León XIV: Satisfecho por el acuerdo entre EE. UU. e Irán. Dolor por Ucrania
Al término de la audiencia general, León XIV expresó su satisfacción por el acuerdo, que se firmará el 19 de junio en Lucerna, y agradeció a los países que lo facilitaron: «Es el resultado de un diálogo y una negociación pacientes». El Pontífice, al observar el creciente conflicto en Ucrania, hizo un llamamiento a «abrir caminos de diálogo y extinguir el odio».
Salvatore Cernuzio – Ciudad del Vaticano
Por un lado, se siente satisfacción y gratitud por el acuerdo entre Irán y Estados Unidos, el llamado «Memorándum de Islamabad» —denominado así por la mediación pakistaní— que puede contribuir a la «seguridad» y la «estabilidad» en Oriente Medio. Por otro, se experimenta dolor y angustia por la guerra —la de Ucrania— que continúa extendiéndose, cobrándose más víctimas y desatando llamas que destruyen iglesias y lugares históricos, además de avivar el odio. León XIV reflexiona sobre los dos conflictos que desgarran esta época y comparte sus pensamientos, llamamientos y sentimientos con los miles de fieles reunidos en la Plaza de San Pedro para la audiencia general de hoy, miércoles 17 de junio.
En la catequesis dedicada al Viaje Apostólico a España, León XIV sostuvo que la acogida entusiasta y multitudinaria del pueblo español no solo manifiesta la necesidad generalizada …
Trabajo de diálogo
Apartándose del texto escrito, antes de los saludos en italiano, el Papa expresó en primer lugar su esperanza en el acuerdo entre Estados Unidos e Irán, que se firmará el viernes 19 de junio en una ceremonia que, según el gobierno suizo, tendrá lugar en un hotel de Burgenstock, una montaña con vistas al lago de Lucerna y de difícil acceso. El Pontífice afirmó que acogía con satisfacción este memorando de entendimiento, un resultado alentador, según declaró, fruto de un diálogo y una negociación pacientes.
Expreso mi gratitud a los países que han trabajado arduamente para facilitar la reunión entre las partes y hacer posible este acuerdo.
León XIV responde a las preguntas de los periodistas en Castel Gandolfo y comenta su reciente viaje a España, afirmando que está muy contento con la acogida del pueblo. También …
Seguridad y estabilidad en Oriente Medio
Ya ayer en Castel Gandolfo, al ser preguntado sobre el Memorándum y la labor del G7 en curso en Évian, Francia, León XIV comentó: «Gracias a Dios, este acuerdo existe». Expresó la esperanza de que pudiera representar «una verdadera solución a la guerra, que la guerra haya terminado de verdad y que podamos avanzar por el bien de todos. Eliminar las armas nucleares, sí, buscar el bien de todos los pueblos, buscar soluciones a los problemas, incluidos los económicos y sociales, que han surgido en este tiempo». Hoy en la plaza, reiteró su esperanza de que este acuerdo fuera un primer paso, pero no el último, hacia una solución de paz definitiva.
Espero que este acuerdo contribuya a fortalecer la confianza mutua, la seguridad y la estabilidad en Oriente Medio, promoviendo vías de diálogo y cooperación entre los pueblos.
El dolor para Ucrania
Un cambio de perspectiva también altera la visión del mundo. La visión del Papa se ve ensombrecida por las “dolorosas noticias” recientes sobre la guerra en Ucrania. Una guerra que, tras cuatro años, “sigue extendiéndose”. Prueba de ello, entre muchas otras, es el ataque con misiles rusos la noche del 14 al 15 de junio, que causó la muerte de al menos 11 personas y provocó un grave incendio que devastó el tejado de la Catedral de la Dormición en Kiev, uno de los símbolos religiosos más importantes del país y Patrimonio de la Humanidad de la UNESCO.
Numerosas víctimas inocentes, rescatadores fallecidos, iglesias y lugares de patrimonio cultural devastados por las llamas.
En la noche fueron neutralizados 50 misiles y 582 drones rusos lanzados contra el territorio ucraniano. Dura la reacción del metropolita Epifanio, jefe de la Iglesia ortodoxa …
Abrir vías para el diálogo
El Papa León dice estar “cerca” de “quienes lloran a sus seres queridos”, de los “heridos” y de “quienes en medio de la violencia siguen sirviendo a la vida con valentía”. De ahí, un claro llamamiento combinado con una invocación a Dios:
Invito a todos a orar para que esta guerra termine. Pidamos al Señor que abra caminos de diálogo, que extinga el odio y que haga posible una paz justa y duradera.
El Papa: La paz se ve amenazada por la falta de respeto a la creación
Este 16 de junio, Viena acoge la décima edición del “Austria World Summit”, una iniciativa medioambiental que reúne a expertos y representantes políticos de todo el mundo para analizar políticas contra la crisis climática. El Pontífice propone a los participantes una reflexión a partir de la fe, la esperanza y la caridad para buscar soluciones efectivas que protejan el don de la creación.
Renato Martinez – Ciudad del Vaticano
“Con estos pensamientos centrados en la fe, la esperanza y el amor, ruego que su Cumbre sea fructífera en la promoción del diálogo tan necesario para buscar soluciones efectivas que protejan el maravilloso don de la creación”, lo dijo el Papa León XIV en su videomensaje a los participantes en la décima edición del “Austria World Summit”, la iniciativa medioambiental lanzada por el actor Arnold Schwarzenegger, que reúne a expertos y representantes políticos de todo el mundo para analizar políticas contra la crisis climática, reunidos este 16 de junio, en Viena, Austria.
La cuestión ecológica tiene una dimensión moral
El Santo Padre inicia su video mensaje saludando a los participantes en esta Cumbre, y citando su reciente Encíclica Magnifica Humanitas (43), señala que, “la sostenibilidad, la ecología integral y el cuidado de la creación han sido preocupaciones durante décadas”.
“La Iglesia siempre ha sido consciente de que la cuestión ecológica tiene una dimensión moral. De hecho, la crisis ambiental «no es un problema aislado, sino el aspecto ecológico de la crisis socioeconómica contemporánea»”.
La fe refuerza el deseo de proteger la vida y cuidar la naturaleza
Para poder responder a la crisis actual, el Pontífice les propone tres temas, basados en las virtudes cristianas de la fe, la esperanza y el amor, que seguramente pueden contribuir al trabajo de su Cumbre. Al referirse a la fe, el Papa advierte que, para algunos la fe puede parecer que tiene poco que aportar a las cuestiones del cambio climático y la protección del medio ambiente; de hecho, la dimensión religiosa es esencial para abordar adecuadamente estos temas.
“«Vivir nuestra vocación de protectores de la obra de Dios es esencial para una vida virtuosa; no es un aspecto opcional ni secundario de nuestra experiencia cristiana» (Papa Francisco, Laudato Si’, 217). Además, creyentes de diversas tradiciones entienden la «creación» como un don divino. Asimismo, varias religiones sostienen que la vida es sagrada y, por lo tanto, debe ser respetada. Podemos afirmar, entonces, que la fe religiosa refuerza el deseo general de proteger la vida y cuidar la naturaleza”.
Los profundos fundamentos éticos
En esta perspectiva, el Papa León XIV subraya los profundos fundamentos éticos a los que hace referencia en su encíclica Magnifica Humanitas. Estos principios deben considerarse de forma conjunta, para que quede claro cómo se relacionan y se complementan entre sí. Estas cuestiones esenciales, tanto personales como sociales, agrega el Pontífice, están íntimamente ligadas a la crisis climática, que, como ya he mencionado, es una manifestación —y una crítica— de la crisis socioeconómica más amplia.
“De hecho, a menos que se aborden, ninguna solución técnica para la protección del medio ambiente tendrá posibilidades de alcanzar su objetivo. Desde esta perspectiva, debemos prestar especial atención a los más pobres y a los más vulnerables a la degradación ambiental. Los animo a que los tengan muy presentes al evaluar, planificar e implementar posibles proyectos”.
La esperanza puede vencer los temores de las personas
Y comentando el segundo tema, el de la esperanza, el Santo Padre indica que, existe una creciente conciencia de que la paz se ve amenazada por la falta de respeto a la creación, el saqueo de los recursos naturales y el deterioro progresivo de la calidad de vida a causa del cambio climático. Estos desafíos, precisa el Papa, requieren cooperación internacional, junto con un multilateralismo cohesionado y con visión de futuro, para encontrar soluciones efectivas.
“Solo superando estos temores podremos trabajar juntos para encontrar las soluciones adecuadas. Es aquí, creo, donde los líderes y las comunidades religiosas pueden ofrecer una perspectiva especial para apoyar iniciativas sociales y ambientales ambiciosas, pues la Biblia está llena de ejemplos de cómo la esperanza, que en última instancia es un don de Dios, puede vencer los temores de las personas”.
