La encíclica de León XIV: la IA sirva a la humanidad, no al poder de pocos

La encíclica de León XIV: la IA sirva a la humanidad, no al poder de pocos

Con motivo del 135.º aniversario de la «Rerum novarum», el Pontífice reflexiona en su primera encíclica, «Magnifica humanitas», sobre la doctrina social de la Iglesia en la era de la inteligencia artificial. El llamamiento a custodiar «una magnífica humanidad habitada por Dios», promoviendo la verdad, la dignidad del trabajo, la justicia social y la paz. En la era digital, es necesario desarmar la IA y superar la teoría de la «guerra justa», relanzando el diálogo y el multilateralismo

Isabella Piro – Ciudad del Vaticano

«La magnífica humanidad que Dios ha creado se encuentra hoy ante una elección decisiva: levantar una nueva torre de Babel o edificar la ciudad donde Dios y la humanidad habiten juntos». El incipit de la primera encíclica de León XIV —Magnifica humanitas, «sobre la custodia de la persona humana en la era de la inteligencia artificial»— resume sus razones fundamentales y su propósito. Publicada hoy, lunes 25 de mayo, fue firmada por el Pontífice el pasado 15 de mayo, en el 135.º aniversario de la promulgación de la Rerum novarum de León XIII. Y de su predecesor, el papa Prevost, ha recogido el legado, escribiendo una encíclica social que aborda uno de los principales retos de la época contemporánea: la inteligencia artificial.

Dividida en cinco capítulos, más una introducción y una conclusión, Magnifica humanitas parte de una premisa: la tecnología no es una «fuerza antagónica respecto a la persona» (4), ni «un mal en sí misma» (9). Sin embargo, «no es neutra, porque asume el rostro de quien la concibe, la financia, la regula y la utiliza». De ahí el llamamiento del Pontífice a «construir en el bien» y a «permanecer humanos», siguiendo la lógica de la corresponsabilidad valiente, de la subsidiariedad, de la comunión, para que «el mundo pueda reconocer… en el corazón del ser humano el lugar donde Dios desea habitar» (16).

TEXTO COMPLETO DE LA ENCÍCLICA “MAGNIFICA HUMANITAS”

La Doctrina Social de la Iglesia es teología de la comunión

El primer capítulo —Un pensamiento dinámico fiel al Evangelio— repasa la Doctrina Social de la Iglesia (DSI) en el magisterio reciente y en el Concilio Vaticano II, poniendo de relieve «su carácter dinámico» (17). Lejos de ser «un manual de principios y normas que aplicar», la DSI es más bien «un camino de discernimiento comunitario», una «teología de la comunión en la historia» (27) que orienta la lectura de los acontecimientos a la luz del Evangelio. León XIV recuerda el pensamiento de sus predecesores: desde Pío XII —el primero en emplear la expresión «Doctrina social de la Iglesia» en la exhortación apostólica Menti nostrae de 1950— hasta el Papa Francisco, pasando naturalmente por la Rerum novarum de 1891, definida como «hito en la evolución del magisterio social» (30). En sus respectivas épocas, cada sucesor de Pedro «ha puesto de relieve diferentes aspectos de un único patrimonio: la dignidad de la persona, el valor del trabajo, la destinación universal de los bienes, la solidaridad y la subsidiariedad, el cuidado de la creación, la centralidad de la paz y la fraternidad» (45).

Proteger la dignidad humana: la persona no es un recurso que se pueda explotar

En el segundo capítulo, León XIV enumera los Fundamentos y principios de la Doctrina social de la Iglesia: entre los primeros, incluye la dignidad de la persona, creada a imagen y semejanza de Dios. Es necesario recordarlo, ya que «la presión de nuevas ideologías y de determinados intereses muy poderosos» puede reducir a la persona a «un recurso que se usa y se explota» o a «lo que realiza o produce» (51). Por el contrario, «la dignidad fundamental de cada persona no se adquiere, no debe ganarse ni necesita ser demostrada» (53). Un segundo fundamento de la Doctrina Social de la Iglesia es la inviolabilidad de los derechos humanos, entre los cuales el primero es el derecho a la vida «desde la concepción hasta su final natural»: a este respecto, León XIV define el aborto provocado, el asesinato de inocentes y la eutanasia como «decisiones gravemente ilícitas» (55). El tercer fundamento es el reconocimiento de los derechos de las minorías, con especial atención a las mujeres: en su favor, el Pontífice pide «decisiones concretas» en las leyes, en el trabajo, en la educación, en las responsabilidades sociales y políticas, para que sean verdaderamente escuchadas y valoradas (57).

Es inmoral e inaceptable eliminar o someter a una nación

En cuanto a los principios de la DSI, León XIV señala cinco: el primero es el bien común, «forma social de la dignidad reconocida a cada uno» (59). En un punto el Papa es particularmente firme: «la promoción del bien común nunca puede separarse del respeto al derecho de los pueblos a existir, a custodiar su propia identidad y a contribuir con su propia originalidad a la familia de las naciones». En consecuencia, «cualquier intento o proyecto de eliminar o someter una nación es gravemente inmoral y, por lo tanto, inaceptable» (64).

La tecnología no debe concentrarse en manos de unos pocos

El segundo principio se refiere a la destinación universal de los bienes: aquí y en otros puntos de la encíclica, León XIV insiste en la necesidad de que los conocimientos y las tecnologías no se concentren en manos de unos pocos, alimentando la brecha entre los incluidos y los excluidos de la revolución digital (67). De ello se derivan el tercer y el cuarto principio, a saber, la subsidiariedad (68) —que exige superar el paternalismo y el asistencialismo en favor de la corresponsabilidad— y la solidaridad (73), «principio y virtud» que se opone a la indiferencia y tiene en cuenta a los pueblos y a las generaciones futuras.

