El Papa en Luanda: superar las divisiones para construir un futuro de esperanza

El Papa en Luanda: superar las divisiones para construir un futuro de esperanza

En la primera misa presidida en Angola, León XIV recuerda el dolor del país afectado por una larga guerra civil, pide la presencia de “una Iglesia que sepa acompañarlos en el camino” e insta a superar viejas divisiones para construir un futuro de esperanza sobre todo para los numerosos jóvenes que la han perdido.

María Cecilia Mutual – Ciudad del Vaticano

Construir un país en el que se superen para siempre las viejas divisiones y dar un futuro de esperanza a los jóvenes que la han perdido. Fue la invitación del Papa León en la homilía de la primera misa celebrada en Angola, en la explanada de Kilamba, esta mañana 19 de abril.

Hablando en portugués, ante unos 100 mil fieles, el pontífice inició su homilía agradeciendo a los presentes por la cálida bienvenida que le brindaron. Su reflexión se inspiró en el Evangelio de este tercer domingo de Pascua, en el que el Señor nos habla a través del relato de los discípulos de Emaús (cf. Lc 24,13-35).

Lea el texto completo de la homilía del Papa

El Papa repasa la escena de los dos discípulos del Señor, quienes “con el corazón lastimado y triste” salen de Jerusalén para regresar a Emaús. “Decepcionados y derrotados” después de haber visto morir a Jesús, en el camino “hablaban sobre lo que había ocurrido” – dice León XIV – necesitan “compartir lo que han vivido, aunque corran el riesgo de quedarse atrapados en el dolor, cerrados a la esperanza”.

En esta escena inicial del Evangelio el Pontífice ve reflejada la historia de Angola: un “país bellísimo pero lastimado, que tiene hambre y sed de esperanza, de paz y de fraternidad”.

La conversación de los dos discípulos mientras caminan, recordando con tristeza lo que le ha sucedido a su Maestro, nos trae a la memoria el dolor que ha marcado a este país: una larga guerra civil con su secuela de enemistades y divisiones, de recursos malgastados y de pobreza.

El saludo del Papa a los fieles angoleños a su llegada a la explanada de Kilamba para la santa misa

El saludo del Papa a los fieles angoleños a su llegada a la explanada de Kilamba para la santa misa   (@Vatican Media)

El riesgo de perder la esperanza y paralizarse

Ante esta larga situación de dolor, se corre el riesgo, advierte el Papa, de sufrir la misma suerte que los dos discípulos de Emaús: “perder la esperanza y quedarse paralizado por el desánimo”. Pero recuerda que la “Buena Nueva del Señor, también hoy para nosotros, es que “Él está vivo, ha resucitado y va a nuestro lado mientras recorremos el camino del sufrimiento y la amargura”:

El Señor se acerca a los dos discípulos desanimados y sin esperanza y, al hacerse su compañero de camino, los ayuda a recomponer los fragmentos de aquella historia, a mirar más allá del dolor (…) Para nosotros, y también para ustedes, queridos hermanos y hermanas angoleños, queda así trazado el camino para volver a empezar: por un lado, la certeza de que el Señor nos acompaña y tiene compasión de nosotros; por otro, el compromiso que Él nos pide.

Tantos jóvenes participaron en la misa del Papa León

Tantos jóvenes participaron en la misa del Papa León   (@Vatican Media)

Mantener la mirada fija en Jesús

La compañía del Señor la experimentamos en la oración, en la escucha de su Palabra y sobre todo “en la celebración de la Eucaristía”, recuerda el Papa, “donde nos encontramos con Dios”. Y advierte que hay que estar “siempre atentos a aquellas formas de religiosidad tradicional que, sin duda, pertenecen a las raíces de la cultura de ustedes, pero que, al mismo tiempo, suponen el riesgo de confundir y mezclar elementos mágicos y supersticiosos que no ayudan en el camino espiritual”. De ahí su exhortación:

Permanezcan fieles a lo que enseña la Iglesia, confíen en sus Pastores y mantengan la mirada fija en Jesús, que se revela especialmente en la Palabra y en la Eucaristía.

Convertirse en pan partido para transformar la realidad

A esta certeza de no estar solos en el camino se añade también un compromiso generoso capaz de aliviar las heridas y reavivar la esperanza, precisa León XIV, indicando que también nosotros debemos reconocerlo así: no sólo en la Eucaristía, sino en cualquier lugar donde haya una vida que se convierta en pan partido, en cualquier lugar donde alguien se haga don de compasión como Él.

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Una Iglesia que reavive la esperanza perdida

Ante los problemas sociales y económicos y las diferentes formas de pobreza que sufre Angola, el Papa León pide la presencia de “una Iglesia que sepa acompañarlos en el camino y escuchar el lamento de sus hijos”, que “sepa reavivar la esperanza perdida”: “obispos, sacerdotes, misioneros, religiosas y religiosos, laicos y laicas que tengan en el corazón el deseo de entregar su propia vida y ofrecérsela unos a otros, de comprometerse en el amor y el perdón mutuos, de construir espacios de fraternidad y de paz, de realizar gestos de compasión y solidaridad hacia quienes más lo necesitan”.

La multitud festaja la llegada del Papa León XIV

La multitud festaja la llegada del Papa León XIV   (@Vatican Media)

Construir la esperanza del futuro

“Con la gracia de Cristo Resucitado podemos convertirnos en ese pan partido que transforma la realidad” es el aliento del Sucesor de Pedro.

