El Papa: Es urgente «ser una Iglesia misionera para la sanación del mundo»

El Papa: Es urgente «ser una Iglesia misionera para la sanación del mundo»

La mañana de este lunes, 1 de junio, el Papa León recibió en audiencia a los miembros de las Obras Misionales Pontificias que participan en su asamblea plenaria anual en Roma. En este año de numerosos aniversarios de las Obras Misionales, León XIV elogió su labor en todos los ámbitos y los animó a continuar su misión con renovada alegría y celo apostólico.

Cécile Mérieux – Ciudad del Vaticano

Las Obras Misionales Pontificias, encomendadas al Dicasterio para la Evangelización, Sección de Evangelización Primaria y a las Iglesias Particulares Nacientes, «prestan un servicio invaluable a la misión de la Iglesia, que consiste en proclamar a Cristo, Príncipe de la Paz y revelación encarnada del amor divino por la humanidad», esto fue lo que destacó el Papa León XIV al recibir en audiencia la mañana de este lunes, 1 de junio, a los participantes en la asamblea plenaria anual de las Obras Misionales Pontificias.

En su discurso León XIV, elogió el trabajo que realiza las Obras Misionales Pontificias, especialmente la Infancia Misionera, que trabaja con niños, las primeras víctimas de los conflictos en el mundo. Luego, el Pontífice repasó las diversas obras, celebrando los aniversarios y las «felices coincidencias» que marcan este año 2026.

100 Años de la Jornada Mundial de las Misiones

La Jornada Mundial de las Misiones se celebra desde hace 100 años el penúltimo domingo de octubre. Un día dedicado a la oración, «a la reflexión y a contribuir a la misión evangelizadora de la Iglesia, especialmente en las regiones donde la proclamación del Evangelio apenas comienza y donde la Iglesia aún es joven».

Además, el Papa expresó su gratitud a todos los que participaron en la promoción de esta Jornada Mundial de las Misiones y a las iniciativas de recaudación de fondos realizadas para esta ocasión. Estos fondos apoyan diversas iniciativas misioneras y proyectos de infraestructura en los más de 1130 distritos eclesiásticos bajo la jurisdicción del Dicasterio para la Evangelización.

El saludo del Papa a los miembros de las OMP

El saludo del Papa a los miembros de las OMP   (@Vatican Media)

Esta recaudación de fondos también apoya cinco colegios de formación en Roma para sacerdotes y personas consagradas que vienen a estudiar antes de regresar enriquecidos a sus Iglesias locales.

León XIV también elogió a la Pontificia Sociedad Misionera de San Pedro Apóstol, sin la cual el clero y los religiosos autóctonos en los territorios de primera evangelización «no tendrían los recursos necesarios para su formación humana, espiritual y pastoral».

110 años de la Unión Misionera Pontificia

Otro aniversario que se celebra este año es el 110º aniversario de la Unión Misionera Pontificia, fundada por el beato Paolo Manna (1872-1952), cuya misión, como explicó León XIV, «es despertar en todos los bautizados una espiritualidad misionera cada vez más ferviente y un compromiso más profundo con la misión universal de evangelización de la Iglesia en esta nueva era misionera». Además, el Papa animó a participar en esta misión, descrita por san Pablo VI como el «alma» de las demás Obras Misioneras Pontificias.

El discurso del Papa León XIV

El discurso del Papa León XIV   (@VATICAN MEDIA)

Líderes de la Misión

León XIV también honró la memoria del Venerable Fulton J. Sheen, Director Nacional de las Obras Misioneras Pontificias en los Estados Unidos de América, quien será beatificado el próximo 24 de septiembre, tomándolo como ejemplo para todos los directores nacionales y diocesanos de las Obras Misionales Pontificias.

«Una luz de fe, esperanza y amor, cuyas emisiones de radio y televisión conmovieron a millones de personas con la esperanza del Evangelio, y cuyos esfuerzos brindaron una considerable ayuda espiritual y material a las Iglesias en las regiones de primera evangelización».

Foto conclusiva de la audiencia

Foto conclusiva de la audiencia   (@Vatican Media)

Unidad de los cristianos

Este año, la Jornada Mundial tendrá como tema: «Uno en Cristo, unido en la misión». Un leitmotiv que llama a la unidad de los creyentes e inspira «una renovación misionera en la Iglesia para los años venideros». «Por lo tanto, los animo a tener presente esta enseñanza, a vivir una auténtica espiritualidad de unidad misionera y comunión centrada en Cristo – señaló el Pontífice – y a promoverla a través de sus actividades entre los fieles».

«Los invito a todos a tomar conciencia de la urgente necesidad de abrazar una conversión misionera permanente y a buscar juntos los medios para ser una Iglesia misionera para la sanación de nuestro mundo, tan marcado por tensiones, conflictos y guerras».

Ángelus del Papa: La vida de Dios es maravillosa y cautivadora, da paz en la alegría del Espíritu

Ángelus del Papa: La vida de Dios es maravillosa y cautivadora, da paz en la alegría del Espíritu

En la Solemnidad de la Santísima Trinidad, León XIV recuerda que gracias a ella estamos hechos para la comunión, la relación, el encuentro, porque las divisiones, las polarizaciones y el desprecio de la diversidad traen al mundo destrucción, tristeza y aridez.

Alina Tufani Díaz- Ciudad del Vaticano

El Papa León XIV, en su alocución antes del Ángelus, invitó a reflexionar sobre el Misterio de Dios Trinidad y su centro, que “es la vida de Dios que se nos ha entregado en Jesucristo”, y que ha sido derramada en nuestros corazones por el Espíritu.  Ante más de 20 mil fieles y peregrinos del mundo, reunidos en la Plaza de San Pedro, en una jornada cálida y luminosa, el Santo Padre recordó que, la Santísima Trinidad, en el mundo, toma forma en la Iglesia como sacramento de comunión y espacio de vida dinámica, inagotable y fecunda.

“El Espíritu que une al Padre y al Hijo ha sido derramado en nuestros corazones, de modo que en el mundo toma forma la Iglesia, sacramento de comunión, espacio de encuentro, de amor y de vida en el que el cielo y la tierra ya se tocan.

Dios transforma nuestras vidas

Inspirado en el Evangelio de hoy que presenta el encuentro de Nicodemo, miembro del Sanedrín, Consejo de los jefes de Israel, con Jesús, el Pontífice recuerda que el “misterioso Maestro”, le sugiere que también para un adulto es posible renacer, dejándole entrever que la vida de Dios habría podido transformar su vida.

“Jesús habló a Nicodemo del Espíritu Santo, iluminó su noche con la verdad que en la fiesta de hoy resuena en todas nuestras iglesias: «Tanto amó Dios al mundo, que entregó a su Unigénito, para que todo el que cree en él no perezca, sino que tenga vida eterna» (v. 16). Y también: «Dios no envió a su Hijo al mundo para juzgar al mundo, sino para que el mundo se salve por él» (v. 17)”

La Trinidad nos hace amar todo y a todos

León XIV recalcó que, en el Misterio de Dios, Padre e Hijo y Espíritu Santo, estamos en casa, “tal y como Nicodemo se sintió en casa junto a Jesús”. “La vida de Dios – continuó el Santo Padre – es maravillosa y cautivadora, da paz a nuestro corazón”, a veces inquieto,  para nuestro encuentro en la alegría del Espíritu.

La Trinidad nos hace amar todo y a todos; descubrimos que cada criatura está hecha para la comunión, la relación, el encuentro. Y, por contraste, comprendemos por qué las divisiones, las polarizaciones y el desprecio de la diversidad traen al mundo destrucción, tristeza y aridez.

Quien no acoge el Espíritu envejece pronto

Nuevamente, centrándose en la figura de Nicodemo, que esta vez, ante el Sanedrín, defiende a Jesús de las palabras de desprecio y condena pronunciadas por los jefes del consejo, el Papa recalca que éste ya había recibido de Dios, a través del mismo Cristo, el Espíritu de la comunión, que “abre el corazón a la nueva verdad y a la verdadera novedad”.

Quien no acoge a este Espíritu envejece pronto, sumido en la queja; se encuentra solo, nunca tiene el ánimo festivo. Hoy, en cambio, queridos hermanos y hermanas, es fiesta. La fiesta de Dios es nuestra fiesta

Una fiesta, añadió el Santo Padre, que como escribe San Pablo a los Corintios es «para alegrarse, trabajar por la perfección, para tener un mismo sentir y vivir en paz”, porque el Dios del amor y de la paz estará con nosotros.

El Papa: la era hipermediática genera pobreza espiritual, no diluir el Evangelio

El Papa: la era hipermediática genera pobreza espiritual, no diluir el Evangelio

En su discurso a los participantes de la asamblea plenaria del Dicasterio para la Evangelización, León XIV observa la “extendida indiferencia religiosa” de Occidente, que delega en la “cultura tecnológica” las respuestas a las preguntas no resueltas de la vida. Exhorta a dirigirse a las nuevas generaciones sin apoyarse en la relevancia social ni en el consenso momentáneo.

Edoardo Giribaldi – Ciudad del Vaticano

Resolver la “crisis de la fe” actual parecería fácil, confiando a la “cultura tecnológica, que debería responder a toda necesidad”, las grandes preguntas existenciales del ser humano. Sin embargo, la aridez del espíritu no parece calmarse cuando se ve inundada por las ofertas de las “sociedades hipermediáticas y consumistas”, que terminan por diluir el Evangelio, reduciéndolo a “una opinión entre tantas” en lugar de señalarlo como “el camino que da sentido a la vida”.

Para revertir esta apatía, es equivocado apoyarse en el consenso o en la relevancia social del momento; en cambio, es necesario salir al encuentro de los creyentes del mañana: aquellos que, cuando descubren “el secreto para ser verdaderamente felices”, acogen el Evangelio sin prejuicios y ya no lo abandonan.

