El video resumen del viaje apostólico del Papa a España
Las imágenes exclusivas de Vatican Media que resumen los momentos más significativos y emotivos de León XIV en la nación ibérica: siete días intensos repartidos entre Madrid, Barcelona y las Islas Canarias, y numerosas imágenes históricas, como la impresionante inauguración de la Torre de Jesús de la Basílica de la Sagrada Familia y los encuentros con las iniciativas de integración de los migrantes.
Vatican News
Con un pequeño contratiempo —la avería en el motor del Airbus A320 de Iberia que debía llevarlo de vuelta a Roma desde Tenerife, y el posterior regreso a bordo del Falcon militar puesto a disposición por el rey Felipe VI— concluyó el viaje apostólico del Papa León XIV a España. Las imágenes exclusivas de Vatican Media repasan los acontecimientos de los ocho días de estancia del Pontífice en la Península Ibérica, entre Madrid, Barcelona y las Islas Canarias. Desde el encuentro con la comunidad diocesana en el estadio Santiago Bernabéu hasta la inauguración de la Torre de Jesucristo de la Basílica de la Sagrada Familia, imágenes que han dado la vuelta al mundo. En el archipiélago, además, tuvieron lugar los conmovedores encuentros con los migrantes y con las entidades dedicadas a su acogida.
Las imágenes exclusivas de Vatican Media que recogen la llegada y las actividades de León XIV en España, en el tercer día de su cuarto viaje apostólico
Imágenes exclusivas de Vatican Media que recogen la llegada y las actividades del Papa a la isla de Tenerife, en España, en el séptimo día de su viaje apostólico
Oración para el sábado 13 de junio de 2026. Corazón Inmaculado de la Bienaventurada Virgen María. San Antonio de Padua.
Amado Dios, hoy me acerco hasta Ti con mucha alegría porque no cabe duda que día tras día Tú estás en mi vida colmando cada espacio con tu maravillosa presencia y bendiciendo mis pasos al andar. Gracias por todo tu amor y por tu bondad, gracias por ser mi guía, mi compañía y gracias porque Tú eres mi generoso proveedor.
Gracias por darme la oportunidad de abrir mis ojos a tu hermosa creación; te pido que en este nuevo día cuides de mí y de mi familia y no permitas que nada malo nos pase. Por favor rodéanos con tu amor y sopórtanos en todo momento, permítenos salir victoriosos de cada una de nuestras batallas, danos salud y líbranos de toda enfermedad.
Señor, por favor permítenos sentir tu sublime presencia en nuestras vidas, camina a nuestro lado, bríndale paz a nuestros corazones y alivio a nuestras almas. En este nuevo día ayúdanos a concretar todos nuestros planes y metas trazadas.
Permítenos también la dicha de ser un instrumento de tu obra y ayudar a aquellos que nos necesitan, pues pocas cosas nos acercan tanto a Ti, amado Dios, como auxiliar a nuestros hermanos.
Quiero poner en tus manos este nuevo día, todas mis intenciones y mis anhelos. Te suplico que me colmes de entendimiento y sabiduría para hacer cada una de mis tareas de la mejor manera posible.
Te pido también, Padre Celestial, que seas Tú librándome del enemigo y de toda persona que quiera hacerme daño, pues si Tú estás conmigo entonces nadie podrá levantar su mano contra mí. Y si por algún motivo tuviese que superar alguna prueba, dame la fortaleza para salir adelante y avanzar con gratitud por todo lo que Tú me das.
Gracias amado Dios por escuchar mi oración y gracias por este nuevo día, que en tu nombre estará lleno de gozo, alegría, amor y prosperidad, Amén
Amado Dios, me preparo para vivir este nuevo sábado de tu mano, con tu protección y tu bendición. Por favor sé la luz que guie mis pasos y ayúdame para que mis anhelos se hagan realidad.
Confiando y viviendo este nuevo sábado con fe, amor, esperanza y alegría, porque Dios está conmigo. Dios guiará mis pasos y en su compañía mi vida estará llena de bienestar, felicidad y milagros.