La justicia social y un examen decisivo con los migrantes

El quinto principio de la DSI señalado por el Papa es la justicia social: en la era digital, debe garantizar a todos un acceso equitativo a las oportunidades, proteger a los más frágiles, combatir el odio y la desinformación, someter a control público el uso de los datos y las tecnologías, «de modo que el criterio no sea solo el lucro, sino la dignidad de cada persona y el bien de los pueblos» (80). León XIV señala en los migrantes, los refugiados y los desplazados un «examen decisivo» en este ámbito: la forma en que la sociedad los trata demuestra «si la idea de justicia está guiada por el miedo o por la fraternidad». De ahí el llamamiento tanto a custodiar «el derecho a la esperanza» de quienes se ven obligados a partir, garantizándoles vías seguras y legales, una acogida digna y la integración; como a promover «el derecho a quedarse» de cada uno en su propia tierra en paz y seguridad, abordando «las causas profundas» de las migraciones (81).

El Papa León XIV en la firma de la Carta Encíclica Magnifica Humanitas, 15 de mayo 2026

El Papa León XIV en la firma de la Carta Encíclica Magnifica Humanitas, 15 de mayo 2026   (@Vatican Media)

Los abusos y el examen de conciencia para la Iglesia

El Pontífice entiende que los cinco principios mencionados están dirigidos no solo a la sociedad, sino también a la Iglesia, llamada a «un examen de conciencia»: el Papa exhorta a «sanear las relaciones y las estructuras eclesiales de aquellas distorsiones que generan desigualdades, falta de claridad y atropellos». La invitación es a escuchar a las «víctimas de abusos espirituales, económicos, institucionales, sexuales, de poder y de conciencia», ya que ello «forma parte integrante de un camino de justicia, que comprende el reconocimiento del daño, la reparación justa y la prevención» (89).

Se necesita un código ético compartido sobre la IA

El tercer capítulo —Técnica y dominio. La grandeza de la persona humana ante las promesas de la IA— entra en el meollo del tema de la inteligencia artificial. León XIV advierte contra el «paradigma tecnocrático» ya denunciado por Francisco y por el cual toda elección viene dictada exclusivamente por parámetros de eficiencia y beneficio (92). Por el contrario, la tecnología más potente no es necesariamente la mejor: la IA puede imitar y simular al hombre, pero no posee conciencia moral, empatía, capacidad afectiva, relacional ni espiritual. Por lo tanto, es necesario abordar la IA con sobriedad y vigilancia, manteniendo la claridad sobre las responsabilidades de todas sus etapas (accountability) y apostando por políticas y marcos jurídicos adecuados, una supervisión independiente y la educación de los usuarios. Sobre todo, se necesita un código ético sometido a criterios de justicia social compartida, porque «no sirve una IA más moral si esa moral la deciden unos pocos» (107). Sin dejar de lado el impacto ambiental de las nuevas tecnologías, que requieren grandes cantidades de energía y agua, afectando a las emisiones de dióxido de carbono y dañando la Creación (101).

Desarmar la IA y sustraerla de la lógica competitiva

Hay que «desarmar la IA» —insiste León XIV— para sustraerla de la lógica de la competencia militar, económica y cognitiva; para romper la equivalencia entre poder técnico y derecho a gobernar; para sustraerla de los monopolios e impedir que domine al ser humano. Esta tarea es ética, técnica y ecológica porque la IA «ya es el entorno en el que estamos inmersos y el poder con el que debemos contar» (110). Se dedica un amplio espacio a la crítica del transhumanismo y del poshumanismo, que interpretan el progreso como la superación de los límites de lo humano. En cambio, el límite no es un defecto que haya que eliminar, sino una dimensión constitutiva de la persona, porque «el ser humano no florece a pesar del límite, sino a menudo a través del límite» (118), reconociendo en la fragilidad y en la finitud lugares en los que maduran la relación, el cuidado y la apertura a Dios y al otro.

Que el progreso de la técnica no haga retroceder el corazón

Hay mucho en juego: hacer crecer la técnica eliminando los límites de lo humano significa, de hecho, hacer retroceder el corazón. Magnífica y, sin embargo, herida, la humanidad «no debe ser sustituida ni superada». La tecnología puede aliviar sus sufrimientos y abrirle nuevas posibilidades, pero no debe negarla en lo que le es propio: «la capacidad de relación y de amor» (126). Ante la IA, la verdadera alternativa no está entre el entusiasmo y el miedo, sino entre dos formas de construir el progreso: al servicio de la persona y de los pueblos o de las lógicas de poder (129). Una elección que nos concierne a todos: «la construcción de Babel o la de Jerusalén», las dos «ciudades» del hombre y de Dios señaladas también por san Agustín (130), comienza por cada uno.

Ecología de la comunicación y centralidad de la escuela

En el cuarto capítulo – Custodiar lo humano en la transformación. Verdad, trabajo, libertad — la encíclica considera la verdad como un bien común y un elemento esencial de la democracia. En el entorno digital, la verdad debe plasmarse en una «ecología de la comunicación» para que la cultura generada por la web no se convierta en un instrumento de «homologación y dominio», sino en un espacio de maduración para la «libertad interior y el pensamiento crítico» (136-137). El Papa señala algunos instrumentos: transparencia en los criterios de selección de contenidos, protección de los datos personales, un periodismo serio basado en la argumentación y la verificación, una nueva conciencia en el uso «correcto y crítico» de la IA, la integración de los conocimientos. También se exige a la Iglesia una comunicación transparente y leal, sobre todo en los casos de injusticias y abusos. Es fundamental, en la encíclica, el llamamiento a una alianza educativa renovada para que en los jóvenes no se apague «el deseo de hacer preguntas» a causa de máquinas perfectas que hacen parecer inútil el pensamiento humano. «Debemos educarnos en el ayuno de la IA» (140), subraya León XIV, eliminando las desigualdades en el acceso a la educación y apostando por la escuela como lugar donde se aprende a «buscar y amar la verdad» (143) y se enseña lo que lo digital no puede dar: «tiempo compartido para aprender y relaciones fiables» (147).