“También nosotros podemos y queremos construir un país en el que se superen para siempre las viejas divisiones, en el que desaparezcan el odio y la violencia, en el que la lacra de la corrupción sea sanada por una nueva cultura de la justicia y el compartir. Sólo así será posible un futuro de esperanza, sobre todo para los numerosos jóvenes que la han perdido”

Concluyendo su homilía, el Santo Padre exhorta a “mirar hacia el futuro con esperanza y construir la esperanza del futuro. ¡No tengan miedo de hacerlo!

El Papa: no apaguen las aspiraciones de los jóvenes angoleños

El Papa: no apaguen las aspiraciones de los jóvenes angoleños

El Papa León se dirige a las autoridades de Angola, a la sociedad civil y a los miembros del cuerpo diplomático, y los anima a utilizar sus cargos para promover la paz y la estabilidad.

Vatican News

El primer acto público de su visita a Angola consistió en un encuentro del Papa León XIV con las autoridades del país, representantes de la sociedad civil y miembros del cuerpo diplomático en el Palacio Presidencial de Luanda el sábado por la tarde.

Dirigiéndose al presidente João Lourenço y a los allí reunidos, el Papa comenzó expresando su gratitud por la invitación y destacó: «Vengo a vosotros para encontrarme con vuestro pueblo, como un peregrino que busca las huellas del paso de Dios en esta tierra amada por Él».

Dedicó un momento a referirse a las recientes inundaciones en la provincia de Benguela, asegurando su «oración por las víctimas» y expresando su «cercanía a las familias que han perdido sus hogares». También destacó la respuesta nacional, observando que los angoleños están «unidos en una gran cadena de solidaridad en apoyo de los afectados».

La resiliencia de los angoleños

En su discurso, el Papa León destacó lo que describió como los recursos más importantes del país, no materiales sino humanos, afirmando que «vuestro pueblo posee tesoros que no se pueden vender ni robar». Entre ellos, destacó una resiliencia arraigada en la experiencia. «Hay en ellos una alegría que ni siquiera las circunstancias más adversas han podido extinguir», dijo.

Al mismo tiempo, el Papa advirtió contra los patrones de explotación económica arraigados desde hace tiempo. «Con demasiada frecuencia vuestras regiones han sido, y siguen siendo, consideradas con el fin de dar —o, más a menudo, de quitar algo», dijo, pidiendo que se rompa «esta cadena de intereses, que reduce la realidad y la vida misma a una mercancía».

África de alegría y esperanza

El Papa León pasó luego a hablar de África en términos más generales. Describió el continente como «una reserva de alegría y esperanza» para el mundo, señalando en particular a sus generaciones más jóvenes. «Sus jóvenes y sus pobres siguen soñando, siguen esperando, no se conforman con lo que ya existe», dijo. Esto, continuó, representa una fuerza de cambio más profunda que los programas políticos por sí solos.

El Papa también abordó el impacto de los modelos económicos extractivos, que, según él, han provocado «sufrimiento, muertes y desastres sociales y medioambientales». Advirtió de que tales sistemas siguen promoviendo «un modelo de desarrollo que discrimina y excluye, pero que aún así pretende imponerse como el único posible».

Citando a San Pablo VI, recordó la crítica a una «civilización comercial, hedonista y materialista» que se presenta como el futuro a pesar de ser «completamente anacrónica». En contraste, señaló que «esta generación está esperando algo más».

La vida florece solo en el encuentro

Al referirse a los retos políticos y sociales a los que se enfrentan muchas naciones africanas, el Papa León destacó la importancia del diálogo. «La vida florece solo en el encuentro. En el principio está el diálogo», dijo, al tiempo que reconoció que el desacuerdo puede degenerar en conflicto.

Citando al Papa Francisco, esbozó a continuación tres posibles respuestas al conflicto, destacando la necesidad de transformarlo de manera constructiva. «La forma más adecuada… es aceptarlo, resolverlo y transformarlo en un eslabón de un nuevo proceso. “Bienaventurados los pacificadores”», dijo.

Poner el bien común en primer lugar

A continuación, se dirigió directamente a quienes ocupan puestos de responsabilidad en Angola, animándoles a adoptar un enfoque inclusivo de la gobernanza e instándoles a no «temer el desacuerdo; no apaguen las aspiraciones de los jóvenes ni los sueños de los ancianos». A continuación, les instó a «anteponer el bien común a los intereses particulares, sin confundir nunca la propia parte con el todo».

El Papa describió la dimensión política de la esperanza y la alegría. Estas, dijo, no son meros sentimientos privados, sino fuerzas que dan forma a la sociedad. Además, son «una fuerza intensa y expansiva que contrarresta la resignación y la tentación de encerrarse en sí mismo».

Advirtió contra las estrategias políticas que se basan en la división y el desánimo. De nuevo, se refirió al Papa Francisco, quien señaló que «la mejor manera de dominar… es sembrar la desesperanza y la desconfianza constante». Tales enfoques, había subrayado el pontífice argentino, conducen a la «polarización» y debilitan la cohesión social.

En cambio, el Papa León animó a la «verdadera alegría», describiéndola como una fuente de renovación. La vinculó a la fe cristiana, diciendo que «el fruto del Espíritu… es amor, alegría, paz». Subrayó que la vida social depende de relaciones basadas en la dignidad y el reconocimiento mutuo, ya que «sin alegría no hay renovación; sin encuentro no hay política; sin el otro no hay justicia».

El futuro de Angola

Al concluir su discurso, el Papa León expresó su confianza en el futuro de Angola, haciendo un llamamiento a un compromiso compartido con el desarrollo que incluya a todos los sectores de la sociedad. Reafirmó el papel de la Iglesia católica como socia en este proceso, afirmando que busca «fomentar el crecimiento de un modelo justo de convivencia».