El León XIV analiza los problemas, pero también ofrece soluciones, al reunirse esta mañana, 28 de mayo, con los participantes en la asamblea plenaria del Dicasterio para la Evangelización – Sección de Cuestiones Fundamentales de la Evangelización en el Mundo, en la Sala del Consistorio del Palacio Apostólico Vaticano.

Continuar anunciando la esperanza

El primer pasaje del discurso está dedicado al pasado reciente y al “gran trabajo” realizado por el Dicasterio durante el Jubileo de la Esperanza. Un “esfuerzo organizativo” que se transformó en una “feliz acogida” para los numerosos peregrinos —“¿Cuál fue el número final, cuántos eran?”, preguntó el Papa improvisando, recibiendo como respuesta el dato de más de 33 millones— llegados a Roma, con especial atención a la “dimensión espiritual” que caracterizó todo el Año Santo.

La esperanza, proclamada repetidamente durante 2025, es señalada por el León XIV como la “hermana más pequeña” de las virtudes, pero también como aquella de la que el mundo tiene “más sed que nunca” y que, silenciosamente, sostiene a las otras dos mayores: la fe y la caridad.

“No interrumpamos, por tanto, este anuncio, sostenido por la promesa del Señor Jesús de permanecer siempre con nosotros; este se hace visible en el testimonio que estamos llamados a ofrecer para ser discípulos fieles a su palabra.”

No subestimar la “crisis de la fe”

La evangelización, afirma luego el Papa, representa el requisito fundamental de toda acción de la Iglesia universal y de las distintas comunidades locales. Solo así la Iglesia puede redescubrirse siempre nueva “en su belleza” y expresar plenamente su credibilidad, ofreciendo una esperanza que no es una “propuesta utópica”, sino un testimonio concreto de la llamada “al amor y a la verdad”.

“No podemos subestimar que, especialmente en los países de Occidente, la crisis de la fe, junto con otros factores socioculturales, ha dado lugar a una extendida indiferencia religiosa. Para muchos, la fe ya no parece relevante para su vida. El peligro subyacente, no siempre percibido en toda su gravedad, es que llegue a faltar el aliento para aquello que es más propiamente humano, es decir, la búsqueda de sentido. Las grandes cuestiones existenciales permanecen sin respuesta, mientras se expande una cultura tecnológica que debería responder a toda necesidad.”

Evangelii gaudium como brújula

Encontrarse con Jesús significa, en cambio, dar plenitud “de significado y valor” a la propia existencia, subrayó León XIV, recordando que nadie puede sustituir a la Iglesia en esta tarea fundamental, llamada a ofrecer “cimientos confiables para el futuro de la humanidad”.

Para construirlos, el obispo de Roma invita a utilizar como brújula la exhortación apostólica Evangelii gaudium de Francisco que, como afirmó en una carta a los cardenales de abril de 2026, representa “un punto de referencia decisivo”, ya que “no introduce simplemente nuevos contenidos, sino que vuelve a centrar todo en el kerigma”, es decir, en el anuncio evangélico, “como corazón de la identidad cristiana y eclesial”.

“Por ello, los invito también a ustedes a retomar Evangelii gaudium en su trabajo en todos los niveles, para promover una misión cristocéntrica y kerigmática, que nace de un encuentro con Cristo capaz de transformar la vida.”

Las búsquedas espirituales de los jóvenes

En la evangelización, continúa León XIV, emerge hoy una “fuerte demanda de espiritualidad” por parte de los jóvenes, manifestada con particular evidencia durante el Jubileo dedicado a ellos: “La nueva generación no tiene prejuicios frente al Evangelio; al contrario, muchos, cuando lo redescubren, desean conocerlo mejor, porque perciben que en él se esconde el secreto para ser verdaderamente felices.”

Un mensaje que debe anunciarse confiando sobre todo en “la guía del Espíritu Santo”, más que en “la eficiencia de las estructuras”, la “relevancia social” o el “consenso que se puede recibir en algún momento”.

Los problemas de la sociedad hipermediática

Llevar el mensaje de Jesús al mundo, observa además el León XIV, significa hoy enfrentarse a dinámicas profundamente distintas de las de generaciones pasadas, hasta el punto de haberse interrumpido incluso la transmisión de la fe en algunas regiones del mundo: “Las causas de esta situación son conocidas y múltiples; sin embargo, lo que resulta de ello es, en las nuevas generaciones, una “pobreza” espiritual, una carencia de motivaciones y de herramientas para poder madurar, en plena libertad, esa adhesión de fe que da sentido a la vida”.

Lo que contrarresta esta deriva son las “numerosas y variadas” expresiones de la vida de la comunidad cristiana, que escuchan y dialogan con las nuevas generaciones: “El clima cultural difundido en las sociedades hipermediáticas y consumistas reduce la capacidad de aprender con paciencia y de realizar con esfuerzo un camino de búsqueda personal de la verdad, con perseverancia y sentido crítico. Todo mensaje corre el riesgo de ser percibido como una opinión entre muchas”.

Hombres tocados por Dios

La fe, por tanto, se transmite ante todo a través del encuentro, de la alegría vivida y de la coherencia con el Evangelio: “No es ciertamente diluyendo los contenidos y suavizando las exigencias como se puede hacer atractivo el cristianismo, sino testimoniando con humildad y valentía ‘el camino, la verdad y la vida’, que ha convertido y santificado a tantas personas.”

A este respecto, Benedicto XVI es citado por León XIV: “Lo que necesitamos en este momento de la historia son hombres que, a través de una fe iluminada y vivida, hagan creíble a Dios en este mundo”. El Papa Ratzinger ya había señalado la necesidad de hombres “tocados por Dios”, para que Él pueda “volver entre los hombres”: “La santidad de vida, por tanto, sigue siendo siempre la forma más convincente de la belleza de la fe cristiana, que supera los tiempos y se propone a toda cultura.”

El Papa León XIV: la renovación de la liturgia como expresión de una Iglesia viva

El Papa León XIV: la renovación de la liturgia como expresión de una Iglesia viva

El Santo Padre León XIV reflexiona en su catequesis de hoy sobre la continuidad magisterial en la reforma litúrgica, destacando la necesidad de adaptar las formas rituales a las exigencias de los tiempos sin perder la tradición. El Papa explicó que, con el fin de favorecer el acceso de los fieles a la riqueza de los dones de gracia dispensados por la sagrada liturgia, la Constitución Sacrosanctum Concilium establece una fórmula muy eficaz que marca la dirección a seguir para el futuro

Patricia Ynestroza – Ciudad del Vaticano

En su catequesis dirigida a los fieles desde la Plaza de San Pedro, el Papa recordó las palabras del Venerable Pío XII en su Encíclica Mediator Dei, donde se define a la Iglesia como «un organismo vivo». Por esta razón, el Pontífice señaló que la Iglesia crece y se desarrolla también en lo que respecta a la sagrada liturgia, adaptándose y acomodándose a las circunstancias y exigencias que se presentan en el transcurso del tiempo.

El impulso del Concilio Vaticano II

El Papa subrayó la plena continuidad de este principio con el Concilio Vaticano II. Citando el Proemio de la Constitución Sacrosanctum Concilium (SC), destacó que a la asamblea conciliar le corresponde de un modo particular «proveer a la reforma y al fomento de la Liturgia». Los objetivos fundamentales de dicha asamblea dijo el Papa, se centraron en: Acrecentar de día en día la vida cristiana entre los fieles; Adaptar mejor a las necesidades de nuestro tiempo las instituciones sujetas a cambio; Promover todo aquello que pueda contribuir a la unión de cuantos creen en Jesucristo; Fortalecer lo que sirve para invitar a todos los hombres al seno de la Iglesia.

Un momento del Papa en la Plaza de San Pedro

Un momento del Papa en la Plaza de San Pedro   (ANSA)

Vínculo entre liturgia y vida eclesial

Durante su alocución, el Santo Padre hizo referencia a un momento histórico donde se advertía con fuerza la necesidad de una renovación de las formas rituales. Estas formas son el medio por el cual, desde hace siglos, la Iglesia realiza la glorificación de Dios y la santificación del pueblo cristiano.

“Gracias al movimiento litúrgico se había madurado la convicción, expresada posteriormente por san Juan Pablo II, de que «existe, en efecto, un vínculo estrechísimo y orgánico entre la renovación de la liturgia y la renovación de toda la vida de la Iglesia. La Iglesia no sólo actúa, sino que se expresa también en la liturgia, vive de la liturgia y saca de la liturgia las fuerzas para la vida».”

La dirección a seguir: Tradición y progreso

Finalmente, el Papa explicó que, con el fin de favorecer el acceso de los fieles a la riqueza de los dones de gracia dispensados por la sagrada liturgia, la Constitución Sacrosanctum Concilium establece una fórmula muy eficaz que marca la dirección a seguir para el futuro: «Conservar la tradición y apertura al legítimo progreso».

“No pocas veces se contrapone de manera torpe tradición y progreso. En realidad, los dos conceptos se integran: la tradición es una realidad viva y por ello incluye en sí misma el principio del desarrollo, del progreso. Es como decir que el río de la tradición lleva en sí también su fuente y tiende hacia la desembocadura» (Discurso a los participantes en el Congreso por el 50° aniversario de la fundación del Instituto litúrgico pontificio de San Anselmo, 6 de mayo de 2011).”

El Concilio, dijo León XIV, afirma la legitimidad de ese proceso arraigado en la auténtica Tradición, distinguiendo dentro de la liturgia «una parte que es inmutable por ser la institución divina»  de «otras partes sujetas a cambio, que en el decurso del tiempo pueden y aún deben variar, si es que en ellas se han introducido elementos que no responden bien a la naturaleza íntima de la misma Liturgia o han llegado a ser menos apropiados» (SC, 21).

