León XIV: La Iglesia es humana y divina, unida en el amor de Cristo
En la Audiencia General, el Papa explica que la “complejidad” de la Iglesia no es confusión, sino la unión armoniosa de su dimensión humana y divina. Solo la caridad -afirma- hace visible hoy la presencia de Cristo en medio de las fragilidades humanas.
Sebastián Sansón Ferrari – Ciudad del Vaticano
¿Qué significa que la Iglesia sea “una realidad compleja”? A partir de esta pregunta, el Papa León XIV centró su catequesis de este miércoles 4 de marzo durante la Audiencia General en la Plaza de San Pedro, retomando el primer capítulo de la Constitución dogmática Lumen gentium, donde se aborda la naturaleza profunda de la Iglesia. De este modo, el Santo Padre prosigue sus meditaciones sobre los documentos conciliares en el marco de un ciclo que comenzó el 7 de enero pasado.
“Alguien podría responder, explicó el Pontífice, que la Iglesia es compleja en cuanto que es “complicada” y, por tanto, difícil de explicar; algún otro podría pensar que su complejidad deriva del hecho de que es una institución que cuenta con dos mil años de historia, y con características diversas respecto a cualquier otra agrupación social o religiosa”.
Una unidad de dimensiones diversas
El Santo Padre comentó que el término latino utilizado por el Concilio no alude a confusión, sino a una unión ordenada de dimensiones diversas de una misma realidad. Por eso, Lumen gentium puede afirmar que la Iglesia es un organismo bien compaginado, en el que conviven la dimensión humana y la divina “sin separación y sin confusión”.
“La primera dimensión se percibe inmediatamente, ya que la Iglesia es una comunidad de hombres y mujeres, con sus virtudes y sus defectos, que comparten la alegría y el esfuerzo de ser cristianos que anuncian el Evangelio y se hacen signo de la presencia de Cristo que nos acompaña en el camino de la vida.”
Pero este aspecto, aclaró el Obispo de Roma, “no basta para describir la verdadera naturaleza de la Iglesia” pues ella posee una dimensión divina, y esta no consiste en “una perfección ideal” o en una “superioridad espiritual de sus miembros”.
Más bien, en el hecho de que “la Iglesia es fruto del plan de amor de Dios por la humanidad, realizado en Cristo. Por esto, la Iglesia es al mismo tiempo comunidad terrena y cuerpo místico de Cristo, asamblea visible y misterio espiritual, realidad presente en la historia y pueblo que peregrina hacia el cielo”.
“La dimensión humana y la divina se integran armoniosamente, sin que la una se superponga a la otra; así, la Iglesia vive en esta paradoja: es una realidad a la vez humana y divina, que acoge al hombre pecador y lo conduce a Dios.”
A la luz de Cristo
Para iluminar esta condición eclesial, la Lumen Gentium -manifestó Prevost- remite a la vida de Cristo: “Efectivamente quien se encontraba con Jesús por los caminos de Palestina experimentaban su humanidad, percibía sus ojos, sus manos, el sonido de su voz. Quien decidía seguirlo se sentía impulsado precisamente por la experiencia de su mirada acogedora, por el toque de sus manos que bendecían, por sus palabras de liberación y sanación”.
“Pero al mismo tiempo, aseguró el Sucesor de Pedro, siguiendo a aquel Hombre, los discípulos se abrían al encuentro con Dios. En efecto, la carne de Cristo, su rostro, sus gestos y sus palabras manifiestan de modo visible al Dios invisible”.
Papa León XIV, Audiencia General del 4 de marzo de 2026 (@VATICAN MEDIA)
No una Iglesia ideal, sino encarnada
Citando a Benedicto XVI, León XIV recordó que no existe oposición entre Evangelio e institución: “Las estructuras de la Iglesia sirven precisamente para la realización y concreción del Evangelio en nuestro tiempo”, decía Ratzinger en su discurso a los obispos de Suiza el 9 de noviembre de 2006.
“No existe una Iglesia ideal y pura, separada de la tierra, sino solamente la única Iglesia de Cristo, encarnada en la historia.”
La caridad, corazón de la Iglesia
Evocando la exhortación apostólicaEvangelii gaudiumdel Papa Francisco, León XIV recordó la invitación a “quitarse las sandalias ante la tierra sagrada del otro”.
“Esto -precisó Su Santidad- nos permite seguir edificando la Iglesia aún hoy en día: no solamente organizando sus formas visibles, sino también construyendo ese edificio espiritual que es el cuerpo de Cristo, mediante la comunión y la caridad entre nosotros”.
“La caridad, en efecto, genera constantemente la presencia del Resucitado. «Quiera el cielo -decía san Agustín- que todos piensen solo en la caridad: solamente ella vence todo, y sin ella de nada vale todo lo demás; dondequiera que se halle, atrae todo hacia sí» (Serm. 354,6,6).”
León XIV: Escuchar a las víctimas es un acto de justicia y verdad
En un mensaje al V Congreso Latinoamericano de CEPROME, el Papa subraya que la reparación exige conversión real, responsabilidad pastoral y una escucha auténtica de las víctimas.
Sebastián Sansón Ferrari – Ciudad del Vaticano
“El camino de reparación al que la Iglesia está llamada no puede reducirse a una serie de cumplimientos formales. Exige, por el contrario, una verdadera conversión en la justicia: personal, pastoral e institucional”. Con estas palabras, el Papa León XIV se dirige a los participantes en el V Congreso Latinoamericano del Centro de Investigación y Formación Interdisciplinar para la Protección del Menor (CEPROME Latinoamérica), que tiene lugar del 3 al 5 de marzo en San José de Costa Rica.
