León XIV denuncia a quienes “convierten el sufrimiento ajeno en negocio”

León XIV denuncia a quienes “convierten el sufrimiento ajeno en negocio”

En un significativo encuentro con migrantes, voluntarios y entidades que facilitan la incorporación de los migrantes a la sociedad de acogida, el Papa reclamó una integración basada en la dignidad humana, recordó a las víctimas de las rutas migratorias y lanzó un duro llamamiento a quienes trafican con personas parta que se conviertan. “Deténganse. Conviértanse. Las lágrimas y la sangre de estos hermanos claman a Dios y sus sufrimientos llegan hasta Él”, señaló el Pontífice.

Lorena Pacho – Ciudad del Vaticano

El Papa León XIV defendió este viernes, 12 de junio, en la última etapa de su viaje a España, desde las Islas Canarias, la necesidad de asentar una cultura de la integración que vaya más allá de la mera asistencia y que permita a las personas migrantes reconstruir su vida y participar plenamente como protagonistas en la sociedad que las acoge. Lo hizo durante un encuentro con representantes de realidades dedicadas a la acogida e integración de migrantes celebrado en la Plaza del Cristo de La Laguna, en San Cristóbal de La Laguna, Tenerife, en el archipiélago canario, uno de los principales puntos de llegada de personas que cruzan el mar para llegar a Europa.

El lenguaje de la cercanía

Tomando como punto de partida la definición de La Laguna como una “ciudad sin murallas”, el Pontífice advirtió de que las barreras más difíciles de derribar no son físicas, sino aquellas que nacen “en la mirada, en el miedo o en la indiferencia”.

Ante las historias de sufrimiento y esperanza que llegan a las costas canarias, invitó a aprender “el lenguaje de la cercanía”, capaz de reconocer la dignidad de cada persona más allá de cifras o expedientes administrativos. “En una ciudad sin murallas, también el corazón está llamado a ensancharse para acogerlas. Por eso necesitamos aprender el lenguaje de la cercanía, ese que se comprende más con las manos que con las palabras”, señaló el Papa.

La dignidad humana en la base

León XIV desarrolló gran parte de su intervención en torno a la idea de que la solidaridad nace del reconocimiento de la dignidad humana y no puede reducirse a gestos puntuales de ayuda y de que la integración es un proceso humano y espiritual que exige compromiso sólido. “La acogida abre la puerta; la integración ayuda a cruzar el umbral. La asistencia coloca bálsamo en la herida y la integración reconstruye el futuro” afirmó.

Y recalcó que integrar “no significa borrar la historia de quien llega ni exigirle que deje atrás todo lo que forma parte de su memoria”. Tampoco significa “crear mundos paralelos, cerrados unos a otros, donde las personas conviven sin encontrarse realmente”. Por el contrario, apuntó el Pontífice integrar es un camino recíproco: “quien llega aprende a habitar una tierra nueva, y quien recibe aprende a ensanchar su propia casa sin diluir su identidad ni cerrar el corazón al encuentro”.

Encuentro con las entidades dedicadas a la integración de los migrantes

Encuentro con las entidades dedicadas a la integración de los migrantes   (@Vatican Media)

Una responsabilidad compartida

El Pontífice subrayó que la integración es una responsabilidad compartida que implica compromisos tanto para las sociedades de acogida como para quienes llegan a ellas. Tras recordar que los Estados y las comunidades tienen el deber de proteger y acompañar a los migrantes, el Pontífice animó también a estos a implicarse activamente en su nuevo entorno, “aprendiendo la lengua, respetando las leyes, conociendo las costumbres y participando en la vida común”. Según explicó, la dignidad reconocida como un derecho alcanza su plenitud cuando se traduce en responsabilidad y en el deseo de contribuir al bien común. “Así, quien llegó como forastero puede reencontrar vínculos, reconstruir confianza y sentirse parte viva de una comunidad. Ésta es una forma preciosa de misericordia”, señaló el Papa.

La persona por delante de cualquier consideración administrativa

Uno de los ejes centrales del discurso fue la defensa de la dignidad de los migrantes. León XIV insistió en que la mirada cristiana debe situar a la persona por delante de cualquier consideración jurídica o administrativa. “Hablamos, ante todo, de personas creadas a imagen y semejanza de Dios, antes que de categorías jurídicas o de problemas que administrar”, resaltó el Papa.

En esta línea, recordó que quienes alcanzan las costas europeas después de travesías extremadamente peligrosas necesitan no solo ayuda material, sino también oportunidades reales para recomenzar. “Buscan a alguien que les diga, con los gestos antes que con las palabras: tu vida no es un descarte, tu sufrimiento no es invisible, tu dignidad no ha quedado disuelta en las aguas que has atravesado”, apuntó León XIV. Y agregó: “Pero buscan también algo más: una posibilidad concreta de recomenzar, de aprender, de trabajar, de servir, de participar, de no quedar encerrados para siempre en la condición de víctimas”.

El Pontífice agradeció expresamente el trabajo de la diócesis, de Cáritas, de la pastoral de migraciones, de las parroquias y de numerosas organizaciones eclesiales y civiles que acompañan procesos de protección, promoción e integración. Destacó además el valor de quienes, tras haber sido acogidos, se convierten posteriormente en apoyo para otros migrantes, transformando la ayuda recibida en “responsabilidad compartida”. “Así, el extranjero de ayer puede ser el hermano y vecino de hoy”, destacó el Papa.

Una Iglesia que acoge y evangeliza

Dirigiéndose a los católicos, León XIV pidió que la integración no sea entendida únicamente como una tarea social. Según explicó, quienes llegan necesitan vivienda, trabajo y protección, pero también encontrar comunidades cristianas capaces de ofrecer el testimonio del Evangelio con respeto y libertad. “Evangelizar es compartir con respeto y humildad el tesoro que sostiene nuestra acción y nuestra esperanza. Una Iglesia que acoge es también una Iglesia que anuncia, ofreciendo a Cristo sin imponerlo y que, al mismo tiempo, recibe el Evangelio de manos de los pobres”, afirmó el Papa.

Encuentro con las entidades dedicadas a la integración de los migrantes

Encuentro con las entidades dedicadas a la integración de los migrantes   (@Vatican Media)

No permanecer indiferentes ante las víctimas de los naufragios

El Papa dedicó uno de los momentos más emotivos de su discurso a recordar a quienes han perdido la vida intentando alcanzar Europa. “Una conciencia humana, y más aún una conciencia cristiana, no puede permanecer indiferente ante las víctimas de los naufragios y de la falta de ayuda, ante esos cementerios del mar. Cada vida perdida en estas rutas es un fracaso para la familia humana”, dijo el Pontífice. Y advirtió de que existe también un “naufragio silencioso” después de la llegada: la soledad, la falta de vínculos, el desempleo o la exposición a redes de explotación.  “Integrar es impedir ese segundo naufragio”, advirtió el Papa. Y puntualizó: “Es ayudar a que quien llegó lastimado no quede fijado para siempre en su dolor, sino que pueda volver a ponerse en pie, reconocer sus dones y ofrecerlos a la comunidad”.

“Deténganse. Conviértanse”

En su discurso, el Papa también realizó un llamamiento contundente dirigido a quienes se benefician de la desesperación de los migrantes. León XIV denunció a quienes organizan rutas clandestinas, trafican con personas, retienen documentos, explotan trabajadores o amenazan a mujeres vulnerables. “Deténganse. Conviértanse”, exhortó el Papa. Y añadió: “Las lágrimas y la sangre de estos hermanos claman a Dios y sus sufrimientos llegan hasta Él. El dinero arrancado a la vulnerabilidad de los pobres no dará paz, ni honor, ni futuro”. El Pontífice recordó que “por cada vida perdida, cada familia engañada, cada cuerpo sometido, cada mujer amenazada, cada trabajador explotado habrán de comparecer ante la justicia divina”. También les pidió que “rompan las cadenas” de la explotación, liberen a los retenidos, reparen el daño causado y emprendan un camino de verdad y conversión. “Vuelvan mientras aún hay tiempo, porque la misericordia de Dios puede alcanzar incluso al pecador más endurecido, pero sólo entra por la puerta estrecha de la verdad, la justicia y la conversión”, señaló.

El encuentro concluyó con una invitación a no dejar que la última palabra la tengan el miedo, la indiferencia o la violencia. “La última palabra pertenece a Cristo, que se identifica con el forastero, toca las heridas de la humanidad y nos llama a reconocerlo en cada hermano que necesita ser acogido, protegido, promovido e integrado”, resaltó. Recordando a la Sagrada Familia, que tuvo que huir a Egipto para proteger al Niño Jesús, León XIV pidió que Canarias siga siendo una tierra donde todos puedan sentirse reconocidos como hermanos y donde la acogida se transforme en auténtica integración.

Lo más destacado del Encuentro con organizaciones de integración de migrantes

El muelle de la vergüenza, transformado en lugar de esperanza: «La dignidad humana no tiene pasaporte»

El muelle de la vergüenza, transformado en lugar de esperanza: «La dignidad humana no tiene pasaporte»

León XIV se ha inclinado este jueves ante aquellos que cruzan el Atlántico jugándose la vida. En el puerto de Arguineguín, el primer Papa que pisa Canarias se ha encontrado cara a cara con migrantes rescatados del mar y con quienes los socorren y los acogen, en uno de los actos de mayor contenido humano de todo su viaje a España. Tras escuchar a un capitán de Salvamento, a una voluntaria de Cáritas y a una víctima de trata, ha querido devolverles algo que el mar y las mafias intentaron arrebatarles: «No son números ni expedientes», dijo, y resumió la mañana en una frase: «La dignidad humana no tiene pasaporte ni pierde valor al cruzar una frontera».

Texto: Bernabe Villalba

Imágenes: EFE / Ángel Medina


Olía a mar y hacía calor. En el muelle, la gente esperaba con mucha paz, con esa calma serena de quien sabe que viene a verle un buen amigo. Había grupos de migrantes reunidos con tranquilidad, sin la tensión de los expedientes ni de las cifras. Y, al fondo, esta vez en el muelle y también tranquilo, una embarcación naranja de Salvamento Marítimo, sin la vorágine del rescate sino más bien como un hermano mayor que acompaña a sus hermanos. Quizá por eso el ambiente tenía algo de familia: porque aquí muchos se han dado la vida unos a otros, los de Salvamento a quienes caen al agua y los que cuidan en el día a día de tierra.

