𝐑𝐞𝐟𝐥𝐞𝐱𝐢𝐨́𝐧 𝐩𝐚𝐫𝐚 𝐥𝐚 𝐧𝐨𝐜𝐡𝐞𝐂𝐮𝐚𝐧𝐝𝐨 𝐘𝐚 𝐍𝐨 𝐃𝐢𝐬𝐟𝐫𝐮𝐭𝐚𝐬 𝐒𝐞𝐫𝐯𝐢𝐫: 𝐐𝐮𝐢𝐳𝐚́ 𝐭𝐮 𝐀𝐥𝐦𝐚 𝐄𝐬𝐭𝐚́ 𝐏𝐢𝐝𝐢𝐞𝐧𝐝𝐨 𝐕𝐨𝐥𝐯𝐞𝐫 𝐚 𝐥𝐚 𝐅𝐮𝐞𝐧𝐭𝐞
𝐑𝐞𝐟𝐥𝐞𝐱𝐢𝐨́𝐧 𝐩𝐚𝐫𝐚 𝐥𝐚 𝐧𝐨𝐜𝐡𝐞
𝐂𝐮𝐚𝐧𝐝𝐨 𝐘𝐚 𝐍𝐨 𝐃𝐢𝐬𝐟𝐫𝐮𝐭𝐚𝐬 𝐒𝐞𝐫𝐯𝐢𝐫: 𝐐𝐮𝐢𝐳𝐚́ 𝐭𝐮 𝐀𝐥𝐦𝐚 𝐄𝐬𝐭𝐚́ 𝐏𝐢𝐝𝐢𝐞𝐧𝐝𝐨 𝐕𝐨𝐥𝐯𝐞𝐫 𝐚 𝐥𝐚 𝐅𝐮𝐞𝐧𝐭𝐞
𝐈𝐍𝐓𝐑𝐎
Hay un cansancio que no se cura durmiendo.
Sigues llegando. Sigues ayudando. Sigues diciendo “sí”. Incluso sonríes cuando toca. Pero algo dentro de ti ya no disfruta lo que antes hacía con alegría.
Tal vez no necesitas abandonar tu servicio. Tal vez necesitas regresar al lugar donde comenzó todo: estar con Jesús.
𝐃𝐄𝐒𝐀𝐑𝐑𝐎𝐋𝐋𝐎
Hay temporadas en las que servir pesa.
La reunión que antes esperabas ahora te fastidia.
La persona que antes escuchabas ahora te desespera.
La responsabilidad que recibiste con ilusión comienza a sentirse como carga.
𝐘 𝐚𝐩𝐚𝐫𝐞𝐜𝐞 𝐮𝐧𝐚 𝐩𝐫𝐞𝐠𝐮𝐧𝐭𝐚 𝐢𝐧𝐜𝐨́𝐦𝐨𝐝𝐚:
“¿𝐐𝐮𝐞́ 𝐦𝐞 𝐩𝐚𝐬𝐨́?”
No necesariamente dejaste de amar a Dios. Quizá comenzaste a darle muchas cosas a Dios, pero dejaste de darle tiempo a Dios.
𝐄𝐬𝐞 𝐩𝐞𝐥𝐢𝐠𝐫𝐨 𝐭𝐚𝐦𝐛𝐢𝐞́𝐧 𝐞𝐱𝐢𝐬𝐭𝐞 𝐝𝐞𝐧𝐭𝐫𝐨 𝐝𝐞 𝐥𝐚 𝐈𝐠𝐥𝐞𝐬𝐢𝐚.
Podemos organizar retiros sin retirarnos nosotros con Jesús.
Podemos preparar temas sin permitir que la Palabra nos hable.
Podemos llevar personas al Santísimo y casi nunca sentarnos nosotros delante de Él.
Hasta podemos hablar mucho de Cristo mientras pasamos poco tiempo con Cristo.
Y entonces el ministerio continúa funcionando, pero el corazón comienza a funcionar en “modo automático”.
𝐉𝐞𝐬𝐮́𝐬 𝐧𝐨𝐬 𝐝𝐞𝐣𝐨́ 𝐮𝐧𝐚 𝐜𝐥𝐚𝐯𝐞:
“𝐏𝐞𝐫𝐦𝐚𝐧𝐞𝐳𝐜𝐚𝐧 𝐞𝐧 𝐦𝐢́, 𝐜𝐨𝐦𝐨 𝐲𝐨 𝐩𝐞𝐫𝐦𝐚𝐧𝐞𝐳𝐜𝐨 𝐞𝐧 𝐮𝐬𝐭𝐞𝐝𝐞𝐬.”
𝐉𝐮𝐚𝐧 𝟏𝟓,𝟒
𝐎𝐛𝐬𝐞𝐫𝐯𝐚 𝐞𝐥 𝐨𝐫𝐝𝐞𝐧.
Jesús no dice primero: produzcan.
Dice: permanezcan.
𝐄𝐥 𝐟𝐫𝐮𝐭𝐨 𝐯𝐢𝐞𝐧𝐞 𝐝𝐞𝐬𝐩𝐮𝐞́𝐬.
Porque una rama puede esforzarse muchísimo, pero separada de la vid termina secándose.
También ocurrió con Marta.
Ella estaba haciendo algo bueno. Estaba sirviendo al mismo Jesús. Sin embargo, terminó inquieta, cansada y hasta molesta con María.
Jesús le dijo:
“Marta, Marta, te preocupas y te inquietas por muchas cosas.”
Lucas 10,41
El problema no era servir.