Bajo el lema “Reparar el daño: entre la fe que sostiene, el cuidado que acompaña y la justicia que restaura”, el encuentro reúne a especialistas, autoridades eclesiales, académicos y profesionales de América Latina, Estados Unidos y Europa. Todos comparten un mismo objetivo: fortalecer la cultura del cuidado, prevenir los abusos y garantizar la protección integral de menores y personas vulnerables en la Iglesia católica.
Un compromiso que interpela a toda la Iglesia
En su mensaje, fechado el 6 de enero, el Pontífice saluda el camino emprendido, “que toca una de las heridas más profundas y dolorosas del Cuerpo de Cristo”. Este itinerario, afirma, es “un signo auténtico de renovación” y un compromiso concreto con las víctimas y con la propia Iglesia.
“No se trata de un ámbito especializado, reservado a unos pocos expertos, sino de una dimensión esencial de la misión evangelizadora de la Iglesia, que interpela la conciencia de cada pastor y de cada comunidad eclesial.”
El Papa agradece especialmente a la Conferencia Episcopal de Costa Rica, presente con representantes de sus distintas diócesis, por su testimonio de comunión, corresponsabilidad y cercanía pastoral.
Conversión, no formalismos
León XIV insiste en que la reparación no puede limitarse a normas y protocolos. Requiere una conversión profunda. En este proceso, los responsables de las Iglesias locales tienen una “responsabilidad particular e indelegable”: no solo deben garantizar procedimientos adecuados, sino asumir personalmente una cultura del cuidado capaz de prevenir abusos, escuchar a las víctimas y dar testimonio de la ternura de Cristo, “transformando las heridas en rendijas de esperanza”.
Las lecciones aprendidas en los últimos años, acota el Santo Padre, demuestran que cuando obispos y superiores mayores integran este compromiso en su ministerio, la Iglesia se vuelve “más creíble, más humana y más evangélica”.
Escuchar para sanar
Uno de los puntos centrales del mensaje es la escucha. “Escuchar a las víctimas no es un gesto opcional, sino un acto de justicia y de verdad”. De esa escucha -afirma el Santo Padre- nacen políticas creíbles, procesos integrales de reparación, estructuras de responsabilidad y mecanismos de rendición de cuentas.
“La reparación, en la Iglesia, no puede separarse ni de la misericordia ni del respeto a la ley, pero tampoco reducirse solo a ellos. Requiere una visión eclesial clara, fundada en la verdad, la asunción de responsabilidades y el acompañamiento perseverante en el tiempo.”
El Sucesor de Pedro reconoce que se trata de un camino exigente, que reclama decisiones valientes y sostenidas con constancia. Pero recuerda que cada paso auténtico hacia la verdad y la reparación es ya un signo de esperanza para la Iglesia y para el mundo.
CEPROME, espacio de convergencia
En este horizonte, CEPROME está llamado a ser no solo un centro de formación, sino un verdadero espacio de convergencia eclesial, capaz de acompañar a las Iglesias particulares en un proceso continuo de maduración. En este sentido, el Pontífice destaca la importancia de la colaboración con el CELAM y la CLAR, uniendo la responsabilidad pastoral de los obispos, la riqueza carismática de la vida consagrada y las competencias interdisciplinarias.
El Congreso: reflexión, formación y acción
El V Congreso se presenta como un espacio de reflexión, formación y diálogo para promover una Iglesia más segura, responsable y comprometida con la justicia y la reparación.
Entre los temas destacados figuran la teología de la reparación en un tiempo de heridas, la posibilidad y el sentido de reparar un abuso en la Iglesia, el acompañamiento y la restauración, la pastoral del consuelo, y los fundamentos teológicos y jurídicos del derecho a la reparación.
Paralelamente, se desarrollan simposios sobre atención integral a las víctimas, aspectos legales -civiles y canónicos- y el papel de las comunidades y redes de apoyo. También se realiza la II Expo de Buenas Prácticas y mesas redondas especializadas.
El Obispo de Roma concluye encomendando los trabajos al Espíritu Santo, animando a los participantes a no desanimarse ante las dificultades y confiando el camino de cuidado y de renovación a Nuestra Señora de los Ángeles, patrona de Costa Rica.
El Papa enfatiza nuevamente la urgencia de trabajar por la paz
El Pontífice ofreció una breve declaración a los periodistas en Castel Gandolfo, a las afueras de la residencia de Villa Barberini, y volvió a reiterar su llamamiento a “trabajar por la paz” y “promover el diálogo”.
Vatican News
“Rezar por la paz, trabajar por la paz, menos odio”, es el llamamiento que el Papa León XIV compartió, este martes 3 de marzo de 2026, con un grupo de periodistas frente a Villa Barberini, la residencia de Castel Gandolfo, donde pasó entre ayer y hoy su habitual jornada de descanso y trabajo.
Mientras en Medio Oriente se multiplican los ataques y aumentan la tensión y el miedo en el mundo, el Pontífice exhorta a perseguir el objetivo de la paz. Al mismo tiempo, invita a “buscar realmente promover el diálogo” y a “encontrar soluciones sin recurrir a las armas para resolver los problemas”.
Estas palabras retoman las que pronunció el pasado domingo durante el Ángelus, en referencia al ataque de Estados Unidos e Israel a Irán y a los bombardeos de este último en varias regiones de Medio Oriente. Entonces, León XIV aseguró:
“Sigo con profunda preocupación lo que está sucediendo en Oriente Medio y en Irán en estas horas dramáticas. La estabilidad y la paz no se construyen con amenazas mutuas, ni con armas, que siembran destrucción, dolor y muerte, sino solo a través de un diálogo razonable, auténtico y responsable”.