León XIV ha llegado a las 11:40 de la mañana al puerto de Arguineguín, donde le aguardaba el obispo de Canarias, monseñor José Mazuelos Pérez, junto a representantes de Salvamento Marítimo, la Policía Nacional, la Guardia Civil, Cruz Roja, Cáritas y presidencia del gobierno de España. Pero, como en otras etapas de este viaje, el protagonismo no estaba en las autoridades, sino en los rostros más sencillos: los migrantes recuperados del mar y quienes les tienden la mano. Era, además, un momento histórico: jamás un Pontífice había pisado las islas. Cuando el Papa apareció, a más de uno le brillaban los ojos por la emoción de encontrarse con el sucesor de Pedro, el pescador.

Papa León XIV en el Muelle de Arguineguín conociendo las realidades de los migrantes en Canarias

En su saludo, monseñor Mazuelos puso palabras a un lugar que enmudeció al mundo: el que muchos llamaron el muelle de la vergüenza. Recordó que este muelle ha sido testigo de la llegada de miles de personas que huyen del hambre, de la guerra y de la desesperación tras travesías que superan los 1.600 kilómetros, y reivindicó que precisamente aquí, donde tanto se ha sufrido, puede nacer un símbolo de acogida y de justicia. «Cada migrante es un rostro concreto, no un número», afirmó, antes de agradecer la labor de quienes llamó «los ángeles de la guarda de las personas migrantes». Pidió al Papa que ayude a mirar con compasión, a actuar con valentía y a construir una sociedad donde nadie sea tratado como un problema, sino como un hermano.

Rostros concretos de la acogida y la esperanza

Llegaron después los testimonios, y con ellos un silencio se apoderó del muelle: un silencio traspasado por el dolor de quienes ahora, por fin, ven tierra y viven.

El primero en hablar fue Tito Villarmea, capitán de Salvamento Marítimo en la Guardamar Urania, un nombre que, dijo, «evoca lo celestial». Confesó que no había dormido desde que supo de la visita, y recordó a sus abuelos gallegos, que una sola vez salieron de su pueblo para viajar casi veinte horas y ver a Juan Pablo II en Fátima. En dieciocho años, junto a su equipo, ha rescatado a más de 20.000 personas. Pero hubo una a la que nunca olvidará: una madre que viajaba en una patera y que, ya a salvo, descubrió el rostro de su hijo de catorce años, le colocó unos pendientes dorados y lloró. Era una niña. «Lloró ella y lloré yo, porque soy padre de dos adolescentes», dijo. «Podrían haber sido mis hijas». El Papa escuchaba atento, sin apartar la mirada, como el pescador que repasa sus redes para repararlas.

Papa León XIV en el Muelle de Arguineguín conociendo las realidades de los migrantes en Canarias

Tomó después la palabra María, voluntaria de Cáritas, que evocó los días del desbordamiento, cuando los recursos eran escasos, no se conocía la lengua de quienes llegaban y muchas veces solo se podía ofrecer «galletas, leche y un poco de atención». De aquella impotencia, dijo, aprendieron lo esencial: que no se trataba de resolverlo todo, sino de estar presentes; que una sonrisa o una mirada bastan para que alguien se sienta acogido, aunque no haya idioma común.

El testimonio más estremecedor llegó de la mano de otra mujer, que leyó (por motivos de seguridad)) las palabras de Blessing, víctima de trata. La historia de una nigeriana que salió de su país no porque quisiera, sino porque no había otra salida; que dejó atrás a dos hijas, cayó en manos de una mafia y sobrevivió a un cautiverio que ni el mar consiguió cerrar. «He aprendido a creer en mí misma de nuevo», concluía su carta.

Cerró el turno de testimonios una trabajadora latinoamericana que llegó a Gran Canaria en 1997 con «una maleta cargada de sueños», pasó por un bazar, un restaurante y veinte años en una empresa de reformas, y que hoy dirige su propia compañía con seis empleados. Quiso dejar un mensaje a quienes aún sufren: que sí se puede salir adelante con trabajo, respeto y gratitud, y que ojalá los trámites para quienes llegan sean cada vez más humanos.

Realidades de los migrantes en Canarias en la visita del Papa León XIV

«Donde Cristo manda callar al mar, la Iglesia no puede quedar muda»

Cuando llegó su turno, León XIV mostró el anillo del Pescador que lleva en la mano y, a partir de él, partió toda su reflexión. Recordó que a Pedro le fue dicho «desde ahora serás pescador de hombres», y que en lugares como El Hierro ese mandato adquiere una fuerza literal y dolorosa, allí donde se rescatan personas. Por eso, advirtió, «el Sucesor de Pedro no puede desentenderse de estos muelles».

Evocó el mar de la Biblia como imagen del caos (el Leviatán que devora, las mafias que trafican con la desesperación, la indiferencia que traga a los pobres) y, frente a él, la voz de Cristo que ordena: «¡Calla, enmudece!». «Ahí donde Cristo manda callar al mar», dijo, «la Iglesia no puede permanecer muda ante quienes son abandonados a sus aguas».

Se dirigió uno a uno a quienes habían hablado. A Tito y a María, para subrayar que la conversión empieza cuando el migrante deja de ser «uno más». A Blessing, a quien dedicó las palabras más intensas: su nombre significa bendición, y «si otros pusieron precio a tu cuerpo, Dios no ha dejado nunca de mirarte como alguien invaluable». «Eres hija y hermana, eres bendición», le dijo. Y a los migrantes presentes les pidió que protejan su vida y no la entreguen a quienes prometen paraísos fáciles, esos «cantos de sirenas» que son industrias de muerte.

Papa León XIV en el Muelle de Arguineguín conociendo las realidades de los migrantes en Canarias

El drama, insistió, debe convertirse en examen de conciencia: para los países de origen y de tránsito, para una Europa que no puede acostumbrarse a que el Atlántico sea «un cementerio sin lápidas», y para una Iglesia que no puede adorar a Cristo en el altar y luego «pasar de largo» ante los cayucos. Reivindicó tanto el derecho a buscar refugio como el derecho a no tener que migrar, y dejó una frase que resumió toda la mañana: «No podemos acostumbrarnos a contar muertos. La dignidad humana no tiene pasaporte».

Encomendó finalmente a los presentes a Nuestra Señora del Carmen, patrona de la gente del mar, para que acompañe a quienes llegan, consuele a quienes han perdido a los suyos y despierte en todos «la valentía de la misericordia».

Al terminar, al fondo seguía la lancha naranja, fiel, montando guardia. El muelle que el mundo llamó «de la vergüenza» había escuchado, por una vez, una palabra distinta. Porque hoy, junto al mar, cada vida que ha llegado a una orilla planteaba la misma pregunta que el Papa dejó suspendida en el aire salado: qué queda de nuestra humanidad. Y, por un instante, en Arguineguín, la respuesta fue alzar la mirada y acoger.

León XIV cumple el sueño de Gaudí e ilumina desde Barcelona un templo que sigue en construcción

León XIV cumple el sueño de Gaudí e ilumina desde Barcelona un templo que sigue en construcción

«He aquí la morada de Dios entre los hombres, y morará entre ellos, y ellos serán su pueblo, y el “Dios con ellos” será su Dios»

Texto: Pablo Mariñoso de Juana

Fotografías texto: Sus autores

Fotografías galería: Manuel Queimadelos

«Amén. ¡Déu meu, Déu meu!» fueron las últimas palabras de Antonio Gaudí Cornet. Del «Dios mío, Dios mío» de Cristo en la cruz hasta el testamento verbal del genial arquitecto catalán pasaron veinte siglos, y esta tarde Barcelona se ha congregado en una multitudinaria celebración para conmemorar ese siglo veintiuno. Porque han pasado ya 100 años desde aquel trágico 10 de junio de 1926 en que un tranvía lo atropelló por las calles de Barcelona. Un accidente que escribió su destino final en los márgenes olvidados de la ciudad que él mismo había diseñado. El trazo de sus lápices es hoy la arquitectura bendita que vertebra la Ciudad Condal.

A las 19:16hs el interior de la Sagrada Familia, bosque de piedras y vidrios, jardín botánico de paramecios, se fundía en un aplauso sereno. En las pantallas aparecía el Santo Padre, que bajaba del Papamóvil a las puertas de la basílica, recibido por Sus Majestades, Felipe y Letizia, el presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, y Salvador Illa, presidente autonómico. Varios centenares de sacerdotes flanqueaban los laterales del altar, y teñían con el blanco de sus casullas el festival de colores ideado por Gaudí. De su mañana en Monserrat a la tarde en la Sagrada Familia –ideada como una cordillera con dieciocho cimas–, León XIV ha recorrido este miércoles una ruta de senderismo espiritual por los dos epicentros de la fe en Cataluña

B3e708ca 2ed4 4bfa B66e 05139b4d66b4  Kr 5276  1

Fotografía: Kike Rincón (Europa Press)

Nada es casualidad. El cardenal barcelonés Juan José Omella, que también recibía al Papa junto al sanedrín de políticos y autoridades, hace tiempo que se empeñó en inaugurar la Torre de Jesucristo a lo grande, en una magna celebración, y vaya si lo ha conseguido. Toda la Santa Misa de hoy y la posterior bendición de la Torre de Jesucristo, con su pompa litúrgica y su emoción contenida, se debe al cariño de monseñor Omella hacia el pontífice y a su justificado afecto por Gaudí. El secreto de la perseverancia es el amor y este prelado aragonés ha demostrado amar con creces.

La jornada es precisamente lo que muchos denominarían «histórica», y así nos gustaría a todos que lo sea. Cien años ha tardado Barcelona en coronar su ciudad, y el proyecto colosal de Antonio Gaudí no merecía menos esmero. El encuentro de la Diócesis de Barcelona con el Obispo de Roma ha sido la veneración de un venerable. El arquitecto de Reus está en proceso de beatificación, también por el sano empecinamiento de los obispos catalanes. Y es también histórica porque marca, de alguna forma, el eje del primer Viaje Apostólico de León XIV a España. El de hoy ha podido ser el acto central de toda su visita: el día que marcó en el calendario, frente a especulaciones de la prensa –y posibles adelantos de elecciones que nunca son tales–, la venida del Papa en junio. Tenía todo el sentido.

Después de los saludos protocolarios, León XIV ha visitado el edículo y taller de Antonio Gaudí, donde una niña invidente le ha mostrado una pequeña maqueta de la torre de Jesucristo que bendeciría al final de la jornada. Todos los ojos puestos, dentro y fuera del templo, en las pantallas instaladas para seguir la escaleta de una Eucaristía ya bordada en la memoria de Cataluña. Entraba entonces el Santo Padre en la cripta, acompañado de monseñor Omella y del Rector de la parroquia, mosén Josep Maria Turull. Su oración discreta ante el Santísimo y la tumba de Gaudí despertaba el interés de todos. Un Papa arrodillado ante el creador de la basílica; el ‘Ipse Christus’ postrado ante el artífice bendito de este Edén de piedras claras.