Seguir siendo humanos en la era de los algoritmos

En la encíclica «Magnifica humanitas», la petición del Papa León: hacer que la tecnología avance sin que el corazón retroceda

El trabajo debe centrarse en la persona, no en el beneficio

En la «cuarta revolución industrial» que representa la transición digital, el Pontífice destaca la importancia de proteger la dignidad y el valor del trabajo: «Las nuevas formas de trabajar no son necesariamente mejores», explica, ya que la tecnología puede descalificar a los trabajadores, relegarlos a funciones marginales y someterlos a una vigilancia automatizada (150). Por el contrario, es necesario diseñar sistemas centrados en la persona y no solo en el rendimiento, porque la tecnología puede sin duda liberar al hombre de tareas pesadas o repetitivas, pero no debe conducir en absoluto al desempleo en nombre de la reducción de costes y el aumento de los beneficios. En un escenario en el que se perfilan mayores niveles de pobreza y desigualdad, provocados por sistemas automatizados que han sustituido al hombre, el Pontífice aboga también por una renovación de las organizaciones sindicales (155).

El desarrollo no se mide solo en términos de PIB

La transformación digital debe gestionarse de antemano mediante criterios sociales estables, formación accesible y continua para los trabajadores y responsabilidad empresarial. El Pontífice señala, además, la necesidad de superar el PIB como parámetro del grado de desarrollo de un país, apostando en su lugar por la dignidad del trabajo, la prosperidad compartida, la reducción de las desigualdades y la protección del medio ambiente. La financiación por la financiación es, de hecho, diferente de la financiación para el desarrollo (159-160). Y, siguiendo la estela de San Pablo VI, se subraya la interdependencia entre paz y desarrollo, abogando por una cooperación internacional capaz de definir estrategias comunes «sobre todo en favor de los países y los grupos más vulnerables», porque la prosperidad contribuye a la paz «solo si es generalizada, inclusiva y sostenible» (163).

La familia, bien social primario

En la encíclica destaca, además, la referencia a la familia, fundada en la unión estable entre un hombre y una mujer: es «bien social primario», «célula fundamental e insustituible de toda organización comunitaria» (165) que debe apoyarse también mediante políticas laborales que favorezcan la estabilidad y ritmos humanos, de modo que se garantice el justo equilibrio de vida y se proteja esa «capacidad de construir el futuro» que hace generativa a la sociedad.

La «arquitectura de la visibilidad» y los riesgos para la libertad

Por último, el tema de la libertad humana, que hay que proteger contra la dependencia y la mercantilización: en una época en la que las plataformas digitales están diseñadas para acaparar el tiempo de los usuarios y explotar sus fragilidades, es urgente reforzar la libertad interior de cada uno y hacer frente al riesgo del control social derivado de la recopilación masiva de datos y del uso de sistemas algorítmicos. Perfilar, predecir y orientar los comportamientos es, de hecho, «un poder nuevo» (171) que corre el riesgo de discriminar a los más débiles. El Papa deplora, en particular, la «arquitectura de la visibilidad» que premia y amplifica solo lo que es visible, moldeando opiniones y generando conformismo.

El Papa firma su primera encíclica

Nuevas formas de esclavitud y nuevo colonialismo

La IA genera nuevas formas de esclavitud, como la de los «cuerpos marcados, mutilados, consumidos» (173) de quienes trabajan en la extracción de las «tierras raras» necesarias para la tecnología. Por ello, la lucha contra las nuevas formas de esclavitud es otra «prueba decisiva para el discernimiento ético» de la transformación digital. A este respecto, León XIV subraya que «la Iglesia renueva su firme condena contra toda forma de esclavitud, trata y mercantilización de las personas» y reitera que no reaccionar o tolerar estas «graves violaciones de la dignidad humana» significa, de hecho, «hacerse cómplice» (174). Al mismo tiempo, el Papa pide «sinceramente perdón» por el retraso con el que la Iglesia, en el pasado, condenó «el flagelo de la esclavitud». La encíclica se refiere también a las «nuevas tierras raras del poder», es decir, la información vital —por ejemplo, sobre salud y demografía— utilizada para orientar las estrategias económicas. Se trata, explica el Pontífice, de una faceta inédita del colonialismo que se apropia de los datos y transforma las vidas personales en información explotable, convirtiendo el entorno digital en un «espacio de depredación» (178-179).

Superar la teoría de la «guerra justa»

En el quinto y último capítulo —La cultura del poder y la civilización del amor—, León XIV dirige su mirada hacia la guerra: «La revolución digital está modificando la gramática de los conflictos» y, sin un enfoque ético, las decisiones sobre la vida y la muerte de las personas serán cada vez más impersonales, considerándose el recurso a la fuerza como una «opción inmediata y viable» (182-183) . En la base de todo hay una «cultura del poder» que normaliza la guerra y la rehabilita como «instrumento de política internacional», favoreciendo el rearme. Sobre la opinión pública, que en el pasado veía la beligerancia solo como extrema ratio, hoy pesan también las narrativas mediáticas polarizantes, así como «una preocupante pérdida de memoria histórica» que nos priva de una visión a largo plazo (191). En consecuencia, hoy la paz ya no se entiende como una tarea que hay que asumir, sino como un intervalo precario entre conflictos. Por ello, León XIV reitera que —sin perjuicio del derecho a la legítima defensa en su sentido más estricto— es necesario superar la teoría de la «guerra justa», promoviendo más bien el diálogo, la diplomacia y el perdón (192).