La esperanza puede ser una poderosa fuerza impulsora
Desde esta perspectiva, el Papa señala que, a pesar de los escépticos o cínicos, la esperanza puede ser una poderosa fuerza impulsora. En este sentido, no solo es deseable, sino también genuinamente posible, que los avances logrados en la COP30 den paso a una transición justa hacia sociedades donde el bien común prevalezca sobre el lucro y los modelos económicos se basen en la solidaridad y la dignidad humana.
“Sin embargo, esto exige que los países más ricos cumplan con sus obligaciones de apoyo financiero a los países más pobres. Asimismo, necesitamos el desarrollo de un nuevo marco financiero internacional centrado en las personas para garantizar que todos los países, especialmente los más pobres y los más vulnerables a los desastres climáticos, puedan desarrollar todo su potencial, respetando la dignidad de sus ciudadanos”.
El amor es la clave para el desarrollo auténtico
Finalmente, el Papa León XIV destaca la importancia de cultivar una auténtica cultura del cuidado de nuestro medio ambiente, que incluye lo que el Papa Francisco denominó «amor cívico y político». Este amor es la clave del desarrollo auténtico, afirma el Pontífice, ya que “para hacer la sociedad más humana, más digna de la persona humana, el amor en la vida social —política, económica y cultural— debe recuperar su valor, convirtiéndose en la norma constante y suprema de toda actividad”.
“En este contexto, junto con la importancia de los pequeños gestos cotidianos, el amor social nos impulsa a idear estrategias más amplias para frenar la degradación ambiental y fomentar una “cultura del cuidado” que impregne toda la sociedad» (Laudato Si’, 231). Espero que sus reflexiones promuevan esta cultura del cuidado y contribuyan así a la civilización del amor”.
El video resumen del viaje apostólico del Papa a España
Las imágenes exclusivas de Vatican Media que resumen los momentos más significativos y emotivos de León XIV en la nación ibérica: siete días intensos repartidos entre Madrid, Barcelona y las Islas Canarias, y numerosas imágenes históricas, como la impresionante inauguración de la Torre de Jesús de la Basílica de la Sagrada Familia y los encuentros con las iniciativas de integración de los migrantes.
Vatican News
Con un pequeño contratiempo —la avería en el motor del Airbus A320 de Iberia que debía llevarlo de vuelta a Roma desde Tenerife, y el posterior regreso a bordo del Falcon militar puesto a disposición por el rey Felipe VI— concluyó el viaje apostólico del Papa León XIV a España. Las imágenes exclusivas de Vatican Media repasan los acontecimientos de los ocho días de estancia del Pontífice en la Península Ibérica, entre Madrid, Barcelona y las Islas Canarias. Desde el encuentro con la comunidad diocesana en el estadio Santiago Bernabéu hasta la inauguración de la Torre de Jesucristo de la Basílica de la Sagrada Familia, imágenes que han dado la vuelta al mundo. En el archipiélago, además, tuvieron lugar los conmovedores encuentros con los migrantes y con las entidades dedicadas a su acogida.
Las imágenes exclusivas de Vatican Media que recogen la llegada y las actividades de León XIV en España, en el tercer día de su cuarto viaje apostólico
Imágenes exclusivas de Vatican Media que recogen la llegada y las actividades del Papa a la isla de Tenerife, en España, en el séptimo día de su viaje apostólico
León XIV regresa a Roma en el avión de Felipe VI: finaliza su viaje apostólico a España
Dos horas más tarde de lo previsto, debido a una incidencia técnica en el avión que debía conducirlo de regreso a Roma, el vuelo papal despegó finalmente de Tenerife a las 18:08 (hora local), las 19:08 en Roma, en una aeronave ofrecida por Su Majestad el Rey de España Felipe VI. Aterrizando luego a las 23:05 en el aeropuerto de Roma.
Sebastián Sansón Ferrari – Ciudad del Vaticano
Luego de presidir la santa misa en el Puerto de Santa Cruz de Tenerife, en la solemnidad del Sacratísimo Corazón de Jesús, el Pontífice se trasladó al Aeropuerto de Tenerife Norte–Ciudad de La Laguna (Los Rodeos), situado en el municipio de San Cristóbal de La Laguna, a unos diez kilómetros de la capital tinerfeña.
Allí tuvo lugar la ceremonia oficial de despedida, marcada por los honores protocolares, la interpretación de los himnos nacionales, el saludo a las banderas, la revista a la Guardia de Honor, el intercambio de saludos de las respectivas delegaciones y un breve coloquio privado con Su Majestad el Rey Felipe VI.
Posteriormente, el Santo Padre abordó el avión que debía conducirlo de regreso a Roma. Sin embargo, se registró una incidencia técnica en la aeronave, por lo que León XIV descendió del aparato acompañado por el Rey Felipe VI. Según informó la Oficina de Prensa de la Santa Sede a través de su canal de Telegram, Su Majestad puso gentilmente a disposición del Pontífice el avión de la Casa Real para su retorno a Italia. El vuelo papal en cambio ha despegado finalmente a las 18:08 (hora de Canarias), las 19:08 en Roma, y tiene previsto aterrizar en el Aeropuerto Internacional Leonardo da Vinci de Roma-Fiumicino alrededor de las 23:00 (hora de Roma).
Por su parte, el personal de la Santa Sede y los periodistas que integran el vuelo papal regresarán en las próximas horas en otro avión facilitado por IBERIA.
Bajo el lema “Alzad la mirada”, el viaje apostólico fue anunciado el pasado 25 de febrero y su programa detallado se dio a conocer el 6 de mayo. La visita se desarrolló del 6 al 12 de junio y comprendió tres grandes sedes: Madrid, Barcelona y las Islas Canarias.
A lo largo de la semana, León XIV presidió celebraciones litúrgicas, encuentros con comunidades eclesiales, reuniones con autoridades y diversos actos pastorales, centrando sus mensajes en la esperanza cristiana, la dignidad de la persona, la solidaridad y el compromiso de los creyentes ante los desafíos contemporáneos.
León XIV denuncia a quienes “convierten el sufrimiento ajeno en negocio”
En un significativo encuentro con migrantes, voluntarios y entidades que facilitan la incorporación de los migrantes a la sociedad de acogida, el Papa reclamó una integración basada en la dignidad humana, recordó a las víctimas de las rutas migratorias y lanzó un duro llamamiento a quienes trafican con personas parta que se conviertan. “Deténganse. Conviértanse. Las lágrimas y la sangre de estos hermanos claman a Dios y sus sufrimientos llegan hasta Él”, señaló el Pontífice.
Lorena Pacho – Ciudad del Vaticano
El Papa León XIV defendió este viernes, 12 de junio, en la última etapa de su viaje a España, desde las Islas Canarias, la necesidad de asentar una cultura de la integración que vaya más allá de la mera asistencia y que permita a las personas migrantes reconstruir su vida y participar plenamente como protagonistas en la sociedad que las acoge. Lo hizo durante un encuentro con representantes de realidades dedicadas a la acogida e integración de migrantes celebrado en la Plaza del Cristo de La Laguna, en San Cristóbal de La Laguna, Tenerife, en el archipiélago canario, uno de los principales puntos de llegada de personas que cruzan el mar para llegar a Europa.
El lenguaje de la cercanía
Tomando como punto de partida la definición de La Laguna como una “ciudad sin murallas”, el Pontífice advirtió de que las barreras más difíciles de derribar no son físicas, sino aquellas que nacen “en la mirada, en el miedo o en la indiferencia”.
Ante las historias de sufrimiento y esperanza que llegan a las costas canarias, invitó a aprender “el lenguaje de la cercanía”, capaz de reconocer la dignidad de cada persona más allá de cifras o expedientes administrativos. “En una ciudad sin murallas, también el corazón está llamado a ensancharse para acogerlas. Por eso necesitamos aprender el lenguaje de la cercanía, ese que se comprende más con las manos que con las palabras”, señaló el Papa.
La dignidad humana en la base
León XIV desarrolló gran parte de su intervención en torno a la idea de que la solidaridad nace del reconocimiento de la dignidad humana y no puede reducirse a gestos puntuales de ayuda y de que la integración es un proceso humano y espiritual que exige compromiso sólido. “La acogida abre la puerta; la integración ayuda a cruzar el umbral. La asistencia coloca bálsamo en la herida y la integración reconstruye el futuro” afirmó.