11 Cristo Rey Radio 1110 AM AÑOS… tu radio, donde la fe se escucha y el alma encuentra consuelo. 🙏✨
León XIV regresa a Roma en el avión de Felipe VI: finaliza su viaje apostólico a España
Dos horas más tarde de lo previsto, debido a una incidencia técnica en el avión que debía conducirlo de regreso a Roma, el vuelo papal despegó finalmente de Tenerife a las 18:08 (hora local), las 19:08 en Roma, en una aeronave ofrecida por Su Majestad el Rey de España Felipe VI. Aterrizando luego a las 23:05 en el aeropuerto de Roma.
Sebastián Sansón Ferrari – Ciudad del Vaticano
Luego de presidir la santa misa en el Puerto de Santa Cruz de Tenerife, en la solemnidad del Sacratísimo Corazón de Jesús, el Pontífice se trasladó al Aeropuerto de Tenerife Norte–Ciudad de La Laguna (Los Rodeos), situado en el municipio de San Cristóbal de La Laguna, a unos diez kilómetros de la capital tinerfeña.
Allí tuvo lugar la ceremonia oficial de despedida, marcada por los honores protocolares, la interpretación de los himnos nacionales, el saludo a las banderas, la revista a la Guardia de Honor, el intercambio de saludos de las respectivas delegaciones y un breve coloquio privado con Su Majestad el Rey Felipe VI.
Posteriormente, el Santo Padre abordó el avión que debía conducirlo de regreso a Roma. Sin embargo, se registró una incidencia técnica en la aeronave, por lo que León XIV descendió del aparato acompañado por el Rey Felipe VI. Según informó la Oficina de Prensa de la Santa Sede a través de su canal de Telegram, Su Majestad puso gentilmente a disposición del Pontífice el avión de la Casa Real para su retorno a Italia. El vuelo papal en cambio ha despegado finalmente a las 18:08 (hora de Canarias), las 19:08 en Roma, y tiene previsto aterrizar en el Aeropuerto Internacional Leonardo da Vinci de Roma-Fiumicino alrededor de las 23:00 (hora de Roma).
Por su parte, el personal de la Santa Sede y los periodistas que integran el vuelo papal regresarán en las próximas horas en otro avión facilitado por IBERIA.
Bajo el lema “Alzad la mirada”, el viaje apostólico fue anunciado el pasado 25 de febrero y su programa detallado se dio a conocer el 6 de mayo. La visita se desarrolló del 6 al 12 de junio y comprendió tres grandes sedes: Madrid, Barcelona y las Islas Canarias.
A lo largo de la semana, León XIV presidió celebraciones litúrgicas, encuentros con comunidades eclesiales, reuniones con autoridades y diversos actos pastorales, centrando sus mensajes en la esperanza cristiana, la dignidad de la persona, la solidaridad y el compromiso de los creyentes ante los desafíos contemporáneos.
El Instituto Tepeyac es el centro de formación de los laicos de la Diócesis de El Paso. Inspirados en las enseñanzas del Concilio Vaticano II, acompañamos a los fieles en su vocación bautismal para vivir y servir como sacerdotes, profetas y reyes en el mundo de hoy.
El Instituto Tepeyac es el centro de formación de los laicos de la Diócesis de El Paso. Inspirados en las enseñanzas del Concilio Vaticano II, acompañamos a los fieles en su vocación bautismal para vivir y servir como sacerdotes, profetas y reyes en el mundo de hoy.
León XIV denuncia a quienes “convierten el sufrimiento ajeno en negocio”
En un significativo encuentro con migrantes, voluntarios y entidades que facilitan la incorporación de los migrantes a la sociedad de acogida, el Papa reclamó una integración basada en la dignidad humana, recordó a las víctimas de las rutas migratorias y lanzó un duro llamamiento a quienes trafican con personas parta que se conviertan. “Deténganse. Conviértanse. Las lágrimas y la sangre de estos hermanos claman a Dios y sus sufrimientos llegan hasta Él”, señaló el Pontífice.