F829c9ee 3b20 4de6 8d76 20566db3f134  Kr 5441  2

Fotografía: Kike Rincón (Europa Press)

A falta de dos días, este arquitecto universal lleva cien años enterrado en esa misma cripta en la que ahora se detenía a rezar el Papa. El 12 de junio de 1926, dos días después de su muerte, Gaudí fue enterrado en esa capilla que lleva por advocación a la Virgen del Carmen. Las crónicas de aquellos días recogen que el cortejo fúnebre que acompañó su féretro hasta el templo que había concebido se convirtió en el acontecimiento ciudadano más importante de aquel año. No más que el acontecimiento de hoy, claro.

A las 19:49hs comenzaba el canto de entrada, irremediablemente solemne, y decenas de monaguillos, con sus cirios y sus cruces, su incensario y toda la parafernalia, encaraban el pasillo central de la Sagrada Familia. El coro ha hecho las delicias de los 4200 peregrinos sentados en el interior de la basílica y de los otros tantos que aguardaban fuera. Más de 500 voces, según informaba la oficina de prensa de la Basílica, quedaban escondidas en lo más alto de la basílica.Rozando la bóveda o el artesonado o el techo o lo que sea que Gaudí quiso poner en lo más alto, eran un centenar de niños y otros tantos de mayores, voces blancas y barítonos, corales y escolanías, quienes se arremolinaban en el cielo de la basílica y nos elevaban a todos los presentes a toda escatología. Juan de la Rubia, organista titular de la Basílica, ponía acordes al festival de voces.

M. Queimadelos 1

Fotografía: Manuel Queimadelos

Así, dos minutos antes de lo que marcaba la agenda, ha comenzado la Santa Misa. El Gobierno ocupaba las primeras filas, la prensa –cientos de periodistas acreditados para la ocasión– se encaramaba en las tribunas y balcones y los Reyes dirigían su mirada atenta desde el lateral derecho del presbiterio. León XIV, revestido de dorado, incensaba entonces el altar y el aroma de su presencia embriagaba la ciudad entera. El Santo Padre presidía la Eucaristía en el centro mismo de Barcelona.

Cualquier análisis periodístico queda estéril en comparación con la breve oración del acto penitencial, que resumía toda la miga del encuentro: «Queridos hermanos: estamos aquí reunidos para celebrar con alegría la eucaristía, que nos hace familiares de Dios y santos por vocación, y para inaugurar la nueva torre de esta basílica, coronada por la cruz, que, como la escalera de Jacob, une el cielo y la tierra para alabanza y gloria de Dios. Reconozcamos que somos pecadores e invoquemos con confianza la misericordia de Dios». Hoy en la Sagrada Familia, en fin, se vivía la religión, ese ‘relegare’ que une milagrosamente lo humano y lo divino.

Bdc7e680 6668 46c2 897e E8e23523fca7  Kr 5618

Fotografía: Kike Rincón (Europa Press)

Haciendo gala de su capacidad políglota, el propio León XIV ha entonado el Gloria, en perfecto latín, con un torrente de voz. Miles de personas seguían su canto animadamente. Y como esos novios que escogen las lecturas de su boda, con aquello de «el amor es paciente» o lo de «no es bueno que el hombre esté solo», el equipo de ceremonieros pontificios ha escogido unas lecturas que hablaban con precisión para la celebración de esta tarde. Es el dardo atravesando el corazón ardiente, escudo del Papa y acaso lluvia fina que todo lo empapa en esta visita. En este centenario, primera visita de León XIV a Barcelona como pontífice, se ha leído el Apocalipsis, sumando simbología a la amalgama de detalles: «He aquí la morada de Dios entre los hombres, y morará entre ellos, y ellos serán su pueblo, y el “Dios con ellos” será su Dios».

Bendecir su morada ha sido, por tanto, la celebración de una certeza: Dios estaba aquí entre nosotros, con tanta gente reunida en su nombre (y suponemos, mirando las primeras bancadas, que también un puñado en su contra). El salmo, cantado por un chico de la Escolanía de Montserrat, daba gloria a Dios por esta magnífica humanidad que permitió a Gaudí proyectar en piedra el ideal de una vida: «Lo coronaste de gloria y dignidad; le diste el mando sobre las obras de tus manos», cantaba el escolano.

A eso de las 20:19hs se diluía silenciosamente la expectación ante la homilía de León XIV. ¿Qué diría el Santo Padre ante esta improvisada canonización del arquitecto? Lo cierto es que el Papa ha pronunciado una preciosa catequesis sobre la construcción de la Basílica. Hay que tener una mirada de eternidad para siquiera insinuar que cien años no son nada, y que tanta euforia quedaría hueca si la bendición de esta Torre de Jesucristo supone el punto y final. Pero es que León XIV posee esa mirada. La construcción, ha explicado, sigue viva en cada uno de nosotros.

68150789 6d15 485b 8a8f 8e5adfb68d5e  Kr 5584

Fotografía: Kike Rincón (Europa Press)

«La Sagrada Familia es un templo que nos constituye en una familia amada por el Señor, alimentada por su propia vida en la Eucaristía. Así es como la Ciudad Condal y toda Cataluña se reúnen en este templo, signo también de unidad y de concordia, y alzan su mirada para encontrarse con el rostro de Dios Padre, resplandeciente en su Hijo hecho hombre, Jesucristo», ha comenzado diciendo.

Tirando del hilo con la misma idea poderosa –que a esta basílica le quedan todavía, por lo menos, otros cien años–, ha predicado: «Todos nosotros somos las piedras vivas de esta obra, que tiene a Cristo como fundamento y culmen, principio y fin. Mucho más que un monumento, la Basílica de la Sagrada Familia sigue siendo hoy una obra en construcción, que nos recuerda cómo la vida cristiana es siempre un camino, porque se trata de un proyecto que Dios lleva a cabo. No habitamos, pues, una obra inacabada, sino un templo aún en construcción. Su imperfección no  es un defecto, porque da testimonio de un deseo; no significa una carencia, sino que expresa una promesa que queremos honrar con coherencia. Nuestra gratitud se convierte entonces en compromiso, al tiempo que cooperamos en el proyecto de Dios, es decir, en la construcción a la que Él mismo nos llama».

¿Quién es entonces el constructor? ¿Quién el construido? En sus palabras, León XIV ha insinuado que no fue Gaudí quien alzó este templo para el Señor, sino Dios quien alzo el templo del alma para Gaudí: «Es Dios, en cambio, quien nos da un lugar, y el lugar que nos regala es su propio corazón: el lugar del Hijo, para nosotros que éramos extraños; el lugar del Amado, para nosotros que somos pecadores». Pero nuestra naturaleza de pecado es precisamente la que nos invita a alzar la mirada: «Queridos hermanos, no podemos creer en Jesús y promover la guerra. No podemos creer en Jesús y matar al inocente. No podemos creer en Jesús y abandonar a quien sufre, a quien llora, a quien huye de la miseria».

36e04c86 691b 43d1 Bea4 79eeaffeb633  Kr 5602

Fotografía: Kike Rincón (Europa Press)

Durante su larga homilía, que ha jugado con ese bilingüismo suyo barnizado por el acento americano, el Santo Padre ha tenido unas últimas palabras para la Torre de Jesucristo y para su formidable inventor: «Recordemos, pues, que la Cruz de Cristo, que corona esta basílica, es la Cru de los últimos que se vuelven los primeros, de los pecadores que se vuelven santos, de los muertos que resucitarán». Y seguía: «Al admirar la torre de Jesucristo, alzamos la mirada hacia Él, hacia Aquel que sólo nos revela la verdad de Dios y la verdad de nosotros mismos».

Una última referencia a Gaudí ha rematado su homilía: «Creado a su imagen, el hombre responde a la obra de Dios con su propio ingenio: así es como el artista convierte el talento en alabanza y la creatividad en testimonio del mismo Creador. Como arquitecto ardiente de fe, el venerable Antoni Gaudí concibió estos espacios con el deseo de narrar los misterios de la vida del Señor: de este modo nos ha propuesto una peregrinación espiritual, que conduce al encuentro con Cristo nacido, muerto y resucitado por nosotros. Junto con Gaudí, de quien conmemoramos el centenario de su muerte, recordamos y damos las gracias esta tarde a todos los promotores y benefactores, a los artistas y a los trabajadores que cooperan en la construcción de una obra maestra arquitectónica, que es también una elocuente catequesis hecha de piedras, colores y luz».

Después de la homilía y las peticiones –qué acertada ha estado Barcelona, sin estridencias modernas ni súplicas inexplicables: por la Iglesia, por el Papa, por los gobernantes, por los que sufren, por la paz, y por nosotros–, la numerosa coral ha entonado ‘Verleih uns Frieden Gnädiglich’ de Mendelssohn. Nada es casualidad, decíamos. La música ha sido otro bosque de matices, otra sinfonía de diversidades dentro del rico espectáculo en torno a la figura del arquitecto catalán. Del canto gregoriano –‘Jesu dulcis memoria’–, al ‘Ave Verum’ de Elgar, pasando por el ‘Oh, cel blau’ de Millet o el ‘Virolai a la Mare de Déu de Montserrat’, que ha sonado en cada evento de la etapa catalana. Un juego de composiciones que levantaba el fervor de esta Iglesia que peregrina en Barcelona.

Si bien la Santa Misa ha estado repleta de momentos emocionantes, sobre las 20:57hs tenía lugar una doxología para la historia, que el Papa ha entonado con fiereza. Cientos de sacerdotes extendían sus manos para ofrecer, de nuevo hacia lo alto, este sacrificio siempre antiguo y siempre nuevo. La comunión se ha prolongado durante diez minutos largos mientras los cantos ambientaban el silencio de la oración. Una coreografía de movimientos estudiados ha hecho que miles de personas comulguen, pero no así en la tribuna de prensa. ¿Acaso no se puede tener fe y garabatear notas a vuelapluma al mismo tiempo?

762b5ca4 851e 4c11 A677 28a19f852765  Kr 5619

Fotografía: Kike Rincón (Europa Press)

Entonces el cardenal Omella ha dirigido unas palabras finales en agradecimiento por la visita del Santo Padre: «No queremos ser agoreros de desastres sino sembradores de esperanza. La torre de Jesucristo que usted, Santo Padre, va a bendecir, gran emblema de esta ciudad olímpica, nos anima a alzar la mirada hacia la luz que proyecta esta torre coronada por la cruz de Jesucristo». Una afectuosa despedida a la que León XIV ha respondido con el regalo de un cáliz para la diócesis de Barcelona.

