El Papa: La salud está en peligro por la guerra, atentado absurdo

El Papa: La salud está en peligro por la guerra, atentado absurdo

En su audiencia a los miembros de la Academia Pontificia para la Vida, León XIV recordó que, en un mundo desgarrado por los conflictos, es necesario hacer todo lo posible para proteger la vida. Recomendó tener un enfoque global, ya que la salud se construye integrando todas las dimensiones sociales y mediante la práctica del bien común, “para que no se descuide bajo la presión de intereses particulares, individuales y nacionales”.

Benedetta Capelli – Ciudad del Vaticano

La protección de la vida y la salud se ve comprometida por el uso de “enormes recursos económicos, tecnológicos y organizativos” para la producción de armas y otros dispositivos bélicos. Esta es la enérgica denuncia del Papa León XIV en inglés durante la audiencia de esta mañana, 16 de febrero, a los participantes de la Asamblea Plenaria de la Academia Pontificia para la Vida, que se centró en el tema de la Salud para Todos: Sostenibilidad y Equidad. El Papa habla de “enormes desigualdades” en el acceso a la salud pública y la prevención en “un mundo desgarrado por los conflictos”, factores que lastran la esperanza de vida de las personas.

“Desafortunadamente, hoy no podemos ignorar las guerras, que afectan a instalaciones civiles, incluidos hospitales, y constituyen el ataque más absurdo del hombre contra la vida y la salud pública”.

No todas las vidas son iguales

“Se afirma a menudo”, enfatiza el Papa, “que la vida y la salud son valores igualmente fundamentales para todos, pero tal afirmación es hipócrita si ignoramos simultáneamente las causas estructurales y las decisiones operativas que determinan las desigualdades”.

“A pesar de las declaraciones y proclamaciones, en realidad, no todas las vidas son igualmente respetadas, y la salud no se protege ni se promueve para todos de la misma manera”.

Una mirada global sobre diversos factores

Recordando las palabras del Papa Francisco sobre la salud como un “derecho universal, para el cual el acceso a los servicios de salud no puede ser un privilegio”, el Pontífice se centró en la conexión entre la salud de cada individuo. Esta conexión quedó claramente demostrada por la pandemia de Covid-19, que puso de relieve cómo “la reciprocidad y la interdependencia son el fundamento de nuestra salud y de la vida misma”.

Esta interdependencia exige el diálogo entre diferentes ámbitos del conocimiento, como la política y la ética, e implica también identificar acciones políticas, sociales y tecnológicas en relación con la familia, el trabajo, el medio ambiente y la sociedad en su conjunto. De ahí el llamado a la responsabilidad de todos de considerar la salud como un conjunto de factores que deben abordarse en toda su complejidad.

“Quiero reiterar que debemos centrarnos no en el beneficio inmediato, sino en lo que sea mejor para todos, sabiendo ser pacientes, generosos y solidarios, creando vínculos y construyendo puentes, trabajando en red, optimizando recursos, para que todos puedan sentirse protagonistas y beneficiarios del trabajo común”.

Desigualdades en la esperanza de vida

El Papa también enfatizó la importancia de la prevención, siempre desde una perspectiva más amplia, porque las situaciones en las que viven las comunidades, fruto de las políticas sociales y ambientales, repercuten en la salud y la vida de las personas.

“Al examinar la esperanza de vida —y la vida saludable— en diferentes países y grupos sociales, descubrimos enormes desigualdades. Estas desigualdades dependen de variables como el nivel salarial, la formación académica y el vecindario (incluso dentro de la misma ciudad)”.

“Una Salud (One health)”

En este contexto, el concepto de “Una Salud”, promovido por la Organización Mundial de la Salud como un enfoque multidisciplinario, integrado y global, representa un camino a seguir para un desarrollo equilibrado. Muestra cómo la vida humana es insostenible sin las demás criaturas. Este enfoque, afirma León XIV, está en sintonía con la bioética global, un área de interés para la Academia Pontificia para la Vida.