Ningún algoritmo hace que la guerra sea moralmente aceptable

El Papa Prevost no deja de lamentar el crecimiento de la industria bélica, la carrera armamentística nuclear y la aparición de nuevos actores armados —entre ellos los yihadistas— que pretenden perpetuar los conflictos como fuente de poder y de ingresos. Es contundente, además, la advertencia contra el uso de armas relacionadas con la IA, ya que «no existe ningún algoritmo que pueda hacer que la guerra sea moralmente aceptable»; es más: la tecnología «no libera al conflicto de su intrínseca inhumanidad: sólo puede hacerlo más rápido e impersonal, bajando el umbral del recurso a la violencia y transformando la defensa en previsión operativa, con las víctimas reducidas a datos. Así, nos acostumbra a la idea de que la violencia sea inevitable y sólo deba optimizarse.» (198). Por lo tanto, se necesitan restricciones éticas rigurosas, compartidas a nivel internacional, basadas en la responsabilidad personal y en la protección de los civiles, porque «toda tecnología que facilite atacar sin ver el rostro del otro rebaja el umbral moral del conflicto» (199).

Los tres cardenales presentan la primera encíclica de León XIV en el Vaticano. El Secretario de Estado, el Prefecto para el Desarrollo Humano Integral y el Prefecto para la …

La crisis del multilateralismo

La cultura del poder surge también de la crisis del multilateralismo y del surgimiento de un «multipolarismo desordenado y conflictivo» en el que prevalece la desconfianza hacia el otro (201). La fuerza del derecho se sustituye por el derecho del más fuerte; las lógicas del poder prevalecen sobre la construcción de la paz, relegada a un segundo plano, y las instituciones creadas para custodiar el destino común de los pueblos se encuentran ahora debilitadas, sin que se reconozca su autoridad moral. A este respecto, el Papa auspicia para la ONU y para el sistema político internacional «reformas profundas» que superen la actual crisis de valores en favor del verdadero bien común (226).

Una Realpolitik irresponsable

Hoy, prosigue la encíclica, se libran guerras «híbridas» que abarcan los ámbitos económico, financiero e informático, aprovechando la desinformación y el miedo para influir en la opinión pública y presentar el aumento del gasto militar como la «única respuesta» a un futuro incierto. Pero todo esto no es más que un «falso realismo», una irresponsable Realpolitik que siembra en las conciencias y en las culturas la resignación ante una guerra ineludible y califica la paz de utopía (204-205). Sin excluir que, para algunos, el conflicto armado podría ser un instrumento de «gestión cínica» de las dificultades, así como una forma de desviar la atención de los problemas internos (208).

La civilización del amor

El cristiano está llamado a responder a esta cultura del poder construyendo «la civilización del amor»: la gracia, de hecho, no elimina el conflicto como por arte de magia, sino que genera «una resistencia activa al mal y una sorprendente creatividad en el bien» (211). Cada uno, en su ámbito de acción, está llamado a elegir entre alimentar la lógica de la fuerza o custodiar la paz, frenando la deshumanización con pequeños actos de fidelidad y tenacidad. El Papa señala cinco «vías de responsabilidad»: desarmar las palabras diciendo la verdad; construir la paz en la justicia; asumir la mirada de las víctimas tomando posición, porque hay conflictos en los que «no es justo permanecer neutrales». Los ataques contra civiles, hospitales e infraestructuras hieren a la propia humanidad y no pueden quedar relegados al ámbito del análisis abstracto. Por el contrario, hay que dar voz a las víctimas para «tomar verdadera conciencia del abismo de maldad que encierra» la guerra y toda violencia (217). Y aún más: el Papa exhorta a cultivar «un sano realismo» que busque vías de paz viables con hechos, no solo con palabras.

No utilizar el nombre de Dios para legitimar la guerra

Por último, relanzar el diálogo pasando de una cultura del poder a una cultura de la negociación. También es decisivo «el diálogo entre las religiones», portador de un mensaje de paz. «Quien utiliza el nombre de Dios para legitimar el terrorismo, la violencia o la guerra, traiciona su rostro —advierte León XIV—: luchar en nombre de la religión significa, en realidad, golpear a la propia religión» (223). Por su parte, la diplomacia de la Santa Sede utiliza «el principio evangélico de la misericordia» como criterio concreto de la acción política. De ahí deriva la exhortación a la oración, porque la paz proviene ante todo de Dios (227-228).

La magnífica humanidad

Al concluir la carta, el Pontífice invita a los fieles a vivir las nuevas tecnologías a la luz del Evangelio, siguiendo «un itinerario de vida cristiana sobrio y exigente», para que, incluso en la era de la IA, todos puedan dar testimonio de «la belleza de una magnífica humanidad habitada por Dios».

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Magnifica humanitas

SALVADOR GOMEZ / SERIE PROMESAS CUMPLIDAS EN PENTECOSTES: SERAN BAUTIZADOS EN EL ESPIRITU SANTO / SERIE PROMESAS CUMPLIDAS EN PENTECOSTES: CORRERAN RIOS DE AGUA VIVA 

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El Papa: El Paráclito nos defiende de los prejuicios que apagan la luz del Evangelio

El Papa: El Paráclito nos defiende de los prejuicios que apagan la luz del Evangelio

Este domingo 24 de mayo, solemnidad de Pentecostés, el Papa León XIV presidió la celebración Eucarística en la Basílica de San Pedro. En su homilía, el Pontífice reflexionó sobre tres aspectos del Paráclito: “El Espíritu del Resucitado es el Espíritu de la paz, es el Espíritu de la misión y es el Espíritu de la verdad”.