Por último, recordó el salmo: «La piedra que desecharon los constructores se ha convertido en la piedra angular», antes de impartir una bendición final: «¡Que Dios bendiga a Angola!».

El Papa: estoy en África para animar a los católicos, no para debatir con Trump

El Papa: estoy en África para animar a los católicos, no para debatir con Trump

En el vuelo hacia Luanda, en Angola, tercera etapa del viaje apostólico, León XIV saluda a los periodistas que le han acompañado estos días y agradece a Camerún su extraordinaria acogida: «Feliz de haber vivido esta experiencia». El Pontífice aclara también que sus discursos se prepararon semanas antes y que, por lo tanto, no deben interpretarse «como si estuviera tratando de debatir de nuevo con el presidente de EE. UU., algo que no me interesa en absoluto»

Salvatore Cernuzio – en el vuelo Yaundé/Luanda

El Papa León XIV hace un balance absolutamente positivo de los tres días que acaba de pasar en Camerún, país que «representa el corazón de África en muchos aspectos: anglófono y francófono, con unas 250 lenguas locales y una gran variedad de etnias». En vuelo hacia Angola, tercera etapa del viaje apostólico por África, el Papa —pocos minutos después del despegue— se dirige a los periodistas que le acompañan para agradecerles el trabajo realizado («Espero que hayan pasado una buena estancia en Camerún»), pero también para aclarar algunas cuestiones relativas a la interpretación dada a sus palabras de estos días.

Narrativa inexacta

«Se ha difundido cierta narrativa, no del todo exacta, debido a la situación política creada cuando, el primer día del viaje, el presidente de los Estados Unidos hizo algunas declaraciones sobre mí», explica el Papa León, en referencia a las acusaciones que Trump le había dirigido a principios de semana y sobre las que el propio Pontífice había intervenido en el vuelo de ida a Roma. Pero mientras que el presidente de EE. UU. —y también el vicepresidente JD Vance— continuó en los días siguientes con comentarios contra el Santo Padre, para el Papa el asunto ya se había cerrado desde el primer día. De ahí la nota a los periodistas.

«Gran parte de lo que se ha escrito desde entonces no es más que un comentario sobre otro comentario, en un intento de interpretar lo que se dijo», subraya León XIV. Un ejemplo es el importante discurso pronunciado en el Encuentro de oración por la paz, el 16 de abril. Ese discurso, explica el Pontífice, «se había preparado dos semanas antes, mucho antes de que el presidente comentara sobre mí y sobre el mensaje de paz que estoy promoviendo. Sin embargo, se interpretó como si estuviera tratando de debatir de nuevo con el presidente, algo que no me interesa en absoluto».

Construir la paz y el diálogo entre las religiones

Al igual que en la ida, el Papa León vuelve a reiterar cuál es su misión: «Vengo a África principalmente como pastor, como jefe de la Iglesia católica, para estar con todos los católicos africanos, para celebrar con ellos, para animarlos y acompañarlos». La visita tiene también otras dimensiones y el Papa cita en este sentido el «excelente encuentro» que mantuvo con un grupo de imanes en la Nunciatura de Yaundé, necesario para «seguir promoviendo, como ya estamos haciendo en otros lugares y como lo ha hecho el Papa Francisco durante su pontificado, el diálogo, la promoción de la fraternidad, la comprensión, la aceptación y la construcción de la paz con personas de todas las confesiones». El Papa se muestra también satisfecho por el encuentro de ayer en la Universidad Católica de África Central, donde bendijo un «precioso» monumento con el mapa de África y San Agustín en el centro: «Este monumento expresa parte de lo que representa esta Iglesia».

Proclamar el Evangelio

El Papa, en su saludo, aborda también el tema candente de la «distribución desigual de la riqueza» que se observa en toda África. Camerún, en particular, dice, «es un país rico en oportunidades, pero también difícil».

Ahora Angola, un camino que continúa: «Sigamos proclamando el mensaje del Evangelio», afirma el Papa, destacando la belleza de ser cristianos, lo que significa «seguir a Cristo, promover la fraternidad, confiar en el Señor, pero también buscar formas de promover la justicia en nuestro mundo. Promover la paz en nuestro mundo».

El agradecimiento a Camerún

A través del único periodista camerunés presente en el vuelo papal, Charles Ebune, de Cameroon Radio Television (CRTV), el Papa León XIV envía su gratitud a todo el pueblo de Camerún «por la maravillosa acogida, el gran entusiasmo y la alegría de la gente. ¡Ha sido absolutamente fantástico!». «Extraordinario», según el Papa, también el hecho de que, «a través de este entusiasmo compartido», muchas personas hayan descubierto «lo maravilloso que es ser seguidores de Jesucristo y celebrar juntos nuestra fe». «Estoy muy feliz de haber vivido esta experiencia», dice León.

«Nos vemos en Angola»

Por último, otro agradecimiento y un saludo a los cerca de 70 periodistas presentes en el avión: «Estoy muy contento de saludaros a todos y de daros las gracias por el trabajo que estáis realizando. Espero que el Señor siga bendiciéndonos a todos en este viaje. ¡Nos vemos en Angola!».