“Ante la posibilidad de una tragedia de enormes proporciones, añadía el Pontífice, hago un llamamiento encarecido a las partes implicadas para que asuman la responsabilidad moral de detener la espiral de violencia antes de que se convierta en un abismo irreparable. Que la diplomacia recupere su papel y se promueva el bien de los pueblos, que anhelan una convivencia pacífica, basada en la justicia. Y continuemos rezando por la paz”.
El Papa: Los oratorios ayudan a los jóvenes a superar el aislamiento
En un mensaje firmado por el cardenal secretario de Estado, Pietro Parolin, con motivo de la colocación de la primera piedra del nuevo complejo en Olgiate Comasco dedicado a San Juan Bosco, León XIV insta a valorar el papel de estos “espacios de verdadera fraternidad” en la vida de la Iglesia y la sociedad.
Vatican News
La solidez de la primera piedra colocada sobre las cenizas del antiguo oratorio “San Giovanni Bosco” en Olgiate Comasco, una pequeña localidad lombarda a tan solo ocho kilómetros de la frontera italo-suiza, es un signo de la vitalidad de estas instituciones, esenciales para la vida de la Iglesia y la sociedad en su conjunto: lugares llamados a construir “vínculos auténticos” capaces de superar “el aislamiento de nuestro tiempo”, especialmente el de los jóvenes. Así, en un mensaje firmado por el cardenal secretario de Estado, Pietro Parolin, el Papa León XIV expresó sus mejores deseos con motivo de la colocación de la primera piedra del nuevo oratorio, que lleva el nombre del fundador de los Salesianos, que tuvo lugar el domingo 1 de marzo en presencia del cardenal Oscar Cantoni, Obispo de Como.
Espacios de fraternidad y formación
En el mensaje dirigido al párroco de la Iglesia de los Santos Hipólito y Casiano, padre Flavio Crosta, junto a la cual se construirá el nuevo centro de pastoral juvenil, el Pontífice expresó su deseo de que este ofrezca “espacios de verdadera fraternidad humana y formación cristiana”. El mismo sacerdote, en su discurso dominical, recordó que para los jóvenes no basta con ser apreciados: “deben saberse amados”. La colocación de la primera piedra también marcó el final de un largo camino de expectativas y complejas transiciones, que comenzó con el cierre del antiguo oratorio en 2017. Ocho años marcados por la nostalgia de quienes crecieron atesorando los recuerdos de una infancia despreocupada, hasta que el 18 de noviembre el cardenal Lazzaro You Heung-sik, Prefecto del Dicasterio para el Clero, dio la aprobación final para la construcción de las nuevas instalaciones.
Redescubrir la comunidad en la era de “Nunca Jamás”
El proyecto del nuevo oratorio, concebido y desarrollado por la arquitecta Alessandra Mastrogiacomo y validado por el arquitecto Carlo Valentini, ha transformado espacios antes separados y a veces poco prácticos en entornos polivalentes y acogedores. La contribución voluntaria de los “jóvenes de ayer” —ahora profesionales consolidados y jóvenes jubilados— que generosamente ofrecieron sus habilidades a la Comisión en apoyo del párroco también fue crucial. Pero también los jóvenes de hoy, que quisieron ofrecer sus saludos durante la ceremonia, dejando una profunda reflexión: “¿Estamos realmente perdidos? En la época de “Nunca Jamás”, nos hemos redescubierto como comunidad. Sin muros, hemos aprendido a permanecer unidos; sin techo, hemos aprendido a construir nuestro propio hogar. Porque un oratorio no nace del hormigón, sino de la mirada de quienes reconocen en un joven algo en lo que vale la pena invertir”.
Varden: Las caídas que purifican y llaman a la integridad
En su quinta meditación durante los ejercicios espirituales de Cuaresma ante el Papa León XIV y la Curia romana, “Caerán mil”, monseñor Erik Varden reflexiona sobre el sentido espiritual de las caídas, distinguiendo aquellas que humillan y salvan de las que nacen de la corrupción. A continuación, compartimos una síntesis de su prédica.
Monseñor Erik Varden *
Las caídas pueden humillarnos cuando estamos hinchados de orgullo, mostrando el poder de Dios para salvar. Pueden convertirse en hitos en un itinerario personal de salvación, que recordemos con gratitud.
Sin embargo, no podemos permitirnos ser ingenuos. No toda caída termina en exaltación. Hay caídas que exhalan un hedor infernal, que traen destrucción al culpable y arrastran ruina a su paso. Ese rastro suele ser amplio y prolongado, alcanzando a muchos inocentes. Necesitaremos fortaleza para acercarnos, con Bernardo, al versículo del Salmo 90 que comienza: «Caerán mil a tu lado, diez mil a tu derecha».
Nada ha causado a la Iglesia un daño más trágico, ni ha comprometido más nuestro testimonio, que la corrupción surgida dentro de nuestra propia casa. La peor crisis de la Iglesia no ha sido provocada por la oposición secular, sino por la corrupción eclesiástica. Las heridas infligidas necesitarán tiempo para sanar. Claman por justicia y por lágrimas.
Ante la corrupción, especialmente cuando se trata de abusos, es tentador buscar una raíz enferma. Esperamos encontrar señales de alerta tempranas que fueron ignoradas: algún fallo en los procesos de discernimiento, un patrón inicial de desviación. A veces esas pistas existen y tenemos razón al reprocharnos no haberlas detectado a tiempo. Sin embargo, no siempre las encontramos.