Renato Martinez – Ciudad del Vaticano

“Con corazón ardiente, pidamos hoy que el Espíritu del Resucitado nos salve del mal de la guerra, que es vencida no por una superpotencia, sino por la omnipotencia del amor. Recemos para que libere a la humanidad de la miseria, que es rescatada no por una riqueza incalculable, sino por un don inextinguible. Pidámosle que nos sane del flagelo del pecado, para la redención anunciada a todos los pueblos en el nombre de Jesús”, esta fue la invitación que dirigió el Papa León XIV en su homilía en la Santa Misa que presidió este domingo 24 de mayo, solemnidad de Pentecostés, en la Basílica de San Pedro en el Vaticano.

“Aquel que estaba muerto vive para siempre”

En su homilía, el Santo Padre recordó que, con la solemnidad de Pentecostés, el tiempo de Pascua llega a su culminación. Y para evidenciar la unidad de este acontecimiento de salvación, el Evangelio nos lleva nuevamente al “primer día de la semana”, es decir, a aquel nuevo día en el que Jesús resucitado aparece a sus discípulos mostrándoles «sus manos y su costado».

“El Señor revela su cuerpo glorioso, precisamente sus llagas, las heridas de la crucifixión. Estos signos de la pasión, más elocuentes que cualquier discurso, han sido transfigurados: Aquel que estaba muerto vive para siempre”.

El Papa incensa la imagen de la Virgen María

El Papa incensa la imagen de la Virgen María   (@Vatican Media)

Pentecostés es fiesta pascual y fiesta del cuerpo de Cristo

Al ver al Señor, los discípulos también vuelven a vivir, afirmó el Pontífice, y Cristo, a este gesto, de mostrar a sus discípulos «sus manos y su costado» une la palabra: «¡La paz esté con ustedes!»; e inmediatamente después sopla sobre los discípulos dándoles el Espíritu Santo.

“El Resucitado está lleno de vida; luego de haber mostrado la vida del cuerpo, como verdadero hombre, da la vida de Dios, como Hijo amado del Padre, vuelto para nosotros hermano y Redentor. En el mismo cenáculo donde ha instituido la alianza nueva y eterna, Jesús infunde el Espíritu; el lugar de la cena y de la traición se transforma y, de sepulcro de los apóstoles, se convierte para toda la Iglesia en fuente de resurrección. Por eso Pentecostés es fiesta pascual y fiesta del cuerpo de Cristo, que por gracia somos nosotros”.

El Espíritu del Resucitado es el Espíritu de la paz

Por ello, al celebrar este misterio, el Papa León propuso tres aspectos en su reflexión. En primer lugar, el Espíritu del Resucitado es el Espíritu de la paz. En su Pascua, indicó el Papa, Cristo reconcilia a Dios y a la humanidad, y el Espíritu Santo infunde la paz en los corazones y la difunde en el mundo. Esta paz viene del perdón y nos lleva al perdón; comienza con el perdón que da el mismo Jesús, traicionado por nosotros, condenado y crucificado. Esta autoridad viene dada bajo el signo de una reconciliación universal: el Señor infunde el Espíritu de la paz desde el comienzo hasta el final de la historia.

“El Espíritu Santo, en efecto, es Señor y dador de vida desde el inicio de la creación, cuando aleteaba sobre las aguas (cf. Gn 1,2), y ahora, en su rescate, cambia la historia del mundo; realmente Pentecostés se realiza como fiesta del nuevo Pacto, es decir, de la alianza entre Dios y todos los pueblos de la tierra. Mientras el fragor del cielo, el viento y las lenguas de fuego en el cenáculo recuerdan los antiguos signos del Sinaí, la santa ley de Dios se inscribe en nuestros corazones, grabada por el Espíritu con caracteres de amor en la carne de Cristo y en su cuerpo, que es la Iglesia”.

[ Esta ley es el código de la paz; es el doble mandamiento del amor, que el Espíritu nos recuerda en cada latido del corazón. Con nuestro corazón podemos, por tanto, invocar: “Veni Sancte Spiritus”, porque Él ya nos ha sido dado. Podemos desearlo, porque ya nos ha sido prometido. Podemos acogerlo, porque Él mismo es dulce huésped del alma ]

El Papa durante la homilía

El Papa durante la homilía   (@Vatican Media)

El Espíritu del Resucitado es el Espíritu de la misión

Un segundo aspecto sobre el que reflexionó el Santo Padre fue el Espíritu del Resucitado es el Espíritu de la misión. Somos así partícipes en la misión de Jesús; la de Aquel que sale de Dios y vuelve a Dios con el poder del Espíritu, que procede del Padre y del Hijo, con ellos es adorado y glorificado, único Dios. El Espíritu Santo es la caridad viviente de Cristo que nos desborda, nos impulsa, nos sostiene en la misión. El mismo Espíritu, mientras da a los apóstoles el poder de expresarse en la variedad de las lenguas (cf. Hch 2,4), enseña a la humanidad la palabra de la salvación y se resumen todas en la redención, que empieza con la fe.

“De hecho, la primera obra del Espíritu Santo en nosotros es la fe con la que profesamos: «Jesús es el Señor» (1 Co 12,3). Esta fe vive y se expresa en cada buena acción, en cada acto de misericordia y de virtud. La obra de Dios, por tanto, somos nosotros, que llegamos hoy aquí de todas las partes del mundo, invitados a la mesa del Señor, reunidos en la escucha de su palabra y enviados a testimoniarla por doquier”.  

