𝐑𝐞𝐟𝐥𝐞𝐱𝐢𝐨́𝐧 𝐩𝐚𝐫𝐚 𝐥𝐚 𝐧𝐨𝐜𝐡𝐞𝐀́𝐦𝐞𝐧𝐬𝐞 𝐔𝐧𝐨𝐬 𝐚 𝐎𝐭𝐫𝐨𝐬… 𝐘 𝐂𝐮𝐚𝐧𝐝𝐨 𝐂𝐮𝐞𝐬𝐭𝐞 𝐀𝐦𝐚𝐫, 𝐀𝐩𝐫𝐞𝐧𝐝𝐚𝐧 𝐚 𝐒𝐨𝐩𝐨𝐫𝐭𝐚𝐫𝐬𝐞 𝐜𝐨𝐧 𝐂𝐚𝐫𝐢𝐝𝐚𝐝.
𝐑𝐞𝐟𝐥𝐞𝐱𝐢𝐨́𝐧 𝐩𝐚𝐫𝐚 𝐥𝐚 𝐧𝐨𝐜𝐡𝐞
𝐀́𝐦𝐞𝐧𝐬𝐞 𝐔𝐧𝐨𝐬 𝐚 𝐎𝐭𝐫𝐨𝐬… 𝐘 𝐂𝐮𝐚𝐧𝐝𝐨 𝐂𝐮𝐞𝐬𝐭𝐞 𝐀𝐦𝐚𝐫, 𝐀𝐩𝐫𝐞𝐧𝐝𝐚𝐧 𝐚 𝐒𝐨𝐩𝐨𝐫𝐭𝐚𝐫𝐬𝐞 𝐜𝐨𝐧 𝐂𝐚𝐫𝐢𝐝𝐚𝐝.
La Comunidad No se Rompe Porque Seamos Diferentes… Se Rompe Cuando Dejamos de Amarnos en las Diferencias
𝐈𝐧𝐭𝐫𝐨
Hay personas con las que es fácil compartir la fe… hasta que toca compartir una reunión. Hay hermanos que amamos mucho, pero de lejitos parecen más santos. Porque en toda comunidad aparecen diferencias, caracteres difíciles, heridas, malos entendidos y opiniones contrarias. La pregunta no es si tendremos conflictos. La pregunta es: ¿qué haremos con ellos cuando decimos que seguimos a Cristo?
𝐃𝐞𝐬𝐚𝐫𝐫𝐨𝐥𝐥𝐨
Jesús nunca dijo que una comunidad cristiana sería un grupo donde todos pensarían igual.
Dijo algo mucho más exigente:
“Ámense los unos a los otros como yo los he amado.”
Juan 15,12
Ahí está la dificultad.
Jesús no dijo: “Ámense mientras estén de acuerdo”.
Tampoco dijo: “Ámense solamente cuando el otro cambie”.
Dijo:
“Como yo los he amado”.
Y Cristo nos amó conociendo nuestras contradicciones.
Nos amó sabiendo nuestras debilidades.
Nos amó incluso cuando no respondíamos como Él esperaba.
Por eso, una comunidad cristiana madura no es aquella donde nunca existen conflictos.
Es aquella donde los conflictos no consiguen destruir la caridad.
Porque tarde o temprano alguien te decepcionará.
Alguien interpretará mal tus palabras.
Alguien tomará una decisión que no compartes.
Alguien olvidará agradecerte.
Quizá otro reciba el reconocimiento por algo que tú comenzaste.
Y probablemente aparecerá ese hermano que tiene el maravilloso carisma de ejercitar tu paciencia.
Ahí comienza el verdadero Evangelio.
San Pablo escribe:
“Sopórtense mutuamente y perdónense cuando alguno tenga queja contra otro.”
Colosenses 3,13.
La palabra “soportar” puede sonar poco romántica.
Pero tiene una profundidad enorme.
Significa aprender a cargar juntos nuestras limitaciones.
No significa tolerar abusos, injusticias o comportamientos destructivos.
La caridad también necesita verdad, corrección fraterna y límites saludables.
Pero existen muchas situaciones que simplemente nacen de nuestras diferencias humanas.
No todos tenemos el mismo carácter.
No todos pensamos igual.
No todos servimos igual.
No todos tenemos la misma historia.
Entonces aparece una decisión profundamente cristiana:
¿Voy a intentar cambiar a todos para poder amarlos?
¿O aprenderé a amar mientras Dios transforma nuestros corazones?
Porque algunas veces decimos:
“Señor, dame paciencia”.
Y Dios responde enviándonos precisamente a alguien con quien practicarla.
Queremos una comunidad perfecta.
Pero Jesús construyó su Iglesia con Pedro impulsivo, Tomás desconfiado, Santiago y Juan temperamentales, Mateo publicano y Simón Zelote.
¡Aquello tampoco debió ser un retiro permanente de armonía!
Sin embargo, Cristo los mantuvo alrededor de la misma mesa.
Eso nos enseña algo fundamental.