En cuanto a la acción pública, el Papa añade: “Una Salud requiere integrar la dimensión sanitaria en todas las políticas (transporte, vivienda, agricultura, empleo, educación, etc.), conscientes de que la salud se construye en la intersección de todas las dimensiones de la vida social”.

“Por lo tanto, necesitamos fortalecer nuestra comprensión y práctica del bien común, para que no se descuide bajo la presión de intereses particulares, individuales y nacionales”.

Confianza contra el escepticismo

“Bien común”: expresión que evoca la cercanía entre las personas y, por lo tanto, la posibilidad de “combinar eficiencia, solidaridad y justicia” mediante una cultura democrática que fomente la participación. “Debemos”, explica el Papa, “recuperar la conexión con la actitud fundamental del cuidado como apoyo y cercanía a los demás”, porque todos somos vulnerables.

“Solo así podremos desarrollar sistemas de salud más eficaces y sostenibles, capaces de satisfacer las necesidades de salud en un mundo de recursos limitados y de restaurar la confianza en la medicina y los profesionales sanitarios, a pesar de la desinformación y el escepticismo sobre la ciencia”.

Finalmente, el Papa invitó a fortalecer las relaciones internacionales y multilaterales para la cooperación y coordinación de las organizaciones supranacionales comprometidas con la protección y la promoción de la salud. La esperanza del Pontífice es dar testimonio del “camino de Dios” que cuida de cada uno de sus hijos.

El Papa en el Ángelus: La verdadera justicia es el amor

El Papa en el Ángelus: La verdadera justicia es el amor

A la hora del Ángelus del domingo 15 de febrero, León XIV reflexionó sobre una parte el sermón de la montaña que revela el significado de los preceptos de la Ley de Moisés e indicó que en cada precepto debemos percibir una “exigencia de amor”. “No se necesita una justicia mínima, se necesita un amor grande, que es posible gracias a la fuerza de Dios”.

María Cecilia Mutual – Vatican News

“Jesús, después de haber proclamado las Bienaventuranzas, nos invita a entrar en la novedad del Reino de Dios y, para guiarnos en este camino, revela el verdadero significado de los preceptos de la Ley de Moisés”. Con estas palabras, el Papa León XIV inició su alocución previa a la oración mariana del Ángelus del 15 de febrero, VI domingo del tiempo ordinario.

Asomado desde la ventana del Palacio Apostólico, el Santo Padre, reflexionando sobre una parte del “sermón de la montaña” que propone el Evangelio del día, explicó que estos preceptos “no sirven para satisfacer una necesidad religiosa exterior y sentirse bien ante Dios, sino para hacernos entrar en la relación de amor con Dios y con los hermanos” . Y por eso – puntualizó – “Jesús dice que no ha venido a abolir la Ley, ‘sino a darle cumplimiento’”.

“El cumplimiento de la Ley es precisamente el amor, que realiza su significado profundo y su fin último. Se trata de adquirir una “justicia superior” a la de los escribas y fariseos, una justicia que no se limita a observar los mandamientos, sino que nos abre al amor y nos compromete en el amor”

La justicia del Reino de Dios

Para hacer ver la diferencia entre una “justicia religiosa formal” y la “justicia del Reino de Dios”, el Obispo de Roma explicó que Jesús examina algunos preceptos de la Ley que se refieren a casos concretos de la vida y lo hace utilizando las antinomias. Así, por una parte, Jesús afirma: “Ustedes han oído que se dijo a los antepasados”, y, por otra: “Pero yo les digo”.

Jesús nos hace “hijos del Padre”

Este planteamiento nos dice “que la Ley ha sido dada a Moisés y a los profetas como un camino para empezar a conocer a Dios y su proyecto sobre nosotros y sobre la historia”, observó el Santo Padre, pero ahora, “Él mismo, en la persona de Jesús, ha venido entre nosotros llevando la Ley a cumplimiento, haciéndonos hijos del Padre y dándonos la gracia de entrar en relación con Él como hijos y hermanos entre nosotros”.