Lorena Pacho – Ciudad del Vaticano
El Papa León XIV defendió este viernes, 12 de junio, en la última etapa de su viaje a España, desde las Islas Canarias, la necesidad de asentar una cultura de la integración que vaya más allá de la mera asistencia y que permita a las personas migrantes reconstruir su vida y participar plenamente como protagonistas en la sociedad que las acoge. Lo hizo durante un encuentro con representantes de realidades dedicadas a la acogida e integración de migrantes celebrado en la Plaza del Cristo de La Laguna, en San Cristóbal de La Laguna, Tenerife, en el archipiélago canario, uno de los principales puntos de llegada de personas que cruzan el mar para llegar a Europa.
El lenguaje de la cercanía
Tomando como punto de partida la definición de La Laguna como una “ciudad sin murallas”, el Pontífice advirtió de que las barreras más difíciles de derribar no son físicas, sino aquellas que nacen “en la mirada, en el miedo o en la indiferencia”.
Ante las historias de sufrimiento y esperanza que llegan a las costas canarias, invitó a aprender “el lenguaje de la cercanía”, capaz de reconocer la dignidad de cada persona más allá de cifras o expedientes administrativos. “En una ciudad sin murallas, también el corazón está llamado a ensancharse para acogerlas. Por eso necesitamos aprender el lenguaje de la cercanía, ese que se comprende más con las manos que con las palabras”, señaló el Papa.
La dignidad humana en la base
León XIV desarrolló gran parte de su intervención en torno a la idea de que la solidaridad nace del reconocimiento de la dignidad humana y no puede reducirse a gestos puntuales de ayuda y de que la integración es un proceso humano y espiritual que exige compromiso sólido. “La acogida abre la puerta; la integración ayuda a cruzar el umbral. La asistencia coloca bálsamo en la herida y la integración reconstruye el futuro” afirmó.
Y recalcó que integrar “no significa borrar la historia de quien llega ni exigirle que deje atrás todo lo que forma parte de su memoria”. Tampoco significa “crear mundos paralelos, cerrados unos a otros, donde las personas conviven sin encontrarse realmente”. Por el contrario, apuntó el Pontífice integrar es un camino recíproco: “quien llega aprende a habitar una tierra nueva, y quien recibe aprende a ensanchar su propia casa sin diluir su identidad ni cerrar el corazón al encuentro”.
Encuentro con las entidades dedicadas a la integración de los migrantes (@Vatican Media)
Una responsabilidad compartida
El Pontífice subrayó que la integración es una responsabilidad compartida que implica compromisos tanto para las sociedades de acogida como para quienes llegan a ellas. Tras recordar que los Estados y las comunidades tienen el deber de proteger y acompañar a los migrantes, el Pontífice animó también a estos a implicarse activamente en su nuevo entorno, “aprendiendo la lengua, respetando las leyes, conociendo las costumbres y participando en la vida común”. Según explicó, la dignidad reconocida como un derecho alcanza su plenitud cuando se traduce en responsabilidad y en el deseo de contribuir al bien común. “Así, quien llegó como forastero puede reencontrar vínculos, reconstruir confianza y sentirse parte viva de una comunidad. Ésta es una forma preciosa de misericordia”, señaló el Papa.
La persona por delante de cualquier consideración administrativa
Uno de los ejes centrales del discurso fue la defensa de la dignidad de los migrantes. León XIV insistió en que la mirada cristiana debe situar a la persona por delante de cualquier consideración jurídica o administrativa. “Hablamos, ante todo, de personas creadas a imagen y semejanza de Dios, antes que de categorías jurídicas o de problemas que administrar”, resaltó el Papa.
En esta línea, recordó que quienes alcanzan las costas europeas después de travesías extremadamente peligrosas necesitan no solo ayuda material, sino también oportunidades reales para recomenzar. “Buscan a alguien que les diga, con los gestos antes que con las palabras: tu vida no es un descarte, tu sufrimiento no es invisible, tu dignidad no ha quedado disuelta en las aguas que has atravesado”, apuntó León XIV. Y agregó: “Pero buscan también algo más: una posibilidad concreta de recomenzar, de aprender, de trabajar, de servir, de participar, de no quedar encerrados para siempre en la condición de víctimas”.