La Iglesia es protagonista del Evangelio, no sólo guardiana

Por ello, el Pontífice señaló que la toda la Iglesia es protagonista, no sólo guardiana del Evangelio. Con la fuerza del Espíritu, nuestro anuncio se ve colmado de alegría y de esperanza, porque nosotros, somos la novedad del mundo, la luz y la sal de la tierra. Ciertamente, no por nuestros méritos, sino por la palabra del Señor, que santifica al pecador, sana al leproso, convierte a quien ha renegado de él en un apóstol.

“Por una parte —lo vemos bien—, hay cambios que no renuevan el mundo, sino que lo envejecen entre errores y violencia. Por otra parte, en cambio, el Espíritu Santo ilumina las mentes y suscita en los corazones nuevas energías de vida. Así transfigura la historia abriéndola a la salvación, es decir, al don que el único Señor comparte con todos. La misión de la Iglesia confirma ese compartir, transformando la confusión del mundo en comunión con Dios y entre nosotros”.

Basílica de San Pedro en la Misa

Basílica de San Pedro en la Misa   (ANSA)

El Espíritu del Resucitado es el «Espíritu de la verdad»

Esta misión, subrayó el Papa, comienza afirmando la verdad de Dios y del hombre, porque el Espíritu del Resucitado es el «Espíritu de la verdad». El Espíritu, que habló por medio de los profetas, promueve siempre la unidad en la verdad, porque suscita en nosotros comprensión, concordia y coherencia de vida. Como enseña san Agustín, el don de lenguas que se comprenden en la única fe, «el Espíritu Santo […] quiso que fuera una prueba de su presencia».

“El Paráclito nos defiende entonces de todo lo que impide este entendimiento: de los prejuicios, de las hipocresías y de las modas que apagan la luz del Evangelio. La verdad que Dios nos da sigue siendo así palabra liberadora para todos los pueblos, mensaje que transforma cada cultura desde dentro”.

El Espíritu es fuente de santidad

Finalmente, el Santo Padre dijo que, el Espíritu del Resucitado no se infunde una vez para siempre, sino constantemente. Como la Eucaristía es la presencia viva de Cristo, que siempre nos alimenta, así el Espíritu Santo imprime en nosotros su carácter en el Bautismo, que nos hace cristianos; en la Confirmación, que nos convierte en testigos; en el Orden, que constituye ministros y pastores para el pueblo de Dios.

“En cada sacramento Él es dator munerum, fuente de santidad que multiplica dones y carismas en la oración, en las obras de misericordia, en el estudio de la Palabra de Dios. Como enseña el Apóstol: «En cada uno, el Espíritu se manifiesta para el bien común» (1 Co 12,7). Precisamente porque somos Iglesia, único cuerpo que vive de Dios y sirve al mundo. Gracias al Espíritu podemos llevar a todos la paz verdadera, la verdad que salva, es decir, al mismo Cristo Señor”.

Antes de concluir, el Papa indicó que, esta es la gracia que infunde valentía a los apóstoles; y pidió que lo infunda también a nosotros, hoy y siempre, por intercesión de María, Madre de la Iglesia. 

Oración para el domingo 24 de mayo de 2026Solemnidad de Pentecostés

Oración para el domingo 24 de mayo de 2026
Solemnidad de Pentecostés

Señor mío y Dios mío, en esta mañana bendita de Pentecostés me acerco hasta Ti con el corazón rebosante de alegría para darte gracias por tu generosidad, por tu afecto y por el don maravilloso de tu Santo Espíritu que hoy renueva toda la creación. Gracias por haberme cuidado en la noche que ya pasó y gracias por darme tu bendición para vivir en este nuevo día en que las promesas de tu amor se cumplen plenamente en nuestra vida.

Gracias Señor por mi familia y por mis amigos, por cuidar siempre de nosotros y ser nuestro generoso proveedor. Qué hermoso es vivir con la certeza de que Tú siempre estás a nuestro lado, habitando en nuestros corazones a través de tu Consolador, concediéndonos el pan de cada día, encendiendo en nosotros el fuego de tu amor y orientando nuestros pasos por el mejor camino posible.

Amado Dios, en esta mañana quiero entregarte todos mis anhelos y propósitos para el nuevo día. Te suplico que derrames en mí los siete dones de tu Espíritu Santo; dame sabiduría para saber tomar cada una de mis decisiones, por favor concédeme paz para no dejarme llevar por las emociones fuertes que me arrastran a actuar sin control y dame generosidad para vivir sin egoísmo, permitiendo que tus carismas me conviertan en un humilde, alegre y valiente instrumento de tu obra evangelizadora.

Te suplico que en este día también seas abriendo caminos de prosperidad para mí y para los míos, que nos cubras con tu manto y nos protejas de las envidias, del falso amigo y de todos aquellos que con sus pensamientos o sus acciones nos desean el mal. Que tu Espíritu sea nuestra fuerza y nuestro escudo, dándonos el discernimiento necesario para caminar en santidad y en victoria.

Por favor mira nuestras esperanzas y nuestros anhelos, enciende en tu Iglesia el fuego de un nuevo Pentecostés y ayúdanos a avanzar con paso firme, alegre y cierto por el camino que nos llevará a aquel destino que tanto anhelamos, siendo testigos vivos de tu Palabra en el mundo.

Amado Dios, en este nuevo día suelto todo mi dolor y todo aquello que alguna vez me ha lastimado. Ven, Espíritu Santo, llena los corazones de tus fieles; te pido que me des fortaleza, fe, esperanza, que me cubras con el poder de tu amor y que me ayudes a vivir este día en bendición, bienestar, salud y victoria, Amén.

Amado Dios, por favor permite que hoy la tierra se colme de tu amor y tu bondad, derrama tu misericordia sobre el mundo, envía tu Espíritu para que renueve la faz de la tierra y ayúdanos a vivir en paz, felicidad, bienestar y armonía, Amén.