Un momento de ternura entre el Papa y una bebé

Un momento de ternura entre el Papa y una bebé   (@Vatican Media)

Cambios históricos y encarnación cultural

A lo largo de los siglos, la Iglesia ha adaptado constantemente sus ritos con un objetivo claro, afirmó el Pontífice: permitir que los fieles participen plenamente en el misterio pascual de Cristo, pilar de la fe cristiana. Lejos de ser estático, el culto católico se ha “encarnado” en las distintas culturas de cada época, transformándolas y operando, durante centurias, como un verdadero motor de evangelización. En la actualidad, se plantea la necesidad de renovar esta fuerza en continuidad con la tradición, guiando a los creyentes hacia la plenitud de la verdad.

Las reglas del progreso litúrgico

El Pontífice profundizó en los criterios de los Padres conciliares para la revisión de los ritos, subrayando que toda modificación debe responder a una «utilidad verdadera y cierta de la Iglesia». Siguiendo las directrices de la Constitución Sacrosanctum Concilium, se imponen condiciones estrictas para el progreso litúrgico:

“Se comprende entonces por qué los Padres conciliares recomendaron la revisión de los ritos, cuando responda a «una utilidad verdadera y cierta de la Iglesia», se lleve a cabo «después de haber tenido la precaución de que las nuevas formas se desarrollen, por decirlo así, orgánicamente a partir de las ya existentes» (SC, 23). Por el bien de toda la Iglesia, toda reforma debe ir siempre precedida por «una concienzuda investigación teológica, histórica y pastoral» (ibid.). El Magisterio conciliar, de este modo, invita a evitar desorientar a los fieles, disuadiendo a cualquiera de añadir o quitar o modificar algo, en materia litúrgica, por iniciativa propia (cf. SC, 22). El progreso evocado por la Constitución conciliar no compromete en absoluto la comunión eclesial: más bien pretende confirmarla y favorecerla.”

Hacia el cierre de su alocución, el Papa lanzó una firme exhortación a todos los responsables de preparar las celebraciones, con especial énfasis en los sacerdotes que presiden la liturgia. Se les instó a custodiar el respeto absoluto por los textos y ordenamientos vigentes, una fidelidad que debe brotar de una actitud interior de humildad ante Dios y de un compromiso sincero con la comunión de toda la Iglesia.

El Papa en su catequesis

El Papa en su catequesis   (@Vatican Media)

León XIV presenta la encíclica: desarmar la IA, no a lógicas de exclusión y dominio

León XIV presenta la encíclica: desarmar la IA, no a lógicas de exclusión y dominio

León XIV explica el sentido y el origen de su primera encíclica sobre la «custodia de la persona humana en la era de la inteligencia artificial», una herramienta que influye en la vida, moldea las decisiones y cambia la forma de combatir la guerra. El Pontífice pide liberar a la IA «de lógicas que la transforman en instrumento de dominio, exclusión o muerte» e invoca el «desarme» de las tecnologías para que se pongan al servicio del «bien común».

Salvatore Cernuzio – Ciudad del Vaticano

Al igual que «el León de antaño», el Papa León XIII, también el «León» de hoy, el Papa León XIV, mira hacia las «res novae», esas «cosas nuevas» que desafían al tiempo, a la historia y a la humanidad. Y si en aquella época fue la revolución industrial, con los numerosos y complejos cambios en el mundo del trabajo y las nuevas formas de pobreza impuestas, hoy es la Inteligencia Artificial, con su potencial y sus peligros, la que está ante los ojos y en el corazón del Pontífice, quien lanza un llamamiento universal: «Desarmar la IA».

La Inteligencia Artificial requiere hoy ser «desarmada», liberada de lógicas que la transforman en instrumento de dominio, de exclusión o de muerte.

La encíclica de León XIV: la IA sirva a la humanidad, no al poder de pocos

25/05/2026

La encíclica de León XIV: la IA sirva a la humanidad, no al poder de pocos

Con motivo del 135.º aniversario de la «Rerum novarum», el Pontífice reflexiona en su primera encíclica, «Magnifica humanitas», sobre la doctrina social de la Iglesia en la era de …

Discernir el futuro de la humanidad

El Papa León habla mediante metáforas, pero también con referencias a la historia, en su discurso pronunciado en el Aula del Sínodo, con motivo de la presentación de Magnifica humanitas, la primera encíclica de su pontificado publicada esta mañana, 25 de mayo. Nunca antes había ocurrido que un Papa estuviera presente en el Aula en la que se presenta al público uno de sus documentos magisteriales. Es también la primera vez que, además de cardenales y profesores, junto al Pontífice están sentados expertos en alta tecnología. Una señal de la importancia y la atención que se le da al tema tratado en la encíclica, símbolo y síntoma de la «gravedad del momento» que se vive y que provoca preocupación en la Iglesia, llamada a «descifrar las cosas nuevas a la luz del Evangelio y de la dignidad del hombre». Una inquietud a la que, sin embargo, León XIV contrapone la confianza:

La confianza de que, juntos, podemos discernir las grandes cuestiones de nuestro tiempo y, por lo tanto, el futuro de la humanidad

Siguiendo los pasos de León XIII

Hace ciento treinta y cinco años, el Papa Pecci observó la situación de los obreros y las familias desarraigadas y empobrecidas por la rápida transformación industrial y «comprendió que la Iglesia no podía permanecer al margen». En un momento de «cambio epocal» que «amenazaba la dignidad humana», escribió entonces la encíclica Rerum Novarum. Con el mismo espíritu, el Papa Prevost —quien firmó simbólicamente la Magnifica humanitas el 15 de mayo, día de la publicación de Rerum Novarum— dice sentirse «llamado a contemplar otra gran transformación con los ojos de la fe, con la lucidez de la razón, con la apertura al misterio y con los gritos de los pobres y de la tierra que resuenan en mi corazón».

Este es el sentido de las aproximadamente 200 páginas, fruto de una reflexión de diez años dentro de la Santa Sede sobre las nuevas tecnologías y la Inteligencia Artificial, la cual hoy en día afecta «muchos ámbitos de nuestra vida», influye en las decisiones y está «cambiando radicalmente la forma en que se libra la guerra».

Fruto de la escucha

Son muchas, pues, las aportaciones, reflexiones y orientaciones de esta encíclica que —como explica el propio Papa— tiene una única raíz: «la escucha». La escucha de científicos e ingenieros que «trabajan con sincero entusiasmo en tecnologías capaces de aliviar inmensos sufrimientos»; la escucha de «líderes políticos y funcionarios públicos que han buscado con perseverancia normas justas»; la escucha de «padres y maestros profundamente preocupados por el futuro de las nuevas generaciones».

También me han llegado otras voces, muy inquietantes, sobre sistemas de armas cada vez más autónomos, prácticamente fuera de todo control humano. Escucho relatos muy preocupantes sobre algoritmos que pueden impedir el acceso a la atención médica, al trabajo y a la seguridad basándose en datos viciados por prejuicios e injusticias.

Junto con estas voces, también ha resonado con fuerza «el silencio de quienes no tienen voz cuando se toman decisiones», explica el Papa León, «decisiones que corren el riesgo de generar nuevas formas de exclusión y sufrimiento».

Desarmar y construir

De todo ello ha surgido una convicción que el propio Pontífice califica de «inquietante» y que sirve de hilo conductor de la encíclica: «La inteligencia artificial debe ser desarmada». «La palabra es fuerte, lo sé», admite Leone, «pero se eligió deliberadamente porque este momento necesita palabras capaces de llamar la atención, despertar las conciencias e indicar caminos a seguir para la humanidad».

Desde hace tiempo, la Iglesia se compromete a favor del desarme nuclear, como «servicio a la paz y a la dignidad de la familia humana». En un sentido análogo, «la Inteligencia Artificial requiere hoy ser desarmada», porque «al igual que la energía nuclear, debe estar al servicio de todos y del bien común». Y «las decisiones sobre la tecnología nunca deben separarse de la conciencia y la responsabilidad».

La paz, no solo la ausencia de guerra, es la justicia en acción. Pero cuando la tecnología debilita nuestro sentido crítico, es la paz misma la que está en riesgo. Desarmar, sin embargo, no basta. Debemos construir.

«Nadie reconstruye solo»

Esta última indicación, «construir», evoca en Robert Francis Prevost otro recuerdo de la historia. El más reciente y personal, de sus años de misión en Perú. En concreto, el año 2017, cuando las lluvias torrenciales y las inundaciones provocadas por El Niño azotaron el norte del país: «Muchas familias vieron cómo el lodo se tragaba sus casas, y lo mismo ocurrió con muchas calles». «Allí —confiesa el Papa— aprendí que reconstruir no significa simplemente reemplazar lo que ha sido destruido. Significa reparar los lazos, restablecer la confianza y despertar la esperanza en el futuro. Además, nadie reconstruye solo».

Solo con una visión tan integral podrá orientarse la Inteligencia Artificial hacia el bien común. Solo juntos —quienes diseñan los sistemas y quienes sufren sus consecuencias, los países más ricos y los más pobres, las instituciones y los individuos, los centros de poder y las periferias— seremos capaces de construir un futuro, no para unos pocos privilegiados, sino para toda la familia humana.

La sabiduría de la Iglesia

Esta es «la civilización del amor» proclamada con fuerza por San Pablo VI y San Juan Pablo II. Por eso la Iglesia desea, «con humildad y franqueza», participar en el diálogo sobre la IA: «No tenemos respuestas técnicas, ni pretendemos sustituir a quienes tienen la competencia necesaria —señala el Papa—. «Pero aportamos una sabiduría sobre lo humano que nuestro tiempo necesita desesperadamente: cada persona es única e insustituible, un sujeto libre e inteligente dotado de conciencia, capaz de buscar a Dios, de servir a los demás y de cuidar de nuestra casa común».