Y recalcó que integrar “no significa borrar la historia de quien llega ni exigirle que deje atrás todo lo que forma parte de su memoria”. Tampoco significa “crear mundos paralelos, cerrados unos a otros, donde las personas conviven sin encontrarse realmente”. Por el contrario, apuntó el Pontífice integrar es un camino recíproco: “quien llega aprende a habitar una tierra nueva, y quien recibe aprende a ensanchar su propia casa sin diluir su identidad ni cerrar el corazón al encuentro”.
Encuentro con las entidades dedicadas a la integración de los migrantes (@Vatican Media)
Una responsabilidad compartida
El Pontífice subrayó que la integración es una responsabilidad compartida que implica compromisos tanto para las sociedades de acogida como para quienes llegan a ellas. Tras recordar que los Estados y las comunidades tienen el deber de proteger y acompañar a los migrantes, el Pontífice animó también a estos a implicarse activamente en su nuevo entorno, “aprendiendo la lengua, respetando las leyes, conociendo las costumbres y participando en la vida común”. Según explicó, la dignidad reconocida como un derecho alcanza su plenitud cuando se traduce en responsabilidad y en el deseo de contribuir al bien común. “Así, quien llegó como forastero puede reencontrar vínculos, reconstruir confianza y sentirse parte viva de una comunidad. Ésta es una forma preciosa de misericordia”, señaló el Papa.
La persona por delante de cualquier consideración administrativa
Uno de los ejes centrales del discurso fue la defensa de la dignidad de los migrantes. León XIV insistió en que la mirada cristiana debe situar a la persona por delante de cualquier consideración jurídica o administrativa. “Hablamos, ante todo, de personas creadas a imagen y semejanza de Dios, antes que de categorías jurídicas o de problemas que administrar”, resaltó el Papa.
En esta línea, recordó que quienes alcanzan las costas europeas después de travesías extremadamente peligrosas necesitan no solo ayuda material, sino también oportunidades reales para recomenzar. “Buscan a alguien que les diga, con los gestos antes que con las palabras: tu vida no es un descarte, tu sufrimiento no es invisible, tu dignidad no ha quedado disuelta en las aguas que has atravesado”, apuntó León XIV. Y agregó: “Pero buscan también algo más: una posibilidad concreta de recomenzar, de aprender, de trabajar, de servir, de participar, de no quedar encerrados para siempre en la condición de víctimas”.
El Pontífice agradeció expresamente el trabajo de la diócesis, de Cáritas, de la pastoral de migraciones, de las parroquias y de numerosas organizaciones eclesiales y civiles que acompañan procesos de protección, promoción e integración. Destacó además el valor de quienes, tras haber sido acogidos, se convierten posteriormente en apoyo para otros migrantes, transformando la ayuda recibida en “responsabilidad compartida”. “Así, el extranjero de ayer puede ser el hermano y vecino de hoy”, destacó el Papa.
Una Iglesia que acoge y evangeliza
Dirigiéndose a los católicos, León XIV pidió que la integración no sea entendida únicamente como una tarea social. Según explicó, quienes llegan necesitan vivienda, trabajo y protección, pero también encontrar comunidades cristianas capaces de ofrecer el testimonio del Evangelio con respeto y libertad. “Evangelizar es compartir con respeto y humildad el tesoro que sostiene nuestra acción y nuestra esperanza. Una Iglesia que acoge es también una Iglesia que anuncia, ofreciendo a Cristo sin imponerlo y que, al mismo tiempo, recibe el Evangelio de manos de los pobres”, afirmó el Papa.
Encuentro con las entidades dedicadas a la integración de los migrantes (@Vatican Media)
No permanecer indiferentes ante las víctimas de los naufragios
El Papa dedicó uno de los momentos más emotivos de su discurso a recordar a quienes han perdido la vida intentando alcanzar Europa. “Una conciencia humana, y más aún una conciencia cristiana, no puede permanecer indiferente ante las víctimas de los naufragios y de la falta de ayuda, ante esos cementerios del mar. Cada vida perdida en estas rutas es un fracaso para la familia humana”, dijo el Pontífice. Y advirtió de que existe también un “naufragio silencioso” después de la llegada: la soledad, la falta de vínculos, el desempleo o la exposición a redes de explotación. “Integrar es impedir ese segundo naufragio”, advirtió el Papa. Y puntualizó: “Es ayudar a que quien llegó lastimado no quede fijado para siempre en su dolor, sino que pueda volver a ponerse en pie, reconocer sus dones y ofrecerlos a la comunidad”.
“Deténganse. Conviértanse”
En su discurso, el Papa también realizó un llamamiento contundente dirigido a quienes se benefician de la desesperación de los migrantes. León XIV denunció a quienes organizan rutas clandestinas, trafican con personas, retienen documentos, explotan trabajadores o amenazan a mujeres vulnerables. “Deténganse. Conviértanse”, exhortó el Papa. Y añadió: “Las lágrimas y la sangre de estos hermanos claman a Dios y sus sufrimientos llegan hasta Él. El dinero arrancado a la vulnerabilidad de los pobres no dará paz, ni honor, ni futuro”. El Pontífice recordó que “por cada vida perdida, cada familia engañada, cada cuerpo sometido, cada mujer amenazada, cada trabajador explotado habrán de comparecer ante la justicia divina”. También les pidió que “rompan las cadenas” de la explotación, liberen a los retenidos, reparen el daño causado y emprendan un camino de verdad y conversión. “Vuelvan mientras aún hay tiempo, porque la misericordia de Dios puede alcanzar incluso al pecador más endurecido, pero sólo entra por la puerta estrecha de la verdad, la justicia y la conversión”, señaló.
El encuentro concluyó con una invitación a no dejar que la última palabra la tengan el miedo, la indiferencia o la violencia. “La última palabra pertenece a Cristo, que se identifica con el forastero, toca las heridas de la humanidad y nos llama a reconocerlo en cada hermano que necesita ser acogido, protegido, promovido e integrado”, resaltó. Recordando a la Sagrada Familia, que tuvo que huir a Egipto para proteger al Niño Jesús, León XIV pidió que Canarias siga siendo una tierra donde todos puedan sentirse reconocidos como hermanos y donde la acogida se transforme en auténtica integración.
Lo más destacado del Encuentro con organizaciones de integración de migrantes
El muelle de la vergüenza, transformado en lugar de esperanza: «La dignidad humana no tiene pasaporte»
León XIV se ha inclinado este jueves ante aquellos que cruzan el Atlántico jugándose la vida. En el puerto de Arguineguín, el primer Papa que pisa Canarias se ha encontrado cara a cara con migrantes rescatados del mar y con quienes los socorren y los acogen, en uno de los actos de mayor contenido humano de todo su viaje a España. Tras escuchar a un capitán de Salvamento, a una voluntaria de Cáritas y a una víctima de trata, ha querido devolverles algo que el mar y las mafias intentaron arrebatarles: «No son números ni expedientes», dijo, y resumió la mañana en una frase: «La dignidad humana no tiene pasaporte ni pierde valor al cruzar una frontera».
Texto: Bernabe Villalba
Imágenes: EFE / Ángel Medina
Olía a mar y hacía calor. En el muelle, la gente esperaba con mucha paz, con esa calma serena de quien sabe que viene a verle un buen amigo. Había grupos de migrantes reunidos con tranquilidad, sin la tensión de los expedientes ni de las cifras. Y, al fondo, esta vez en el muelle y también tranquilo, una embarcación naranja de Salvamento Marítimo, sin la vorágine del rescate sino más bien como un hermano mayor que acompaña a sus hermanos. Quizá por eso el ambiente tenía algo de familia: porque aquí muchos se han dado la vida unos a otros, los de Salvamento a quienes caen al agua y los que cuidan en el día a día de tierra.
León XIV ha llegado a las 11:40 de la mañana al puerto de Arguineguín, donde le aguardaba el obispo de Canarias, monseñor José Mazuelos Pérez, junto a representantes de Salvamento Marítimo, la Policía Nacional, la Guardia Civil, Cruz Roja, Cáritas y presidencia del gobierno de España. Pero, como en otras etapas de este viaje, el protagonismo no estaba en las autoridades, sino en los rostros más sencillos: los migrantes recuperados del mar y quienes les tienden la mano. Era, además, un momento histórico: jamás un Pontífice había pisado las islas. Cuando el Papa apareció, a más de uno le brillaban los ojos por la emoción de encontrarse con el sucesor de Pedro, el pescador.
En su saludo, monseñor Mazuelos puso palabras a un lugar que enmudeció al mundo: el que muchos llamaron el muelle de la vergüenza. Recordó que este muelle ha sido testigo de la llegada de miles de personas que huyen del hambre, de la guerra y de la desesperación tras travesías que superan los 1.600 kilómetros, y reivindicó que precisamente aquí, donde tanto se ha sufrido, puede nacer un símbolo de acogida y de justicia. «Cada migrante es un rostro concreto, no un número», afirmó, antes de agradecer la labor de quienes llamó «los ángeles de la guarda de las personas migrantes». Pidió al Papa que ayude a mirar con compasión, a actuar con valentía y a construir una sociedad donde nadie sea tratado como un problema, sino como un hermano.
