏𝐞𝐫𝐨 𝐞𝐥 𝐑𝐞𝐢𝐧𝐨 𝐝𝐞 𝐃𝐢𝐨𝐬 𝐧𝐨 𝐭𝐢𝐞𝐧𝐞 𝐝𝐞𝐩𝐚𝐫𝐭𝐚𝐦𝐞𝐧𝐭𝐨𝐬 𝐝𝐞 𝐜𝐨𝐦𝐩𝐞𝐭𝐞𝐧𝐜𝐢𝐚.

𝐓𝐢𝐞𝐧𝐞 𝐝𝐢𝐬𝐜𝐢́𝐩𝐮𝐥𝐨𝐬.

Por eso Juan Bautista nos entrega una medicina poderosa contra la comparación:

“Es preciso que él crezca y que yo disminuya.”

Juan 3,30.

Eso cambia completamente la manera de servir.

Si otro predica mejor y alguien vuelve a Dios, Cristo creció.

Si otro ministerio llena un retiro y alguien se confiesa después de años, Cristo creció.

Si otra comunidad logra aquello que nosotros intentamos durante mucho tiempo, Cristo creció.

Entonces, ¿por qué entristecernos?

La verdadera madurez espiritual comienza cuando podemos celebrar sinceramente el fruto que Dios produce mediante otras personas.

𝐏𝐨𝐫𝐪𝐮𝐞 𝐪𝐮𝐢𝐞𝐧 𝐚𝐦𝐚 𝐯𝐞𝐫𝐝𝐚𝐝𝐞𝐫𝐚𝐦𝐞𝐧𝐭𝐞 𝐥𝐚 𝐦𝐢𝐬𝐢𝐨́𝐧 𝐧𝐨 𝐧𝐞𝐜𝐞𝐬𝐢𝐭𝐚 𝐬𝐞𝐫 𝐬𝐢𝐞𝐦𝐩𝐫𝐞 𝐩𝐫𝐨𝐭𝐚𝐠𝐨𝐧𝐢𝐬𝐭𝐚.

Necesita que Cristo sea conocido.

Hay una prueba sencilla para nuestro corazón:

¿Qué siento cuando alguien cercano recibe aquello que yo deseaba?

Cuando otro servidor es reconocido.

Cuando otro ministerio crece.

Cuando alguien recibe una responsabilidad que yo esperaba.

Cuando felicitan al otro y nadie menciona mi esfuerzo.

Ahí aparece nuestro verdadero corazón.

No para condenarnos.

Para convertirnos.

Porque incluso los celos pueden convertirse en una puerta hacia la humildad.

Esta noche podríamos decir:

“Señor, enséñame a alegrarme cuando Tú triunfas, aunque yo no aparezca en la fotografía.”

𝐓𝐑𝐄𝐒 𝐏𝐀𝐒𝐎𝐒 𝐏𝐀𝐑𝐀 𝐄𝐒𝐓𝐀 𝐍𝐎𝐂𝐇𝐄

𝐀. 𝐏𝐨𝐧𝐥𝐞 𝐧𝐨𝐦𝐛𝐫𝐞 𝐚 𝐭𝐮 𝐜𝐨𝐦𝐩𝐚𝐫𝐚𝐜𝐢𝐨́𝐧.

Reconoce delante de Jesús qué persona o ministerio despierta competencia en ti.

𝐁. 𝐎𝐫𝐚 𝐩𝐨𝐫 𝐚𝐪𝐮𝐞𝐥𝐥𝐨 𝐪𝐮𝐞 𝐭𝐞 𝐜𝐮𝐞𝐬𝐭𝐚 𝐜𝐞𝐥𝐞𝐛𝐫𝐚𝐫.

Pide sinceramente que Dios bendiga todavía más ese apostolado.

Sí, todavía más. Ahí comienza la cirugía del corazón.

𝐂. 𝐅𝐞𝐥𝐢𝐜𝐢𝐭𝐚 𝐚 𝐨𝐭𝐫𝐨 𝐬𝐞𝐫𝐯𝐢𝐝𝐨𝐫.

Hazlo sin comparaciones, indirectas ni un “pero” escondido.

Aprender a celebrar el bien ajeno también es santidad.

𝐂𝐈𝐄𝐑𝐑𝐄

El servidor maduro deja de preguntarse:

“¿Por qué Dios lo está usando a él?”

Y comienza a decir:

“Gracias, Señor, porque también lo estás usando a él.”

No necesitamos ser indispensables.

Necesitamos ser fieles.

Llegará un momento en nuestra vida espiritual donde tendremos que elegir entre construir nuestro nombre o ayudar a construir el Reino.

Y cuando Cristo realmente ocupa el centro, podemos mirar el fruto del hermano y decir con alegría:

“Señor, no importa quién sembró, quién regó o quién recibió reconocimiento. Si alguien se acercó a Ti, valió la pena.”

𝐎𝐑𝐀𝐂𝐈𝐎́𝐍 𝐏𝐀𝐑𝐀 𝐋𝐀 𝐍𝐎𝐂𝐇𝐄

Jesús Maestro, purifica mi manera de servir.

Arranca de mí la comparación, la competencia y los celos.

Que nunca confunda tu Reino con mi ministerio.

Enséñame a celebrar los dones de mis hermanos.

Dame un corazón suficientemente humilde para disminuir cuando sea necesario.

Y suficientemente libre para alegrarme cuando otro dé fruto.

Que mañana no busque demostrar cuánto valgo.

Que simplemente busque que Tú seas conocido, amado y anunciado.

Amén.

𝐘 𝐚𝐧𝐭𝐞𝐬 𝐝𝐞 𝐝𝐨𝐫𝐦𝐢𝐫, 𝐩𝐫𝐞𝐠𝐮́𝐧𝐭𝐚𝐭𝐞:

Si mañana Dios hiciera crecer enormemente el ministerio de otro hermano y nadie reconociera el mío, ¿seguiría alegrándome porque Cristo está siendo anunciado?

𝐏𝐚𝐳 𝐲 𝐛𝐢𝐞𝐧, 𝐃𝐢𝐨𝐬 𝐩𝐨𝐫 𝐝𝐞𝐥𝐚𝐧𝐭𝐞,
𝐇𝐚𝐬𝐭𝐚 𝐚𝐪𝐮𝐢́ 𝐓𝐮́ 𝐡𝐞𝐫𝐦𝐚𝐧𝐨 𝐞𝐧 𝐂𝐫𝐢𝐬𝐭𝐨
𝐉𝐨𝐫𝐠𝐞 𝐆𝐮𝐭𝐢𝐞́𝐫𝐫𝐞𝐳 𝐆𝐚𝐫𝐜𝐢́𝐚

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