Hora y media después del comienzo de la celebración, el Santo Padre ha dado su bendición final: «Tú, que iluminaste a tu siervo Antoni Gaudí para dejar las realidades de este mundo y buscar las del cielo, concédenos edificar en medio de los hombres la nueva Jerusalén de tu Reino. Por Jesucristo, nuestro Señor». Un amén rotundo ha unificado a todos los presentes, al tiempo que se atenuaban las luces del interior y los escolanos de Montserrat salían con velas. Su entonación de ‘Sanctus’ daba comienzo a la traca final de la bendición.

Es, ay, la tensión fecunda de la Iglesia en España. El momento de mayor recogimiento se ha fundido con los minutos de mayor alboroto. Una de cal y otra de arena, estoy es, una de silencio y otra de puro ruido. Ante la fachada iluminada por los focos y, sobre todo, por los rostros de la Escolanía de Montserrat –protagonistas musicales del itinerario barcelonés–, se ha despegado un espectáculo de música, luces y fuegos artificiales. Pero nada como la luz de una mirada. Era la de León XIV, sentado frente a la facha principal del templo. Era la de los 4000 fieles del interior y los 5000 peregrinos congregados en las afueras. La sensación compartida ha sido la de pura sorpresa. Sorpresa mayúscula. Con el ‘Hosana in exelcis Deo’ se ha hecho la luz.

E21ef037 5109 4e09 8753 3ac2ddb4efa0 Mq A06572

Fotografía: Manuel Queimadelos

El aplauso ha sido ensordecedor en dos momentos finales: primero, la Cruz quedaba iluminada por completo, cumpliendo aquel deseo de Gaudí: «La cruz será de cristal; de día reflejará la luz del sol y por la noche, mediante potentes focos, proyectará haces de luz sobre la ciudad». Y, por último, un espectáculo de drones que dibujaba en el firmamento la silueta de Gaudí. El estallido de aplausos se ha rematado con la frase «Primer l’amor. Després la tècnica», en una coreografía de drones coloridos.

Quizás hacía falta que pasaran cien años para comprender a qué se refería todo. Por qué soñó Gaudí esta locura. Por qué erigió hacia el cielo un templo imposible. Quizás hacía falta la perspectiva de un siglo, incluso, para comprender la actualidad del mensaje del Papa. Sólo ahora, con la Torre de Jesucristo encendida, terminamos de entender el mandato de estos días: alzad la mirada. Barcelona por fin la ha alzado. ¡Déu meu, Déu meu! Amén.

El Papa pide dejar “las corazas que han endurecido poco a poco el corazón” a los pies de la Virgen

El Papa pide dejar “las corazas que han endurecido poco a poco el corazón” a los pies de la Virgen

El Santo Padre León XIV ha participado en la Abadía de Nuestra Señora de Montserrat en un acto central de oración con motivo de la conmemoración del milenario del monasterio, en un encuentro marcado por la dimensión espiritual, litúrgica y simbólica del lugar. Entre las autoridades civiles que han acompañado al Santo Padre, están el presidente de la Generalitat, Salvador Illa; y Óscar Puente, ministro de Transporte junto a la ministra de Igualdad.

El Papa reza ante la Virgen de Montserrat, patrona de Cataluña, en un acto central del milenario del monasterio.

La celebración ha reunido a la comunidad benedictina, autoridades eclesiásticas y miles de fieles en uno de los actos más destacados del milenario de la Abadía.

La celebración integró oración mariana y tradición litúrgica en uno de los enclaves religiosos más emblemáticos del mundo, con la escolanía más antigua de Europa. 

Fotografía: Dr. G. SIMON

Montserrat, 10 de junio de 2026.- El Santo Padre León XIV ha participado en la Abadía de Nuestra Señora de Montserrat en un acto central de oración con motivo de la conmemoración del milenario del monasterio, en un encuentro marcado por la dimensión espiritual, litúrgica y simbólica del lugar. Entre las autoridades civiles que han acompañado al Santo Padre, están el presidente de la Generalitat, Salvador Illa; y Óscar Puente, ministro de Transporte junto a la ministra de Igualdad.

El Papa León XIV ha señalado: “Estoy contento de poder venir a los pies de la Moreneta para encomendarle, lleno de confianza en su intercesión maternal, mi servicio petrino y la misión de la Iglesia en el mundo que clama pidiendo justicia y paz.  Los muros de este recinto podrían narrarnos las innumerables historias de devoción, gratitud y esperanza que han contemplado a lo largo de los siglos en torno a la Mare de Déu de Montserrat y también han sido testigos de la sangre derramada por amor a Jesucristo. Así mismo en ellos han quedado custodiadas las alegrías y las penas, los gozos y las lágrimas de tantos fieles, y han escuchado también las voces celestiales del canto infantil de la Escolanía más antigua de Europa”.

La celebración ha comenzado con León XIV rezando en la capilla del Santísimo, ante el Cristo del escultor Josep Maria Subirats, en un momento de recogimiento que ha subrayado el carácter contemplativo de la visita del Santo Padre. Posteriormente, ha tenido lugar la bienvenida por parte del Obispo de Sant Feliu de Llobregat, Xavier Gómez, y las palabras del Abad de Montserrat, Manel Gasch, quienes han destacado el significado histórico y espiritual de esta visita en el contexto de los mil años de vida de la comunidad benedictina. 

El obispo ha agradecido al Santo Padre su visita y la alegría de “recibirle en la santa montaña de Montserrat, donde el pueblo catalán y tantos peregrinos suben a encontrarse con el Señor Jesús bajo la mirada de la Moreneta”. El abad ha resaltado que esta visita es “ya es una de las peregrinaciones más importantes de nuestra historia.” Posteriormente el Santo Padre ha presidido el rezo del Rosario junto a la comunidad religiosa y a los miles de fieles presentes en el interior y en el exterior, en un clima de oración compartida. 

Tras el rezo del Rosario, la celebración ha concluido con el canto del Salve Regina y la interpretación del tradicional himno “Virolai”, expresión profundamente arraigada en la devoción popular a la Virgen de Montserrat, por parte de la Escolanía. Finalmente, el Santo Padre ha realizado la veneración de la Virgen de Montserrat en el camarín, en un momento de especial intensidad simbólica y devocional.

León XIV ha recordado en este acto el hecho de que “el Papa Francisco, en el 2023 ofreció la rosa de oro a esta venerada imagen, nos invitaba a considerar cómo, durante cientos de años, los fieles, sin distinción, han pasado por este Santuario desgranando las cuentas del rosario, porque María, Mare de Déu, es fundamental en la vida de todo cristiano”. Con motivo de ese reconocimiento, el Papa Francisco señaló «delante de la Madre se despiertan los sentimientos más nobles de una persona». 

El Papa ha animado a dejar a los pies de la Virgen “las corazas que han endurecido poco a poco el corazón”. León XIV ha terminado su intervención, rezando en catalán esta oración: “Que María, Madre de la Iglesia, nos oriente siempre hacia Jesús. Os invito a honrarla con estas palabras: De los catalanes siempre seréis la Princesa, de los españoles y del mundo todo el amor; decidnos: “Sois mi tesoro, yo soy vuestra madre, no temáis” Que así sea.”

Tras este emotivo acto en Montserrat, el Papa bendijo a todos los fieles reunidos en el exterior, desde el balcón de la Plaza de Santa María. Está previsto que el Santo Padre coma junto a la comunidad de benedictinos de la abadía. 

Posteriormente, a las 16.30 h. tendrá un encuentro con las realidades de caridad y asistencia de la diócesis. Y a las 19.30 horas tendrá lugar, el momento más esperado de la etapa catalana, la santa Misa en la Sagrada Familia y la bendición de la Torre de Jesucristo de la iglesia más alta del mundo.

El Papa en Barcelona: Ser testigos y profetas de unidad, acogida, concordia y paz

El Papa en Barcelona: Ser testigos y profetas de unidad, acogida, concordia y paz

El primer encuentro del León XIV en Barcelona ha tenido lugar en la catedral de la Santa Cruz y de Santa Eulalia para la oración de la Hora Media. En su homilía, el Pontífice recordó que, en la riqueza de los dones recibidos, somos fuertes porque estamos unidos, y estamos unidos porque estamos animados por el mismo Espíritu. Asimismo, exhortó a no permitir que nada destruya la unidad en la que Dios nos ha constituido y hacia cuya plenitud nos conduce día tras día.

Rocio Lancho García – Ciudad del Vaticano

El Papa León XIV ha llegado a Barcelona procedente de Madrid este martes 9 de junio, iniciando así la segunda etapa de su viaje a España. A su llegada al aeropuerto de El Prat, el Santo Padre fue recibido por algunos representantes de la Generalitat de Catalunya. Desde allí se ha trasladado en coche hasta la catedral de Barcelona, para la oración de la Hora Media.

Al llegar a la catedral de la Santa Cruz y Santa Eulalia, el Papa fue recibido por el arzobispo metropolitano de Barcelona, el cardenal Juan José Omella Omella. Posteriormente entró en una de las capillas para un momento de oración delante de Santísimo Sacramento y, sucesivamente, recorrió la nave central. Tras unas palabras de bienvenida del cardenal Omella, el Santo Padre pronunció  su homilía, en la que leyó algunos fragmentos en catalán.   

Hogar amplio y abierto a la fraternidad cristiana

Haciendo referencia a la lectura proclamada, León XIV reflexionó sobre dos imágenes: la Esposa y el Cuerpo. La primera, explicó el Papa, nos recuerda que la Iglesia, y en particular esta asamblea, rica de dones y carismas y de la variedad de las historias de cada uno, es ante todo una Esposa amada.

“Dios os ha querido aquí, porque ama en vosotros y en vuestro estar juntos una belleza y una bondad únicas y sagradas”, aseguró a los presentes. Asimismo, subrayó que la Iglesia “es fruto de un acto de amor que la precede y que viene de Dios” y, ante todo, “crece dejándose amar por Él, unida, con corazón humilde y agradecido, porque sólo quien se deja amar por Dios puede construir, con los demás, las obras del amor”.

Haciendo referencia a unas palabras que el Papa Francisco dedicó a esta comunidad diocesana, León XIV explicó que el “clima que estamos llamados a difundir en nuestros ambientes” debe ser “un clima de familia, en el que se vive juntos, conscientes de la filiación y de la llamada común, solidarios, abiertos, capaces de misericordia, de sacrificio, de atención recíproca, de perdón”. También evocó unas palabras de su predecesor Juan Pablo II durante su visita a esta ciudad en 1982, cuando animó a “proclamar ante la Iglesia que esta ciudad y esta región son un hogar amplio y abierto a la fraternidad cristiana”. En sus palabras – prosiguió el Papa – encuentran un lugar los rostros de tantos hermanos y hermanas que entre vosotros se han entregado y se entregan para construir armonía y comunión, más allá de toda polarización. Según afirmó León XIV, estas personas hoy se ven confirmadas en la vitalidad de las numerosas obras de anuncio, de formación y de caridad de las que todos vosotros sois animadores y protagonistas.