Rostros concretos de la acogida y la esperanza
Llegaron después los testimonios, y con ellos un silencio se apoderó del muelle: un silencio traspasado por el dolor de quienes ahora, por fin, ven tierra y viven.
El primero en hablar fue Tito Villarmea, capitán de Salvamento Marítimo en la Guardamar Urania, un nombre que, dijo, «evoca lo celestial». Confesó que no había dormido desde que supo de la visita, y recordó a sus abuelos gallegos, que una sola vez salieron de su pueblo para viajar casi veinte horas y ver a Juan Pablo II en Fátima. En dieciocho años, junto a su equipo, ha rescatado a más de 20.000 personas. Pero hubo una a la que nunca olvidará: una madre que viajaba en una patera y que, ya a salvo, descubrió el rostro de su hijo de catorce años, le colocó unos pendientes dorados y lloró. Era una niña. «Lloró ella y lloré yo, porque soy padre de dos adolescentes», dijo. «Podrían haber sido mis hijas». El Papa escuchaba atento, sin apartar la mirada, como el pescador que repasa sus redes para repararlas.
Tomó después la palabra María, voluntaria de Cáritas, que evocó los días del desbordamiento, cuando los recursos eran escasos, no se conocía la lengua de quienes llegaban y muchas veces solo se podía ofrecer «galletas, leche y un poco de atención». De aquella impotencia, dijo, aprendieron lo esencial: que no se trataba de resolverlo todo, sino de estar presentes; que una sonrisa o una mirada bastan para que alguien se sienta acogido, aunque no haya idioma común.
El testimonio más estremecedor llegó de la mano de otra mujer, que leyó (por motivos de seguridad)) las palabras de Blessing, víctima de trata. La historia de una nigeriana que salió de su país no porque quisiera, sino porque no había otra salida; que dejó atrás a dos hijas, cayó en manos de una mafia y sobrevivió a un cautiverio que ni el mar consiguió cerrar. «He aprendido a creer en mí misma de nuevo», concluía su carta.
Cerró el turno de testimonios una trabajadora latinoamericana que llegó a Gran Canaria en 1997 con «una maleta cargada de sueños», pasó por un bazar, un restaurante y veinte años en una empresa de reformas, y que hoy dirige su propia compañía con seis empleados. Quiso dejar un mensaje a quienes aún sufren: que sí se puede salir adelante con trabajo, respeto y gratitud, y que ojalá los trámites para quienes llegan sean cada vez más humanos.
«Donde Cristo manda callar al mar, la Iglesia no puede quedar muda»
Cuando llegó su turno, León XIV mostró el anillo del Pescador que lleva en la mano y, a partir de él, partió toda su reflexión. Recordó que a Pedro le fue dicho «desde ahora serás pescador de hombres», y que en lugares como El Hierro ese mandato adquiere una fuerza literal y dolorosa, allí donde se rescatan personas. Por eso, advirtió, «el Sucesor de Pedro no puede desentenderse de estos muelles».
Evocó el mar de la Biblia como imagen del caos (el Leviatán que devora, las mafias que trafican con la desesperación, la indiferencia que traga a los pobres) y, frente a él, la voz de Cristo que ordena: «¡Calla, enmudece!». «Ahí donde Cristo manda callar al mar», dijo, «la Iglesia no puede permanecer muda ante quienes son abandonados a sus aguas».
Se dirigió uno a uno a quienes habían hablado. A Tito y a María, para subrayar que la conversión empieza cuando el migrante deja de ser «uno más». A Blessing, a quien dedicó las palabras más intensas: su nombre significa bendición, y «si otros pusieron precio a tu cuerpo, Dios no ha dejado nunca de mirarte como alguien invaluable». «Eres hija y hermana, eres bendición», le dijo. Y a los migrantes presentes les pidió que protejan su vida y no la entreguen a quienes prometen paraísos fáciles, esos «cantos de sirenas» que son industrias de muerte.
El drama, insistió, debe convertirse en examen de conciencia: para los países de origen y de tránsito, para una Europa que no puede acostumbrarse a que el Atlántico sea «un cementerio sin lápidas», y para una Iglesia que no puede adorar a Cristo en el altar y luego «pasar de largo» ante los cayucos. Reivindicó tanto el derecho a buscar refugio como el derecho a no tener que migrar, y dejó una frase que resumió toda la mañana: «No podemos acostumbrarnos a contar muertos. La dignidad humana no tiene pasaporte».
Encomendó finalmente a los presentes a Nuestra Señora del Carmen, patrona de la gente del mar, para que acompañe a quienes llegan, consuele a quienes han perdido a los suyos y despierte en todos «la valentía de la misericordia».
Al terminar, al fondo seguía la lancha naranja, fiel, montando guardia. El muelle que el mundo llamó «de la vergüenza» había escuchado, por una vez, una palabra distinta. Porque hoy, junto al mar, cada vida que ha llegado a una orilla planteaba la misma pregunta que el Papa dejó suspendida en el aire salado: qué queda de nuestra humanidad. Y, por un instante, en Arguineguín, la respuesta fue alzar la mirada y acoger.
León XIV cumple el sueño de Gaudí e ilumina desde Barcelona un templo que sigue en construcción
«He aquí la morada de Dios entre los hombres, y morará entre ellos, y ellos serán su pueblo, y el “Dios con ellos” será su Dios»
Texto: Pablo Mariñoso de Juana
Fotografías texto: Sus autores
Fotografías galería: Manuel Queimadelos
«Amén. ¡Déu meu, Déu meu!» fueron las últimas palabras de Antonio Gaudí Cornet. Del «Dios mío, Dios mío» de Cristo en la cruz hasta el testamento verbal del genial arquitecto catalán pasaron veinte siglos, y esta tarde Barcelona se ha congregado en una multitudinaria celebración para conmemorar ese siglo veintiuno. Porque han pasado ya 100 años desde aquel trágico 10 de junio de 1926 en que un tranvía lo atropelló por las calles de Barcelona. Un accidente que escribió su destino final en los márgenes olvidados de la ciudad que él mismo había diseñado. El trazo de sus lápices es hoy la arquitectura bendita que vertebra la Ciudad Condal.
A las 19:16hs el interior de la Sagrada Familia, bosque de piedras y vidrios, jardín botánico de paramecios, se fundía en un aplauso sereno. En las pantallas aparecía el Santo Padre, que bajaba del Papamóvil a las puertas de la basílica, recibido por Sus Majestades, Felipe y Letizia, el presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, y Salvador Illa, presidente autonómico. Varios centenares de sacerdotes flanqueaban los laterales del altar, y teñían con el blanco de sus casullas el festival de colores ideado por Gaudí. De su mañana en Monserrat a la tarde en la Sagrada Familia –ideada como una cordillera con dieciocho cimas–, León XIV ha recorrido este miércoles una ruta de senderismo espiritual por los dos epicentros de la fe en Cataluña.
Fotografía: Kike Rincón (Europa Press)
Nada es casualidad. El cardenal barcelonés Juan José Omella, que también recibía al Papa junto al sanedrín de políticos y autoridades, hace tiempo que se empeñó en inaugurar la Torre de Jesucristo a lo grande, en una magna celebración, y vaya si lo ha conseguido. Toda la Santa Misa de hoy y la posterior bendición de la Torre de Jesucristo, con su pompa litúrgica y su emoción contenida, se debe al cariño de monseñor Omella hacia el pontífice y a su justificado afecto por Gaudí. El secreto de la perseverancia es el amor y este prelado aragonés ha demostrado amar con creces.
La jornada es precisamente lo que muchos denominarían «histórica», y así nos gustaría a todos que lo sea. Cien años ha tardado Barcelona en coronar su ciudad, y el proyecto colosal de Antonio Gaudí no merecía menos esmero. El encuentro de la Diócesis de Barcelona con el Obispo de Roma ha sido la veneración de un venerable. El arquitecto de Reus está en proceso de beatificación, también por el sano empecinamiento de los obispos catalanes. Y es también histórica porque marca, de alguna forma, el eje del primer Viaje Apostólico de León XIV a España. El de hoy ha podido ser el acto central de toda su visita: el día que marcó en el calendario, frente a especulaciones de la prensa –y posibles adelantos de elecciones que nunca son tales–, la venida del Papa en junio. Tenía todo el sentido.