El Pontífice agradeció expresamente el trabajo de la diócesis, de Cáritas, de la pastoral de migraciones, de las parroquias y de numerosas organizaciones eclesiales y civiles que acompañan procesos de protección, promoción e integración. Destacó además el valor de quienes, tras haber sido acogidos, se convierten posteriormente en apoyo para otros migrantes, transformando la ayuda recibida en “responsabilidad compartida”. “Así, el extranjero de ayer puede ser el hermano y vecino de hoy”, destacó el Papa.
Una Iglesia que acoge y evangeliza
Dirigiéndose a los católicos, León XIV pidió que la integración no sea entendida únicamente como una tarea social. Según explicó, quienes llegan necesitan vivienda, trabajo y protección, pero también encontrar comunidades cristianas capaces de ofrecer el testimonio del Evangelio con respeto y libertad. “Evangelizar es compartir con respeto y humildad el tesoro que sostiene nuestra acción y nuestra esperanza. Una Iglesia que acoge es también una Iglesia que anuncia, ofreciendo a Cristo sin imponerlo y que, al mismo tiempo, recibe el Evangelio de manos de los pobres”, afirmó el Papa.
Encuentro con las entidades dedicadas a la integración de los migrantes (@Vatican Media)
No permanecer indiferentes ante las víctimas de los naufragios
El Papa dedicó uno de los momentos más emotivos de su discurso a recordar a quienes han perdido la vida intentando alcanzar Europa. “Una conciencia humana, y más aún una conciencia cristiana, no puede permanecer indiferente ante las víctimas de los naufragios y de la falta de ayuda, ante esos cementerios del mar. Cada vida perdida en estas rutas es un fracaso para la familia humana”, dijo el Pontífice. Y advirtió de que existe también un “naufragio silencioso” después de la llegada: la soledad, la falta de vínculos, el desempleo o la exposición a redes de explotación. “Integrar es impedir ese segundo naufragio”, advirtió el Papa. Y puntualizó: “Es ayudar a que quien llegó lastimado no quede fijado para siempre en su dolor, sino que pueda volver a ponerse en pie, reconocer sus dones y ofrecerlos a la comunidad”.
“Deténganse. Conviértanse”
En su discurso, el Papa también realizó un llamamiento contundente dirigido a quienes se benefician de la desesperación de los migrantes. León XIV denunció a quienes organizan rutas clandestinas, trafican con personas, retienen documentos, explotan trabajadores o amenazan a mujeres vulnerables. “Deténganse. Conviértanse”, exhortó el Papa. Y añadió: “Las lágrimas y la sangre de estos hermanos claman a Dios y sus sufrimientos llegan hasta Él. El dinero arrancado a la vulnerabilidad de los pobres no dará paz, ni honor, ni futuro”. El Pontífice recordó que “por cada vida perdida, cada familia engañada, cada cuerpo sometido, cada mujer amenazada, cada trabajador explotado habrán de comparecer ante la justicia divina”. También les pidió que “rompan las cadenas” de la explotación, liberen a los retenidos, reparen el daño causado y emprendan un camino de verdad y conversión. “Vuelvan mientras aún hay tiempo, porque la misericordia de Dios puede alcanzar incluso al pecador más endurecido, pero sólo entra por la puerta estrecha de la verdad, la justicia y la conversión”, señaló.
El encuentro concluyó con una invitación a no dejar que la última palabra la tengan el miedo, la indiferencia o la violencia. “La última palabra pertenece a Cristo, que se identifica con el forastero, toca las heridas de la humanidad y nos llama a reconocerlo en cada hermano que necesita ser acogido, protegido, promovido e integrado”, resaltó. Recordando a la Sagrada Familia, que tuvo que huir a Egipto para proteger al Niño Jesús, León XIV pidió que Canarias siga siendo una tierra donde todos puedan sentirse reconocidos como hermanos y donde la acogida se transforme en auténtica integración.