África, el viaje del Papa: una llamada a cambiar el corazón

África, el viaje del Papa: una llamada a cambiar el corazón

La visita de León XIV a los países africanos pone de manifiesto la fuerza de los pueblos, oprimidos por el yugo colonial, y nos invita a formar parte de un presente y un futuro más justos, fraternos y solidarios

Massimiliano Menichetti

El viaje del Papa a África nos pide que abramos los ojos, que cambiemos el latido de nuestro corazón para hacerlo más vivo, nos exhorta a actuar para que el rostro de la humanidad sea más auténtico. En estos días, miles de personas esperan y acompañan al Santo Padre abarrotando las polvorientas calles de tierra roja o las avenidas de las ciudades; muchas veces, detrás de los cordones de seguridad hay casas con techos de hojalata, estructuras derruidas y en ruinas, y sin embargo los ojos de todos están llenos de alegría, las sonrisas brotan en cuanto una mirada se cruza con un saludo. Se espera incluso durante horas el paso del coche del Papa o de la comitiva que lo acompaña para tener la oportunidad de una imagen, un recuerdo; se canta, se baila, se agitan banderas, ramas, se alzan vibrantes las manos al cielo.

Esta visita es un recorrido por las heridas y las esperanzas de pueblos a menudo olvidados, pero también una invitación dirigida a todos a cambiar de perspectiva, a no mirar hacia otro lado, a construir vínculos, fraternidad y relaciones sin ceder al miedo y a la resignación. El África que León está conociendo muestra una vitalidad y una energía desbordantes, una capacidad de futuro ilimitada, pero es igualmente evidente el yugo colonialista que el mundo sigue ejerciendo para aplastar, controlar y contener ese potencial. Aquí, donde se saquean los recursos, se hiere la tierra con residuos tóxicos, se alimentan los conflictos, las confrontaciones y la corrupción, lo que devoran los grupos de poder, políticos y económicos, no es el dinero, sino el presente y el futuro de generaciones enteras. En un planeta herido por las guerras y la violencia, el Sucesor de Pedro, por el contrario, tiende puentes favoreciendo el encuentro, la reconciliación, la conciencia, la unidad y la paz. Como en Bamenda, que con motivo de la visita quedó literalmente reconectada con el país. Debido a la violencia relacionada con la cuestión separatista, que provocó miles de desplazados y muertos, las carreteras casi habían desaparecido y el aeropuerto llevaba ocho años inutilizable.

La llegada de León ha reactivado no solo las obras materiales, sino también las del corazón, reavivando una esperanza adormecida. El Papa, con su presencia, muestra también las diferencias de las naciones que visita y disipa la narrativa confusa e instrumental que muy a menudo considera a África como si fuera un único país y no un continente. Muestra con fuerza la unidad en la diversidad, la singularidad de la familia humana de la que cada hombre forma parte en cuanto hijo de Dios; pone de manifiesto la polifonía de la Iglesia, llamada a difundir la belleza del Evangelio, que, encarnado, da lugar a la creatividad y construye sociedades más justas, fraternas y solidarias. El Papa exhorta a la responsabilidad compartida y, desde África, se dirige al mundo, a cada uno de nosotros, planteando una pregunta radical que nos impulsa a ir hacia el otro para encontrarlo, perdonarlo, ayudarlo, caminar juntos, asumiendo la responsabilidad de construir un nuevo horizonte común. En un mundo que a menudo se nutre de polarizaciones, arrogancia y amenazas, el Santo Padre lleva el rostro de Cristo, que pide a cada uno que cambie, encarnando en cada acción de la vida cotidiana el sí de la conversión. León está reconectando a toda la humanidad, devolviendo a los pueblos el respeto y la libertad de crecer y desarrollarse, desmontando las pretensiones de dominio y posesión.

El Papa: la misión de la Iglesia no es sobrevivir, sino comunicar el amor de Dios

El Papa: la misión de la Iglesia no es sobrevivir, sino comunicar el amor de Dios

En una carta a los cardenales con vistas al Consistorio de junio, León XIV invita a profundizar en los temas de Evangelii gaudium, en particular la reforma de los itinerarios de iniciación cristiana. Recuerda luego que la misión de la Iglesia «combina el anuncio explícito, el testimonio, el compromiso y el diálogo, sin ceder a la tentación del proselitismo ni a una lógica de mera conservación o expansión institucional».

Vatican News

El Papa León ha enviado una carta a los cardenales, con fecha 12 de abril, agradeciéndoles su participación en el Consistorio —el primero desde el inicio de su pontificado— que tuvo lugar en el Vaticano los días 7 y 8 de enero de 2026 y se centró en los temas de la sinodalidad y la misión. En la misiva, el Pontífice expresa su aprecio por el trabajo realizado en los grupos de manera libre y fecunda, hasta el punto de constituir «un patrimonio precioso que deseo seguir custodiando y haciendo madurar en el discernimiento eclesial».

El «soplo nuevo» del anuncio

El Santo Padre reflexiona luego sobre la Evangelii gaudium, la Exhortación apostólica del Papa Francisco publicada en 2013, centrada en el anuncio del Evangelio en el mundo. «De sus contribuciones —subraya— se desprende con claridad que dicha Exhortación sigue representando un punto de referencia decisivo: no se limita a introducir nuevos contenidos, sino que recentra todo en el kerigma como corazón de la identidad cristiana y eclesial». El Papa afirma que ha sido reconocida como un verdadero «soplo nuevo», capaz de iniciar procesos de conversión pastoral y misionera, «más que de producir reformas estructurales inmediatas, orientando así en profundidad el camino de la Iglesia».