Después de los saludos protocolarios, León XIV ha visitado el edículo y taller de Antonio Gaudí, donde una niña invidente le ha mostrado una pequeña maqueta de la torre de Jesucristo que bendeciría al final de la jornada. Todos los ojos puestos, dentro y fuera del templo, en las pantallas instaladas para seguir la escaleta de una Eucaristía ya bordada en la memoria de Cataluña. Entraba entonces el Santo Padre en la cripta, acompañado de monseñor Omella y del Rector de la parroquia, mosén Josep Maria Turull. Su oración discreta ante el Santísimo y la tumba de Gaudí despertaba el interés de todos. Un Papa arrodillado ante el creador de la basílica; el ‘Ipse Christus’ postrado ante el artífice bendito de este Edén de piedras claras.
Fotografía: Kike Rincón (Europa Press)
A falta de dos días, este arquitecto universal lleva cien años enterrado en esa misma cripta en la que ahora se detenía a rezar el Papa. El 12 de junio de 1926, dos días después de su muerte, Gaudí fue enterrado en esa capilla que lleva por advocación a la Virgen del Carmen. Las crónicas de aquellos días recogen que el cortejo fúnebre que acompañó su féretro hasta el templo que había concebido se convirtió en el acontecimiento ciudadano más importante de aquel año. No más que el acontecimiento de hoy, claro.
A las 19:49hs comenzaba el canto de entrada, irremediablemente solemne, y decenas de monaguillos, con sus cirios y sus cruces, su incensario y toda la parafernalia, encaraban el pasillo central de la Sagrada Familia. El coro ha hecho las delicias de los 4200 peregrinos sentados en el interior de la basílica y de los otros tantos que aguardaban fuera. Más de 500 voces, según informaba la oficina de prensa de la Basílica, quedaban escondidas en lo más alto de la basílica.Rozando la bóveda o el artesonado o el techo o lo que sea que Gaudí quiso poner en lo más alto, eran un centenar de niños y otros tantos de mayores, voces blancas y barítonos, corales y escolanías, quienes se arremolinaban en el cielo de la basílica y nos elevaban a todos los presentes a toda escatología. Juan de la Rubia, organista titular de la Basílica, ponía acordes al festival de voces.
Fotografía: Manuel Queimadelos
Así, dos minutos antes de lo que marcaba la agenda, ha comenzado la Santa Misa. El Gobierno ocupaba las primeras filas, la prensa –cientos de periodistas acreditados para la ocasión– se encaramaba en las tribunas y balcones y los Reyes dirigían su mirada atenta desde el lateral derecho del presbiterio. León XIV, revestido de dorado, incensaba entonces el altar y el aroma de su presencia embriagaba la ciudad entera. El Santo Padre presidía la Eucaristía en el centro mismo de Barcelona.
Cualquier análisis periodístico queda estéril en comparación con la breve oración del acto penitencial, que resumía toda la miga del encuentro: «Queridos hermanos: estamos aquí reunidos para celebrar con alegría la eucaristía, que nos hace familiares de Dios y santos por vocación, y para inaugurar la nueva torre de esta basílica, coronada por la cruz, que, como la escalera de Jacob, une el cielo y la tierra para alabanza y gloria de Dios. Reconozcamos que somos pecadores e invoquemos con confianza la misericordia de Dios». Hoy en la Sagrada Familia, en fin, se vivía la religión, ese ‘relegare’ que une milagrosamente lo humano y lo divino.
Fotografía: Kike Rincón (Europa Press)
Haciendo gala de su capacidad políglota, el propio León XIV ha entonado el Gloria, en perfecto latín, con un torrente de voz. Miles de personas seguían su canto animadamente. Y como esos novios que escogen las lecturas de su boda, con aquello de «el amor es paciente» o lo de «no es bueno que el hombre esté solo», el equipo de ceremonieros pontificios ha escogido unas lecturas que hablaban con precisión para la celebración de esta tarde. Es el dardo atravesando el corazón ardiente, escudo del Papa y acaso lluvia fina que todo lo empapa en esta visita. En este centenario, primera visita de León XIV a Barcelona como pontífice, se ha leído el Apocalipsis, sumando simbología a la amalgama de detalles: «He aquí la morada de Dios entre los hombres, y morará entre ellos, y ellos serán su pueblo, y el “Dios con ellos” será su Dios».
Bendecir su morada ha sido, por tanto, la celebración de una certeza: Dios estaba aquí entre nosotros, con tanta gente reunida en su nombre (y suponemos, mirando las primeras bancadas, que también un puñado en su contra). El salmo, cantado por un chico de la Escolanía de Montserrat, daba gloria a Dios por esta magnífica humanidad que permitió a Gaudí proyectar en piedra el ideal de una vida: «Lo coronaste de gloria y dignidad; le diste el mando sobre las obras de tus manos», cantaba el escolano.
A eso de las 20:19hs se diluía silenciosamente la expectación ante la homilía de León XIV. ¿Qué diría el Santo Padre ante esta improvisada canonización del arquitecto? Lo cierto es que el Papa ha pronunciado una preciosa catequesis sobre la construcción de la Basílica. Hay que tener una mirada de eternidad para siquiera insinuar que cien años no son nada, y que tanta euforia quedaría hueca si la bendición de esta Torre de Jesucristo supone el punto y final. Pero es que León XIV posee esa mirada. La construcción, ha explicado, sigue viva en cada uno de nosotros.
Fotografía: Kike Rincón (Europa Press)
«La Sagrada Familia es un templo que nos constituye en una familia amada por el Señor, alimentada por su propia vida en la Eucaristía. Así es como la Ciudad Condal y toda Cataluña se reúnen en este templo, signo también de unidad y de concordia, y alzan su mirada para encontrarse con el rostro de Dios Padre, resplandeciente en su Hijo hecho hombre, Jesucristo», ha comenzado diciendo.
Tirando del hilo con la misma idea poderosa –que a esta basílica le quedan todavía, por lo menos, otros cien años–, ha predicado: «Todos nosotros somos las piedras vivas de esta obra, que tiene a Cristo como fundamento y culmen, principio y fin. Mucho más que un monumento, la Basílica de la Sagrada Familia sigue siendo hoy una obra en construcción, que nos recuerda cómo la vida cristiana es siempre un camino, porque se trata de un proyecto que Dios lleva a cabo. No habitamos, pues, una obra inacabada, sino un templo aún en construcción. Su imperfección no es un defecto, porque da testimonio de un deseo; no significa una carencia, sino que expresa una promesa que queremos honrar con coherencia. Nuestra gratitud se convierte entonces en compromiso, al tiempo que cooperamos en el proyecto de Dios, es decir, en la construcción a la que Él mismo nos llama».
¿Quién es entonces el constructor? ¿Quién el construido? En sus palabras, León XIV ha insinuado que no fue Gaudí quien alzó este templo para el Señor, sino Dios quien alzo el templo del alma para Gaudí: «Es Dios, en cambio, quien nos da un lugar, y el lugar que nos regala es su propio corazón: el lugar del Hijo, para nosotros que éramos extraños; el lugar del Amado, para nosotros que somos pecadores». Pero nuestra naturaleza de pecado es precisamente la que nos invita a alzar la mirada: «Queridos hermanos, no podemos creer en Jesús y promover la guerra. No podemos creer en Jesús y matar al inocente. No podemos creer en Jesús y abandonar a quien sufre, a quien llora, a quien huye de la miseria».
Fotografía: Kike Rincón (Europa Press)
Durante su larga homilía, que ha jugado con ese bilingüismo suyo barnizado por el acento americano, el Santo Padre ha tenido unas últimas palabras para la Torre de Jesucristo y para su formidable inventor: «Recordemos, pues, que la Cruz de Cristo, que corona esta basílica, es la Cru de los últimos que se vuelven los primeros, de los pecadores que se vuelven santos, de los muertos que resucitarán». Y seguía: «Al admirar la torre de Jesucristo, alzamos la mirada hacia Él, hacia Aquel que sólo nos revela la verdad de Dios y la verdad de nosotros mismos».
Una última referencia a Gaudí ha rematado su homilía: «Creado a su imagen, el hombre responde a la obra de Dios con su propio ingenio: así es como el artista convierte el talento en alabanza y la creatividad en testimonio del mismo Creador. Como arquitecto ardiente de fe, el venerable Antoni Gaudí concibió estos espacios con el deseo de narrar los misterios de la vida del Señor: de este modo nos ha propuesto una peregrinación espiritual, que conduce al encuentro con Cristo nacido, muerto y resucitado por nosotros. Junto con Gaudí, de quien conmemoramos el centenario de su muerte, recordamos y damos las gracias esta tarde a todos los promotores y benefactores, a los artistas y a los trabajadores que cooperan en la construcción de una obra maestra arquitectónica, que es también una elocuente catequesis hecha de piedras, colores y luz».