Podemos reconocer el gran bien, incluso gozoso, que a menudo se manifestó en los comienzos de comunidades hoy vinculadas al escándalo. No podemos suponer que hubiera hipocresía estructural desde el inicio, que los fundadores partieran como sepulcros blanqueados. En ocasiones encontramos signos de inspiración, incluso huellas de santidad. ¿Cómo explicar simultáneamente estos elementos y los desarrollos deformados que siguieron?
Una mentalidad secular simplifica: ante la calamidad, designa monstruos y víctimas.
Afortunadamente, la Iglesia posee, cuando recuerda utilizarlos, instrumentos más delicados y eficaces.
Bernardo nos recuerda que allí donde las personas emprenden obras nobles, los ataques del enemigo serán feroces. Observa que «los hombres espirituales de la Iglesia son atacados mucho más terriblemente que los carnales». Considera que esto es lo que el Salmo Qui habitat quiere expresar con su lenguaje de «izquierda» y «derecha»: la izquierda representa nuestra naturaleza carnal, la derecha nuestra naturaleza espiritual. Las bajas son más numerosas en la derecha porque es allí donde, en el campo de batalla espiritual, se emplean las armas más letales.
Aunque tomaba muy en serio la realidad demoníaca, esto no significa que atribuyera toda enfermedad espiritual a villanos con cuernos y tridentes. Sostiene que hombres y mujeres son responsables del modo en que usan su libertad soberana. Su punto es que la naturaleza humana es una. Si comenzamos a adentrarnos en profundidad en nuestra dimensión espiritual, otras profundidades quedan necesariamente al descubierto. Enfrentaremos hambre existencial, vulnerabilidad, un anhelo de consuelo. Tales experiencias pueden surgir en forma de asalto.
El progreso en la vida espiritual exige configurar nuestra dimensión física y afectiva en sintonía con la maduración contemplativa; de lo contrario, existe el peligro de que la exposición espiritual busque una descarga física o afectiva, y que tales descargas sean racionalizadas como si fueran, de algún modo, «espirituales», más elevadas que las faltas de los mortales ordinarios. La integridad de un maestro espiritual se acreditará por su conversación, pero no solo por ella; se evidenciará igualmente en sus hábitos en línea, en su comportamiento en la mesa o en el bar, en su libertad frente a la adulación de los demás.
La vida espiritual no es un añadido al resto de la existencia. Es su alma. Debemos cuidarnos de todo dualismo, recordando siempre que el Verbo se hizo carne para que nuestra carne fuera impregnada por el Logos. Debemos vigilar tanto a la izquierda como a la derecha y, como insiste Bernardo, no confundir la izquierda con la derecha ni la derecha con la izquierda. Hemos de aprender a sentirnos igualmente serenos en nuestra naturaleza carnal y espiritual, para que Cristo, nuestro Maestro, pueda reinar pacíficamente en ambas.
* Monseñor Erik Varden, obispo de Trondheim, Noruega, fue invitado a predicar los Ejercicios Espirituales de 2026 para el Papa León XIV, los cardenales residentes en Roma y los jefes de Dicasterios de la Curia Romana, que se celebran del domingo 22 al viernes 27 de febrero. Aquí el enlace a su sitio web.
Ángelus del Papa: En Cuaresma demos espacio al silencio y la escucha
En el Ángelus del primer domingo de Cuaresma, León XIV recuerda cómo Jesús venció los engaños del diablo y habla de la penitencia como un camino que no empobrece nuestra humanidad, sino que la enriquece, la purifica y la fortalece. Nos insta a silenciar la televisión, la radio y los teléfonos inteligentes por un rato. La riqueza, la fama y el poder, añade, «no son más que pobres sucedáneos” que, al final, “nos dejan inevitable y eternamente insatisfechos, inquietos y vacíos
Antonella Palermo – Ciudad del Vaticano
El desierto, las tentaciones del diablo, el arraigo en el Espíritu Santo que no nos ahorra las dificultades de la condición humana, sino que nos ofrece el camino para resistir el engaño y las trampas. Este es el contexto de los cuarenta días de duras pruebas que experimentó Jesús, narrados en la liturgia del primer domingo de Cuaresma, que ofrece al Papa el inicio de una catequesis basada en el significado de un camino, el que precede a la Pascua, descrito como «luminoso».
Penitencia para hacer florecer la vida
Es la “vida” lo que León enfatiza, tanto al comentar las dificultades que enfrentó Jesús como al relacionarlas con el cristiano de hoy. La penitencia que enseña el Evangelio no es, por lo tanto, un fin en sí misma, sino un camino hacia la alegría plena; no es simplemente una herramienta para afrontar las propias limitaciones, sino una oportunidad para “superarlas y vivir”.
La liturgia, con esta Palabra de vida, nos invita a considerar la Cuaresma como un itinerario resplandeciente en el que, con la oración, el ayuno y la limosna, podemos renovar nuestra colaboración con el Señor para hacer de nuestra vida una obra maestra irrepetible. Se trata de permitirle eliminar las manchas y curar las heridas que el pecado haya podido causar en ella, y de comprometernos a hacerla florecer con toda su belleza hasta alcanzar la plenitud del amor, que es la única fuente de felicidad verdadera.