Oración de la Hora Media en la Catedral de la Santa Cruz y Santa Eulalia

Oración de la Hora Media en la Catedral de la Santa Cruz y Santa Eulalia   (@Vatican Media)

En la riqueza de los dones recibidos somos fuertes

En segundo lugar, el Papa profundizó sobre el Cuerpo: “Si Cristo es el Esposo que nos amó primero, Él es también la Cabeza a la que estamos unidos como miembros de un único organismo, unos al servicio de otros”, “todos animados por la acción del mismo Espíritu, todos llamados a la misma santidad”. El Papa destacó la importancia de este aspecto porque “nos recuerda que para nosotros trabajar juntos no es una elección de ‘estilo’, sino una necesidad fisiológica”, y a la que “correspondemos poniendo en juego los carismas recibidos en el respeto de los ministerios confiados”. Es el Espíritu quien, “nos impulsa no sólo a entregarnos sin reservas allí donde la Providencia nos llama, sino a hacerlo según los designios de Dios, en la obediencia y en la confianza”, indicó el Pontífice.

En esta misma línea reflexionó sobre la “variedad y la importancia de los roles y de las misiones que encontramos entre nosotros”, asegurando que el mensaje es siempre el mismo: “en la riqueza de los dones recibidos, somos fuertes porque estamos unidos, y estamos unidos porque estamos animados por el mismo Espíritu”. Por ello, León XIV advirtió de la importancia de “no permitir que nada destruya la unidad en la que Dios nos ha constituido y hacia cuya plenitud nos conduce día tras día”.

Testigos y profetas de unidad

En un mundo desgarrado por guerras y divisiones, y en una sociedad cada vez más fragmentada e individualista, el Papa invitó a ser “mártires”, es decir, “testigos y profetas de unidad, de acogida, de concordia y de paz, incluso a costa de sacrificios y renuncias”. Queremos responder nuestros ‘sí’, – afirmó el Pontífice – dispuestos, en lo que sea necesario, a morir a nosotros mismos, a perdernos para reencontrarnos, a renunciar a lo superfluo para construir sobre lo que es esencial y dura para siempre.

Para concluir su intervención, el Obispo de Roma recordó las palabras de Jesús en la Última Cena: “Yo en ellos, y tú en mí, para que sean completamente uno, de modo que el mundo sepa que tú me has enviado y que los has amado a ellos como me has amado a mí”.

Al finalizar, el Papa fue a la cripta para un momento de oración delante de la tumba de santa Eulalia. Después salió a la calle e improvisó un saludo a la multitud que le esperaba. Sucesivamente, acude a la Casa Arzobispal donde comerá y se reunirá de forma privada con el presidente de la Generalitat de Catalunya, Salvador Illa i Roca, y a los miembros de la Orden Agustina.

El Papa a la Comunidad diocesana: La bondad de pocos puede vencer el miedo de muchos

El Papa a la Comunidad diocesana: La bondad de pocos puede vencer el miedo de muchos

La tarde de este lunes, 8 de junio, el Papa León XIV encontró a la Comunidad diocesana de Madrid, en el Estadio Santiago Bernabéu. A los representantes de esta Iglesia particular, el Pontífice les recordó que, “hay que volver a aprender el arte espiritual de ser cordiales, sin el cual incluso el anuncio del Evangelio corre el riesgo de convertirse en una repetición impersonal y, al perder eficacia, deja espacio a la frustración y la desconfianza”.

Renato Martinez – Ciudad del Vaticano

“La bondad, aunque sea de unos pocos, puede vencer el miedo de muchos. Sed, para todos, como una Biblia abierta: que en vuestros rostros y en vuestra vida se pueda encontrar la Palabra de Dios. El amor, efectivamente, es el lenguaje que hace que todos se sientan como en casa”, este fue el aliento del Papa León XIV a los participantes en el Encuentro con la Comunidad diocesana de la capital española, a quienes encontró este lunes, 8 de junio, en el Estadio Santiago Bernabéu, de Madrid, España.

El arte de la polifonía, la unidad en la diversidad

Tras haber escuchado los testimonios de los representantes de las diferentes realidades de la Iglesia madrileña, el Santo Padre manifestó su alegría de poder unir su voz a este gran himno de fe, a la de una familia eclesial que está aprendiendo el arte de la polifonía, es decir, de la unidad en la diversidad. Y comentando las palabras que le dirigió el Arzobispo de Madrid, el Papa dijo que, “los números, los datos y los hechos no son suficientes para generar comunidad”.

“Nuestro corazón necesita cantar, es decir, interpretar los acontecimientos y las situaciones celebrando con los demás el sentido que irradian. Para la Iglesia, esto ocurre de manera singular en la liturgia, el gran Memorial de la historia que nos ha salvado”.

Ingreso del Papa al estadio Santiago Bernabéu

Ingreso del Papa al estadio Santiago Bernabéu   (@Vatican Media)

También hoy el amor de Cristo nos apremia

En este sentido, el Papa León señaló que, el canto es una expresión esencial de la vida y la cultura cristiana, capaz de transmitir tanto alegría como esperanza en medio de las dificultades. Por ello, la Iglesia diocesana está llamada a ser testigo del Evangelio en diversos ámbitos de la sociedad, acompañando a las personas en su búsqueda de nuevas oportunidades. De ahí que el Pontífice indicó que, la alegría cristiana no es una emoción pasajera, sino una actitud profunda y permanente que fortalece a la comunidad y refleja el mensaje de los apóstoles, quienes invitan constantemente a vivir con alegría.

“Es la Evangelii gaudium, una respuesta coral a la obra de Dios en Jesucristo: su vida, muerte y resurrección han cambiado para siempre la percepción de la historia de quienes lo han encontrado y seguido, aunque sea de formas y por caminos diferentes. También hoy el amor de Cristo nos apremia (cf. 2 Co 5,14) —el verbo que utiliza san Pablo, synèchei, significa además ‘nos cautiva’, ‘nos mantiene unidos’, ‘nos posee’— y así nos llama a la responsabilidad de la acción”.

El Bautismo cambia verdaderamente la vida

Y al referirse a uno de los testimonios, el Santo Padre indicó que, el Bautismo transforma profundamente la vida de las personas al centrar sus valores, prioridades y acciones en Cristo. Gracias a este sacramento, los dones y capacidades individuales dejan de orientarse únicamente al beneficio personal y pasan a ponerse al servicio de los demás y del bien común. No hay que temer el hecho de que nunca produzca uniformidad.

“Al respecto, el Nuevo Testamento da testimonio, en la variedad de sus voces, de la comunión en la diversidad, es decir, de la comprensión que desapareció en Babel, donde todos, según el relato bíblico, obligados a un proyecto totalitario y meramente humano, terminaron por no entender a su prójimo”.

El saludo del Papa a los fieles de Madrid

El saludo del Papa a los fieles de Madrid   (@Vatican Media)

En la pluralidad de voces existe la posibilidad de edificar juntos

Y al citar el numeral 10 de la Encíclica Magnifica humanitas, el Papa León propone como alternativa a la homologación y confusión, la figura de Nehemías, que involucra a toda la comunidad para reconstruir los muros de Jerusalén.

«Hoy, reconstruir significa reconocer que, en la pluralidad de voces y visiones que a veces recuerda la dispersión de las lenguas, existe, sin embargo, una posibilidad luminosa: la de edificar juntos, transformando la diversidad en un recurso y haciendo de la escucha y del diálogo el terreno común en el cual hacer crecer la justicia y la fraternidad. Y, en esta obra compartida, los cristianos encuentran su propia forma de construir: orientar la acción hacia Dios, para que, bajo su luz, el pluralismo no se disperse en el desorden, sino que, en la práctica de la sinodalidad, se convierta en el espacio en el que la humanidad recupere sus cimientos sólidos y su fin último».

Una relación especial entre la Iglesia y la ciudad

Por ello, el Santo Padre subrayó que, existe una relación especial entre la Iglesia y la ciudad, que se vuelve más importante en los tiempos de cambio. Esta relación se manifiesta tanto en los vínculos personales y comunitarios como en la presencia de asociaciones e instituciones. En las grandes ciudades, la misión cristiana adquiere características propias al desarrollarse en medio de una cultura urbana nueva y en constante evolución.

“La claridad sobre este punto ha madurado mucho a lo largo del camino sinodal, lo que nos ha permitido conocernos y escucharnos con mayor profundidad en los contextos en los que la comunidad diocesana vive y se configura. La pregunta que se vuelve más importante es: lo que somos y hacemos como cristianos, ¿llega «allí donde se gestan los nuevos relatos y paradigmas», o sea, a los «núcleos más profundos del alma de las ciudades» (ibíd. 74). Es cierto que dar una respuesta puede ser difícil, pero es posible si buscamos juntos la verdad”.

Hay que cultivar la conciencia de que la verdad es sinfónica

De ahí que el Pontífice recuerda que, para llegar al corazón de la ciudad hay que cultivar la conciencia de que la verdad es sinfónica y siempre nos supera, cultivar el deseo de encontrar al Resucitado, que siempre va por delante de nosotros, nos precede y tal vez ya esté presente donde aún no lo hemos buscado. Por eso, buscarlo y seguirlo es la condición para indicarlo: de lo contrario, no hay evangelización, y hoy podemos entender esto mejor que en el pasado.

“En las grandes ciudades, más que en otros lugares, a veces nos parece que ya no tenemos los mapas para movernos con seguridad. Entonces hay que volver a aprender el arte espiritual de ser cordiales, sin el cual incluso el anuncio del Evangelio corre el riesgo de convertirse en una repetición impersonal y, al perder eficacia, deja espacio a la frustración y la desconfianza”.

Dios conoce uno a uno los corazones de sus habitantes

Asimismo, el Papa León XIV señaló que, Madrid es una gran ciudad donde conviven tradiciones y “almas” diferentes. Dios conoce uno a uno los corazones de sus habitantes. Los conoce como sólo Él sabe y puede hacerlo, es decir, en el amor y, por tanto, en la libertad. Él es misericordia infinita y quiere que todos se salven. Lo desea hasta el punto de hacerse carne y cargar sobre sí todo el pecado, el mal y lo negativo del mundo. ¡He aquí a Jesucristo! ¡He aquí la Buena Nueva, la gracia que hemos recibido y que estamos llamados a compartir con todos! Porque todos, sin excepción, están hechos para la vida y para la vida en plenitud.