Para concluir, pues, una invitación a todos los miembros de la Iglesia y de la familia humana: «Aprendamos a escucharnos unos a otros, a afrontar con valentía los desafíos del presente y a cooperar en la construcción de una sociedad más humana y fraterna». Que este lanzamiento de Magnifica humanitas, es el deseo del Papa León XIV, pueda dar inicio a una época de «artesanos de la esperanza» que continúen «construyendo la obra de nuestro tiempo».

La encíclica de León XIV: la IA sirva a la humanidad, no al poder de pocos

La encíclica de León XIV: la IA sirva a la humanidad, no al poder de pocos

Con motivo del 135.º aniversario de la «Rerum novarum», el Pontífice reflexiona en su primera encíclica, «Magnifica humanitas», sobre la doctrina social de la Iglesia en la era de la inteligencia artificial. El llamamiento a custodiar «una magnífica humanidad habitada por Dios», promoviendo la verdad, la dignidad del trabajo, la justicia social y la paz. En la era digital, es necesario desarmar la IA y superar la teoría de la «guerra justa», relanzando el diálogo y el multilateralismo

Isabella Piro – Ciudad del Vaticano

«La magnífica humanidad que Dios ha creado se encuentra hoy ante una elección decisiva: levantar una nueva torre de Babel o edificar la ciudad donde Dios y la humanidad habiten juntos». El incipit de la primera encíclica de León XIV —Magnifica humanitas, «sobre la custodia de la persona humana en la era de la inteligencia artificial»— resume sus razones fundamentales y su propósito. Publicada hoy, lunes 25 de mayo, fue firmada por el Pontífice el pasado 15 de mayo, en el 135.º aniversario de la promulgación de la Rerum novarum de León XIII. Y de su predecesor, el papa Prevost, ha recogido el legado, escribiendo una encíclica social que aborda uno de los principales retos de la época contemporánea: la inteligencia artificial.

Dividida en cinco capítulos, más una introducción y una conclusión, Magnifica humanitas parte de una premisa: la tecnología no es una «fuerza antagónica respecto a la persona» (4), ni «un mal en sí misma» (9). Sin embargo, «no es neutra, porque asume el rostro de quien la concibe, la financia, la regula y la utiliza». De ahí el llamamiento del Pontífice a «construir en el bien» y a «permanecer humanos», siguiendo la lógica de la corresponsabilidad valiente, de la subsidiariedad, de la comunión, para que «el mundo pueda reconocer… en el corazón del ser humano el lugar donde Dios desea habitar» (16).

TEXTO COMPLETO DE LA ENCÍCLICA “MAGNIFICA HUMANITAS”

La Doctrina Social de la Iglesia es teología de la comunión

El primer capítulo —Un pensamiento dinámico fiel al Evangelio— repasa la Doctrina Social de la Iglesia (DSI) en el magisterio reciente y en el Concilio Vaticano II, poniendo de relieve «su carácter dinámico» (17). Lejos de ser «un manual de principios y normas que aplicar», la DSI es más bien «un camino de discernimiento comunitario», una «teología de la comunión en la historia» (27) que orienta la lectura de los acontecimientos a la luz del Evangelio. León XIV recuerda el pensamiento de sus predecesores: desde Pío XII —el primero en emplear la expresión «Doctrina social de la Iglesia» en la exhortación apostólica Menti nostrae de 1950— hasta el Papa Francisco, pasando naturalmente por la Rerum novarum de 1891, definida como «hito en la evolución del magisterio social» (30). En sus respectivas épocas, cada sucesor de Pedro «ha puesto de relieve diferentes aspectos de un único patrimonio: la dignidad de la persona, el valor del trabajo, la destinación universal de los bienes, la solidaridad y la subsidiariedad, el cuidado de la creación, la centralidad de la paz y la fraternidad» (45).

Proteger la dignidad humana: la persona no es un recurso que se pueda explotar

En el segundo capítulo, León XIV enumera los Fundamentos y principios de la Doctrina social de la Iglesia: entre los primeros, incluye la dignidad de la persona, creada a imagen y semejanza de Dios. Es necesario recordarlo, ya que «la presión de nuevas ideologías y de determinados intereses muy poderosos» puede reducir a la persona a «un recurso que se usa y se explota» o a «lo que realiza o produce» (51). Por el contrario, «la dignidad fundamental de cada persona no se adquiere, no debe ganarse ni necesita ser demostrada» (53). Un segundo fundamento de la Doctrina Social de la Iglesia es la inviolabilidad de los derechos humanos, entre los cuales el primero es el derecho a la vida «desde la concepción hasta su final natural»: a este respecto, León XIV define el aborto provocado, el asesinato de inocentes y la eutanasia como «decisiones gravemente ilícitas» (55). El tercer fundamento es el reconocimiento de los derechos de las minorías, con especial atención a las mujeres: en su favor, el Pontífice pide «decisiones concretas» en las leyes, en el trabajo, en la educación, en las responsabilidades sociales y políticas, para que sean verdaderamente escuchadas y valoradas (57).

Es inmoral e inaceptable eliminar o someter a una nación

En cuanto a los principios de la DSI, León XIV señala cinco: el primero es el bien común, «forma social de la dignidad reconocida a cada uno» (59). En un punto el Papa es particularmente firme: «la promoción del bien común nunca puede separarse del respeto al derecho de los pueblos a existir, a custodiar su propia identidad y a contribuir con su propia originalidad a la familia de las naciones». En consecuencia, «cualquier intento o proyecto de eliminar o someter una nación es gravemente inmoral y, por lo tanto, inaceptable» (64).

La tecnología no debe concentrarse en manos de unos pocos

El segundo principio se refiere a la destinación universal de los bienes: aquí y en otros puntos de la encíclica, León XIV insiste en la necesidad de que los conocimientos y las tecnologías no se concentren en manos de unos pocos, alimentando la brecha entre los incluidos y los excluidos de la revolución digital (67). De ello se derivan el tercer y el cuarto principio, a saber, la subsidiariedad (68) —que exige superar el paternalismo y el asistencialismo en favor de la corresponsabilidad— y la solidaridad (73), «principio y virtud» que se opone a la indiferencia y tiene en cuenta a los pueblos y a las generaciones futuras.

La justicia social y un examen decisivo con los migrantes

El quinto principio de la DSI señalado por el Papa es la justicia social: en la era digital, debe garantizar a todos un acceso equitativo a las oportunidades, proteger a los más frágiles, combatir el odio y la desinformación, someter a control público el uso de los datos y las tecnologías, «de modo que el criterio no sea solo el lucro, sino la dignidad de cada persona y el bien de los pueblos» (80). León XIV señala en los migrantes, los refugiados y los desplazados un «examen decisivo» en este ámbito: la forma en que la sociedad los trata demuestra «si la idea de justicia está guiada por el miedo o por la fraternidad». De ahí el llamamiento tanto a custodiar «el derecho a la esperanza» de quienes se ven obligados a partir, garantizándoles vías seguras y legales, una acogida digna y la integración; como a promover «el derecho a quedarse» de cada uno en su propia tierra en paz y seguridad, abordando «las causas profundas» de las migraciones (81).

El Papa León XIV en la firma de la Carta Encíclica Magnifica Humanitas, 15 de mayo 2026

El Papa León XIV en la firma de la Carta Encíclica Magnifica Humanitas, 15 de mayo 2026   (@Vatican Media)

Los abusos y el examen de conciencia para la Iglesia

El Pontífice entiende que los cinco principios mencionados están dirigidos no solo a la sociedad, sino también a la Iglesia, llamada a «un examen de conciencia»: el Papa exhorta a «sanear las relaciones y las estructuras eclesiales de aquellas distorsiones que generan desigualdades, falta de claridad y atropellos». La invitación es a escuchar a las «víctimas de abusos espirituales, económicos, institucionales, sexuales, de poder y de conciencia», ya que ello «forma parte integrante de un camino de justicia, que comprende el reconocimiento del daño, la reparación justa y la prevención» (89).

Se necesita un código ético compartido sobre la IA

El tercer capítulo —Técnica y dominio. La grandeza de la persona humana ante las promesas de la IA— entra en el meollo del tema de la inteligencia artificial. León XIV advierte contra el «paradigma tecnocrático» ya denunciado por Francisco y por el cual toda elección viene dictada exclusivamente por parámetros de eficiencia y beneficio (92). Por el contrario, la tecnología más potente no es necesariamente la mejor: la IA puede imitar y simular al hombre, pero no posee conciencia moral, empatía, capacidad afectiva, relacional ni espiritual. Por lo tanto, es necesario abordar la IA con sobriedad y vigilancia, manteniendo la claridad sobre las responsabilidades de todas sus etapas (accountability) y apostando por políticas y marcos jurídicos adecuados, una supervisión independiente y la educación de los usuarios. Sobre todo, se necesita un código ético sometido a criterios de justicia social compartida, porque «no sirve una IA más moral si esa moral la deciden unos pocos» (107). Sin dejar de lado el impacto ambiental de las nuevas tecnologías, que requieren grandes cantidades de energía y agua, afectando a las emisiones de dióxido de carbono y dañando la Creación (101).