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Las nuevas perspectivas

Se trata, pues, de una perspectiva que interpela a la Iglesia en todos los niveles porque, continúa el Papa, llama a cada bautizado a pasar de una fe recibida a una fe vivida; «en este camino —escribe— se ve afectada también la calidad misma de la vida espiritual, en la primacía de la oración, en el testimonio que precede a las palabras y en la coherencia entre fe y vida». A nivel comunitario, se trata del paso a una pastoral misionera en la que las comunidades están llamadas a ser hospitalarias, «atentas a la calidad de las relaciones y capaces de ofrecer espacios de escucha, de acompañamiento y de sanación». En la perspectiva diocesana, el Papa León invita a los pastores a «apoyar con decisión la audacia misionera, velando para que no se vea lastrada o sofocada por excesos organizativos, y favoreciendo un discernimiento que ayude a reconocer lo esencial».

Una misión integral

El Papa recuerda que de este modo se perfila aún más claramente la «misión profundamente unitaria»: cristocéntrica y kerigmática, «que nace de un encuentro con Cristo capaz de transformar la vida y que se difunde por atracción más que por conquista». Una misión integral, «que mantiene unidos —se lee en la carta— anuncio explícito, testimonio, compromiso y diálogo, sin ceder a la tentación del proselitismo ni a una lógica de simple conservación o expansión institucional».

Vivir sin complejos

«Incluso cuando se reconoce minoritaria, la Iglesia —destaca el Pontífice— está llamada a vivir sin complejos, como pequeño rebaño portador de esperanza para todos, recordando que el fin de la misión no es su propia supervivencia, sino la comunicación del amor con el que Dios ama al mundo». Por lo tanto, hay que relanzar la Evangelii gaudium, verificando primero qué se ha asimilado «con honestidad», a distancia de años, y qué ha quedado sin aplicar; luego, «hay que prestar atención a la necesaria reforma de los itinerarios de iniciación cristiana».

El Papa León también exhorta a valorar las visitas apostólicas y pastorales «como auténticas ocasiones kerigmáticas y de crecimiento en la calidad de las relaciones»; en cuanto a la comunicación eclesial, subraya la necesidad de reconsiderar la eficacia, «incluso a nivel de la Santa Sede, desde una clave más claramente misionera». La carta concluye con un agradecimiento por el servicio y la contribución a la Iglesia y hace referencia al próximo Consistorio, que tendrá lugar los días 26 y 27 de junio, con el anuncio de «una comunicación más detallada para acompañar adecuadamente la preparación».

El Papa: llamados a ser incansables artífices de la paz en nombre de Jesús

El Papa: llamados a ser incansables artífices de la paz en nombre de Jesús

León XIV recibe a los miembros del Sínodo de la Iglesia de Bagdad de los Caldeos, reunidos en Roma para la elección del nuevo patriarca. Con la mirada puesta en Oriente Medio, el Pontífice exhorta a los obispos a ser un signo de esperanza en lugares profanados por «la blasfemia de la guerra»

Salvatore Cernuzio – Ciudad del Vaticano

«Dios no bendice ningún conflicto» y quien es «discípulo de Cristo» nunca está del lado de «quien ayer empuñaba la espada y hoy lanza bombas» . Palabras duras, las del Papa León XIV, tan duras como el panorama actual de un «mundo marcado por violencias absurdas e inhumanas», impulsadas por la «codicia» y el «odio». El Pontífice recibe esta mañana, 10 de abril, en el Vaticano, a los miembros del Sínodo de la Iglesia de Bagdad de los caldeos. Una Iglesia que hunde sus raíces en la primitiva y que es, por tanto, guardiana «de una fe transmitida a lo largo de los siglos con valentía y fidelidad». El motivo es la convocatoria de la asamblea en Roma (del 9 al 15 de abril) para la elección del nuevo patriarca, tras la renuncia del cardenal Louis Raphaël Sako, el pasado 10 de marzo, por haber alcanzado la edad límite. Una fase «delicada y compleja, a veces incluso controvertida», señala León XIV.

Sangre inocente derramada

En el rostro de estos pastores, el Papa ve reflejado el Oriente Medio con sus heridas, sus complejidades y dificultades. Y por eso confía a los «hermanos obispos» un mandato preciso: ser «signos de esperanza» en medio de las brutalidades que «se extienden con ferocidad precisamente en las tierras que vieron surgir la salvación, en los lugares sagrados del Oriente cristiano, profanados por la blasfemia de la guerra y la brutalidad de los negocios, sin consideración por la vida de las personas, considerada como mucho un efecto colateral de sus propios intereses» .

“Pero ningún interés puede valer más que la vida de los más débiles, de los niños, de las familias; ninguna causa puede justificar la sangre inocente derramada”

Pleno respeto a los cristianos

Con el mismo vigor, el Papa León pide el pleno respeto a los cristianos en las tierras de Oriente Medio para que «se sientan animados, a pesar de todas las pruebas, a permanecer firmes en la fe recibida de los Padres y a quedarse en sus territorios». «Esto —dice— es importante para toda la Iglesia, porque las regiones en las que surgió la luz de la fe —orientale lumen— no pueden prescindir de los creyentes en Jesús, de los cristianos, que están en Oriente Medio como las estrellas en el cielo».

“Que se disipen las nubes que oscurecen esta luz: ¡que los cristianos de todo Oriente Medio sean respetados, no solo de palabra, sino que disfruten de verdadera libertad religiosa y de plena ciudadanía, sin ser tratados como huéspedes o como ciudadanos de segunda clase!”

Infatigables artífices de la paz

«Estoy con vosotros», afirma de nuevo León XIV: «Que las pruebas que atravesáis os impulsen a ofrecer una respuesta iluminada por la fe y marcada por la comunión, también hacia los cristianos de otras confesiones», hermanos en la fe con los que «conviene establecer relaciones de auténtico intercambio». Así, añade, «seréis un gran ejemplo y un gran estímulo» también para el «querido y admirable pueblo» de Oriente Medio que «llevo en el corazón y por el que rezo».