León XIV visita la parroquia del Sagrado Corazón de Jesús en Castro Pretorio, junto a la gran estación central de Roma Termini, que refleja las contradicciones de nuestro tiempo: …
Riqueza, fama, poder: sustitutos de la alegría
El Pontífice cita a San Pablo VI cuando enfatizó que la penitencia, lejos de empobrecer nuestra humanidad, la enriquece, purificándola y fortaleciéndola. Consciente del desánimo que puede caracterizar el desafío del mal y de la atracción por “caminos de plenitud menos exigentes”, León advierte contra la ilusión de la riqueza, la fama y el poder. Aclara:
Estas tentaciones, que también fueron las de Jesús, no son más que pobres sucedáneos de la alegría para la que fuimos creados y que, al final, nos dejan inevitable y eternamente insatisfechos, inquietos y vacíos.Silencie un poco los televisores, radios y teléfonos inteligentes
Finalmente, siguiendo los pasos de san Agustín, a quien el Papa se refiere una vez más, la exhortación es a fortalecerse en la fuente de la oración y las obras de misericordia. Y, en una época en la que el silencio es un bien cada vez más escaso, nos anima a encontrarlo y a expandirlo mediante sacrificios concretos:
Demos espacio al silencio, apaguemos un poco los televisores, la radio y los smartphone. Meditemos la Palabra de Dios, acerquémonos a los sacramentos; escuchemos la voz del Espíritu Santo, que nos habla al corazón, y escuchémonos unos a otros, en las familias, en los lugares de trabajo y en las comunidades. Dediquemos tiempo a los que están solos, especialmente a los ancianos, a los pobres y a los enfermos. Renunciemos a lo superfluo y compartamos lo que ahorramos con quienes carecen de lo necesario.
El Papa: Que la Iglesia sea un baluarte de caridad ante las contradicciones de nuestro tiempo
León XIV visita la parroquia del Sagrado Corazón de Jesús en Castro Pretorio, junto a la gran estación central de Roma Termini, que refleja las contradicciones de nuestro tiempo: algunos se marchan con las comodidades que se les ofrecen, mientras que otros, en cambio, no tienen un hogar; otros anhelan trabajar honestamente, pero se topan con el tráfico ilícito de drogas y la prostitución. La invitación es a ser la levadura del Evangelio en la masa de la tierra.
Edoardo Giribaldi – Roma
Un cable de cargador cuelga de una toma de corriente, entre los confesionarios de madera construidos en tiempos de Don Bosco. Sacudido por pasos apresurados, no hay culpa en olvidarlo y dejar que la mirada se dirija a otro lugar, atraída por la onda eléctrica que recorre la nave central de la Basílica del Sagrado Corazón en Castro Pretorio: el Papa León XIV está pasando.
«Cercanía» y «caridad», reafirma el Santo Padre, como barreras a la «violencia desenfrenada» que azota el barrio, a menudo presente en las noticias más espantosas. Sus palabras se apoyan en historias de refugiados, enfermos, hombres y mujeres agobiados por heridas visibles. «En tan solo unos metros, se pueden tocar las contradicciones de este tiempo». Porque junto a ellos, hay quienes arrastran un carrito hacia la estación Termini, con una batería externa doble en la maleta y un tren que no quieren perder. Quizás sea precisamente en ese cargador, olvidado por quienes no tienen techo, o solo por una noche, donde aparece el significado más concreto de la «proximidad» que invoca el Papa.
La Iglesia no es solo el refugio que evoca el altar, sino también una comida o agua caliente, un enchufe para cargarse durante unas horas. En el Sagrado Corazón —la segunda visita pastoral del Pontífice a las parroquias de Roma— todo esto cobra forma. Y cuando León XIV parte hacia el Vaticano, a tiempo para el Ángelus en la Plaza de San Pedro, muchos se quedan, con una pequeña llama para calentarse. Con suficiente batería para una llamada. «El Papa estaba allí». Para llamar a casa. Dondequiera que esté, quien sea que conteste.
Segunda visita pastoral del Papa León XIV a las parroquias de su diócesis. En la comunidad del Sagrado Corazón de Jesús, en Castro Pretorio, conocerá la compleja realidad confiada …
La llegada del Papa
Es la madrugada del domingo 22 de febrero. El frío aprieta. En la Via Marsala, el gran atrio que da acceso a la estación de tren está cerrado, pero el flujo de fieles avanza vorazmente, llenando el patio frente a la basílica. Aquí destaca una pancarta amarilla y blanca, los colores de la bandera del Vaticano, con la leyenda «Bienvenido Papa León XIV», intercalada con un panel que representa al propio Pontífice en primer plano y a San Juan Bosco al fondo.
La pancarta del Papa
La mirada de los fieles revela la fusión de las contradicciones evocadas por el Papa en su homilía de la misa que presidió en la basílica. Existen numerosos potenciales de la parroquia para el bien: el Centro de Escucha, donde quienes lo buscan encuentran apoyo psicológico para su sufrimiento; y el Banco de Talentos, con voluntarios que distribuyen comida y bebida a las personas sin hogar los viernes por la noche.
Voluntarios del “Banco de Talentos”
Están presentes monjas de tres congregaciones que frecuentan la comunidad parroquial: las Hijas de María Auxiliadora, las Clarisas Franciscanas Misioneras del Santísimo Sacramento y las Misioneras de Cristo Resucitado.
Monjas salesianas de Filipinas
Una pareja de futuros esposos sostiene un cartel con una petición telegráfica: «Nos casamos, ¿nos bendices?». La licencia poética del «tú» otorgada al Papa, una cercanía que León XIV corresponde imponiendo las manos sobre ambos.
El Papa bendice a una joven pareja (@Vatican Media)
Y luego los niños de la escuela dominical, con chaquetas enormes. Un contexto interétnico y multirreligioso que, sin embargo, ofrece la oportunidad única de escuchar historias diferentes a las suyas. “Sin ingenuidad”, dicen los padres.