Desarmar la IA y sustraerla de la lógica competitiva

Hay que «desarmar la IA» —insiste León XIV— para sustraerla de la lógica de la competencia militar, económica y cognitiva; para romper la equivalencia entre poder técnico y derecho a gobernar; para sustraerla de los monopolios e impedir que domine al ser humano. Esta tarea es ética, técnica y ecológica porque la IA «ya es el entorno en el que estamos inmersos y el poder con el que debemos contar» (110). Se dedica un amplio espacio a la crítica del transhumanismo y del poshumanismo, que interpretan el progreso como la superación de los límites de lo humano. En cambio, el límite no es un defecto que haya que eliminar, sino una dimensión constitutiva de la persona, porque «el ser humano no florece a pesar del límite, sino a menudo a través del límite» (118), reconociendo en la fragilidad y en la finitud lugares en los que maduran la relación, el cuidado y la apertura a Dios y al otro.

Que el progreso de la técnica no haga retroceder el corazón

Hay mucho en juego: hacer crecer la técnica eliminando los límites de lo humano significa, de hecho, hacer retroceder el corazón. Magnífica y, sin embargo, herida, la humanidad «no debe ser sustituida ni superada». La tecnología puede aliviar sus sufrimientos y abrirle nuevas posibilidades, pero no debe negarla en lo que le es propio: «la capacidad de relación y de amor» (126). Ante la IA, la verdadera alternativa no está entre el entusiasmo y el miedo, sino entre dos formas de construir el progreso: al servicio de la persona y de los pueblos o de las lógicas de poder (129). Una elección que nos concierne a todos: «la construcción de Babel o la de Jerusalén», las dos «ciudades» del hombre y de Dios señaladas también por san Agustín (130), comienza por cada uno.

Ecología de la comunicación y centralidad de la escuela

En el cuarto capítulo – Custodiar lo humano en la transformación. Verdad, trabajo, libertad — la encíclica considera la verdad como un bien común y un elemento esencial de la democracia. En el entorno digital, la verdad debe plasmarse en una «ecología de la comunicación» para que la cultura generada por la web no se convierta en un instrumento de «homologación y dominio», sino en un espacio de maduración para la «libertad interior y el pensamiento crítico» (136-137). El Papa señala algunos instrumentos: transparencia en los criterios de selección de contenidos, protección de los datos personales, un periodismo serio basado en la argumentación y la verificación, una nueva conciencia en el uso «correcto y crítico» de la IA, la integración de los conocimientos. También se exige a la Iglesia una comunicación transparente y leal, sobre todo en los casos de injusticias y abusos. Es fundamental, en la encíclica, el llamamiento a una alianza educativa renovada para que en los jóvenes no se apague «el deseo de hacer preguntas» a causa de máquinas perfectas que hacen parecer inútil el pensamiento humano. «Debemos educarnos en el ayuno de la IA» (140), subraya León XIV, eliminando las desigualdades en el acceso a la educación y apostando por la escuela como lugar donde se aprende a «buscar y amar la verdad» (143) y se enseña lo que lo digital no puede dar: «tiempo compartido para aprender y relaciones fiables» (147).

Seguir siendo humanos en la era de los algoritmos

En la encíclica «Magnifica humanitas», la petición del Papa León: hacer que la tecnología avance sin que el corazón retroceda

El trabajo debe centrarse en la persona, no en el beneficio

En la «cuarta revolución industrial» que representa la transición digital, el Pontífice destaca la importancia de proteger la dignidad y el valor del trabajo: «Las nuevas formas de trabajar no son necesariamente mejores», explica, ya que la tecnología puede descalificar a los trabajadores, relegarlos a funciones marginales y someterlos a una vigilancia automatizada (150). Por el contrario, es necesario diseñar sistemas centrados en la persona y no solo en el rendimiento, porque la tecnología puede sin duda liberar al hombre de tareas pesadas o repetitivas, pero no debe conducir en absoluto al desempleo en nombre de la reducción de costes y el aumento de los beneficios. En un escenario en el que se perfilan mayores niveles de pobreza y desigualdad, provocados por sistemas automatizados que han sustituido al hombre, el Pontífice aboga también por una renovación de las organizaciones sindicales (155).

El desarrollo no se mide solo en términos de PIB

La transformación digital debe gestionarse de antemano mediante criterios sociales estables, formación accesible y continua para los trabajadores y responsabilidad empresarial. El Pontífice señala, además, la necesidad de superar el PIB como parámetro del grado de desarrollo de un país, apostando en su lugar por la dignidad del trabajo, la prosperidad compartida, la reducción de las desigualdades y la protección del medio ambiente. La financiación por la financiación es, de hecho, diferente de la financiación para el desarrollo (159-160). Y, siguiendo la estela de San Pablo VI, se subraya la interdependencia entre paz y desarrollo, abogando por una cooperación internacional capaz de definir estrategias comunes «sobre todo en favor de los países y los grupos más vulnerables», porque la prosperidad contribuye a la paz «solo si es generalizada, inclusiva y sostenible» (163).

La familia, bien social primario

En la encíclica destaca, además, la referencia a la familia, fundada en la unión estable entre un hombre y una mujer: es «bien social primario», «célula fundamental e insustituible de toda organización comunitaria» (165) que debe apoyarse también mediante políticas laborales que favorezcan la estabilidad y ritmos humanos, de modo que se garantice el justo equilibrio de vida y se proteja esa «capacidad de construir el futuro» que hace generativa a la sociedad.

La «arquitectura de la visibilidad» y los riesgos para la libertad

Por último, el tema de la libertad humana, que hay que proteger contra la dependencia y la mercantilización: en una época en la que las plataformas digitales están diseñadas para acaparar el tiempo de los usuarios y explotar sus fragilidades, es urgente reforzar la libertad interior de cada uno y hacer frente al riesgo del control social derivado de la recopilación masiva de datos y del uso de sistemas algorítmicos. Perfilar, predecir y orientar los comportamientos es, de hecho, «un poder nuevo» (171) que corre el riesgo de discriminar a los más débiles. El Papa deplora, en particular, la «arquitectura de la visibilidad» que premia y amplifica solo lo que es visible, moldeando opiniones y generando conformismo.

El Papa firma su primera encíclica

Nuevas formas de esclavitud y nuevo colonialismo

La IA genera nuevas formas de esclavitud, como la de los «cuerpos marcados, mutilados, consumidos» (173) de quienes trabajan en la extracción de las «tierras raras» necesarias para la tecnología. Por ello, la lucha contra las nuevas formas de esclavitud es otra «prueba decisiva para el discernimiento ético» de la transformación digital. A este respecto, León XIV subraya que «la Iglesia renueva su firme condena contra toda forma de esclavitud, trata y mercantilización de las personas» y reitera que no reaccionar o tolerar estas «graves violaciones de la dignidad humana» significa, de hecho, «hacerse cómplice» (174). Al mismo tiempo, el Papa pide «sinceramente perdón» por el retraso con el que la Iglesia, en el pasado, condenó «el flagelo de la esclavitud». La encíclica se refiere también a las «nuevas tierras raras del poder», es decir, la información vital —por ejemplo, sobre salud y demografía— utilizada para orientar las estrategias económicas. Se trata, explica el Pontífice, de una faceta inédita del colonialismo que se apropia de los datos y transforma las vidas personales en información explotable, convirtiendo el entorno digital en un «espacio de depredación» (178-179).

Superar la teoría de la «guerra justa»

En el quinto y último capítulo —La cultura del poder y la civilización del amor—, León XIV dirige su mirada hacia la guerra: «La revolución digital está modificando la gramática de los conflictos» y, sin un enfoque ético, las decisiones sobre la vida y la muerte de las personas serán cada vez más impersonales, considerándose el recurso a la fuerza como una «opción inmediata y viable» (182-183) . En la base de todo hay una «cultura del poder» que normaliza la guerra y la rehabilita como «instrumento de política internacional», favoreciendo el rearme. Sobre la opinión pública, que en el pasado veía la beligerancia solo como extrema ratio, hoy pesan también las narrativas mediáticas polarizantes, así como «una preocupante pérdida de memoria histórica» que nos priva de una visión a largo plazo (191). En consecuencia, hoy la paz ya no se entiende como una tarea que hay que asumir, sino como un intervalo precario entre conflictos. Por ello, León XIV reitera que —sin perjuicio del derecho a la legítima defensa en su sentido más estricto— es necesario superar la teoría de la «guerra justa», promoviendo más bien el diálogo, la diplomacia y el perdón (192).

Ningún algoritmo hace que la guerra sea moralmente aceptable

El Papa Prevost no deja de lamentar el crecimiento de la industria bélica, la carrera armamentística nuclear y la aparición de nuevos actores armados —entre ellos los yihadistas— que pretenden perpetuar los conflictos como fuente de poder y de ingresos. Es contundente, además, la advertencia contra el uso de armas relacionadas con la IA, ya que «no existe ningún algoritmo que pueda hacer que la guerra sea moralmente aceptable»; es más: la tecnología «no libera al conflicto de su intrínseca inhumanidad: sólo puede hacerlo más rápido e impersonal, bajando el umbral del recurso a la violencia y transformando la defensa en previsión operativa, con las víctimas reducidas a datos. Así, nos acostumbra a la idea de que la violencia sea inevitable y sólo deba optimizarse.» (198). Por lo tanto, se necesitan restricciones éticas rigurosas, compartidas a nivel internacional, basadas en la responsabilidad personal y en la protección de los civiles, porque «toda tecnología que facilite atacar sin ver el rostro del otro rebaja el umbral moral del conflicto» (199).

Los tres cardenales presentan la primera encíclica de León XIV en el Vaticano. El Secretario de Estado, el Prefecto para el Desarrollo Humano Integral y el Prefecto para la …

La crisis del multilateralismo

La cultura del poder surge también de la crisis del multilateralismo y del surgimiento de un «multipolarismo desordenado y conflictivo» en el que prevalece la desconfianza hacia el otro (201). La fuerza del derecho se sustituye por el derecho del más fuerte; las lógicas del poder prevalecen sobre la construcción de la paz, relegada a un segundo plano, y las instituciones creadas para custodiar el destino común de los pueblos se encuentran ahora debilitadas, sin que se reconozca su autoridad moral. A este respecto, el Papa auspicia para la ONU y para el sistema político internacional «reformas profundas» que superen la actual crisis de valores en favor del verdadero bien común (226).