Después de la homilía y las peticiones –qué acertada ha estado Barcelona, sin estridencias modernas ni súplicas inexplicables: por la Iglesia, por el Papa, por los gobernantes, por los que sufren, por la paz, y por nosotros–, la numerosa coral ha entonado ‘Verleih uns Frieden Gnädiglich’ de Mendelssohn. Nada es casualidad, decíamos. La música ha sido otro bosque de matices, otra sinfonía de diversidades dentro del rico espectáculo en torno a la figura del arquitecto catalán. Del canto gregoriano –‘Jesu dulcis memoria’–, al ‘Ave Verum’ de Elgar, pasando por el ‘Oh, cel blau’ de Millet o el ‘Virolai a la Mare de Déu de Montserrat’, que ha sonado en cada evento de la etapa catalana. Un juego de composiciones que levantaba el fervor de esta Iglesia que peregrina en Barcelona.
Si bien la Santa Misa ha estado repleta de momentos emocionantes, sobre las 20:57hs tenía lugar una doxología para la historia, que el Papa ha entonado con fiereza. Cientos de sacerdotes extendían sus manos para ofrecer, de nuevo hacia lo alto, este sacrificio siempre antiguo y siempre nuevo. La comunión se ha prolongado durante diez minutos largos mientras los cantos ambientaban el silencio de la oración. Una coreografía de movimientos estudiados ha hecho que miles de personas comulguen, pero no así en la tribuna de prensa. ¿Acaso no se puede tener fe y garabatear notas a vuelapluma al mismo tiempo?
Fotografía: Kike Rincón (Europa Press)
Entonces el cardenal Omella ha dirigido unas palabras finales en agradecimiento por la visita del Santo Padre: «No queremos ser agoreros de desastres sino sembradores de esperanza. La torre de Jesucristo que usted, Santo Padre, va a bendecir, gran emblema de esta ciudad olímpica, nos anima a alzar la mirada hacia la luz que proyecta esta torre coronada por la cruz de Jesucristo». Una afectuosa despedida a la que León XIV ha respondido con el regalo de un cáliz para la diócesis de Barcelona.
Hora y media después del comienzo de la celebración, el Santo Padre ha dado su bendición final: «Tú, que iluminaste a tu siervo Antoni Gaudí para dejar las realidades de este mundo y buscar las del cielo, concédenos edificar en medio de los hombres la nueva Jerusalén de tu Reino. Por Jesucristo, nuestro Señor». Un amén rotundo ha unificado a todos los presentes, al tiempo que se atenuaban las luces del interior y los escolanos de Montserrat salían con velas. Su entonación de ‘Sanctus’ daba comienzo a la traca final de la bendición.
Es, ay, la tensión fecunda de la Iglesia en España. El momento de mayor recogimiento se ha fundido con los minutos de mayor alboroto. Una de cal y otra de arena, estoy es, una de silencio y otra de puro ruido. Ante la fachada iluminada por los focos y, sobre todo, por los rostros de la Escolanía de Montserrat –protagonistas musicales del itinerario barcelonés–, se ha despegado un espectáculo de música, luces y fuegos artificiales. Pero nada como la luz de una mirada. Era la de León XIV, sentado frente a la facha principal del templo. Era la de los 4000 fieles del interior y los 5000 peregrinos congregados en las afueras. La sensación compartida ha sido la de pura sorpresa. Sorpresa mayúscula. Con el ‘Hosana in exelcis Deo’ se ha hecho la luz.
Fotografía: Manuel Queimadelos
El aplauso ha sido ensordecedor en dos momentos finales: primero, la Cruz quedaba iluminada por completo, cumpliendo aquel deseo de Gaudí: «La cruz será de cristal; de día reflejará la luz del sol y por la noche, mediante potentes focos, proyectará haces de luz sobre la ciudad». Y, por último, un espectáculo de drones que dibujaba en el firmamento la silueta de Gaudí. El estallido de aplausos se ha rematado con la frase «Primer l’amor. Després la tècnica», en una coreografía de drones coloridos.
Quizás hacía falta que pasaran cien años para comprender a qué se refería todo. Por qué soñó Gaudí esta locura. Por qué erigió hacia el cielo un templo imposible. Quizás hacía falta la perspectiva de un siglo, incluso, para comprender la actualidad del mensaje del Papa. Sólo ahora, con la Torre de Jesucristo encendida, terminamos de entender el mandato de estos días: alzad la mirada. Barcelona por fin la ha alzado. ¡Déu meu, Déu meu! Amén.
El Papa pide dejar “las corazas que han endurecido poco a poco el corazón” a los pies de la Virgen
El Santo Padre León XIV ha participado en la Abadía de Nuestra Señora de Montserrat en un acto central de oración con motivo de la conmemoración del milenario del monasterio, en un encuentro marcado por la dimensión espiritual, litúrgica y simbólica del lugar. Entre las autoridades civiles que han acompañado al Santo Padre, están el presidente de la Generalitat, Salvador Illa; y Óscar Puente, ministro de Transporte junto a la ministra de Igualdad.
El Papa reza ante la Virgen de Montserrat, patrona de Cataluña, en un acto central del milenario del monasterio.
La celebración ha reunido a la comunidad benedictina, autoridades eclesiásticas y miles de fieles en uno de los actos más destacados del milenario de la Abadía.
La celebración integró oración mariana y tradición litúrgica en uno de los enclaves religiosos más emblemáticos del mundo, con la escolanía más antigua de Europa.
Fotografía: Dr. G. SIMON
Montserrat, 10 de junio de 2026.- El Santo Padre León XIV ha participado en la Abadía de Nuestra Señora de Montserrat en un acto central de oración con motivo de la conmemoración del milenario del monasterio, en un encuentro marcado por la dimensión espiritual, litúrgica y simbólica del lugar. Entre las autoridades civiles que han acompañado al Santo Padre, están el presidente de la Generalitat, Salvador Illa; y Óscar Puente, ministro de Transporte junto a la ministra de Igualdad.
El Papa León XIV ha señalado: “Estoy contento de poder venir a los pies de la Moreneta para encomendarle, lleno de confianza en su intercesión maternal, mi servicio petrino y la misión de la Iglesia en el mundo que clama pidiendo justicia y paz. Los muros de este recinto podrían narrarnos las innumerables historias de devoción, gratitud y esperanza que han contemplado a lo largo de los siglos en torno a la Mare de Déu de Montserrat y también han sido testigos de la sangre derramada por amor a Jesucristo. Así mismo en ellos han quedado custodiadas las alegrías y las penas, los gozos y las lágrimas de tantos fieles, y han escuchado también las voces celestiales del canto infantil de la Escolanía más antigua de Europa”.
La celebración ha comenzado con León XIV rezando en la capilla del Santísimo, ante el Cristo del escultor Josep Maria Subirats, en un momento de recogimiento que ha subrayado el carácter contemplativo de la visita del Santo Padre. Posteriormente, ha tenido lugar la bienvenida por parte del Obispo de Sant Feliu de Llobregat, Xavier Gómez, y las palabras del Abad de Montserrat, Manel Gasch, quienes han destacado el significado histórico y espiritual de esta visita en el contexto de los mil años de vida de la comunidad benedictina.
El obispo ha agradecido al Santo Padre su visita y la alegría de “recibirle en la santa montaña de Montserrat, donde el pueblo catalán y tantos peregrinos suben a encontrarse con el Señor Jesús bajo la mirada de la Moreneta”. El abad ha resaltado que esta visita es “ya es una de las peregrinaciones más importantes de nuestra historia.” Posteriormente el Santo Padre ha presidido el rezo del Rosario junto a la comunidad religiosa y a los miles de fieles presentes en el interior y en el exterior, en un clima de oración compartida.
Tras el rezo del Rosario, la celebración ha concluido con el canto del Salve Regina y la interpretación del tradicional himno “Virolai”, expresión profundamente arraigada en la devoción popular a la Virgen de Montserrat, por parte de la Escolanía. Finalmente, el Santo Padre ha realizado la veneración de la Virgen de Montserrat en el camarín, en un momento de especial intensidad simbólica y devocional.
León XIV ha recordado en este acto el hecho de que “el Papa Francisco, en el 2023 ofreció la rosa de oro a esta venerada imagen, nos invitaba a considerar cómo, durante cientos de años, los fieles, sin distinción, han pasado por este Santuario desgranando las cuentas del rosario, porque María, Mare de Déu, es fundamental en la vida de todo cristiano”. Con motivo de ese reconocimiento, el Papa Francisco señaló «delante de la Madre se despiertan los sentimientos más nobles de una persona».