“La presencia de la Iglesia en una gran ciudad es una parábola de este misterio de salvación. Me viene a la mente el libro de Jonás, una joya de la Biblia que os invito a leer o a releer, personalmente y en comunidad. No es fortuito que fuera precisamente en las ciudades donde los apóstoles implantaron la Iglesia naciente, encontrándose no sólo con el rechazo, sino también con la acogida allí donde, de forma más natural, las personas se enfrentan a la diversidad y al cambio”.

¡Nada os turbe, nada os espante!

Juntos, como Iglesia diocesana, afirmó el Pontífice, podemos ofrecer el testimonio evangélico que desata las mejores fuerzas de una humanidad bombardeada de imágenes y palabras, pero hambrienta de justicia y sedienta de verdad. Disponeos a acoger los nuevos comienzos no como una excepción, sino como la regla de la misión.

“La inversión en los consejos parroquiales y diocesanos no tiene un objetivo menor que este: modificar la sensibilidad de cada uno gracias a una escucha más profunda de lo que el Espíritu dice a la Iglesia. Sería una lástima reducirlos a meros trámites burocráticos. Son espacios de escucha recíproca para el ejercicio del discernimiento, sin el cual no sólo cada uno va por su camino, sino que corremos el riesgo de no comprender dónde nos quiere el Señor, qué espera de nosotros, a qué conversiones nos llama. Cuando atendemos estos espacios, entonces el culto se convierte en vida y entre las personas surgen lazos de fraternidad y proyectos de solidaridad”.

Reconocer la práctica del discernimiento comunitario

De ahí, que el Santo Padre invitó a los presbíteros a reconocer la práctica del discernimiento comunitario como una de las mayores oportunidades que la sinodalidad ofrece a su ministerio. Y sin apartarse de lo esencial, el hecho de deteneros regularmente con vuestro pueblo para interpretar la vida de los barrios, los cambios culturales, las tensiones sociales y las prácticas eclesiales a la luz del Evangelio enriquecerá y consolará vuestro ministerio. También ayudará a salir del aislamiento y a experimentar la alegría del Espíritu Santo.

“En efecto, cuando reducimos la vida eclesial a una rutina en la que cada uno permanece encerrado en sus hábitos y en su papel, lo que nos falta es el Espíritu. Éste suscita vocaciones y las une, provocando a veces agitación, discusión, búsqueda de nuevos equilibrios. No os espantéis de todo esto, disfrutadlo”.

El ritmo contagio del Evangelio

Las anécdotas que hemos escuchado esta noche, dijo el Papa León XIV, nos cuentan, o mejor dicho “nos cantan”, cuánta vida hay en esta Iglesia. Y recordando algunos de los testimonios de la comunidad diocesana, el Pontífice indico que esta es la Iglesia, con su ritmo contagioso del Evangelio.

“¡He aquí la Iglesia, queridos hermanos y hermanas! He aquí la música del Evangelio, con su ritmo contagioso. Cuando llega al corazón, hace que uno diga haberse sentido acogido con los brazos abiertos, como la hermana que vino desde Perú a Madrid. Muchos, como ella y su familia, al comienzo sienten temor a acercarse, pues han oído hablar de prejuicios y decepciones”.

El Papa León XIV homenajea a la Virgen de la Almudena: “Para edificar algo nuevo hay que destruir los muros”

El Papa León XIV homenajea a la Virgen de la Almudena: “Para edificar algo nuevo hay que destruir los muros”

El Santo Padre animó a ser “constructores de vínculos que restauren el lenguaje universal de la comunión, el amor fraterno y la concordia”.

Madrid, 8 de junio de 2026. El Santo Padre, León XIV, ha presidido esta tarde en la Catedral de Santa María la Real de la Almudena un encuentro de oración y homenaje a la patrona de Madrid, uno de los momentos de mayor significado espiritual de su visita pastoral a la capital.

Tras el saludo inicial del cardenal José Cobo, arzobispo de Madrid, tuvo lugar la proclamación del Evangelio, que dio paso al saludo del Santo Padre, en el que expresó su cercanía a los fieles:  “Os saludo con afecto a todos vosotros, hermanos y hermanas que, con alegría y fervor, os unís hoy al homenaje a Nuestra Señora de la Almudena, Madre y Protectora de esta Archidiócesis”.

En su intervención, León XIV subrayó el sentido del gesto central que iba a realizar: la entrega de la Rosa de Oro, definida como “símbolo del filial amor del Papa a la Virgen María”.

Derribar los muros para construir comunión

El Papa evocó la tradición histórica de la Virgen de la Almudena, recordando su ocultamiento en la muralla y su posterior hallazgo como signo de esperanza. A partir de esta imagen, invitó a reflexionar sobre los “muros” que siguen dividiendo a las personas y las sociedades.

“Para edificar algo nuevo, hermoso y duradero hay que estar dispuestos a destruir los muros”, afirmó, exhortando a los fieles a no conformarse con mantener las divisiones, sino a superarlas. En este sentido, animó a ser “constructores de vínculos que restauren el lenguaje universal de la comunión, el amor fraterno y la concordia”.

Una celebración de oración y tradición mariana

El encuentro, celebrado a partir de las 18:00 horas, se desarrolló en un clima de recogimiento, con la participación de fieles, seminaristas y familias, que rezaron el Rosario por las intenciones del Papa.

El Santo Padre fue recibido por el cardenal José Cobo y el Cabildo Catedralicio, junto a obispos y representantes de la Archidiócesis de Madrid.

Entre las autoridades presentes destacaron Su Majestad la Reina Sofía, la presidenta de la Comunidad de Madrid, Isabel Díaz Ayuso, el alcalde de Madrid, José Luis Martínez-Almeida, y la ministra de Inclusión, junto a otros representantes institucionales.

Ofrenda, Rosa de Oro y oración a la Virgen

El momento central tuvo lugar ante la imagen de la Virgen de la Almudena, donde el Papa realizó la ofrenda floral y la entrega de la Rosa de Oro, uno de los gestos más antiguos y simbólicos del pontificado, que expresa la devoción del Papa hacia la Virgen. Tras este gesto, se interpretó el himno, seguido de la oración a la Virgen de la Almudena, en un ambiente de profundo recogimiento.

Durante la oración, el Santo Padre encomendó a la patrona de Madrid las comunidades cristianas de España, las familias, los jóvenes, las vocaciones y los frutos de su visita pastoral.

Un signo de esperanza para las vocaciones

La presencia de numerosos seminaristas y sus familias subrayó la dimensión vocacional del encuentro. El Papa recordó que el Señor “camina con su Pueblo, escucha sus temores y acoge todos sus esfuerzos de bien”, animando a vivir la vocación desde la entrega y la esperanza.

Asimismo, insistió en que en las sociedades actuales “siguen existiendo muchas murallas que no protegen, sino que dividen”, invitando a superarlas con valentía para abrir nuevos horizontes.

Bendición final y continuidad de la visita

La celebración concluyó con la bendición apostólica impartida por el Santo Padre, que invitó a los presentes a continuar viviendo estos días con espíritu de oración, esperanza y comunión.

Con este gesto -la colocación de la Rosa de Oro a los pies de la Virgen-, la visita pastoral del Papa León XIV ha vivido uno de sus momentos más significativos en Madrid.

León XIV sobrecoge a Madrid en la Misa del Corpus: «Que vuestra religiosidad no sea un museo del pasado»

León XIV sobrecoge a Madrid en la Misa del Corpus: «Que vuestra religiosidad no sea un museo del pasado»

De Atocha a Nuevos Ministerios, de Castellana a Recoletos, de la Gran Vía a la Puerta de Alcalá. Tras una emocionante Vigilia de Jóvenes como preludio multitudinario de la presencia del Santo Padre en España, nadie ha querido perderse la celebración del Corpus Christi.

Texto: Pablo Mariñoso de Juana 

Fotografías: Marcos Nogales

Aunque la programación oficial hablaba de las 10:00hs de la mañana, y las previsiones ya vaticinaban un aluvión de personas desde las 7:00hs, antes de que saliera el sol los ejes centrales de Madrid, con todos sus nombres y apellidos, ya quedaban colapsados. De Atocha a Nuevos Ministerios, de Castellana a Recoletos, de la Gran Vía a la Puerta de Alcalá. Tras una emocionante Vigilia de Jóvenes como preludio multitudinario de la presencia del Santo Padre en España, nadie ha querido perderse la celebración del Corpus Christi.

Con el Palacio de Cibeles como retablo al aire libre, la coreografía se ha orquestado desde primera hora. Cada uno en su sitio y Dios en el de todos. Un ramillete de sacerdotes entraba por la calle Alcalá, con cierto aire de solemnidad, para ocupar la zona central de la plaza madrileña. Junto a la fuente que tantos títulos madridistas ha visto celebrar, la euforia blanca quedaba hoy teñida del negro sacerdotal. Pero no por ello menos euforia. De fondo, y durante casi treinta minutos, los ceremonieros pontificios que acompañan a León XIV se aseguraban del funcionamiento de la megafonía: «Proba, proba, proba. Uno, due, tre».

Whats App Image 2026 06 07 at 11.00.08

La marabunta no ha sido tal sólo en Cibeles, claro, sino en toda la capital. Jóvenes y familias, de todas las edades, avanzaban hacia los sectores con banderas, sillas, pancartas y demás atuendos. No hay grupo parroquial sin su gorra propia, ni pastoral universitaria sin una camiseta personalizada. Sobre el escenario, algunos voluntarios terminaban de rematar la decoración floral. Una poda por aquí, un tijeretazo por allá. Son miles de flores las que han coronado el imponente altar instalado frente a la sede municipal, bajo la silueta de un crucificado de estilo románico y un baldaquino de maderas. Madrid, presumida, se ha engalanado para la solemnidad eucarística, y nadie ha querido perderse la venida de León XIV. Era fácil ver, alzando la mirada, a algún ministro y demás políticos, a un nutrido grupo de rectores universitarios, a uno o tal expresidente, y hasta a un famoso entrenador de fútbol. Todos, todos, todos, que diría el Papa Francisco.

Pero en esta totalidad, la jornada ha contado con algunos protagonistas especiales. Entre otros muchos, las miles de familias madrileñas que ocupaban las primeras filas de la Santa Misa. O el sector de accesibilidad, situado en la puerta del Palacio de Linares, donde decenas de voluntarios han posibilitado la presencia de peregrinos con discapacidad. Esteban nos contaba: «Nuestra labor consiste en que disfruten y hacer realidad su ilusión de ver al Papa». O los niños y niñas que este año han hecho su Primera Comunión, y que esperaban disciplinadamente sentaditos antes de acompañar al Papa en el tramo de la procesión. Son los rostros concretos que componen el mapa de esperanza de la venida de León XIV. No en vano ha venido a verlos a ellos.