Una Realpolitik irresponsable

Hoy, prosigue la encíclica, se libran guerras «híbridas» que abarcan los ámbitos económico, financiero e informático, aprovechando la desinformación y el miedo para influir en la opinión pública y presentar el aumento del gasto militar como la «única respuesta» a un futuro incierto. Pero todo esto no es más que un «falso realismo», una irresponsable Realpolitik que siembra en las conciencias y en las culturas la resignación ante una guerra ineludible y califica la paz de utopía (204-205). Sin excluir que, para algunos, el conflicto armado podría ser un instrumento de «gestión cínica» de las dificultades, así como una forma de desviar la atención de los problemas internos (208).

La civilización del amor

El cristiano está llamado a responder a esta cultura del poder construyendo «la civilización del amor»: la gracia, de hecho, no elimina el conflicto como por arte de magia, sino que genera «una resistencia activa al mal y una sorprendente creatividad en el bien» (211). Cada uno, en su ámbito de acción, está llamado a elegir entre alimentar la lógica de la fuerza o custodiar la paz, frenando la deshumanización con pequeños actos de fidelidad y tenacidad. El Papa señala cinco «vías de responsabilidad»: desarmar las palabras diciendo la verdad; construir la paz en la justicia; asumir la mirada de las víctimas tomando posición, porque hay conflictos en los que «no es justo permanecer neutrales». Los ataques contra civiles, hospitales e infraestructuras hieren a la propia humanidad y no pueden quedar relegados al ámbito del análisis abstracto. Por el contrario, hay que dar voz a las víctimas para «tomar verdadera conciencia del abismo de maldad que encierra» la guerra y toda violencia (217). Y aún más: el Papa exhorta a cultivar «un sano realismo» que busque vías de paz viables con hechos, no solo con palabras.

No utilizar el nombre de Dios para legitimar la guerra

Por último, relanzar el diálogo pasando de una cultura del poder a una cultura de la negociación. También es decisivo «el diálogo entre las religiones», portador de un mensaje de paz. «Quien utiliza el nombre de Dios para legitimar el terrorismo, la violencia o la guerra, traiciona su rostro —advierte León XIV—: luchar en nombre de la religión significa, en realidad, golpear a la propia religión» (223). Por su parte, la diplomacia de la Santa Sede utiliza «el principio evangélico de la misericordia» como criterio concreto de la acción política. De ahí deriva la exhortación a la oración, porque la paz proviene ante todo de Dios (227-228).

La magnífica humanidad

Al concluir la carta, el Pontífice invita a los fieles a vivir las nuevas tecnologías a la luz del Evangelio, siguiendo «un itinerario de vida cristiana sobrio y exigente», para que, incluso en la era de la IA, todos puedan dar testimonio de «la belleza de una magnífica humanidad habitada por Dios».

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Magnifica humanitas

El Papa: El Paráclito nos defiende de los prejuicios que apagan la luz del Evangelio

El Papa: El Paráclito nos defiende de los prejuicios que apagan la luz del Evangelio

Este domingo 24 de mayo, solemnidad de Pentecostés, el Papa León XIV presidió la celebración Eucarística en la Basílica de San Pedro. En su homilía, el Pontífice reflexionó sobre tres aspectos del Paráclito: “El Espíritu del Resucitado es el Espíritu de la paz, es el Espíritu de la misión y es el Espíritu de la verdad”.

Renato Martinez – Ciudad del Vaticano

“Con corazón ardiente, pidamos hoy que el Espíritu del Resucitado nos salve del mal de la guerra, que es vencida no por una superpotencia, sino por la omnipotencia del amor. Recemos para que libere a la humanidad de la miseria, que es rescatada no por una riqueza incalculable, sino por un don inextinguible. Pidámosle que nos sane del flagelo del pecado, para la redención anunciada a todos los pueblos en el nombre de Jesús”, esta fue la invitación que dirigió el Papa León XIV en su homilía en la Santa Misa que presidió este domingo 24 de mayo, solemnidad de Pentecostés, en la Basílica de San Pedro en el Vaticano.

“Aquel que estaba muerto vive para siempre”

En su homilía, el Santo Padre recordó que, con la solemnidad de Pentecostés, el tiempo de Pascua llega a su culminación. Y para evidenciar la unidad de este acontecimiento de salvación, el Evangelio nos lleva nuevamente al “primer día de la semana”, es decir, a aquel nuevo día en el que Jesús resucitado aparece a sus discípulos mostrándoles «sus manos y su costado».

“El Señor revela su cuerpo glorioso, precisamente sus llagas, las heridas de la crucifixión. Estos signos de la pasión, más elocuentes que cualquier discurso, han sido transfigurados: Aquel que estaba muerto vive para siempre”.

El Papa incensa la imagen de la Virgen María

El Papa incensa la imagen de la Virgen María   (@Vatican Media)

Pentecostés es fiesta pascual y fiesta del cuerpo de Cristo

Al ver al Señor, los discípulos también vuelven a vivir, afirmó el Pontífice, y Cristo, a este gesto, de mostrar a sus discípulos «sus manos y su costado» une la palabra: «¡La paz esté con ustedes!»; e inmediatamente después sopla sobre los discípulos dándoles el Espíritu Santo.

“El Resucitado está lleno de vida; luego de haber mostrado la vida del cuerpo, como verdadero hombre, da la vida de Dios, como Hijo amado del Padre, vuelto para nosotros hermano y Redentor. En el mismo cenáculo donde ha instituido la alianza nueva y eterna, Jesús infunde el Espíritu; el lugar de la cena y de la traición se transforma y, de sepulcro de los apóstoles, se convierte para toda la Iglesia en fuente de resurrección. Por eso Pentecostés es fiesta pascual y fiesta del cuerpo de Cristo, que por gracia somos nosotros”.

El Espíritu del Resucitado es el Espíritu de la paz

Por ello, al celebrar este misterio, el Papa León propuso tres aspectos en su reflexión. En primer lugar, el Espíritu del Resucitado es el Espíritu de la paz. En su Pascua, indicó el Papa, Cristo reconcilia a Dios y a la humanidad, y el Espíritu Santo infunde la paz en los corazones y la difunde en el mundo. Esta paz viene del perdón y nos lleva al perdón; comienza con el perdón que da el mismo Jesús, traicionado por nosotros, condenado y crucificado. Esta autoridad viene dada bajo el signo de una reconciliación universal: el Señor infunde el Espíritu de la paz desde el comienzo hasta el final de la historia.

“El Espíritu Santo, en efecto, es Señor y dador de vida desde el inicio de la creación, cuando aleteaba sobre las aguas (cf. Gn 1,2), y ahora, en su rescate, cambia la historia del mundo; realmente Pentecostés se realiza como fiesta del nuevo Pacto, es decir, de la alianza entre Dios y todos los pueblos de la tierra. Mientras el fragor del cielo, el viento y las lenguas de fuego en el cenáculo recuerdan los antiguos signos del Sinaí, la santa ley de Dios se inscribe en nuestros corazones, grabada por el Espíritu con caracteres de amor en la carne de Cristo y en su cuerpo, que es la Iglesia”.

[ Esta ley es el código de la paz; es el doble mandamiento del amor, que el Espíritu nos recuerda en cada latido del corazón. Con nuestro corazón podemos, por tanto, invocar: “Veni Sancte Spiritus”, porque Él ya nos ha sido dado. Podemos desearlo, porque ya nos ha sido prometido. Podemos acogerlo, porque Él mismo es dulce huésped del alma ]

El Papa durante la homilía

El Papa durante la homilía   (@Vatican Media)

El Espíritu del Resucitado es el Espíritu de la misión

Un segundo aspecto sobre el que reflexionó el Santo Padre fue el Espíritu del Resucitado es el Espíritu de la misión. Somos así partícipes en la misión de Jesús; la de Aquel que sale de Dios y vuelve a Dios con el poder del Espíritu, que procede del Padre y del Hijo, con ellos es adorado y glorificado, único Dios. El Espíritu Santo es la caridad viviente de Cristo que nos desborda, nos impulsa, nos sostiene en la misión. El mismo Espíritu, mientras da a los apóstoles el poder de expresarse en la variedad de las lenguas (cf. Hch 2,4), enseña a la humanidad la palabra de la salvación y se resumen todas en la redención, que empieza con la fe.

“De hecho, la primera obra del Espíritu Santo en nosotros es la fe con la que profesamos: «Jesús es el Señor» (1 Co 12,3). Esta fe vive y se expresa en cada buena acción, en cada acto de misericordia y de virtud. La obra de Dios, por tanto, somos nosotros, que llegamos hoy aquí de todas las partes del mundo, invitados a la mesa del Señor, reunidos en la escucha de su palabra y enviados a testimoniarla por doquier”.  

La Iglesia es protagonista del Evangelio, no sólo guardiana

Por ello, el Pontífice señaló que la toda la Iglesia es protagonista, no sólo guardiana del Evangelio. Con la fuerza del Espíritu, nuestro anuncio se ve colmado de alegría y de esperanza, porque nosotros, somos la novedad del mundo, la luz y la sal de la tierra. Ciertamente, no por nuestros méritos, sino por la palabra del Señor, que santifica al pecador, sana al leproso, convierte a quien ha renegado de él en un apóstol.