Haciendo esta oración me permitirá acercarme a Dios en esta gran fiesta eclesial, a darle gracias por cuidarme en la noche que ya pasó y por concederme un nuevo día para seguir avanzando, guiado por el Espíritu Santo, en el camino de mis sueños y de mi realización. Entrego mis planes con confianza a Dios y Él concederá las peticiones de mi corazón.

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Oración para el sábado 23 de mayo de 2026.7th Semana de Pascua

Oración para el sábado 23 de mayo de 2026.
7th Semana de Pascua

Amado Dios, en esta nueva mañana que Tú me regalas, me acerco hasta Ti con esperanza y humildad en mi corazón para darte gracias por el regalo de poder vivir un nuevo día en este mundo que Tú has creado.

Padre Celestial, sé que en este nuevo día se presentarán retos, desafíos y oportunidades, pero yo confío en que Tú me acompañarás en todo momento, en todo lugar y que me guiarás en cada paso que dé.

Te pido que me bendigas con tu presencia a cada instante, que tus manos poderosas me protejan de todo mal y peligro y que colmes mi espíritu de esperanza y sabiduría para que pueda enfrentar cualquier situación que se presente en mi camino, con la seguridad que solo hay bajo tu resguardo.

Señor, yo tengo metas y anhelos que deseo alcanzar, y hoy te suplico que me ayudes a lograrlos. Te pido que me des la fuerza y la motivación necesarias para seguir adelante, incluso cuando las cosas se pongan difíciles. Ayúdame a ser una persona perseverante, constante y valiente y dame la inteligencia necesaria para tomar decisiones acertadas y en línea con tu voluntad.

Amado Dios, gracias por escuchar mi oración; En este nuevo día me entrego a ti con todo mi ser, con toda mi alma y con todo mi corazón. Gracias por estar siempre presente para mí, por amarme incondicionalmente y por ser mi roca y mi refugio seguro en todo momento.

Sé que de tu mano voy a triunfar en todo lo que me proponga en este día y por eso te doy gracias, de todo corazón, Amén.

Amado Dios, en este nuevo sábado pongo en tus manos mis luchas, mis necesidades, mis problemas y mis esperanzas. Confío en Ti y en tus planes, que siempre se haga tu voluntad en mi vida, Amén.

Haciendo esta bella oración me permitirá acercarme a Dios, darle gracias por su amor, por su bondad, por su compañía y pedirle al Señor que en este día siga cuidando de mi, bendiciendo mi vida y dándome salud, milagros y prosperidad.

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El Papa pide recuperar el valor de la humanidad ante el auge de los chatbots

El Papa pide recuperar el valor de la humanidad ante el auge de los chatbots

En su encuentro con los participantes de la conferencia internacional “Cuidar voces y rostros humanos”, promovida por el Dicasterio para la Comunicación junto con el Dicasterio para la Cultura y la Educación, León XIV reiteró el compromiso de la Iglesia con la comunicación social. El Pontífice hizo un llamado a promover la alfabetización digital y el uso crítico de los medios, especialmente entre los jóvenes.

Edoardo Giribaldi – Ciudad del Vaticano

La Iglesia está plenamente involucrada y comprometida con el ámbito de la comunicación social, naturalmente dentro del marco de su “misión universal”. Promueve la recuperación del sentido de la humanidad para despertarlo de su “eclipse”, alimentado por una carrera incesante por el progreso tecnológico, donde la necesidad de relaciones corre el riesgo de ser sustituida por fríos chatbots. Asimismo, instó a la educación y la alfabetización, especialmente entre los jóvenes, en tecnología digital y su uso crítico. Estas son las directrices ofrecidas esta mañana, 22 de mayo, por el Papa León XIV, durante su encuentro con los participantes de la conferencia internacional «Cuidar las voces y rostros humanos», organizada por el Dicasterio para la Comunicación en colaboración con el Dicasterio para la Cultura y la Educación.

La misión de la Iglesia en la comunicación

El Pontífice recibió a los participantes del encuentro celebrado ayer en la Pontificia Universidad Urbaniana de Roma, en la Sala Clementina del Palacio Apostólico Vaticano. Recordó que el evento tuvo lugar tras la celebración del 60.º Día Mundial de las Comunicaciones Sociales, que tuvo lugar el domingo 17 de mayo, y subrayó cómo este encuentro para reflexionar sobre los medios de comunicación y la educación digital contribuye a la orientación de la humanidad en una era marcada por el crecimiento exponencial de la tecnología.

“Es precisamente en el contexto de la misión universal de la Iglesia donde mejor se comprende su compromiso con la comunicación social”.

Orientación para decisiones y acciones

De hecho, el Papa recuerda que el Decreto Inter Mirifica del Concilio Vaticano II sobre los medios de comunicación social, que dio origen a la Jornada Mundial de las Comunicaciones Sociales, comienza afirmando que «la Iglesia Católica, fundada por Cristo el Señor para llevar la salvación a todos los hombres», siente el deber de proclamar el Evangelio, trabajando por la redención eterna de toda persona.

“Este deseo de «que todos los hombres se salven y lleguen al conocimiento de la verdad» debe, por lo tanto, guiar no solo nuestras decisiones y acciones, sino también el uso y la orientación de los medios de comunicación, la tecnología digital y la inteligencia artificial, para asegurar que estas herramientas se pongan al servicio auténtico de la humanidad”.

El eclipse del significado

León cita entonces el concepto expresado en su mensaje para la Jornada Mundial de las Comunicaciones Sociales de este año, donde observa que la «promoción e implementación desenfrenadas de la tecnología a expensas de la dignidad humana» incrementa el daño causado por los chatbots y otras tecnologías que «explotan nuestra necesidad de relaciones humanas».