“Hermanos y hermanas, Jesús nos enseña que la verdadera justicia es el amor y que, en cada precepto de la Ley, debemos percibir una exigencia de amor. No es suficiente con no matar físicamente a una persona, si después la mato con las palabras o no respeto su dignidad. Del mismo modo, no basta con ser fiel al cónyuge formalmente y no cometer adulterio, si en esa relación faltan la ternura recíproca, la escucha, el respeto, el cuidado mutuo y el caminar juntos en un proyecto común”

Un “amor grande” para vivir en la justicia

A estos ejemplos, que Jesús mismo nos brinda, el Papa añadió otro más, una valiosa enseñanza que nos ofrece el Evangelio:

“No se necesita una justicia mínima, se necesita un amor grande, que es posible gracias a la fuerza de Dios”

Antes de concluir su catequesis, el Papa León invitó a invocar juntos a la Virgen María, para que “Ella interceda por nosotros, ayudándonos a entrar en la lógica del Reino de Dios y a vivir en su justicia”.

El Papa: En Cuaresma desarmemos el lenguaje, renunciando a las palabras hirientes

El Papa: En Cuaresma desarmemos el lenguaje, renunciando a las palabras hirientes

En su mensaje para el tiempo de preparación a la Pascua de 2026, titulado “Escuchar y ayunar. La Cuaresma como tiempo de conversión”, el Papa pide formas de “abstinencia concreta” como “desarmar el lenguaje” y cultivar la amabilidad, pero también escuchar la Palabra de Dios y el clamor de los últimos, y hacerlo juntos, en nuestras comunidades, abiertas a acoger a quienes sufren.

Vatican News

En su mensaje para la Cuaresma 2026, el Papa León XIV invita a pedir “la gracia de vivir una Cuaresma que haga más atento nuestro oído a Dios y a los más necesitados. Pidamos la fuerza de un ayuno que alcance también a la lengua, para que disminuyan las palabras que hieren y crezca el espacio para la voz de los demás”. El Pontífice insta además a comprometerse “para que nuestras comunidades se conviertan en lugares donde el grito de los que sufren encuentre acogida y la escucha genere caminos de liberación, haciéndonos más dispuestos y diligentes para contribuir a edificar la civilización del amor”.

Lea aquí el texto completo del Mensaje para la Cuaresma del Papa León XIV

Un tiempo para volver a poner a Dios en el centro de nuestra vida

El texto del mensaje, titulado «Escuchar y ayunar. La Cuaresma como tiempo de conversión» se hizo público hoy, 13 de febrero, pero fue firmado el 5 de febrero, memoria de Santa Ágata virgen y mártir. En el tiempo de cuarenta días que precede a la Pascua, y que comienza el miércoles 18 de febrero, el Papa recuerda que la Iglesia “nos invita a poner de nuevo el misterio de Dios en el centro de nuestra vida, para que nuestra fe recobre su impulso y el corazón no se disperse entre las inquietudes y distracciones cotidianas”.

Escuchar la Palabra y el clamor de los que sufren

En este camino de conversión es fundamental dejarse alcanzar por la Palabra de Dios, subraya León XIV, y renovar la decisión de seguir a Jesús hasta Jerusalén, “donde se cumple el misterio de su pasión, muerte y resurrección”. Por eso recuerda la importancia de dar espacio a esta Palabra a través de la escucha, que es un rasgo distintivo del mismo Dios. El Señor, que habla a Moisés en la zarza ardiente, le dice que ha oído el clamor de su pueblo oprimido en Egipto. Es un Dios que nos atrae – comenta el Pontífice – que hoy también nos conmueve con los pensamientos que hacen vibrar su corazón.

Por eso, la escucha de la Palabra en la liturgia nos educa para una escucha más verdadera de la realidad. Entre las muchas voces que atraviesan nuestra vida personal y social, las Sagradas Escrituras nos hacen capaces de reconocer la voz que clama desde el sufrimiento y la injusticia, para que no quede sin respuesta.