“Vosotros, llamados a ser incansables artífices de la paz en nombre de Jesús, ayudadnos a proclamar claramente que Dios no bendice ningún conflicto; a gritar al mundo que quien es discípulo de Cristo, príncipe de la paz, nunca está del lado de quien ayer empuñaba la espada y hoy lanza bombas; a recordar que no serán las acciones militares las que creen espacios de libertad o tiempos de paz, sino solo la paciente promoción de la convivencia y del diálogo entre los pueblos.”

Es, pues, una gran misión la que corresponde a los obispos: «Anunciar a Cristo resucitado incluso en contextos de muerte, ser presencia viva de fe y caridad, mantener viva la esperanza allí donde parece apagarse». No hay que desanimarse: «El Señor camina con vosotros», anima León. Quien asegura el acompañamiento del Dicasterio para las Iglesias Orientales.

Transparencia, atención, responsabilidad, prudencia

El Pontífice dirige también palabras de gratitud al cardenal Sako por las «significativas aportaciones» y los «notables esfuerzos» que ha realizado. «Siento —añade— que este es el momento de la renovación espiritual, de una renovación fiel a vuestras preciosas y peculiares tradiciones, que deben ser custodias». La referencia es a la «riqueza» del patrimonio litúrgico y espiritual, de «suma importancia» —como ya afirmaba el Concilio— para la custodia de la «tradición cristiana íntegra».

Junto a esto, el Papa León dirige una exhortación «fraterna y paterna» a los miembros del Sínodo caldeo. En primer lugar, el de ser «atentos y transparentes en la administración de los bienes, sobrios, mesurados», así como «responsables en el uso de los medios de comunicación, prudentes en las declaraciones públicas, para que cada palabra y cada comportamiento contribuya a edificar —y no a herir— la comunión eclesial y el testimonio de la Iglesia».

“Tomen en serio la formación de los presbíteros, sus primeros colaboradores en el ministerio: apóyenlos con su cercanía, edificando con ellos y para ellos una fraternidad concreta y tangible”

El nuevo patriarca

Por último, el Papa traza el perfil del futuro nuevo patriarca que será elegido en los próximos días, con el fin de facilitar el discernimiento para la elección. En primer lugar, dice, el nuevo patriarca debe ser «un padre en la fe y un signo de comunión con todos y entre todos». «Que Su Beatitud sea un hombre de las Bienaventuranzas: no llamado a gestos extraordinarios ni a suscitar revuelo, sino a una santidad cotidiana, hecha de honestidad, misericordia y pureza de corazón»,afirma León XIV.

“Que sea un Pastor capaz de escuchar y acompañar, porque la autoridad en la Iglesia es siempre servicio y nunca hegemonía”

Una «guía auténtica y cercana al pueblo», no una «figura llamativa y distante», es, por tanto, quien deberá guiar a la Iglesia de Bagdad de los caldeos; un hombre «arraigado en la oración», «capaz de llevar el peso de las dificultades con realismo y esperanza», «maestro de pastoral que identifique caminos concretos para el bien del pueblo de Dios junto con los hermanos obispos», en un «espíritu de concordia» promoviendo la «unidad en la caridad».

León XIV: la santidad no es un privilegio para unos pocos, compromete a todo bautizado

Continuando con las reflexiones sobre la Lumen gentium, en la audiencia general el Pontífice se detiene en la vocación universal a la santidad: “La caridad es, de hecho, el corazón de la santidad a la que todos los creyentes están llamados”

Antonella Palermo – Ciudad del Vaticano

La Plaza de San Pedro resplandece. Peregrinos de todas partes del mundo la llenan de entusiasmo y devoción. El Papa se concede un largo recorrido en el papamóvil por los pasillos acordonados, bendiciendo a la multitud, saludando a los niños y a todos los fieles con afecto.

En su catequesis de hoy, 8 de abril, durante la audiencia general, vuelve a abordar los temas de la constitución conciliar Lumen gentium, donde se habla de la vocación universal a la santidad, y reitera que la santidad es un don que hay que acoger con alegría y compromiso. De hecho, el camino hacia la santidad se ofrece a todos, subraya el Sucesor de Pedro, consciente de que no se trata solo de un compromiso ético, sino de la esencia misma de la vida cristiana.

No es un privilegio para unos pocos

Todos los creyentes, por tanto, están llamados a la santidad, recuerda el Papa, y a su núcleo más profundo y constitutivo: la caridad. No es algo reservado a unas élites, sino a todo el pueblo de Dios: “La santidad, según la Constitución conciliar, no es un privilegio para unos pocos, sino un don que compromete a todo bautizado a tender hacia la perfección de la caridad, es decir, hacia la plenitud del amor a Dios y al prójimo. La caridad es, de hecho, el corazón de la santidad a la que todos los creyentes están llamados”.

Listos para confesar a Cristo, hasta la sangre

El Pontífice precisa, siempre a la luz del documento conciliar, cuán importante es el martirio, culmen de la santidad. Un horizonte que no es ajeno a nuestros días, ni mucho menos, como se recuerda: “Todo creyente debe estar dispuesto a confesar a Cristo hasta la sangre, como siempre ha sucedido y sigue sucediendo hoy. Esta disposición al testimonio se hace realidad cada vez que los cristianos dejan huellas de fe y de amor en la sociedad, comprometiéndose con la justicia”.