El problema era permitir que tantas cosas desplazaran lo esencial.
Eso también puede sucedernos.
Cuando dejamos la oración, comenzamos a exigir reconocimiento.
Cuando perdemos intimidad con Jesús, aumentan las comparaciones.
Cuando descuidamos nuestra alma, cualquier corrección parece ataque.
Cuando dejamos de beber de la Fuente, comenzamos a pedirle al ministerio que nos dé aquello que solamente Cristo puede darnos.
Identidad.
Valor.
Consuelo.
Pertenencia.
Sentido.
Y ningún ministerio puede cargar semejante responsabilidad.
Tu ministerio no es tu identidad.
Tu cargo no determina tu valor.
Tus resultados no demuestran cuánto te ama Dios.
Antes de llamarte servidor, coordinador, catequista, ministro, músico, lector o evangelizador, Dios te llamó hijo.
Quizá esta noche no necesitas renunciar.
𝐍𝐞𝐜𝐞𝐬𝐢𝐭𝐚𝐬 𝐫𝐞𝐠𝐫𝐞𝐬𝐚𝐫.
Regresar al silencio.
Regresar a la Palabra.
Regresar al Santísimo.
Regresar a la Confesión.
Regresar a una Misa donde no tengas que organizar nada.
Regresar simplemente para dejarte amar.
𝐏𝐨𝐫𝐪𝐮𝐞 𝐉𝐞𝐬𝐮́𝐬 𝐭𝐚𝐦𝐛𝐢𝐞́𝐧 𝐝𝐢𝐣𝐨:
“𝐕𝐞𝐧𝐠𝐚𝐧 𝐚 𝐦𝐢́ 𝐭𝐨𝐝𝐨𝐬 𝐥𝐨𝐬 𝐪𝐮𝐞 𝐞𝐬𝐭𝐚́𝐧 𝐟𝐚𝐭𝐢𝐠𝐚𝐝𝐨𝐬 𝐲 𝐚𝐠𝐨𝐛𝐢𝐚𝐝𝐨𝐬, 𝐲 𝐲𝐨 𝐥𝐨𝐬 𝐚𝐥𝐢𝐯𝐢𝐚𝐫𝐞́.”
𝐌𝐚𝐭𝐞𝐨 𝟏𝟏,𝟐𝟖
Fíjate bien.
No dijo: “Vengan y les daré otro ministerio”.
Dijo:
“Vengan a mí”.
𝐂𝐈𝐄𝐑𝐑𝐄
Si últimamente servir te irrita más de lo que te alegra, no ignores esa señal.
Quizá tu alma no está pidiendo abandonar la misión.
Está pidiendo volver al Maestro.
No tomes decisiones importantes solamente desde el cansancio. Primero vuelve a Jesús.
Descansa en Él.
Háblale sin discursos.
Cuéntale lo que te pesa.
Permite que vuelva a ordenar tus motivaciones.
𝐏𝐨𝐫𝐪𝐮𝐞 𝐜𝐮𝐚𝐧𝐝𝐨 𝐫𝐞𝐠𝐫𝐞𝐬𝐚𝐦𝐨𝐬 𝐚 𝐥𝐚 𝐅𝐮𝐞𝐧𝐭𝐞, 𝐚𝐥𝐠𝐨 𝐜𝐚𝐦𝐛𝐢𝐚.
Seguimos teniendo responsabilidades.
Siguen existiendo personas difíciles.
Continúan los problemas de comunidad.
Pero ya no servimos para sentirnos necesarios.
Servimos porque nos sabemos amados.
𝐄𝐬𝐭𝐚 𝐧𝐨𝐜𝐡𝐞 𝐩𝐫𝐞𝐠𝐮́𝐧𝐭𝐚𝐭𝐞:
¿Cuándo fue la última vez que estuve con Jesús sin preparar nada, sin pedir nada y sin hacer nada… simplemente para estar con Él?
Tal vez mañana no necesitas servir más.
Tal vez necesitas amar más a Aquel por quien comenzaste a servir.
𝐎𝐑𝐀𝐂𝐈𝐎́𝐍 𝐏𝐀𝐑𝐀 𝐋𝐀 𝐍𝐎𝐂𝐇𝐄
Jesús, Maestro y Señor,
he trabajado muchas veces para Ti,
pero reconozco que también puedo olvidarme de estar contigo.
Cuando mi servicio pierda alegría,
llévame nuevamente a tu presencia.
Purifica mis motivaciones.
Sana mis cansancios.
Libérame de buscar reconocimiento.
Enséñame a servir desde el amor y no desde la obligación.
Que nunca ame más mi ministerio que a Ti.
Y cuando mi alma vuelva a cansarse,
recuérdame dónde está la Fuente.
Antes de enviarme nuevamente a servir,
déjame descansar un momento junto a Ti.
Amén.
𝐏𝐚𝐳 𝐲 𝐛𝐢𝐞𝐧, 𝐃𝐢𝐨𝐬 𝐩𝐨𝐫 𝐝𝐞𝐥𝐚𝐧𝐭𝐞,
𝐇𝐚𝐬𝐭𝐚 𝐚𝐪𝐮𝐢́ 𝐓𝐮́ 𝐡𝐞𝐫𝐦𝐚𝐧𝐨 𝐞𝐧 𝐂𝐫𝐢𝐬𝐭𝐨
𝐉𝐨𝐫𝐠𝐞 𝐆𝐮𝐭𝐢𝐞́𝐫𝐫𝐞𝐳 𝐆𝐚𝐫𝐜𝐢́𝐚
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