De esta manera, continúa el Papa León, nos dejamos instruir por Dios para escuchar como él, hasta reconocer, y aquí cita su Exhortación apostólica Dilexi te, que “la condición de los pobres representa un grito que, en la historia de la humanidad, interpela constantemente nuestra vida, nuestras sociedades, los sistemas políticos y económicos, y especialmente a la Iglesia”.

El ayuno dispone a la acogida de la Palabra

El Papa recuerda luego que si la Cuaresma “es tiempo de escucha, el ayuno constituye una práctica concreta que dispone a la acogida de la Palabra de Dios”. La abstinencia de alimento – añade – es en efecto, un ejercicio ascético antiquísimo e insustituible en el camino de la conversión.

Sirve, por tanto, para discernir y ordenar los “apetitos”, para mantener despierta el hambre y la sed de justicia, sustrayéndola de la resignación, educarla para que se convierta en oración y responsabilidad hacia el prójimo.

El ayuno y el hambre de justicia

A continuación, León XIV cita a San Agustín, quien con sutileza espiritual recuerda que solo los ángeles están repletos del “pan” de la justicia; los hombres mientras tienen hambre, se ensanchan; mientras se ensanchan, son dilatados; mientras son dilatados, se hacen capaces; y, hechos capaces, en su momento serán repletos.

El ayuno, entendido en este sentido, nos permite no sólo disciplinar el deseo, purificarlo y hacerlo más libre, sino también expandirlo, de modo que se dirija a Dios y se oriente hacia el bien.

Desarmar el lenguaje, renunciar a las palabras hirientes

Sin embargo, el Pontífice recuerda que “para que el ayuno conserve su verdad evangélica y evite la tentación de enorgullecer el corazón, debe vivirse siempre con fe y humildad”, en “comunión con el Señor” y siempre debe incluir “otras formas de privación destinadas a hacernos adquirir un estilo de vida más sobrio”. Por eso invita a todos “a una forma de abstinencia muy concreta y a menudo poco apreciada, es decir, la de abstenerse de utilizar palabras que afectan y lastiman a nuestro prójimo”.

Empecemos a desarmar el lenguaje, renunciando a las palabras hirientes, al juicio inmediato, a hablar mal de quienes están ausentes y no pueden defenderse, a las calumnias. Esforcémonos, en cambio, por aprender a medir las palabras y a cultivar la amabilidad: en la familia, entre amigos, en el lugar de trabajo, en las redes sociales, en los debates políticos, en los medios de comunicación y en las comunidades cristianas. Entonces, muchas palabras de odio darán paso a palabras de esperanza y paz.  

Juntos en comunidad, recorrer un camino compartido

Después de “escuchar” y “ayunar”, la tercera palabra del mensaje del Papa León XIV es “juntos”, porque “la Cuaresma pone de relieve la dimensión comunitaria de la escucha de la Palabra y de la práctica del ayuno. También la Escritura subraya este aspecto de muchas maneras. Por ejemplo, cuando narra en el libro de Nehemías que el pueblo se reunió para escuchar la lectura pública del libro de la Ley y, practicando el ayuno, se dispuso a la confesión de fe y a la adoración, con el fin de renovar la alianza con Dios”.

Del mismo modo, nuestras parroquias, familias, grupos eclesiales y comunidades religiosas están llamados a realizar en Cuaresma un camino compartido, en el que la escucha de la Palabra de Dios, así como del clamor de los pobres y de la tierra, se convierta en forma de vida común, y el ayuno sostenga un arrepentimiento real.

“En nuestras comunidades eclesiales como en la humanidad sedienta de justicia y reconciliación”, concluye el Santo padre, “la conversión no sólo concierne a la conciencia del individuo, sino también al estilo de las relaciones, a la calidad del diálogo, a la capacidad de dejarse interpelar por la realidad y de reconocer lo que realmente orienta el deseo”.

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