Whats App Image 2026 06 07 at 11.00.07

A eso de las 9:18hs las pantallas han cambiado los vídeos promocionales de la Visita por una imagen que rápidamente ha levantado a los fieles: el Papamóvil ya estaba en marcha. En su camino desde la Nunciatura Apostólica, donde ha descansado León XIV, hasta el altar de Cibeles, el Papa se ha desplazado en su particular cabalgata de aplausos y saludos. Con un Papamóvil abierto por los laterales, no ha dejado esquina sin recorrer ni sonrisa por derramar. Su gesto siempre lo dice todo, y España le ha esculpido una sonrisa permanente.

No ha sido hasta las 9:32hs que el Santo Padre ha irrumpido en la Plaza de Cibeles. Los miles de sacerdotes, rendidos ante la fiebre del madrileñismo, anunciaban su llegada revistiéndose de blanco. Alba blanca y estola blanca para recibir a un León XIV que también aparecía de un blanco inmaculado, sin la muceta roja que portó en su recorrido de ayer. Su paseo, de ida y vuelta, hacia arriba y hacia abajo, se ha prolongado más de tres kilómetros. España entera contenida en un recorrido de ilusiones, y los niños encaramados a las vallas como zaqueos. Cada uno buscando un sicómoro particular.

Whats App Image 2026 06 07 at 13.12.06

Tras recibir la llave de la ciudad de Madrid de manos del alcalde, José Luis Martínez Almeida, la comitiva del Papa se ha dirigido a la sacristía improvisada en el Palacio de Cibeles. Tras este acto, el Pontífice estampó su firma en el libro de honor de la ciudad y quiso dejar constancia de un deseo para el futuro de la capital. «Que Madrid siga siendo una ciudad acogedora e integradora, donde la vida en sociedad se inspire en los auténticos valores humanos», escribió León XIV en el libro de visitas. Y a las 10:02hs, tras afinar los instrumentos –la coral y la orquesta ya preparada–, subían la escalinata central los Reyes de España, acompañados de la Princesa Leonor y la infanta Sofía. Todo listo para comenzar la celebración de la Eucaristía, bajo un sol de solemnidad que pedía sombreros y abanicos. Llegaban entonces las primeras cifras de la Policía Nacional: más de 1.200.000 peregrinos congregados para la Santa Misa. «Pueblo de reyes, asamblea santa, pueblo sacerdotal».

Con la solemnidad propia del Corpus Christi, y de las celebraciones pontificias, y si me apuras hasta de la céntrica plaza madrileña, ha sido don José Cobo el encargado de dar la bienvenida al Santo Padre en la monición de entrada: «Le damos la bienvenida con alegría sincera y corazón agradecido. Hoy Cristo vuelve a reunir a su pueblo para alimentarlo con el pan de la vida». Desde entonces, la orquesta y el coro, formados por más de 400 voluntarios –entre ellos niños de las escolanías de El Escorial y de la Abadía de la Santa Cruz–, han puesto los acordes musicales a la Eucaristía.

Whats App Image 2026 06 07 at 11.00.19

Aunque todas las expectativas estaban puestas en la procesión del Corpus Christi –no suena mal: el Papa portando el Santísimo frente a la Gran Vía–, los cientos de miles de peregrinos han enmudecido durante la homilía de León XIV, que reconocía, en las primeras palabras de su intervención, tener «el corazón colmado de alegría»: «Aquí en Madrid, pero también en tantos otros lugares de España, el Corpus Christi no es una fiesta más del calendario litúrgico, sino un volver a las raíces de la fe para renovar el amor y la fidelidad a Dios». Una fidelidad que –todos lo hemos experimentado– en España se vive con especial riqueza: «La elegancia de las alfombras florales, de los altares en las calles, del cuidado de las custodias, de los cantos y los ornamentos». El Santo Padre parecía hacer, de alguna forma, un examen de conciencia en voz alta. Y todo estaba preparado como debía.

Marcos Nogales 6

Pero la procesión va siempre por dentro.  Así lo ha recordado León XIV: «No se trata únicamente de sacar la custodia, sino de dejarnos sacar nosotros mismos del egoísmo, de la indiferencia, de una fe cómoda y privada, para responder a su invitación a la conversión, a cambiar la mirada, a acoger su presencia que nos transforma y nos hace constructores de un mundo nuevo». Porque las procesiones están fenomenal, pero son las almas encendidas, las que se dejan transformar, las que procesionan por el mundo con mayor testimonio. «En la fidelidad silenciosa de quien acompaña al Señor con una amistad humilde y discreta que se alimenta día a día», ha rematado el Papa.

Y recordando a San Manuel González, obispo de los sagrarios abandonados, León XIV ha dirigido «una encomienda para la España de hoy y de mañana: que la religiosidad que desde hace siglos anima este país no sea un museo del pasado que visitar, sino una escuela de fe de la que beber también hoy». Conocedores de esta escuela son, precisamente, las decenas de seminaristas diocesanos que, al término de la homilía, entraban en el sector de los sacerdotes concelebrantes con grandes cajas de cartón: custodiaban dentro los más de 4000 copones fabricados para esta solemnidad del Corpus Christi. Quien los conoce, lo sabe.

Marcos Nogales 9

Aunque el calor madrileño ha apretado durante toda la mañana, la ceremonia se ha desarrollado con un inusitado recogimiento, que se ha hecho quizás aún más profundo en el momento de la Comunión. Las voces blancas del inmenso coro entonaban melodías eucarísticas mientras se desplegaba abajo, en el entramado de calles, sectores y accesos, un reparto imposible. El ánimo del millón de peregrinos, volcados con esta espiritualidad viva que crece y se afianza en España, ha hecho que comulgar sea un milagro, un milagro patente, también gracias a los miles de voluntarios y sus paraguas. El Santo Padre contó durante la celebración con estos miles de «monaguillos», casi todos voluntarios adolescentes, desplegados por toda la ciudad.

A las 11:30hs exactas ha comenzado a sonar el «Pange lingua», y la custodia con el Santísimo aparecía sobre el altar. Uno puede imaginar a Santo Tomás de Aquino componiendo en Orvieto, Italia, los compases que esta mañana entonaba la coral, pero uno nunca hubiese imaginado escucharlos precisamente en el Madrid de nuestro tiempo. Arrancaba así la procesión con el Santísimo Sacramento, que ha recorrido la glorieta de Cibeles en dirección Gran Vía. Precedido por los niños de la Diócesis de Madrid que han hecho la Primera Comunión hace apenas unas semanas, al igual que los sacerdotes diocesanos recién ordenados. Toda una suma de novedades escoltando una certeza tan antigua.

Whats App Image 2026 06 07 at 13.08.37

En esa tesitura comenzó a sonar «Nada te turbe, nada te espante», haciendo presente a Santa Teresa de Jesús con este precioso canon que todavía resuena, sobre todo, en nuestros corazones. Porque una de las primeras conclusiones compartidas por todos es precisamente esta: el recorrido con el Santísimo ha sido el momento de mayor emoción del día, probablemente del fin de semana y quizás hasta lo sea de todo el Viaje Apostólico. Un aplauso improvisado ha recorrido Madrid ante nuestra falta de palabras. León XIV sujetaba en sus manos la custodia y bajo un palio dorado ha recorrido con el Santísimo la principal arteria del centro de Madrid.

Whats App Image 2026 06 07 at 11.00.10

Pasadas las 12:10hs se ha reservado el Santísimo y León XIV, ante la antenta mirada de este amplio millón de peregrinos, se ha despedido con una gran sonrisa. La suya es la nuestra. En la memoria de Madrid queda grabado este 7 de junio como el día en que más de un millón de peregrinos, en la capital de España, experimentaron la cercanía de un pastor universal. La jornada en que el obispo de Roma se hizo, de alguna forma, obispo de Madrid.

León XIV preside la celebración del Corpus ante más de 1,5 millones de personas

León XIV preside la celebración del Corpus ante más de 1,5 millones de personas

Ante un Plaza de Cibeles repleta de fieles, que se extendían también por la calle de Alcalá y el eje Recoletos-Castellana, el Santo Padre ha celebrado la primera de las cuatro misas multitudinarias de su Viaje a nuestro país.

León XIV en su homilía: “He aquí una encomienda para la España de hoy y de mañana: que la religiosidad que desde hace siglos anima este país no sea un museo del pasado que visitar, sino una escuela de fe de la que beber también hoy”.

 La Familia Real ha encabezado la representación institucional durante la celebración. También han estado presentes la ministra de Educación, Formación Profesional y Deporte, Milagros Tolón; la presidenta de la Comunidad de Madrid, Isabel Díaz Ayuso y el alcalde de la ciudad, José Luis Martínez Almeida, que previamente la Santa Misa, hizo entrega al Santo Padre de la Llave de Oro de Madrid. 

Imagen: Marcos Nogales

Madrid, 7 de junio de 2026.  En la solemnidad del Santísimo Cuerpo y Sangre de Cristo, el papa León XIV ha presidido esta mañana en la plaza de Cibeles la Santa Misa, acto central de su viaje apostólico a Madrid, a la que han seguido la procesión y la bendición eucarística con el Santísimo Sacramento, ante más de 1,5 millones de personas.

Tras la llegada del Santo Padre, después de recorrer las calles cercanas en papamóvil, y de los ritos iniciales de la Misa, el Papa ha sido recibido por los Reyes, la Princesa de Asturias y la infanta Sofía, junto con el alcalde de la ciudad, José Luis Martínez Almeida. Juntos han acompañado al Pontífice hasta el interior del Palacio de Cibeles, en donde se le ha hecho entrega de la Llave de Oro de la ciudad.

También en el Palacio de Cibeles se ha instalado la sacristía, en la que se han revestido, además del Papa, a más de 150 obispos y cardenales y 1.600 sacerdotes con ornamentos confeccionados para la ocasión e inspirados en la Catedral de la Almudena.

En cuanto a las autoridades presentes, además del alcalde y de la Familia Real, en representación del Gobierno ha acudido la ministra de Educación, Formación Profesional y Deporte, Milagros Tolón y la presidenta de la Comunidad de Madrid, Isabel Díaz Ayuso, entre otros.

Antes de comenzar la celebración, el arzobispo de Madrid, el cardenal José Cobo, desde un altar presidido por la Virgen de la Almudena, ha dirigido unas palabras de bienvenida al Santo Padre: “Antes de comenzar esta Eucaristía queremos, sobre todo, disponernos a la acogida: acoger al sucesor de Pedro, que viene a confirmarnos en la fe, a sostener nuestra esperanza y a recordarnos que la Iglesia solo es verdaderamente ella misma cuando vive para anunciar el Evangelio y servir a los más pequeños.”