La llegada del Papa (@Vatican Media)
El asombro de los necesitados
A las 8:15, la espera se rompe. Un repentino aplauso se extiende como la pólvora. León XIV entra en el patio adyacente a la basílica. Responden los teléfonos. Con suerte, con la batería llena. El Papa extiende la mano, les sostiene la mirada. “¡Buenos días!”. Y no habla desde arriba. Se inclina, se alinea con las personas necesitadas asistidas por la parroquia. Sonrisas que se reciben con asombro y maravilla, a través de las cuales incluso un adulto, aunque necesitado, puede volver a ser pequeño. “Una pequeña llama de luz”, dirá León XIV poco después en su homilía. “Un puerto de tierra”, dirán los niños que lo reciben una vez que haya terminado su recorrido por el patio.
¡Qué alegría ver a todos estos niños aquí! ¡Un aplauso para ellos! Experimentando la alegría de vivir, y lo hermoso que es estar vivo, tener este regalo de la vida que el Señor nos da.
El Papa entre los niños de la parroquia (@Vatican Media)
En su saludo inicial, reiteró la misma “calidez de acogida” que su predecesor, el Papa Francisco, había elogiado al visitar la misma parroquia en 2014.
Todos sabemos que el Señor quiere recibirnos, darnos la bienvenida, ¡igual que esta parroquia! ¡Qué maravilloso es estar en un lugar donde todos son bienvenidos! ¡Gracias, gracias a esta parroquia!
Es el amor de Jesús, es su misericordia la que nos convoca
Entre aplausos, León XIV reflexionó sobre el nombre de la parroquia, que evoca el corazón, «símbolo del amor, de la caridad, de la generosidad sin límites del amor del Señor». Ni de nacionalidad, pues entre las mil personas reunidas en el patio de la basílica estaban representados numerosos países.
Representan esta unidad, comunión y fraternidad, esta convivencia que solo Jesús puede hacer posible. Es el amor de Jesús, es su misericordia lo que nos ha convocado esta mañana.
El Papa dirigió entonces su saludo a la comunidad salesiana presente. Se centró en el valor de la historia, que no solo mira al pasado, sino también al impulso de vivir “esta hermosa tradición de servicio, caridad y trabajo con los jóvenes”.
El Papa entra en la basílica (@Vatican Media)
Redescubrir la propia libertad
Entre la multitud se encuentran también cinco catecúmenos que recibirán los sacramentos en la Vigilia Pascual. El Papa, al comienzo de su homilía en la misa, los señala como signo de un comienzo que concierne a todos.
Especialmente en este tiempo de Cuaresma, estamos llamados a redescubrir la gracia del Bautismo, como fuente de vida que habita en nosotros y que, dinámicamente, nos acompaña en el máximo respeto de nuestra libertad.
Habla luego del “drama” de la independencia del hombre, de la antigua tentación que pasa por el jardín de los orígenes y Jesús en el desierto.
El Evangelio parece responder al eterno dilema: ¿puedo alcanzar la plenitud de mi vida diciéndole “sí” a Dios? ¿O, para ser libre y feliz, debo liberarme de Él?
La Iglesia, “bastión de proximidad”
La pregunta no es solo teórica: cobra forma una vez más en los gestos concretos de quienes, cada día, deciden donarse a través de las organizaciones benéficas que operan cerca de la basílica. Fue el Papa León XIII quien encargó a San Juan Bosco construirla «en una encrucijada única de la ciudad, destinada a adquirir mayor importancia con el tiempo». El Papa observa en cada creyente un «bastión de proximidad» y cercanía ante los desafíos que les presenta Castro Pretorio.
El Papa y, al fondo, la estación Termini de Roma (@Vatican Media) (@Vatican Media)
De hecho, acoge a numerosos jóvenes universitarios, personas que van y vienen para trabajar, inmigrantes en busca de trabajo y jóvenes refugiados que han encontrado en el edificio de al lado, gracias a la iniciativa de los Salesianos, la posibilidad de conocer a coetáneos italianos y realizar proyectos de integración.
León XIV en la costa romana para visitar la parroquia de Santa Maria Regina Pacis. El Pontífice se reúne con niños y jóvenes y les exhorta a «formar equipo»: «Me siento bienvenido …
Las contradicciones del barrio
El Papa sigue reflexionando sobre los “hermanos que no tienen casa” que llaman a la puerta de Cáritas en Via Marsala y encuentran cama en el albergue “Don Luigi Di Liegro”.
En pocos metros se pueden percibir las contradicciones de este tiempo: la despreocupación de quienes van y vienen con todas las comodidades y de quienes no tienen techo; las múltiples potencialidades para el bien y la violencia galopante; el deseo de trabajar honestamente y el tráfico ilícito de drogas y prostitución.
Una dicotomía ya reconocida en una entrevista con medios del Vaticano por la coordinadora del albergue, Luana Melia. «No somos lugares que perpetúan las penurias ni las trasladamos a las comunidades locales. Al contrario, al ofrecer servicios que van más allá de las comidas y el alojamiento, contribuimos a prevenir conflictos y situaciones explosivas».
El Papa preside la Santa Misa en la basílica (@Vatican Media)
La despedida del Papa
Estas palabras se entrelazan con las del Papa, quien invita a la comunidad a ser “levadura del Evangelio en la masa del territorio”. La misa es concelebrada, entre otros, por el cardenal Baldo Reina, vicario de la diócesis de Roma; por el cardenal titular Giuseppe Versaldi, prefecto emérito de la Congregación para la Educación Católica; por el rector mayor de los Salesianos, padre Fabio Attard; por el superior del Distrito Salesiano de Italia Central, padre Roberto Colameo; y por el párroco, padre Javier Ortiz Rodríguez.