El Papa ha animado a dejar a los pies de la Virgen “las corazas que han endurecido poco a poco el corazón”. León XIV ha terminado su intervención, rezando en catalán esta oración: “Que María, Madre de la Iglesia, nos oriente siempre hacia Jesús. Os invito a honrarla con estas palabras: De los catalanes siempre seréis la Princesa, de los españoles y del mundo todo el amor; decidnos: “Sois mi tesoro, yo soy vuestra madre, no temáis” Que así sea.”
Tras este emotivo acto en Montserrat, el Papa bendijo a todos los fieles reunidos en el exterior, desde el balcón de la Plaza de Santa María. Está previsto que el Santo Padre coma junto a la comunidad de benedictinos de la abadía.
Posteriormente, a las 16.30 h. tendrá un encuentro con las realidades de caridad y asistencia de la diócesis. Y a las 19.30 horas tendrá lugar, el momento más esperado de la etapa catalana, la santa Misa en la Sagrada Familia y la bendición de la Torre de Jesucristo de la iglesia más alta del mundo.
El Papa en Barcelona: Ser testigos y profetas de unidad, acogida, concordia y paz
El primer encuentro del León XIV en Barcelona ha tenido lugar en la catedral de la Santa Cruz y de Santa Eulalia para la oración de la Hora Media. En su homilía, el Pontífice recordó que, en la riqueza de los dones recibidos, somos fuertes porque estamos unidos, y estamos unidos porque estamos animados por el mismo Espíritu. Asimismo, exhortó a no permitir que nada destruya la unidad en la que Dios nos ha constituido y hacia cuya plenitud nos conduce día tras día.
Rocio Lancho García – Ciudad del Vaticano
El Papa León XIV ha llegado a Barcelona procedente de Madrid este martes 9 de junio, iniciando así la segunda etapa de su viaje a España. A su llegada al aeropuerto de El Prat, el Santo Padre fue recibido por algunos representantes de la Generalitat de Catalunya. Desde allí se ha trasladado en coche hasta la catedral de Barcelona, para la oración de la Hora Media.
Al llegar a la catedral de la Santa Cruz y Santa Eulalia, el Papa fue recibido por el arzobispo metropolitano de Barcelona, el cardenal Juan José Omella Omella. Posteriormente entró en una de las capillas para un momento de oración delante de Santísimo Sacramento y, sucesivamente, recorrió la nave central. Tras unas palabras de bienvenida del cardenal Omella, el Santo Padre pronunció su homilía, en la que leyó algunos fragmentos en catalán.
Hogar amplio y abierto a la fraternidad cristiana
Haciendo referencia a la lectura proclamada, León XIV reflexionó sobre dos imágenes: la Esposa y el Cuerpo. La primera, explicó el Papa, nos recuerda que la Iglesia, y en particular esta asamblea, rica de dones y carismas y de la variedad de las historias de cada uno, es ante todo una Esposa amada.
“Dios os ha querido aquí, porque ama en vosotros y en vuestro estar juntos una belleza y una bondad únicas y sagradas”, aseguró a los presentes. Asimismo, subrayó que la Iglesia “es fruto de un acto de amor que la precede y que viene de Dios” y, ante todo, “crece dejándose amar por Él, unida, con corazón humilde y agradecido, porque sólo quien se deja amar por Dios puede construir, con los demás, las obras del amor”.
Haciendo referencia a unas palabras que el Papa Francisco dedicó a esta comunidad diocesana, León XIV explicó que el “clima que estamos llamados a difundir en nuestros ambientes” debe ser “un clima de familia, en el que se vive juntos, conscientes de la filiación y de la llamada común, solidarios, abiertos, capaces de misericordia, de sacrificio, de atención recíproca, de perdón”. También evocó unas palabras de su predecesor Juan Pablo II durante su visita a esta ciudad en 1982, cuando animó a “proclamar ante la Iglesia que esta ciudad y esta región son un hogar amplio y abierto a la fraternidad cristiana”. En sus palabras – prosiguió el Papa – encuentran un lugar los rostros de tantos hermanos y hermanas que entre vosotros se han entregado y se entregan para construir armonía y comunión, más allá de toda polarización. Según afirmó León XIV, estas personas hoy se ven confirmadas en la vitalidad de las numerosas obras de anuncio, de formación y de caridad de las que todos vosotros sois animadores y protagonistas.
Oración de la Hora Media en la Catedral de la Santa Cruz y Santa Eulalia (@Vatican Media)
En la riqueza de los dones recibidos somos fuertes
En segundo lugar, el Papa profundizó sobre el Cuerpo: “Si Cristo es el Esposo que nos amó primero, Él es también la Cabeza a la que estamos unidos como miembros de un único organismo, unos al servicio de otros”, “todos animados por la acción del mismo Espíritu, todos llamados a la misma santidad”. El Papa destacó la importancia de este aspecto porque “nos recuerda que para nosotros trabajar juntos no es una elección de ‘estilo’, sino una necesidad fisiológica”, y a la que “correspondemos poniendo en juego los carismas recibidos en el respeto de los ministerios confiados”. Es el Espíritu quien, “nos impulsa no sólo a entregarnos sin reservas allí donde la Providencia nos llama, sino a hacerlo según los designios de Dios, en la obediencia y en la confianza”, indicó el Pontífice.
En esta misma línea reflexionó sobre la “variedad y la importancia de los roles y de las misiones que encontramos entre nosotros”, asegurando que el mensaje es siempre el mismo: “en la riqueza de los dones recibidos, somos fuertes porque estamos unidos, y estamos unidos porque estamos animados por el mismo Espíritu”. Por ello, León XIV advirtió de la importancia de “no permitir que nada destruya la unidad en la que Dios nos ha constituido y hacia cuya plenitud nos conduce día tras día”.
Testigos y profetas de unidad
En un mundo desgarrado por guerras y divisiones, y en una sociedad cada vez más fragmentada e individualista, el Papa invitó a ser “mártires”, es decir, “testigos y profetas de unidad, de acogida, de concordia y de paz, incluso a costa de sacrificios y renuncias”. Queremos responder nuestros ‘sí’, – afirmó el Pontífice – dispuestos, en lo que sea necesario, a morir a nosotros mismos, a perdernos para reencontrarnos, a renunciar a lo superfluo para construir sobre lo que es esencial y dura para siempre.
Para concluir su intervención, el Obispo de Roma recordó las palabras de Jesús en la Última Cena: “Yo en ellos, y tú en mí, para que sean completamente uno, de modo que el mundo sepa que tú me has enviado y que los has amado a ellos como me has amado a mí”.
Al finalizar, el Papa fue a la cripta para un momento de oración delante de la tumba de santa Eulalia. Después salió a la calle e improvisó un saludo a la multitud que le esperaba. Sucesivamente, acude a la Casa Arzobispal donde comerá y se reunirá de forma privada con el presidente de la Generalitat de Catalunya, Salvador Illa i Roca, y a los miembros de la Orden Agustina.
El Papa a la Comunidad diocesana: La bondad de pocos puede vencer el miedo de muchos
La tarde de este lunes, 8 de junio, el Papa León XIV encontró a la Comunidad diocesana de Madrid, en el Estadio Santiago Bernabéu. A los representantes de esta Iglesia particular, el Pontífice les recordó que, “hay que volver a aprender el arte espiritual de ser cordiales, sin el cual incluso el anuncio del Evangelio corre el riesgo de convertirse en una repetición impersonal y, al perder eficacia, deja espacio a la frustración y la desconfianza”.
Renato Martinez – Ciudad del Vaticano
“La bondad, aunque sea de unos pocos, puede vencer el miedo de muchos. Sed, para todos, como una Biblia abierta: que en vuestros rostros y en vuestra vida se pueda encontrar la Palabra de Dios. El amor, efectivamente, es el lenguaje que hace que todos se sientan como en casa”, este fue el aliento del Papa León XIV a los participantes en el Encuentro con la Comunidad diocesana de la capital española, a quienes encontró este lunes, 8 de junio, en el Estadio Santiago Bernabéu, de Madrid, España.
El arte de la polifonía, la unidad en la diversidad
Tras haber escuchado los testimonios de los representantes de las diferentes realidades de la Iglesia madrileña, el Santo Padre manifestó su alegría de poder unir su voz a este gran himno de fe, a la de una familia eclesial que está aprendiendo el arte de la polifonía, es decir, de la unidad en la diversidad. Y comentando las palabras que le dirigió el Arzobispo de Madrid, el Papa dijo que, “los números, los datos y los hechos no son suficientes para generar comunidad”.
“Nuestro corazón necesita cantar, es decir, interpretar los acontecimientos y las situaciones celebrando con los demás el sentido que irradian. Para la Iglesia, esto ocurre de manera singular en la liturgia, el gran Memorial de la historia que nos ha salvado”.