Más de 400 voces

El ministerio del canto litúrgico durante la Santa Misa y la procesión eucarística ha estado encomendado una formación de coro y orquesta de más de 400 componentes de la Orquesta y Coro de la JMJ 2011, el Coro de San Juan de Ávila, la Escolanía de la JMJ y, de manera muy especial, las voces blancas de la Escolanía del Monasterio de San Lorenzo del Escorial y la Escolanía de la Abadía de la Santa Cruz, que interpretaron un repertorio de más de 25 piezas; entre ellas, el Gloria previo a la Liturgia de la Palabra, en la que se han proclamado tres textos centrados en el don del pan: el pasaje del Deuteronomio sobre el maná en el desierto (Deuteronomio 8, 2-3), el salmo 147 y la enseñanza de san Pablo a los Corintios sobre el único pan que hace de los muchos un solo cuerpo (1 Corintios, 10, 17-17). El coro ha interpretado a continuación la secuencia “Ecce Panis” antes del pasaje del Evangelio de san Juan en el que Cristo se presenta como el pan vivo bajado del cielo (Juan 6, 51-58).

Una gracia que transforma

La homilía del Santo Padre, en la que ha tenido mención a San Manuel González, el conocido como obispo de los sagrarios, y a San Juan de la Cruz, ha tenido un profundo carácter eucarístico. León XIV ha situado la solemnidad en el corazón de la fe del pueblo español: “Esta memoria del Señor presente en el Pan eucarístico está en el corazón de vuestra fe y de la historia de vuestro pueblo. Aquí en Madrid, pero también en tantos otros lugares de España, el Corpus Christi no es una fiesta más del calendario litúrgico, sino un volver a las raíces de la fe para renovar el amor y la fidelidad a Dios”.

Ha advertido que la fiesta no es “una supervivencia folclórica o de un simple adorno estético: aquí se trata de la fe en la presencia del Señor Resucitado, que está vivo y sigue pasando en medio de nosotros”; de hecho, el Santo Padre ha recordado que “no es casual que aquí, en España, la Iglesia haya unido durante años la solemnidad del Corpus Christi con el Día de la Caridad”.

Sobre la procesión, ha precisado que “no se trata únicamente de sacar la custodia”, sino de “dejarnos sacar nosotros mismos del egoísmo, de la indiferencia, de una fe cómoda y privada, para responder a su invitación a la conversión, a cambiar la mirada, a acoger su presencia que nos transforma y nos hace constructores de un mundo nuevo”. En este sentido, dirigiéndose a toda España, el Papa ha formulado un llamamiento: “He aquí una encomienda para la España de hoy y de mañana: que la religiosidad que desde hace siglos anima este país no sea un museo del pasado que visitar, sino una escuela de fe de la que beber también hoy”.

Ha concluido con una invitación al encuentro con Cristo: “Volvamos a Él con amor sincero. Abrámonos al encuentro con Él, dejemos que hidrate las sequedades de nuestro corazón, para salir después a los caminos de la vida y de la historia y llevar entre la gente esta corriente de agua fresca, corriente de amor, de paz, de justicia y de alegría”.

Una escuela que “nos enseña a arrodillarnos ante Dios y ante el prójimo, porque nadie puede arrodillarse ante el Señor y despreciar al hermano; una escuela que nos enseña la gratuidad del amor que se hace don, para que circule entre nosotros y rompa las cadenas de todo egoísmo; una escuela de la que aprendemos que Dios es presencia real y que también nosotros estamos llamados a estar presentes en las situaciones y en los desafíos de la sociedad”

Y ha recordado que la Eucaristía no se agota en quien comulga: “La gracia eucarística nos transforma, pero también nos convierte en protagonistas de la transformación de la historia y en signo de esperanza para quienes encontramos”.

El Santísimo por Madrid

Tras el rito de la Comunión, la Plaza de Cibeles se reconfiguró para dar paso a la tradicional procesión del Corpus Christi en dirección a la calle Alcalá, preparada para la ocasión. En el tramo por el que cada día circulan miles de vehículos ha pasado con solemnidad la custodia con el Santísimo en manos del Santo Padre, precedido de sacerdotes, miembros de vida consagrada, fieles, niños que acaban de realizar la primera comunión, autoridades y obispos y arzobispos. 

Las calles del itinerario procesional se han convertido en un efímero lienzo gracias a las alfombras de flores confeccionadas a tal efecto. Este laborioso trabajo ornamental ha sido coordinado por una delegación de 24 maestros alfombristas de la villa gallega de Ponteareas (Rías Baixas) que han trabajado codo con codo junto a 160 voluntarios para tejer una alfombra floral para el Santísimo. 

Precisamente, en su homilía, el Papa ha señalado que “las solemnes procesiones de este día han plasmado durante siglos la piedad, el arte, la música, la arquitectura y la vida del pueblo español y, todavía hoy, expresan y manifiestan el sentimiento espiritual de este país también a través de la belleza y la elegancia de las alfombras florales, de los altares en las calles, del cuidado de las custodias y de los expositores, delos cantos y de los ornamentos.” El acto procesional ha culminado con la Solemne Bendición Eucarística con el Santísimo Sacramento

Datos de la celebración

A la celebración han asistido 1,5 millones de personas. El altar, levantado frente al Palacio de Cibeles, mide 55 metros de ancho por 20 de fondo y está coronado por una cúpula de 25 metros de altura.

En la comunión han intervenido más de 2.100 ministros de la comunión, entre presbíteros y ministros extraordinarios, con cerca de 2.300 píxides, repartidos desde seis iglesias que han permanecido abiertas hasta las 14:00 horas. En cuanto a la custodia empleada en la procesión, es una pieza de 1943, en plata dorada y enjoyada, con los cuatro evangelistas representados, costeada por suscripción popular. 

Las alfombras florales han estado compuestas por más de 30.000 clavelesprincipalmente blancos y amarillos, obra de veinticuatro alfombristas coordinadores y unos ciento sesenta voluntarios. El dispositivo técnico contó con 31 pantallas LEDsiete camiones-pantalla —uno con una pantalla de 100 metros cuadrados—, 608 altavoces repartidos en 67 torres delay. Para la atención de los asistentes se han habilitado diez puntos de suministro de agua potable, 2.300 aseos químicos, un dispositivo de gestión de residuos y un amplio sistema de vallado y seguridad.

La Catedral de Santa María la Real de la Almudena es la catedral de la Arquidiócesis de Madrid En la visita del Papa León XIV a España

La Catedral de Santa María la Real de la Almudena es la catedral de la Arquidiócesis de Madrid y uno de los templos más importantes de España. Se encuentra frente al Palacio Real, en el centro histórico de Madrid, convirtiéndose en un símbolo de la unión entre la historia de España, la fe católica y la vida de la capital.

Datos destacados

  • La primera piedra fue colocada en 1883.
  • Su construcción se prolongó durante más de un siglo.
  • Fue consagrada por San Juan Pablo II el 15 de junio de 1993.
  • Combina varios estilos arquitectónicos: neoclásico, neogótico y neorrománico.
  • Alberga la imagen de la Virgen de la Almudena, patrona de Madrid.

¿Por qué es tan importante?

  1. Es la sede del arzobispo de Madrid.
  2. Es el principal templo católico de la capital española.
  3. Representa la devoción mariana de los madrileños a la Virgen de la Almudena.
  4. Ha sido escenario de acontecimientos históricos, como la boda de los reyes Felipe VI y Letizia Ortiz en 2004.
  5. Es uno de los lugares más visitados por peregrinos y turistas de todo el mundo.

La importancia de la visita del Papa León XIV

https://images.openai.com/static-rsc-4/EnLtqlZit9UbI7nnB1__5cxKURwKljP_vJr3ltQ70_SE9eZpCvIINCL3yYV330EM2KbQHHzROfrwSl0nOhkNGgul2EFZJC61yL204ZlacwbX6zqJEwk7-Hs7MrYE0rTQJYesKcHBVHh4zLNUxvJ2QWYdS4VFnejbn9zP6E33lIj26fmC6OteprTulC13yOU3?purpose=fullsize
https://images.openai.com/static-rsc-4/Nff9SUNkgrY98FAWx9yPMblpjyYo5suiA-VzvJiE_SA7a_oLvoezWK_GSFoqm1USpk87806Ei6F2LEvLcihoNx7y4sVLSvdZ4NkYcfHIjTJOZorbutDxa44rUrEDbMYDCFGsFtsRn3kZ0wWF_vkq2HjQ5amW6zOWSgW42i9yhuOIG0rWj5DVWoTzKO5shZWn?purpose=fullsize
https://images.openai.com/static-rsc-4/6E_y0YcDkjc0vLBIzvMfHD0qGVH-gVkNtj8WDQyCc1c-E99lKU6Rn14QEK7xsMoa98rUuyWmDZ_tJqgGZl86dKML80znf5O0qteB4ZOJs92xQdDRz1garhe6MVSXxgfTHqO_tcrMVwPQK4oea09edtJc1VHCG37ImyhzYaqivbhLdtHCCRstTCY4D6vh4OHo?purpose=fullsize

5

La visita apostólica de Papa León XIV a España del 6 al 12 de junio de 2026 tiene una relevancia histórica extraordinaria. Es la primera visita de un Papa a España en aproximadamente quince años y está centrada en un mensaje de esperanza, misión y renovación evangelizadora.

El lema: “Alzad la mirada”

El lema oficial de la visita es:

“Alzad la mirada” (Jn 4,35)

Este lema invita a los creyentes a mirar más allá de las dificultades actuales para descubrir la acción de Dios en el mundo y la llamada a la evangelización.

¿Por qué es importante para España?

  • Fortalece la fe de millones de católicos.
  • Promueve la unidad de la Iglesia.
  • Pone atención especial en los jóvenes, las familias y los migrantes.
  • Reafirma la misión evangelizadora de la Iglesia en una sociedad cada vez más secularizada.
  • Recuerda las profundas raíces cristianas de España.

Relación con la Catedral de la Almudena

Dentro de la agenda oficial, el Papa participa en una oración especial en honor a la Virgen de la Almudena, patrona de Madrid. Este gesto tiene un fuerte significado mariano, ya que pone a la ciudad y a España bajo la protección de la Madre de Dios.


“La Catedral de la Almudena no es solamente un edificio majestuoso de piedra. Es un recordatorio de que la fe puede tardar décadas en construirse, pero permanece firme cuando está fundada en Cristo. Hoy, la visita del Papa León XIV nos invita a levantar la mirada, como dice el Evangelio, para descubrir que Dios sigue actuando en medio de la historia. Entre los muros de la Almudena y el corazón de millones de creyentes resuena el mismo mensaje: la Iglesia sigue caminando, sigue anunciando y sigue esperando en Cristo.”

Cristo Rey Radio 1110 AM — Desde Madrid para Ciudad Juárez, El Paso y el mundo.

Showing 4 of 97 results