No solo compromiso ético, sino esencia de la vida cristiana

Todos los sacramentos, en particular la Eucaristía, contribuyen a la plena conformación a Cristo, “modelo y medida de la santidad”. Acertada la cita de San Carlos Acutis, que el Papa hizo al saludar a los peregrinos de lengua portuguesa: “Ante el sol uno se broncea. ¡Ante la Eucaristía uno se vuelve santo!”. La santidad, añade León, es una misión cotidiana que hay que llevar a cabo con una conversión continua.

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El Papa también quiere destacar la dimensión de la santidad que va más allá de la mera adhesión a unas orientaciones morales, ya que la santidad, se podría decir, constituye el ADN del ser cristiano: “La santidad no tiene solo una naturaleza práctica, como si se redujera a un compromiso ético, por grande que sea, sino que atañe a la esencia misma de la vida cristiana, personal y comunitaria”.

Pobreza, obediencia, castidad: no son cadenas, sino dones liberadores

León XIV cita a San Pablo VI cuando afirma que todos los bautizados deben “ser santos, es decir, verdaderamente hijos suyos dignos, fuertes y fieles”. Y luego ensalza la vida consagrada, que tiene un “papel decisivo”. Recomienda, a este respecto, considerar la pobreza, la castidad y la obediencia no como prisiones: “Estas tres virtudes no son prescripciones que encadenan la libertad, sino dones liberadores del Espíritu Santo, a través de los cuales algunos fieles se consagran totalmente a Dios”.

Explica el sentido de cada una de estas virtudes: la pobreza libera “del cálculo y del interés propio»; la obediencia libera “de la desconfianza y del dominio”; la castidad “es la entrega de un corazón íntegro y puro en el amor, al servicio de Dios y de la Iglesia”.

El sufrimiento como camino de santidad

A pocos días de la Pascua de la Resurrección del Señor, el Obispo de Roma invita a contemplar de nuevo el sacrificio del Crucificado, a través del cual “¡todos somos redimidos y santificados!”.

Y asegura: “No hay experiencia humana que Dios no redima: incluso el sufrimiento, vivido en unión con la pasión del Señor, se convierte en camino de santidad. La gracia que convierte y transforma la vida nos fortalece así en cada prueba, indicándonos como meta no un ideal lejano, sino el encuentro con Dios, que se hizo hombre por amor”.

La fuerza “no violenta” de la Pascua en los llamados a la paz del Papa León XIV

La fuerza “no violenta” de la Pascua en los llamados a la paz del Papa León XIV

Desde las manos que “gotean sangre” del Domingo de Ramos, hasta aquellas que depongan las armas, invocadas en el mensaje para la Urbi et Orbi. Los llamamientos a la paz del Pontífice invitan a no dejarse superar por la indiferencia y la habituación, sino a creer con firmeza en el “Dios que rechaza la guerra”.

Edoardo Giribaldi – Ciudad del Vaticano

“Hermanos, hermanas, este es nuestro Dios: Jesús, Rey de la paz. Un Dios que rechaza la guerra, que nadie puede usar para justificar la guerra, que no escucha la oración de quien hace la guerra y la rechaza diciendo: Aunque multiplicarais las oraciones, yo no escucharía: vuestras manos gotean sangre”.

Las manos impregnadas de esa savia vital ya derramada, invocadas por el Papa el Domingo de Ramos. Las mismas manos del Pontífice, estrechadas alrededor de la Cruz el Viernes Santo. Un “signo importante”, según su propia admisión, como “líder espiritual hoy en el mundo”, que abraza idealmente a “madres”, “parientes” y “amigos de los condenados”, obligados “a humillarse ante la autoridad para recibir los restos martirizados” de una persona querida. Y finalmente, esas mismas manos llamadas a deponer las armas y a resplandecer con la misma luz celebrada la mañana de Pascua desde la Logia central de la Basílica de San Pedro.

“Vuelve tu espada a su lugar”

La concreción de los gestos, la ternura de los sentimientos. Todo esto estaba en los llamados que, durante la Semana Santa, el Papa León XIV dedicó a la paz y al cese de los conflictos que azotan el mundo. El primer fotograma es el del Domingo de Ramos en la Plaza de San Pedro, frente a 40.000 fieles y 120.000 ramitas de olivo levantadas para simbolizar esa paz suave de la que Jesús, recordó el Pontífice, es tanto “rey” como “caricia”, mientras “otros empuñan espadas y bastones”. A ellos se dirigió el Pontífice con las mismas palabras pronunciadas por Cristo cuando uno de sus discípulos, según el relato evangélico, había sacado un arma para defenderlo.

“Vuelve tu espada a su lugar, porque todos los que toman la espada, de espada morirán”

El rojo de la sangre que gotea, contrastado por ese mismo color que destacaba en los ornamentos litúrgicos, celebración de ese Dios que “no se armó, no se defendió, no peleó ninguna guerra”, afirmó el Pontífice.

“En lugar de salvarse a sí mismo, se dejó clavar en la cruz, para abrazar todas las cruces plantadas en todo tiempo y lugar en la historia de la humanidad.”

El olivo en Plaza de San Pedro para el Domingo de Ramos

El olivo en Plaza de San Pedro para el Domingo de Ramos   (@VATICAN MEDIA)

“El bien no puede venir de la prevaricación”


La paz invocada por el Papa, especialmente en esta “hora oscura” para un mundo “contendido entre potencias que lo devastan”, tocó todo el conocimiento de la existencia humana. En la Misa Crismal del Jueves Santo, presidida en la Basílica de San Pedro, León XIV recordó cómo “el bien no puede venir de la prevaricación” en cualquier ámbito, no solo pastoral sino también social y político.