“Por una parte —lo vemos bien—, hay cambios que no renuevan el mundo, sino que lo envejecen entre errores y violencia. Por otra parte, en cambio, el Espíritu Santo ilumina las mentes y suscita en los corazones nuevas energías de vida. Así transfigura la historia abriéndola a la salvación, es decir, al don que el único Señor comparte con todos. La misión de la Iglesia confirma ese compartir, transformando la confusión del mundo en comunión con Dios y entre nosotros”.

Basílica de San Pedro en la Misa

Basílica de San Pedro en la Misa   (ANSA)

El Espíritu del Resucitado es el «Espíritu de la verdad»

Esta misión, subrayó el Papa, comienza afirmando la verdad de Dios y del hombre, porque el Espíritu del Resucitado es el «Espíritu de la verdad». El Espíritu, que habló por medio de los profetas, promueve siempre la unidad en la verdad, porque suscita en nosotros comprensión, concordia y coherencia de vida. Como enseña san Agustín, el don de lenguas que se comprenden en la única fe, «el Espíritu Santo […] quiso que fuera una prueba de su presencia».

“El Paráclito nos defiende entonces de todo lo que impide este entendimiento: de los prejuicios, de las hipocresías y de las modas que apagan la luz del Evangelio. La verdad que Dios nos da sigue siendo así palabra liberadora para todos los pueblos, mensaje que transforma cada cultura desde dentro”.

El Espíritu es fuente de santidad

Finalmente, el Santo Padre dijo que, el Espíritu del Resucitado no se infunde una vez para siempre, sino constantemente. Como la Eucaristía es la presencia viva de Cristo, que siempre nos alimenta, así el Espíritu Santo imprime en nosotros su carácter en el Bautismo, que nos hace cristianos; en la Confirmación, que nos convierte en testigos; en el Orden, que constituye ministros y pastores para el pueblo de Dios.

“En cada sacramento Él es dator munerum, fuente de santidad que multiplica dones y carismas en la oración, en las obras de misericordia, en el estudio de la Palabra de Dios. Como enseña el Apóstol: «En cada uno, el Espíritu se manifiesta para el bien común» (1 Co 12,7). Precisamente porque somos Iglesia, único cuerpo que vive de Dios y sirve al mundo. Gracias al Espíritu podemos llevar a todos la paz verdadera, la verdad que salva, es decir, al mismo Cristo Señor”.

Antes de concluir, el Papa indicó que, esta es la gracia que infunde valentía a los apóstoles; y pidió que lo infunda también a nosotros, hoy y siempre, por intercesión de María, Madre de la Iglesia. 

El Papa pide recuperar el valor de la humanidad ante el auge de los chatbots

El Papa pide recuperar el valor de la humanidad ante el auge de los chatbots

En su encuentro con los participantes de la conferencia internacional “Cuidar voces y rostros humanos”, promovida por el Dicasterio para la Comunicación junto con el Dicasterio para la Cultura y la Educación, León XIV reiteró el compromiso de la Iglesia con la comunicación social. El Pontífice hizo un llamado a promover la alfabetización digital y el uso crítico de los medios, especialmente entre los jóvenes.

Edoardo Giribaldi – Ciudad del Vaticano

La Iglesia está plenamente involucrada y comprometida con el ámbito de la comunicación social, naturalmente dentro del marco de su “misión universal”. Promueve la recuperación del sentido de la humanidad para despertarlo de su “eclipse”, alimentado por una carrera incesante por el progreso tecnológico, donde la necesidad de relaciones corre el riesgo de ser sustituida por fríos chatbots. Asimismo, instó a la educación y la alfabetización, especialmente entre los jóvenes, en tecnología digital y su uso crítico. Estas son las directrices ofrecidas esta mañana, 22 de mayo, por el Papa León XIV, durante su encuentro con los participantes de la conferencia internacional «Cuidar las voces y rostros humanos», organizada por el Dicasterio para la Comunicación en colaboración con el Dicasterio para la Cultura y la Educación.

La misión de la Iglesia en la comunicación

El Pontífice recibió a los participantes del encuentro celebrado ayer en la Pontificia Universidad Urbaniana de Roma, en la Sala Clementina del Palacio Apostólico Vaticano. Recordó que el evento tuvo lugar tras la celebración del 60.º Día Mundial de las Comunicaciones Sociales, que tuvo lugar el domingo 17 de mayo, y subrayó cómo este encuentro para reflexionar sobre los medios de comunicación y la educación digital contribuye a la orientación de la humanidad en una era marcada por el crecimiento exponencial de la tecnología.

“Es precisamente en el contexto de la misión universal de la Iglesia donde mejor se comprende su compromiso con la comunicación social”.

Orientación para decisiones y acciones

De hecho, el Papa recuerda que el Decreto Inter Mirifica del Concilio Vaticano II sobre los medios de comunicación social, que dio origen a la Jornada Mundial de las Comunicaciones Sociales, comienza afirmando que «la Iglesia Católica, fundada por Cristo el Señor para llevar la salvación a todos los hombres», siente el deber de proclamar el Evangelio, trabajando por la redención eterna de toda persona.

“Este deseo de «que todos los hombres se salven y lleguen al conocimiento de la verdad» debe, por lo tanto, guiar no solo nuestras decisiones y acciones, sino también el uso y la orientación de los medios de comunicación, la tecnología digital y la inteligencia artificial, para asegurar que estas herramientas se pongan al servicio auténtico de la humanidad”.

El eclipse del significado

León cita entonces el concepto expresado en su mensaje para la Jornada Mundial de las Comunicaciones Sociales de este año, donde observa que la «promoción e implementación desenfrenadas de la tecnología a expensas de la dignidad humana» incrementa el daño causado por los chatbots y otras tecnologías que «explotan nuestra necesidad de relaciones humanas».

“Estamos experimentando un verdadero eclipse del significado de lo que significa ser humano. Por lo tanto, es aún más necesario recuperar la comprensión del verdadero significado y la grandeza de la humanidad tal como Dios la concibió”.

La esperanza de Magnifica Humanitas

El desafío que enfrentamos, por lo tanto, no concierne a la tecnología, sino a la humanidad misma, y ​​el Pontífice espera que su primera encíclica, Magnifica Humanitas, que se publicará el 25 de mayo y está dedicada a la protección de la persona humana en la era de la IA, ayude a responder mejor a este llamado.

“A la luz de esto, confío en que solo a través de la contemplación de Cristo, el Verbo Encarnado, podremos no solo redescubrir una visión correcta de Dios, sino también comprender la verdad de la humanidad”.

Proteger mediante el encuentro con Dios

Como afirmó san Pablo VI en Gaudium et Spes, «por la Encarnación, el Hijo de Dios se ha unido de alguna manera a cada hombre». Esto, explica León, significa que el corazón humano jamás podrá comprender plenamente la profundidad de su ser ni su valor fuera de Cristo y su corazón. Por ello, proteger rostros y voces implica un encuentro con «Aquel que es la imagen del Dios invisible, siendo a la vez el hombre perfecto».

“Naturalmente, todo esto debe tenerse en cuenta al analizar las implicaciones de la tecnología digital y el papel de la Iglesia en la comunicación social”.

Las tecnologías contribuyen a la salvación

No es una tarea fácil, reconoce el Papa, pero «¿cómo no hacerlo en nuestros días?», ante un problema tan generalizado y la misión de llevar «la luz de Cristo al mundo, iluminando cada dimensión de la actividad humana»?

“En consecuencia, la Iglesia se siente obligada a contribuir al esfuerzo por planificar e introducir la alfabetización en medios, información e inteligencia artificial en los sistemas educativos”.

De este modo, se garantizará a cada individuo la capacidad de pensamiento crítico, y las tecnologías mismas podrán contribuir a la salvación de quienes las utilizan.

La importancia de la alfabetización digital

León también examina las preocupaciones naturales sobre las posibles consecuencias del uso de las nuevas tecnologías en el desarrollo físico e intelectual de los niños y jóvenes, así como en su bienestar espiritual. Las nuevas generaciones, como ya recordó Inter Mirifica, deben aprender un uso moderado y disciplinado de la IA, con el apoyo de padres y educadores.

“Además, a la luz de la misión de la Iglesia y las creencias erróneas actuales sobre Dios y la persona humana, la alfabetización digital debe incluir también una educación en la verdad sobre Dios y la humanidad”.

Una cuestión cercana al corazón del Papa

La apertura de los jóvenes a la verdad y su deseo de descubrir el sentido de la vida son, por tanto, un estímulo para que todos integren el uso de la tecnología en un estilo de vida cristiano integral.

“Queridos hermanos y hermanas, este es un tema que me toca muy de cerca, al igual que a la Iglesia. En efecto, como Madre, la Iglesia se preocupa por la vida de sus hijos, deseando guiarlos hacia la plena madurez. Espero que estas reflexiones conduzcan a una renovada confianza en la tecnología como fruto del ingenio humano, en armonía con el plan creador de Dios”.

Catequesis: El Papa León XIV recuerda que la fe se vive, no solo se estudia

Catequesis: El Papa León XIV recuerda que la fe se vive, no solo se estudia

En su catequesis de hoy, León XIV abrió una nueva serie sobre el Concilio Vaticano II recordando que la Iglesia no se sostiene en ideas o reformas externas, sino en Cristo vivo. Al presentar la constitución Sacrosanctum Concilium, subrayó que la fe no se limita a comprender a Jesús, sino a encontrarse con Él allí donde sigue actuando y renovando a su pueblo.

Patricia Ynestroza – Ciudad del Vaticano

En su catequesis de esta mañana, el Papa León XIV inició una nueva serie dedicada al Concilio Vaticano II, comenzando por el primer documento aprobado: la Constitución Sacrosanctum Concilium

“Su propósito es conducir a la Iglesia a contemplar y profundizar el vínculo que la une con el misterio de Cristo; es decir, con su pasión, muerte, resurrección y glorificación. Esta comunión se realiza en la sagrada liturgia a través de ritos y oraciones. La Iglesia expresa así su fe y modela su identidad como Pueblo de Dios, Cuerpo de Cristo y Templo del Espíritu Santo.”