“Estamos experimentando un verdadero eclipse del significado de lo que significa ser humano. Por lo tanto, es aún más necesario recuperar la comprensión del verdadero significado y la grandeza de la humanidad tal como Dios la concibió”.

La esperanza de Magnifica Humanitas

El desafío que enfrentamos, por lo tanto, no concierne a la tecnología, sino a la humanidad misma, y ​​el Pontífice espera que su primera encíclica, Magnifica Humanitas, que se publicará el 25 de mayo y está dedicada a la protección de la persona humana en la era de la IA, ayude a responder mejor a este llamado.

“A la luz de esto, confío en que solo a través de la contemplación de Cristo, el Verbo Encarnado, podremos no solo redescubrir una visión correcta de Dios, sino también comprender la verdad de la humanidad”.

Proteger mediante el encuentro con Dios

Como afirmó san Pablo VI en Gaudium et Spes, «por la Encarnación, el Hijo de Dios se ha unido de alguna manera a cada hombre». Esto, explica León, significa que el corazón humano jamás podrá comprender plenamente la profundidad de su ser ni su valor fuera de Cristo y su corazón. Por ello, proteger rostros y voces implica un encuentro con «Aquel que es la imagen del Dios invisible, siendo a la vez el hombre perfecto».

“Naturalmente, todo esto debe tenerse en cuenta al analizar las implicaciones de la tecnología digital y el papel de la Iglesia en la comunicación social”.

Las tecnologías contribuyen a la salvación

No es una tarea fácil, reconoce el Papa, pero «¿cómo no hacerlo en nuestros días?», ante un problema tan generalizado y la misión de llevar «la luz de Cristo al mundo, iluminando cada dimensión de la actividad humana»?

“En consecuencia, la Iglesia se siente obligada a contribuir al esfuerzo por planificar e introducir la alfabetización en medios, información e inteligencia artificial en los sistemas educativos”.

De este modo, se garantizará a cada individuo la capacidad de pensamiento crítico, y las tecnologías mismas podrán contribuir a la salvación de quienes las utilizan.

La importancia de la alfabetización digital

León también examina las preocupaciones naturales sobre las posibles consecuencias del uso de las nuevas tecnologías en el desarrollo físico e intelectual de los niños y jóvenes, así como en su bienestar espiritual. Las nuevas generaciones, como ya recordó Inter Mirifica, deben aprender un uso moderado y disciplinado de la IA, con el apoyo de padres y educadores.

“Además, a la luz de la misión de la Iglesia y las creencias erróneas actuales sobre Dios y la persona humana, la alfabetización digital debe incluir también una educación en la verdad sobre Dios y la humanidad”.

Una cuestión cercana al corazón del Papa

La apertura de los jóvenes a la verdad y su deseo de descubrir el sentido de la vida son, por tanto, un estímulo para que todos integren el uso de la tecnología en un estilo de vida cristiano integral.

“Queridos hermanos y hermanas, este es un tema que me toca muy de cerca, al igual que a la Iglesia. En efecto, como Madre, la Iglesia se preocupa por la vida de sus hijos, deseando guiarlos hacia la plena madurez. Espero que estas reflexiones conduzcan a una renovada confianza en la tecnología como fruto del ingenio humano, en armonía con el plan creador de Dios”.

Oración para el viernes 22 de mayo de 2026.Santa Rita de Cascia.

Oración para el viernes 22 de mayo de 2026.
Santa Rita de Cascia.

Señor mío y Dios mío, un nuevo amanecer ha llegado y en este momento yo me acerco hasta Ti para elevar una oración de esperanza y darte gracias por este nuevo día que Tú me regalas para vivir.

Gracias Señor por haber cuidado de mí y de mi amada familia en la noche que ya pasó, gracias por ser tan generoso con nosotros, gracias porque Tú siempre guías nuestros pasos por caminos buenos y nos das la oportunidad de ser cada vez mejores personas y vivir en tus planes y designios perfectos.

Padre amado, en este día quiero salir a dar lo mejor de mí; te suplico que me ayudes a hacer el bien, a actuar de manera sabia y justa, por favor sopórtame en mis actividades, en mi trabajo y en todas mis obligaciones.

Haz tu labor en mí en este día, moldea mi corazón a tu manera y permíteme ser un humilde instrumento de tu obra. Ayúdame a caminar en tus caminos, no permitas que me aparte de tu presencia y cuida de mí, de todos mis seres queridos, líbranos siempre de todo mal y danos la dicha de vivir en paz, propósito y misión.

Señor, Tú tienes nuestras vidas en tus manos. Ayúdanos a aceptar nuestras propias limitaciones y hacernos conscientes de nuestros valores y capacidades para sacarles el máximo de provecho en nuestro progreso personal y en el servicio a los demás.

En esta oración te pido también por todos aquellos que empiezan este día con temor, con angustias, con enfermedad o grandes necesidades. Padre amado, por favor derrama tu luz y tu paz por el mundo y permite que la humanidad pueda encontrar sosiego y esperanza en Ti.

Amado Dios, gracias por escuchar mis súplicas; mi vida, mis batallas y mis esperanzas están en tus manos. En este día daré lo mejor de mí y viviré feliz y lleno de confianza, pues Tú estás conmigo y donde Tú estás nunca hace falta nada, Amén.

El ayer ya pasó, hoy se abren nuevos caminos, nuevos destinos y nuevas oportunidades; ten fe y sigue adelante, pues Dios está conmigo y Dios me dará días de paz, felicidad, prosperidad y bendición.

Haciendo esta hermosa oración me permitirá acercarme a Dios para poner en sus manos mi vida, la vida de mi familia, todas mis necesidades, luchas y esperanzas. Dios es bueno y Él obrará en mi vida con amor, generosidad y misericordia.

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