La unidad cristiana no consiste en eliminar las diferencias.
Consiste en impedir que nuestras diferencias eliminen el amor.
Una comunidad comienza a enfermar cuando hablamos más del hermano que con el hermano.
Cuando buscamos aliados para demostrar quién tiene razón.
Cuando una diferencia se convierte en bando.
Cuando dejamos de orar por quien nos incomoda.
Cuando olvidamos que delante de nosotros no está un enemigo.
Está nuestro hermano.
Y aquí aparece una pregunta incómoda:
¿De qué sirve recibir juntos la misma Eucaristía si después somos incapaces de buscar reconciliación?
El altar nos recuerda que pertenecemos al mismo Cuerpo.
San Pablo lo expresa claramente:
“Con toda humildad, mansedumbre y paciencia, sopórtense mutuamente por amor.”
Efesios 4,2.
𝐎𝐛𝐬𝐞𝐫𝐯𝐚 𝐥𝐚𝐬 𝐩𝐚𝐥𝐚𝐛𝐫𝐚𝐬:
Humildad.
Mansedumbre.
Paciencia.
Amor.
Cuatro medicinas extraordinarias para nuestras comunidades.
Tal vez esta noche no necesitas abandonar tu comunidad.
Quizá necesitas abandonar el orgullo.
Tal vez no necesitas ganar aquella discusión.
Necesitas recuperar a tu hermano.
Quizá no necesitas demostrar quién tuvo razón.
Necesitas preguntarte qué haría Cristo con esta situación.
Porque cuando Cristo está verdaderamente en el centro, ya no preguntamos solamente:
“¿Quién tiene la culpa?”
Comenzamos preguntando:
“¿Cómo podemos salvar la comunión?”
𝐂𝐢𝐞𝐫𝐫𝐞
Esta noche piensa en esa persona con quien actualmente tienes dificultad.
No pienses primero en todo lo que debería cambiar ella.
Pregúntate:
¿Qué necesita cambiar Cristo en mí?
Quizá necesitas escuchar.
Quizá pedir perdón.
Quizá perdonar.
Quizá establecer un límite con caridad.
Quizá simplemente dejar de alimentar una discusión que ya produjo suficiente daño.
𝐑𝐞𝐜𝐮𝐞𝐫𝐝𝐚 𝐞𝐬𝐭𝐨:
Una comunidad no se destruye porque existan diferencias.
Se destruye cuando permitimos que las diferencias sean mayores que nuestra identidad como hermanos.
Jesús no nos pidió simplemente trabajar juntos.
Nos pidió algo muchísimo más grande:
amarnos.
Y cuando todavía no consigamos hacerlo perfectamente, comencemos al menos por tratarnos con paciencia, respeto y misericordia.
Porque aquel hermano difícil también está siendo trabajado por Dios.
Exactamente igual que tú.
𝐎𝐫𝐚𝐜𝐢𝐨́𝐧 𝐩𝐚𝐫𝐚 𝐞𝐬𝐭𝐚 𝐧𝐨𝐜𝐡𝐞
Señor Jesús,
esta noche pongo delante de Ti mis relaciones.
También aquellas que me cuestan.
Sana mis heridas y corrige mi orgullo.
Dame humildad para reconocer mis errores.
Dame valentía para hablar cuando sea necesario.
Dame sabiduría para guardar silencio cuando convenga.
Enséñame a corregir sin humillar.
A escuchar sin defenderme inmediatamente.
A perdonar sin llevar cuentas.
Y a poner límites sin dejar de amar.
Que nuestras diferencias nunca sean mayores que tu presencia entre nosotros.
Haz de nuestras comunidades lugares de reconciliación.
Que cuando el mundo nos mire pueda reconocer aquello que Tú mismo dijiste:
“En esto conocerán todos que son mis discípulos: si se aman unos a otros.”
Juan 13,35.
Amén.
𝐅𝐫𝐚𝐬𝐞 𝐩𝐚𝐫𝐚 𝐫𝐞𝐜𝐨𝐫𝐝𝐚𝐫 𝐞𝐬𝐭𝐚 𝐧𝐨𝐜𝐡𝐞:
No necesitas estar de acuerdo con todos para caminar con ellos hacia Cristo. Pero sí necesitas recordar que, antes que compañeros de servicio, somos hermanos.
𝐏𝐚𝐳 𝐲 𝐛𝐢𝐞𝐧, 𝐃𝐢𝐨𝐬 𝐩𝐨𝐫 𝐝𝐞𝐥𝐚𝐧𝐭𝐞,
𝐇𝐚𝐬𝐭𝐚 𝐚𝐪𝐮𝐢́ 𝐓𝐮́ 𝐡𝐞𝐫𝐦𝐚𝐧𝐨 𝐞𝐧 𝐂𝐫𝐢𝐬𝐭𝐨
𝐉𝐨𝐫𝐠𝐞 𝐆𝐮𝐭𝐢𝐞́𝐫𝐫𝐞𝐳 𝐆𝐚𝐫𝐜𝐢́𝐚
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