Lo más destacado del Encuentro con organizaciones de integración de migrantes
El muelle de la vergüenza, transformado en lugar de esperanza: «La dignidad humana no tiene pasaporte»
León XIV se ha inclinado este jueves ante aquellos que cruzan el Atlántico jugándose la vida. En el puerto de Arguineguín, el primer Papa que pisa Canarias se ha encontrado cara a cara con migrantes rescatados del mar y con quienes los socorren y los acogen, en uno de los actos de mayor contenido humano de todo su viaje a España. Tras escuchar a un capitán de Salvamento, a una voluntaria de Cáritas y a una víctima de trata, ha querido devolverles algo que el mar y las mafias intentaron arrebatarles: «No son números ni expedientes», dijo, y resumió la mañana en una frase: «La dignidad humana no tiene pasaporte ni pierde valor al cruzar una frontera».
Texto: Bernabe Villalba
Imágenes: EFE / Ángel Medina
Olía a mar y hacía calor. En el muelle, la gente esperaba con mucha paz, con esa calma serena de quien sabe que viene a verle un buen amigo. Había grupos de migrantes reunidos con tranquilidad, sin la tensión de los expedientes ni de las cifras. Y, al fondo, esta vez en el muelle y también tranquilo, una embarcación naranja de Salvamento Marítimo, sin la vorágine del rescate sino más bien como un hermano mayor que acompaña a sus hermanos. Quizá por eso el ambiente tenía algo de familia: porque aquí muchos se han dado la vida unos a otros, los de Salvamento a quienes caen al agua y los que cuidan en el día a día de tierra.
León XIV ha llegado a las 11:40 de la mañana al puerto de Arguineguín, donde le aguardaba el obispo de Canarias, monseñor José Mazuelos Pérez, junto a representantes de Salvamento Marítimo, la Policía Nacional, la Guardia Civil, Cruz Roja, Cáritas y presidencia del gobierno de España. Pero, como en otras etapas de este viaje, el protagonismo no estaba en las autoridades, sino en los rostros más sencillos: los migrantes recuperados del mar y quienes les tienden la mano. Era, además, un momento histórico: jamás un Pontífice había pisado las islas. Cuando el Papa apareció, a más de uno le brillaban los ojos por la emoción de encontrarse con el sucesor de Pedro, el pescador.
En su saludo, monseñor Mazuelos puso palabras a un lugar que enmudeció al mundo: el que muchos llamaron el muelle de la vergüenza. Recordó que este muelle ha sido testigo de la llegada de miles de personas que huyen del hambre, de la guerra y de la desesperación tras travesías que superan los 1.600 kilómetros, y reivindicó que precisamente aquí, donde tanto se ha sufrido, puede nacer un símbolo de acogida y de justicia. «Cada migrante es un rostro concreto, no un número», afirmó, antes de agradecer la labor de quienes llamó «los ángeles de la guarda de las personas migrantes». Pidió al Papa que ayude a mirar con compasión, a actuar con valentía y a construir una sociedad donde nadie sea tratado como un problema, sino como un hermano.
Rostros concretos de la acogida y la esperanza
Llegaron después los testimonios, y con ellos un silencio se apoderó del muelle: un silencio traspasado por el dolor de quienes ahora, por fin, ven tierra y viven.
El primero en hablar fue Tito Villarmea, capitán de Salvamento Marítimo en la Guardamar Urania, un nombre que, dijo, «evoca lo celestial». Confesó que no había dormido desde que supo de la visita, y recordó a sus abuelos gallegos, que una sola vez salieron de su pueblo para viajar casi veinte horas y ver a Juan Pablo II en Fátima. En dieciocho años, junto a su equipo, ha rescatado a más de 20.000 personas. Pero hubo una a la que nunca olvidará: una madre que viajaba en una patera y que, ya a salvo, descubrió el rostro de su hijo de catorce años, le colocó unos pendientes dorados y lloró. Era una niña. «Lloró ella y lloré yo, porque soy padre de dos adolescentes», dijo. «Podrían haber sido mis hijas». El Papa escuchaba atento, sin apartar la mirada, como el pescador que repasa sus redes para repararlas.