El Papa saludando y dando la bendición a los niños

El Papa saludando y dando la bendición a los niños   (@Vatican Media)

Ayudando a los fieles a volver al núcleo de lo cristiano, es decir, a Cristo mismo, el Papa explicó que el Concilio no buscaba simplemente cambiar formas externas o “modernizar” celebraciones. Lo que pretendía era mucho más profundo: ayudar a la Iglesia a comprender mejor qué la sostiene, qué la une y qué le da vida.

LEA AQUÍ CATEQUESIS DEL DÍA DE HOY: 

“Y esa respuesta es una sola: el misterio de Cristo”

La Iglesia se construye porque Cristo actúa en ella

Según recordó el Papa en la audiencia general, la Iglesia no se construye solo con ideas, normas o esfuerzos humanos, sino porque Cristo actúa en ella y la sostiene. Por eso, cuando la comunidad se reúne para celebrar, no está cumpliendo un rito vacío, sino entrando en un acontecimiento vivo donde Dios sigue obrando.

Un momento lleno de ternura

Un momento lleno de ternura   (ANSA)

El Papa citó una frase esencial del documento conciliar: en ese momento “se ejerce la obra de nuestra Redención” (SC 2). Es decir, no se trata únicamente de recordar a Jesús, sino de reconocer que su salvación sigue siendo actual y transforma hoy a su pueblo.

Inmersos en el Misterio cristiano

Esta catequesis también se conecta con un proceso importante vivido por la Iglesia durante el siglo XX: una renovación bíblica, patrística y espiritual que ayudó a comprender mejor qué significa el “misterio”. No como algo oscuro o lejano, sino como el plan de amor de Dios revelado plenamente en Cristo.

“Cristo mismo es el principio interior del misterio de la Iglesia, el pueblo santo de Dios, nacido de su costado traspasado en la cruz. En la santa liturgia, con el poder de su Espíritu, Él sigue actuando. Santifica y asocia a la Iglesia, su esposa, a su ofrenda al Padre.”

Finalmente, el Papa León dejó un mensaje sencillo pero firme: la fe cristiana no se reduce a conocer a Cristo con la mente, sino a encontrarse con Él en la vida de la Iglesia, donde su presencia sigue formando un pueblo nuevo, “linaje elegido, sacerdocio real, nación santa”.

“«La liturgia edifica día a día a los que están dentro de la Iglesia para ser templo santo en el Señor», y forma una comunidad abierta y acogedora para con todos. De hecho, está habitada por el Espíritu Santo, nos introduce en la vida de Cristo, nos convierte en su Cuerpo y, en todas sus dimensiones, representa un signo de la unidad de todo el género humano en Cristo.”

Con esta serie de catequesis, el Papa invita a los creyentes a volver a lo esencial: Cristo vivo, presente y actuando en medio de su pueblo.

Estaba presente en la catequesis su Santidad Aram I, Católicos de Cilicia de la Iglesia Apostólica Armenia, junto con su delegación. A él, León XIV destacó que su visita fraterna representa una oportunidad clave para estrechar los lazos de unidad que ya existen entre ambas Iglesias.  Al final de la catequesis, luego de la bendición del Papa León, Aram I hizo con su delegación un rezo cantado.

León XIV y Aram I

León XIV y Aram I   (@Vatican Media)

Ante los conflictos, el Papa insta a los cristianos a dar testimonio de unidad

Ante los conflictos, el Papa insta a los cristianos a dar testimonio de unidad

Conversación telefónica entre León XIV y el Papa de la Iglesia copta con motivo del Día de la Amistad entre Coptos y Católicos, instituido en 2013 para celebrar las relaciones entre la Sede de Pedro y la Sede de Marcos. En la conversación «se expresó la conciencia de la responsabilidad común en el anuncio del Evangelio y la promoción de la paz y la reconciliación». En la misiva, el Pontífice anima a coptos y católicos a dar testimonio de unidad.

Salvatore Cernuzio – Ciudad del Vaticano

La «plena unidad» entre los cristianos no es solo un objetivo lejano, sino una urgencia dictada sobre todo por los conflictos que afligen al mundo, desgarrando de manera particular a Oriente Medio. León XIV reitera la necesidad de un compromiso ecuménico más incisivo en esta época de guerras y divisiones en una conversación telefónica y en una carta a Tawadros, el Papa copto-ortodoxo de Alejandría, con motivo del Día de la Amistad entre Coptos y Católicos. Precisamente «el deseo de dar un nuevo impulso a la celebración» de esta festividad, una de las más importantes del diálogo ecuménico, fue el tema central de la conversación que tuvo lugar —según informa un comunicado de la Oficina de Prensa de la Santa Sede— «en un clima cordial y fraterno», durante la cual se reiteró la voluntad de «superar cualquier obstáculo al diálogo de la fe y la caridad». Se expresó también «la conciencia de la responsabilidad común por el anuncio del Evangelio y la promoción de la paz y la reconciliación, especialmente en el tan castigado Oriente Medio».

La «noble tradición» iniciada por el Papa Francisco

La misma petición la reitera el Papa León XIV en la carta enviada a Tawadros con motivo de esta Jornada, cuya idea surgió del mismo Patriarca y fue luego retomada y relanzada por el Papa Francisco el 13 de mayo de 2013, dos meses después de su elección, para conmemorar los entonces cuarenta años del histórico encuentro entre Pablo VI y Shenouda III (1973), que culminó con la firma de una declaración cristológica común. Tawadros y Francisco se volvieron a ver diez años después, en mayo de 2023, primero en la Plaza de San Pedro, juntos en el estrado de la audiencia general para bendecir juntos a la multitud, y luego, al día siguiente, en el Palacio Apostólico para reafirmar la esperanza de la comunión eucarística y conmemorar a los 21 cristianos coptos asesinados por decapitación por el Estado Islámico en 2015 en una playa de Libia, incluidos desde ese día en el Martirologio Romano como «signo de la comunión espiritual» entre la Sede de Pedro y la Sede de Marcos.

León XIV se inscribe, por tanto, en la estela de esta «noble tradición» iniciada por su «amado predecesor» Francisco de celebrar una Jornada de la Amistad copto-católica y pide que esta celebración dé un nuevo impulso al camino común, marcado por antiguas separaciones e «incomprensiones» y nuevas reconciliaciones.

En un momento en que nuestro mundo se ve afligido por tantos conflictos, en particular en Oriente Medio, los cristianos deben, más que nunca, comprometerse con la plena unidad, para que podamos dar testimonio juntos del Príncipe de la Paz. En esto, podemos confiar en la poderosa intercesión y en el ejemplo de los innumerables mártires que han sufrido por el nombre de Cristo.

Dar testimonio de la bondad de Dios a la humanidad

El Papa León ya había recordado la «Jornada» en el último Regina Cœeli del domingo 10 de mayo, enviando un «saludo fraternal» al Papa Tawadros II, quien el día anterior había celebrado la Eucaristía en la Basílica de San Marcos en Venecia junto con algunos obispos y presbíteros coptos. Los dos aún no han tenido ocasión de encontrarse personalmente: Tawadros había enviado una carta de felicitación al Pontífice estadounidense con motivo de su elección en 2025 y también hubo una llamada telefónica. A la espera de un encuentro, el Papa León, desde la ventana del Palacio Apostólico, pidió oraciones por toda la «amada» Iglesia copta «con la esperanza de que nuestro camino de amistad nos conduzca a la unidad perfecta en Cristo». En la carta firmada el 4 de mayo, pero publicada hoy, viernes 15, reitera ese deseo, deteniéndose en particular en el concepto mismo de «amistad». Para los cristianos no es «un sentimiento vago», sino el «centro mismo de nuestra vida y de nuestra fe», que se inspira en la enseñanza de Cristo de que «no hay amor más grande» que «dar la propia vida por los amigos».

¡Es, pues, inspirándonos en la amistad de Cristo con nosotros como podremos fortalecer la amistad entre nosotros y entre nuestras Iglesias, continuando a dar testimonio juntos de la divina filantropía para toda la humanidad!

Diálogo y unidad

En esta línea, León XIV expresa la esperanza de que la Comisión Internacional Conjunta para el Diálogo Teológico entre la Iglesia Católica y las Iglesias Ortodoxas Orientales —que desde 2003 está comprometida en un diálogo teológico «extremadamente fecundo» que ha producido tres documentos que «demuestran una creciente comprensión teológica» —pueda «reanudar lo antes posible sus trabajos con todas las Iglesias de la familia ortodoxa oriental, para responder a la oración de Cristo: que todos sean uno». También en la misiva, el Papa agradece a la Iglesia copta ortodoxa la hospitalidad ofrecida a los participantes —entre ellos varias delegaciones católicas— en la sexta Conferencia Mundial de la Comisión «Fe y Orden», celebrada en octubre de 2025 en el Monasterio de San Bishoy, en Wadi El Natrun.

León XIV se muestra, además, «confiado» en que las reflexiones emprendidas con motivo del 1700.º aniversario del Primer Concilio Ecuménico de Nicea «reavivarán nuestro deseo de alcanzar la unidad visible de la Iglesia»:

Una unidad arraigada en el único bautismo que profesamos en el Credo de Nicea y que, ruego sinceramente, podamos alcanzar.

De cara a Pentecostés, el Pontífice invoca entonces al Espíritu Santo para que «guíe a coptos y católicos en nuestro peregrinaje común en la verdad y la caridad hacia la plena comunión».

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