“La ocupación imperialista del mundo se interrumpe entonces desde dentro, la violencia que hasta hoy se hace ley queda al descubierto. El Mesías pobre, prisionero, rechazado, cae en la oscuridad de la muerte, pero así trae a la luz una creación nueva.”

“Cristo nos da un ejemplo de dedicación, de servicio y de amor”


La tercera imagen inmortaliza las manos, aún las del Pontífice, que, en la Misa de la Coena Domini en la Basílica de San Juan de Letrán, lavaron los pies a los jóvenes sacerdotes consagrados por él mismo. Un gesto que, en palabras de León XIV, recordó el poder purificador de Dios. Él lava no solo la sangre que gotea de los conflictos, sino también la imagen distorsionada que ellos devuelven: las “idolatrías” y las “blasfemias” que la ensucian. Y con ellas el Señor limpia también al hombre mismo.

“El que se cree poderoso cuando domina, que quiere vencer matando a quien es igual a él, que se cree grande cuando es temido. Verdadero Dios y verdadero hombre, Cristo nos da en cambio un ejemplo de dedicación, de servicio y de amor.”

Lavatorio de pies en Jueves Santo

Lavatorio de pies en Jueves Santo   (@Vatican Media)

Sobre las “huellas” de Jesús

Los llamados del Papa sobre la paz remiten a la continua dicotomía entre mal y amor. De la misma manera, las meditaciones escritas por el padre Francesco Patton, ya custodio de Tierra Santa, para el Vía Crucis presidido por el mismo Pontífice, identificaron una ambivalencia similar, recorriendo la misma senda transitada por Jesús entre personas que compartían “la fe” y “otros que se burlan e insultan”. “Así es la vida de todos los días”, escribió el fraile menor: así es el camino trazado siguiendo “las huellas” de Jesús, como afirmó el Pontífice recitando la Oración Omnipotens compuesta por San Francisco de Asís, junto a unos 30.000 fieles presentes en el Coliseo en la noche del Viernes Santo.

El Vía Crucis en el Coliseo (@VATICAN MEDIA)

El Vía Crucis en el Coliseo (@VATICAN MEDIA)   (@Vatican Media)

“Dios no quiere nuestra muerte”

Es nuevamente la oscuridad, esta vez preludio de la mañana de Pascua, la que acompañó la Vigilia en la Basílica de San Pedro llena de 6.000 personas. Dios “no quiere nuestra muerte”: este fue el llamado del Papa, urgente frente a la narrativa de los conflictos que reduce a las víctimas a fríos números.

“El hombre puede matar el cuerpo, pero la vida del Dios del amor es vida eterna, que va más allá de la muerte y que ninguna tumba puede aprisionar.”

León XIV exhortó a dar vida a un “mundo nuevo, de paz, de unidad”, partiendo de los fracasos de la humanidad, con referencia al mar por el que Dios liberó a los israelitas de la esclavitud en Egipto. Un elemento que el Pontífice definió “puerta de entrada” para el inicio de una vida “libre”, pero también “lugar de muerte”, justo mientras la crónica devolvía otra tragedia en el Mediterráneo: el naufragio de una embarcación que salió de Libia, causando más de 70 desaparecidos, y los relatos de los supervivientes, en estado de shock, en Lampedusa. El lugar donde León XIV se dirigirá el próximo 4 de julio.

“El Señor está vivo y permanece con nosotros”

La noche, el amanecer y luego la Misa en el día de Pascua. El cielo claro de la Plaza de San Pedro, 60.000 fieles presentes. Ciertamente, el mal no se borra en un día: la guerra “mata y destruye” y la amenaza siempre acecha:

“La vemos presente en las injusticias, en los egoísmos parciales, en la opresión de los pobres, en la escasa atención hacia los más frágiles. La vemos en la violencia, en las heridas del mundo, en el grito de dolor que se eleva desde todos lados por los abusos que aplastan a los más débiles, por la idolatría del lucro que saquea los recursos de la tierra, por la violencia de la guerra que mata y destruye.”

Pero se puede y se debe recoger la invitación pascual a “levantar la mirada”, vislumbrando el “espacio para una nueva vida que surge”, más allá de los sepulcros y del dolor.

“El Señor está vivo y permanece con nosotros. A través de grietas de resurrección que se abren en la oscuridad, Él entrega nuestro corazón a la esperanza que nos sostiene: el poder de la muerte no es el destino final de nuestra vida.”

El Papa en Plaza de San Pedro para la Misa del día de Pascua (@VATICAN MEDIA)

El Papa en Plaza de San Pedro para la Misa del día de Pascua (@VATICAN MEDIA)   (@Vatican Media)

“La fuerza con la que Cristo ha resucitado es totalmente no violenta”

Es la invitación final del Pontífice, que también resuena en el tradicional mensaje para la Urbi et Orbi.

“Nos estamos acostumbrando a la violencia, nos resignamos a ella y nos volvemos indiferentes. Indiferentes a la muerte de miles de personas. Indiferentes a las repercusiones de odio y división que los conflictos siembran. Indiferentes a las consecuencias económicas y sociales que producen y que todos percibimos.”

Porque si en el mundo hay batallas, el ejemplo para vencerlas surge de la Pascua: manos que abrazan, y que no empuñan armas.

“La fuerza con la que Cristo ha resucitado es totalmente no violenta.”

Una exhortación que resuena en el llamado dirigido el martes pasado en Castel Gandolfo por León XIV al presidente de Estados Unidos, Donald Trump, y a los líderes del mundo:

“Vuelvan a la mesa para dialogar, busquemos soluciones a los problemas, busquemos maneras de reducir la violencia que estamos alimentando. Y que la paz, especialmente en Pascua, esté en nuestros corazones.”

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