Ingreso del Papa al estadio Santiago Bernabéu (@Vatican Media)
También hoy el amor de Cristo nos apremia
En este sentido, el Papa León señaló que, el canto es una expresión esencial de la vida y la cultura cristiana, capaz de transmitir tanto alegría como esperanza en medio de las dificultades. Por ello, la Iglesia diocesana está llamada a ser testigo del Evangelio en diversos ámbitos de la sociedad, acompañando a las personas en su búsqueda de nuevas oportunidades. De ahí que el Pontífice indicó que, la alegría cristiana no es una emoción pasajera, sino una actitud profunda y permanente que fortalece a la comunidad y refleja el mensaje de los apóstoles, quienes invitan constantemente a vivir con alegría.
“Es la Evangelii gaudium, una respuesta coral a la obra de Dios en Jesucristo: su vida, muerte y resurrección han cambiado para siempre la percepción de la historia de quienes lo han encontrado y seguido, aunque sea de formas y por caminos diferentes. También hoy el amor de Cristo nos apremia (cf. 2 Co 5,14) —el verbo que utiliza san Pablo, synèchei, significa además ‘nos cautiva’, ‘nos mantiene unidos’, ‘nos posee’— y así nos llama a la responsabilidad de la acción”.
El Bautismo cambia verdaderamente la vida
Y al referirse a uno de los testimonios, el Santo Padre indicó que, el Bautismo transforma profundamente la vida de las personas al centrar sus valores, prioridades y acciones en Cristo. Gracias a este sacramento, los dones y capacidades individuales dejan de orientarse únicamente al beneficio personal y pasan a ponerse al servicio de los demás y del bien común. No hay que temer el hecho de que nunca produzca uniformidad.
“Al respecto, el Nuevo Testamento da testimonio, en la variedad de sus voces, de la comunión en la diversidad, es decir, de la comprensión que desapareció en Babel, donde todos, según el relato bíblico, obligados a un proyecto totalitario y meramente humano, terminaron por no entender a su prójimo”.
El saludo del Papa a los fieles de Madrid (@Vatican Media)
En la pluralidad de voces existe la posibilidad de edificar juntos
Y al citar el numeral 10 de la Encíclica Magnifica humanitas, el Papa León propone como alternativa a la homologación y confusión, la figura de Nehemías, que involucra a toda la comunidad para reconstruir los muros de Jerusalén.
«Hoy, reconstruir significa reconocer que, en la pluralidad de voces y visiones que a veces recuerda la dispersión de las lenguas, existe, sin embargo, una posibilidad luminosa: la de edificar juntos, transformando la diversidad en un recurso y haciendo de la escucha y del diálogo el terreno común en el cual hacer crecer la justicia y la fraternidad. Y, en esta obra compartida, los cristianos encuentran su propia forma de construir: orientar la acción hacia Dios, para que, bajo su luz, el pluralismo no se disperse en el desorden, sino que, en la práctica de la sinodalidad, se convierta en el espacio en el que la humanidad recupere sus cimientos sólidos y su fin último».
Una relación especial entre la Iglesia y la ciudad
Por ello, el Santo Padre subrayó que, existe una relación especial entre la Iglesia y la ciudad, que se vuelve más importante en los tiempos de cambio. Esta relación se manifiesta tanto en los vínculos personales y comunitarios como en la presencia de asociaciones e instituciones. En las grandes ciudades, la misión cristiana adquiere características propias al desarrollarse en medio de una cultura urbana nueva y en constante evolución.
“La claridad sobre este punto ha madurado mucho a lo largo del camino sinodal, lo que nos ha permitido conocernos y escucharnos con mayor profundidad en los contextos en los que la comunidad diocesana vive y se configura. La pregunta que se vuelve más importante es: lo que somos y hacemos como cristianos, ¿llega «allí donde se gestan los nuevos relatos y paradigmas», o sea, a los «núcleos más profundos del alma de las ciudades» (ibíd. 74). Es cierto que dar una respuesta puede ser difícil, pero es posible si buscamos juntos la verdad”.
Hay que cultivar la conciencia de que la verdad es sinfónica
De ahí que el Pontífice recuerda que, para llegar al corazón de la ciudad hay que cultivar la conciencia de que la verdad es sinfónica y siempre nos supera, cultivar el deseo de encontrar al Resucitado, que siempre va por delante de nosotros, nos precede y tal vez ya esté presente donde aún no lo hemos buscado. Por eso, buscarlo y seguirlo es la condición para indicarlo: de lo contrario, no hay evangelización, y hoy podemos entender esto mejor que en el pasado.
“En las grandes ciudades, más que en otros lugares, a veces nos parece que ya no tenemos los mapas para movernos con seguridad. Entonces hay que volver a aprender el arte espiritual de ser cordiales, sin el cual incluso el anuncio del Evangelio corre el riesgo de convertirse en una repetición impersonal y, al perder eficacia, deja espacio a la frustración y la desconfianza”.
Dios conoce uno a uno los corazones de sus habitantes
Asimismo, el Papa León XIV señaló que, Madrid es una gran ciudad donde conviven tradiciones y “almas” diferentes. Dios conoce uno a uno los corazones de sus habitantes. Los conoce como sólo Él sabe y puede hacerlo, es decir, en el amor y, por tanto, en la libertad. Él es misericordia infinita y quiere que todos se salven. Lo desea hasta el punto de hacerse carne y cargar sobre sí todo el pecado, el mal y lo negativo del mundo. ¡He aquí a Jesucristo! ¡He aquí la Buena Nueva, la gracia que hemos recibido y que estamos llamados a compartir con todos! Porque todos, sin excepción, están hechos para la vida y para la vida en plenitud.
“La presencia de la Iglesia en una gran ciudad es una parábola de este misterio de salvación. Me viene a la mente el libro de Jonás, una joya de la Biblia que os invito a leer o a releer, personalmente y en comunidad. No es fortuito que fuera precisamente en las ciudades donde los apóstoles implantaron la Iglesia naciente, encontrándose no sólo con el rechazo, sino también con la acogida allí donde, de forma más natural, las personas se enfrentan a la diversidad y al cambio”.
¡Nada os turbe, nada os espante!
Juntos, como Iglesia diocesana, afirmó el Pontífice, podemos ofrecer el testimonio evangélico que desata las mejores fuerzas de una humanidad bombardeada de imágenes y palabras, pero hambrienta de justicia y sedienta de verdad. Disponeos a acoger los nuevos comienzos no como una excepción, sino como la regla de la misión.
“La inversión en los consejos parroquiales y diocesanos no tiene un objetivo menor que este: modificar la sensibilidad de cada uno gracias a una escucha más profunda de lo que el Espíritu dice a la Iglesia. Sería una lástima reducirlos a meros trámites burocráticos. Son espacios de escucha recíproca para el ejercicio del discernimiento, sin el cual no sólo cada uno va por su camino, sino que corremos el riesgo de no comprender dónde nos quiere el Señor, qué espera de nosotros, a qué conversiones nos llama. Cuando atendemos estos espacios, entonces el culto se convierte en vida y entre las personas surgen lazos de fraternidad y proyectos de solidaridad”.
Reconocer la práctica del discernimiento comunitario
De ahí, que el Santo Padre invitó a los presbíteros a reconocer la práctica del discernimiento comunitario como una de las mayores oportunidades que la sinodalidad ofrece a su ministerio. Y sin apartarse de lo esencial, el hecho de deteneros regularmente con vuestro pueblo para interpretar la vida de los barrios, los cambios culturales, las tensiones sociales y las prácticas eclesiales a la luz del Evangelio enriquecerá y consolará vuestro ministerio. También ayudará a salir del aislamiento y a experimentar la alegría del Espíritu Santo.
“En efecto, cuando reducimos la vida eclesial a una rutina en la que cada uno permanece encerrado en sus hábitos y en su papel, lo que nos falta es el Espíritu. Éste suscita vocaciones y las une, provocando a veces agitación, discusión, búsqueda de nuevos equilibrios. No os espantéis de todo esto, disfrutadlo”.
El ritmo contagio del Evangelio
Las anécdotas que hemos escuchado esta noche, dijo el Papa León XIV, nos cuentan, o mejor dicho “nos cantan”, cuánta vida hay en esta Iglesia. Y recordando algunos de los testimonios de la comunidad diocesana, el Pontífice indico que esta es la Iglesia, con su ritmo contagioso del Evangelio.
“¡He aquí la Iglesia, queridos hermanos y hermanas! He aquí la música del Evangelio, con su ritmo contagioso. Cuando llega al corazón, hace que uno diga haberse sentido acogido con los brazos abiertos, como la hermana que vino desde Perú a Madrid. Muchos, como ella y su familia, al comienzo sienten temor a acercarse, pues han oído hablar de prejuicios y decepciones”.