El Papa saluda a los parroquianos (@Vatican Media)
Al finalizar la liturgia eucarística, León XIV se dirige a la capilla de la iglesia para reunirse con la comunidad salesiana y el consejo pastoral. Finalmente, hay tiempo para la despedida final de los fieles, aún reunidos en el patio de la basílica, antes de partir hacia el Vaticano. Cuando los últimos grupos se dispersan, el cargador ha desaparecido. Alguien lo ha desenchufado y se lo ha guardado en el bolsillo. “Llámame dentro de veinte años”, cantó Lucio Dalla. Alguien ya ha marcado el número hoy.
18 de febrero, Miércoles de Ceniza, a las 16.30 hora de Roma, sigue en directo desde la Iglesia de San Anselmo y la Basílica de Santa Sabina, la Procesión Penitencial, la #SantaMisa y la Bendición e Imposición de las #Cenizas presidida por el #PapaLeónXIV
El Papa en el Ángelus: La verdadera justicia es el amor
A la hora del Ángelus del domingo 15 de febrero, León XIV reflexionó sobre una parte el sermón de la montaña que revela el significado de los preceptos de la Ley de Moisés e indicó que en cada precepto debemos percibir una “exigencia de amor”. “No se necesita una justicia mínima, se necesita un amor grande, que es posible gracias a la fuerza de Dios”.
María Cecilia Mutual – Vatican News
“Jesús, después de haber proclamado las Bienaventuranzas, nos invita a entrar en la novedad del Reino de Dios y, para guiarnos en este camino, revela el verdadero significado de los preceptos de la Ley de Moisés”. Con estas palabras, el Papa León XIV inició su alocución previa a la oración mariana del Ángelus del 15 de febrero, VI domingo del tiempo ordinario.
Asomado desde la ventana del Palacio Apostólico, el Santo Padre, reflexionando sobre una parte del “sermón de la montaña” que propone el Evangelio del día, explicó que estos preceptos “no sirven para satisfacer una necesidad religiosa exterior y sentirse bien ante Dios, sino para hacernos entrar en la relación de amor con Dios y con los hermanos” . Y por eso – puntualizó – “Jesús dice que no ha venido a abolir la Ley, ‘sino a darle cumplimiento’”.
“El cumplimiento de la Ley es precisamente el amor, que realiza su significado profundo y su fin último. Se trata de adquirir una “justicia superior” a la de los escribas y fariseos, una justicia que no se limita a observar los mandamientos, sino que nos abre al amor y nos compromete en el amor”
La justicia del Reino de Dios
Para hacer ver la diferencia entre una “justicia religiosa formal” y la “justicia del Reino de Dios”, el Obispo de Roma explicó que Jesús examina algunos preceptos de la Ley que se refieren a casos concretos de la vida y lo hace utilizando las antinomias. Así, por una parte, Jesús afirma: “Ustedes han oído que se dijo a los antepasados”, y, por otra: “Pero yo les digo”.
Jesús nos hace “hijos del Padre”
Este planteamiento nos dice “que la Ley ha sido dada a Moisés y a los profetas como un camino para empezar a conocer a Dios y su proyecto sobre nosotros y sobre la historia”, observó el Santo Padre, pero ahora, “Él mismo, en la persona de Jesús, ha venido entre nosotros llevando la Ley a cumplimiento, haciéndonos hijos del Padre y dándonos la gracia de entrar en relación con Él como hijos y hermanos entre nosotros”.
“Hermanos y hermanas, Jesús nos enseña que la verdadera justicia es el amor y que, en cada precepto de la Ley, debemos percibir una exigencia de amor. No es suficiente con no matar físicamente a una persona, si después la mato con las palabras o no respeto su dignidad. Del mismo modo, no basta con ser fiel al cónyuge formalmente y no cometer adulterio, si en esa relación faltan la ternura recíproca, la escucha, el respeto, el cuidado mutuo y el caminar juntos en un proyecto común”
Un “amor grande” para vivir en la justicia
A estos ejemplos, que Jesús mismo nos brinda, el Papa añadió otro más, una valiosa enseñanza que nos ofrece el Evangelio:
“No se necesita una justicia mínima, se necesita un amor grande, que es posible gracias a la fuerza de Dios”
Antes de concluir su catequesis, el Papa León invitó a invocar juntos a la Virgen María, para que “Ella interceda por nosotros, ayudándonos a entrar en la lógica del Reino de Dios y a vivir en su justicia”.
El Papa: En Cuaresma desarmemos el lenguaje, renunciando a las palabras hirientes
En su mensaje para el tiempo de preparación a la Pascua de 2026, titulado “Escuchar y ayunar. La Cuaresma como tiempo de conversión”, el Papa pide formas de “abstinencia concreta” como “desarmar el lenguaje” y cultivar la amabilidad, pero también escuchar la Palabra de Dios y el clamor de los últimos, y hacerlo juntos, en nuestras comunidades, abiertas a acoger a quienes sufren.
Vatican News
En su mensaje para la Cuaresma 2026, el Papa León XIV invita a pedir “la gracia de vivir una Cuaresma que haga más atento nuestro oído a Dios y a los más necesitados. Pidamos la fuerza de un ayuno que alcance también a la lengua, para que disminuyan las palabras que hieren y crezca el espacio para la voz de los demás”. El Pontífice insta además a comprometerse “para que nuestras comunidades se conviertan en lugares donde el grito de los que sufren encuentre acogida y la escucha genere caminos de liberación, haciéndonos más dispuestos y diligentes para contribuir a edificar la civilización del amor”.