Tomó después la palabra María, voluntaria de Cáritas, que evocó los días del desbordamiento, cuando los recursos eran escasos, no se conocía la lengua de quienes llegaban y muchas veces solo se podía ofrecer «galletas, leche y un poco de atención». De aquella impotencia, dijo, aprendieron lo esencial: que no se trataba de resolverlo todo, sino de estar presentes; que una sonrisa o una mirada bastan para que alguien se sienta acogido, aunque no haya idioma común.
El testimonio más estremecedor llegó de la mano de otra mujer, que leyó (por motivos de seguridad)) las palabras de Blessing, víctima de trata. La historia de una nigeriana que salió de su país no porque quisiera, sino porque no había otra salida; que dejó atrás a dos hijas, cayó en manos de una mafia y sobrevivió a un cautiverio que ni el mar consiguió cerrar. «He aprendido a creer en mí misma de nuevo», concluía su carta.
Cerró el turno de testimonios una trabajadora latinoamericana que llegó a Gran Canaria en 1997 con «una maleta cargada de sueños», pasó por un bazar, un restaurante y veinte años en una empresa de reformas, y que hoy dirige su propia compañía con seis empleados. Quiso dejar un mensaje a quienes aún sufren: que sí se puede salir adelante con trabajo, respeto y gratitud, y que ojalá los trámites para quienes llegan sean cada vez más humanos.
«Donde Cristo manda callar al mar, la Iglesia no puede quedar muda»
Cuando llegó su turno, León XIV mostró el anillo del Pescador que lleva en la mano y, a partir de él, partió toda su reflexión. Recordó que a Pedro le fue dicho «desde ahora serás pescador de hombres», y que en lugares como El Hierro ese mandato adquiere una fuerza literal y dolorosa, allí donde se rescatan personas. Por eso, advirtió, «el Sucesor de Pedro no puede desentenderse de estos muelles».
Evocó el mar de la Biblia como imagen del caos (el Leviatán que devora, las mafias que trafican con la desesperación, la indiferencia que traga a los pobres) y, frente a él, la voz de Cristo que ordena: «¡Calla, enmudece!». «Ahí donde Cristo manda callar al mar», dijo, «la Iglesia no puede permanecer muda ante quienes son abandonados a sus aguas».
Se dirigió uno a uno a quienes habían hablado. A Tito y a María, para subrayar que la conversión empieza cuando el migrante deja de ser «uno más». A Blessing, a quien dedicó las palabras más intensas: su nombre significa bendición, y «si otros pusieron precio a tu cuerpo, Dios no ha dejado nunca de mirarte como alguien invaluable». «Eres hija y hermana, eres bendición», le dijo. Y a los migrantes presentes les pidió que protejan su vida y no la entreguen a quienes prometen paraísos fáciles, esos «cantos de sirenas» que son industrias de muerte.
El drama, insistió, debe convertirse en examen de conciencia: para los países de origen y de tránsito, para una Europa que no puede acostumbrarse a que el Atlántico sea «un cementerio sin lápidas», y para una Iglesia que no puede adorar a Cristo en el altar y luego «pasar de largo» ante los cayucos. Reivindicó tanto el derecho a buscar refugio como el derecho a no tener que migrar, y dejó una frase que resumió toda la mañana: «No podemos acostumbrarnos a contar muertos. La dignidad humana no tiene pasaporte».
Encomendó finalmente a los presentes a Nuestra Señora del Carmen, patrona de la gente del mar, para que acompañe a quienes llegan, consuele a quienes han perdido a los suyos y despierte en todos «la valentía de la misericordia».
Al terminar, al fondo seguía la lancha naranja, fiel, montando guardia. El muelle que el mundo llamó «de la vergüenza» había escuchado, por una vez, una palabra distinta. Porque hoy, junto al mar, cada vida que ha llegado a una orilla planteaba la misma pregunta que el Papa dejó suspendida en el aire salado: qué queda de nuestra humanidad. Y, por un instante, en Arguineguín, la respuesta fue alzar la mirada y acoger.