Un tiempo para volver a poner a Dios en el centro de nuestra vida
El texto del mensaje, titulado «Escuchar y ayunar. La Cuaresma como tiempo de conversión» se hizo público hoy, 13 de febrero, pero fue firmado el 5 de febrero, memoria de Santa Ágata virgen y mártir. En el tiempo de cuarenta días que precede a la Pascua, y que comienza el miércoles 18 de febrero, el Papa recuerda que la Iglesia “nos invita a poner de nuevo el misterio de Dios en el centro de nuestra vida, para que nuestra fe recobre su impulso y el corazón no se disperse entre las inquietudes y distracciones cotidianas”.
Escuchar la Palabra y el clamor de los que sufren
En este camino de conversión es fundamental dejarse alcanzar por la Palabra de Dios, subraya León XIV, y renovar la decisión de seguir a Jesús hasta Jerusalén, “donde se cumple el misterio de su pasión, muerte y resurrección”. Por eso recuerda la importancia de dar espacio a esta Palabra a través de la escucha, que es un rasgo distintivo del mismo Dios. El Señor, que habla a Moisés en la zarza ardiente, le dice que ha oído el clamor de su pueblo oprimido en Egipto. Es un Dios que nos atrae – comenta el Pontífice – que hoy también nos conmueve con los pensamientos que hacen vibrar su corazón.
Por eso, la escucha de la Palabra en la liturgia nos educa para una escucha más verdadera de la realidad. Entre las muchas voces que atraviesan nuestra vida personal y social, las Sagradas Escrituras nos hacen capaces de reconocer la voz que clama desde el sufrimiento y la injusticia, para que no quede sin respuesta.
De esta manera, continúa el Papa León, nos dejamos instruir por Dios para escuchar como él, hasta reconocer, y aquí cita su Exhortación apostólica Dilexi te, que “la condición de los pobres representa un grito que, en la historia de la humanidad, interpela constantemente nuestra vida, nuestras sociedades, los sistemas políticos y económicos, y especialmente a la Iglesia”.
El ayuno dispone a la acogida de la Palabra
El Papa recuerda luego que si la Cuaresma “es tiempo de escucha, el ayuno constituye una práctica concreta que dispone a la acogida de la Palabra de Dios”. La abstinencia de alimento – añade – es en efecto, un ejercicio ascético antiquísimo e insustituible en el camino de la conversión.
Sirve, por tanto, para discernir y ordenar los “apetitos”, para mantener despierta el hambre y la sed de justicia, sustrayéndola de la resignación, educarla para que se convierta en oración y responsabilidad hacia el prójimo.
El ayuno y el hambre de justicia
A continuación, León XIV cita a San Agustín, quien con sutileza espiritual recuerda que solo los ángeles están repletos del “pan” de la justicia; los hombres mientras tienen hambre, se ensanchan; mientras se ensanchan, son dilatados; mientras son dilatados, se hacen capaces; y, hechos capaces, en su momento serán repletos.
El ayuno, entendido en este sentido, nos permite no sólo disciplinar el deseo, purificarlo y hacerlo más libre, sino también expandirlo, de modo que se dirija a Dios y se oriente hacia el bien.
Desarmar el lenguaje, renunciar a las palabras hirientes
Sin embargo, el Pontífice recuerda que “para que el ayuno conserve su verdad evangélica y evite la tentación de enorgullecer el corazón, debe vivirse siempre con fe y humildad”, en “comunión con el Señor” y siempre debe incluir “otras formas de privación destinadas a hacernos adquirir un estilo de vida más sobrio”. Por eso invita a todos “a una forma de abstinencia muy concreta y a menudo poco apreciada, es decir, la de abstenerse de utilizar palabras que afectan y lastiman a nuestro prójimo”.
Empecemos a desarmar el lenguaje, renunciando a las palabras hirientes, al juicio inmediato, a hablar mal de quienes están ausentes y no pueden defenderse, a las calumnias. Esforcémonos, en cambio, por aprender a medir las palabras y a cultivar la amabilidad: en la familia, entre amigos, en el lugar de trabajo, en las redes sociales, en los debates políticos, en los medios de comunicación y en las comunidades cristianas. Entonces, muchas palabras de odio darán paso a palabras de esperanza y paz.
Juntos en comunidad, recorrer un camino compartido
Después de “escuchar” y “ayunar”, la tercera palabra del mensaje del Papa León XIV es “juntos”, porque “la Cuaresma pone de relieve la dimensión comunitaria de la escucha de la Palabra y de la práctica del ayuno. También la Escritura subraya este aspecto de muchas maneras. Por ejemplo, cuando narra en el libro de Nehemías que el pueblo se reunió para escuchar la lectura pública del libro de la Ley y, practicando el ayuno, se dispuso a la confesión de fe y a la adoración, con el fin de renovar la alianza con Dios”.
Del mismo modo, nuestras parroquias, familias, grupos eclesiales y comunidades religiosas están llamados a realizar en Cuaresma un camino compartido, en el que la escucha de la Palabra de Dios, así como del clamor de los pobres y de la tierra, se convierta en forma de vida común, y el ayuno sostenga un arrepentimiento real.
“En nuestras comunidades eclesiales como en la humanidad sedienta de justicia y reconciliación”, concluye el Santo padre, “la conversión no sólo concierne a la conciencia del individuo, sino también al estilo de las relaciones, a la calidad del diálogo, a la capacidad de dejarse interpelar por la realidad y de reconocer lo que realmente orienta el deseo”.